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Por Ricardo Marconi (*) 

Yuri Knórozov esa tarde estaba más concentrado que nunca. Le pidió a su madre como lo hacía todas las tardes una taza de café bien caliente y se dirigió, junto a su gata Asya, a su modesto escritorio para dedicarse a su pasión: el estudio y la investigación de temas históricos.

Yuri fue quien interpretó los códices mayas y decía que “su gata lo inspiraba” y, según él, lo hacía de tal manera que pretendió nominarla como coautora de sus indagaciones.

Nacido en Járkov, fue soldado del Ejército Soviético, donde se destacó por tener facilidad de aprender idiomas y para resolver enigmas.

Sus padres le habían dicho que esas ventajas cognitivas las había logrado cuando tenía 5 años, luego de accidentarse y golpearse el cráneo, circunstancia que lo había dejado ciego temporalmente.

Sin haber pisado en su vida suelo azteca, logró superar la encriptación de los códices mayas, pero luego interrumpió sus estudios históricos para servir en el ejército soviético en la II Guerra Mundial.

El ruso Yuri Knórozov con su inspiradora gata Aysa

Al finalizar el enfrentamiento bélico aceptó un puesto en el Museo Etnográfico de los Pueblos de Leningrado, donde vivía, de manera precaria, en una habitación de tres metros cuadrados.

Era tan inestable su situación económica que la madre de un amigo le regaló un gorro de lana para que pudiera soportar las bajas temperaturas mientras trabajaba en sus investigaciones.  Uno de sus amigos era Lev Gulmiyón, un prestigioso historiador y la madre de éste era una de las poetisas más lúcidas de Rusia: Ana Ajmatova. 

La investigación de los códices   

Al parecer, en aquel cuarto de trabajo, junto a Asya, Yuri comenzó sus indagaciones sobre los códices mayas y, lo que podría denominarse una “leyenda negra”, en torno a Yuri, se cuenta que cuando servía en el ejército rojo, durante la batalla de Berlín, en abril de 1945, se llevó varios ejemplares raros de la llamada Biblioteca Nacional Prusiana, en momentos en que el fuego ardía como consecuencia de un bombardeo.

Libros clave 

Entre los libros de la biblioteca que sustrajo, se destacaron dos que resultaron clave para su formidable trabajo: La edición de 1933 de los códices mayas, de los hermanos Villacorta y la Relación de las Cosas de Yucatán, de fray Diego de Landa, escritos que se convirtieron en una especie de Piedra Rosetta. Así, la escritura maya contó con su propio Champolión ruso: Knórozov.

Es necesario apuntar que Diego de Landa, no sólo fue un inquisidor, sino que, además, se dedicó a compilar información sobre la cultura maya que él mismo contribuyó luego a hacer desaparecer.

El logro de Knórozov 

El logro del soldado fue descubrir que los grifos no correspondían a una letra, sino a signos fonéticos y a hologramas. Su indagación de años lo llevó a descifrar un gran número de símbolos que habían permanecido en silencio desde hacía siglos.

El análisis del ruso contó con la oposición del especialista en cultura maya de aquella época, el inglés John Sidney Thompson, quien además de ser etnógrafo y arqueólogo, era un reconocido anticomunista y acuso al trabajo de Knórozov de propagandístico. Y por ello lo rechazó. Con el tiempo, en la comunidad científica, el trabajo del soviético fue reconocido.

Como lo hemos señalado, lo que no pudo conseguir Knórozov, es que sus publicaciones científicas fuesen consideradas, como coautora, también a su inseparable gata Asya, con quien aparece fotografiado en una de las imágenes más difundidas del investigador.

Se ve que Knórozov no sólo amaba profundamente a su mascota, sino que además le atribuía parte de sus éxitos. Se ve que el lingüista dio con la clave para descifrar la escritura maya observando cómo el felino enseñaba a sus crías a cazar. Y aunque la considerara coautora de sus logros, no se salió con la suya.

Sí logró demostrar su tesis: “Lo que fue creado por una mente humana puede ser entendido por otra mente humana. En este sentido, los problemas sin solución no existen y no debe existir en ninguna área científica”. Y así lo acabó demostrando. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

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