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Por Ricardo Marconi (*)

El avión comenzó lentamente a circular por la pista y tras la aceleración de rigor decoló desde el aeropuerto Islas Malvinas hacia Buenos Aires como una primera parte de su destino final

Desde allí el periodista Gabriel Pennise soportó nuevamente el carreteo de otra nave hacia su destino en Polonia.

“Varsovia, la capital polaca, tenía en su seno aproximadamente 300 mil refugiados ucranianos, víctimas de la guerra con Rusia, los que fueron recibidos muy bien por los habitantes de la ciudad, debido a que estos últimos recordaban lo soportado en la II Guerra Mundial”, señaló Pennise.

El periodista rosarino arribó a Polonia cuando el país soportaba una temperatura de 8 grados, que se convertía en grados bajo 0 en las noches, en las que debió ubicarse en un edificio abandonado, luego de ser ayudado a encontrar un lugar por un habitante de nacionalidad inglesa.

Vivir en carne propia la necesidad 

“Viví, como si fuera en carne propia, la necesidad imperiosa y obligada de los refugiados sobrevivientes, de dejar sus bienes básicos por descarte, muchos de ellos queridos y personales. Las mujeres cargadas con valijas llenas a tope y varias bolsas, eran ayudadas por voluntarios cuando descendían de los trenes en Varsovia y los polacos, demostrando su solidaridad, las ubicaban junto a sus niños y a los ancianos, a la vez que les suministraban comida y bebidas calientes para que soportaran el frío congelante del invierno.

“Felizmente, los más pequeños que acompañaban a sus madres, colgados de sus polleras, en su desgracia, vivían esos momentos como si realizaban un viaje de vacaciones, en una situación de fantasía”, señaló el periodista.

“Los ucranianos, claramente pobres, e incluso muchos de clase media, en Polonia, con suerte, lograban cobijarse en hoteles de medio pelo, mientras que los ucranianos, -que visiblemente formaban parte de la oligarquía rusa y que lograron escapar de Ucrania-, se hospedaban en hoteles de 5 estrellas, ubicados en las principales calles de Varsovia”, subrayó el entrevistado.

“Un tercer grupo, evidentemente adinerado, o con familiares a los que podía recurrir, se trasladó de inmediato a los países bálticos”, completó su explicación el corresponsal.

Vale hacer notar que Polonia, ante el cariz que tomaban los acontecimientos bélicos, otorgó a los refugiados una autorización de residencia por un lapso de 18 meses a un máximo de 3 años, para ayudarlos, ya que no tenían trabajo.

La guerra: caldo de cultivo de mafias 

Soldados ucranianos sobre un tanque de guerra se encaminan hacia el frente de batalla

La guerra es un caldo de cultivo para ser aprovechado por todo tipo de mafias y en el tiempo en que se desarrollaban los acontecimientos que relatamos “se comentaba con insistencia el accionar de los grupos de delincuentes que se dedican al mercado del tráfico y la venta de niños abandonados o que habían sufrido la pérdida de sus familiares”. El comentario aludido fue más fuerte en la ciudad de Mariúpol cuando se caída definitiva se aceleraba inexorable.

Es más, Gabriel debió verse forzado a registrar datos de colegas, personas y medios periodísticos que podrían asistirlo en una situación de emergencia, ante la eventualidad de perder o sufrir el robo de su celular.

Los soldados ucranianos –que se diferenciaban de los voluntarios por un brazalete-, se manejaban con precaución con los corresponsales, ya que presumían que entre ellos había espías rusos.

Los voluntarios trataban a las personas con más dureza si no comprobaban que estaban trabajando para un medio de comunicación en el momento de ser retenidos para identificarlos.

Nuevo destino: Kiev 

Desde la capital polaca, Gabriel se dirigió a la ciudad de Kiev, en Ucrania donde pudo comprobar que la situación de los refugiados, por la guerra era en extremo delicada.

Gabriel tuvo la oportunidad, como corresponsal de guerra, de dialogar cara a cara con familiares de los ucranianos, con preparación militar, destinados al frente de combate en marzo de este año. Los familiares vivían visiblemente preocupados por el destino de quienes eran derivados al frente, ya que, en muchos casos la preparación militar que tenían era insuficiente.

El ulular de las sirenas  

El llamado de las sirenas era penetrante y los residentes, apenas las escuchaban, se dirigían con celeridad al lugar de protección más cercano a su domicilio. Los ucranianos no podían determinar con precisión de dónde venía el ataque, ya que el radar que advierte a través de la sirena sólo detecta el misil y no su trayectoria.

Pennise hizo referencia a que “hasta que el conflicto se desencadenara, no tenían idea de los argentinos y se mostraban agradecidos, “a pesar de que el idioma es como un paredón casi insalvable”, recalcó.

Aterrorizados 

Los familiares de los combatientes, en Ucrania, como resultante de la invasión, comenzaron con celeridad a perder sus trabajos y vieron, aterrorizados, como los intensos bombardeos y los misiles rusos destruían sus viviendas, con lo que se convertían, de un momento a otro, en refugiados en su propio país, viviendo bajo tierra, en las instalaciones de los subterráneos, apretujados, mientras las sirenas ululaban para avisar que se avecinaba un nuevo ataque soviético.

Pennise fue impactado por el dolor intenso de los habitantes ucranianos “que recibieron de lleno el golpe de una lucha armada que soportaban con desesperación. Muchos de ellos mostraban estar como perdidos, sin objetivos”, argumentó.

Al momento de generarse el presente material periodístico, la guerra es un permanente intercambio de bombardeos y de misiles, así como de luchas cuerpo a cuerpo en las periferias de las ciudades invadidas por los rusos en Ucrania, algunas de las cuales se recuperaron al tomar la decisión del gobierno ruso de redirigir la guerra hacia el este ucraniano, en la zona del Donbás, donde un promedio de cien efectivos diarios tanto ucranianos como rusos pierden la vida.

Sufrimiento interminable de migrantes 

En el marco de guerras, que para aquellos que siguen vivos parecen interminables, -como es el caso de la República Democrática del Congo, en el norte de Mozambique-, los más postergados resultan ser los migrantes y los refugiados que provienen, generalmente de países donde el futuro es sólo visto como una posibilidad milagrosa.

Cada día es simplemente la posibilidad, incierta, de sobrevivir al hambre, a la miseria y a las consecuencias de las guerras de baja intensidad.

El pensamiento de los sufrientes es invadido por la necesidad de intentar encontrar la libertad, en un marco de deshumanización creciente, a sabiendas que son rechazados por la implementación de políticas de seguridad que se justifican en que son conducidos por las mafias de los traficantes de seres humanos, sin importar la edad, sexo o religión.

La teoría aludida es aprovechada por políticos para abstenerse de actuar, negando de hecho la posibilidad de que los migrantes se integren a comunidades locales.

La resultante de esos egoístas criterios se visibiliza en la militarización fronteriza, para cortar el flujo de miles de refugiados extenuados e indocumentados, ya que pierden sus identidades al caer en manos de bandas criminales, entre otros motivos.

Campos de concentración       

En esta columna no queremos dejar de mencionar situaciones extremas, como las que se viven en Libia, donde “hay verdaderos campos de concentración de migrantes”, según Marco Gallo, de la comunidad de Sant` Egidio.

En lugares como el señalado, se vive la esclavitud a diario y se producen crímenes, que son calificados de lesa humanidad y, por lo tanto, imprescriptibles.

Lamentablemente, por el simple paso del tiempo o por la inacción de gobiernos -que prefieren sostener sus negocios a costa de la vida humana, considerada “descartable”-, se logra que dichos delitos se olviden.

Miradas agudas sobre la inmigración 

Sobre la inmigración se han volcado infinitas miradas y una ha sido la del fotógrafo de experiencia internacional Mario Alberto Laus, un protagonista y testigo fundamental desde 1987 a 1993, a partir de su trabajo en el proyecto que denominó “Miradas de escuelas”, en las que se hacía lo indecible para lograr la integración de inmigrantes.

Laus también trabajó en 3 campos que se crearon para cobijar expresamente a inmigrantes africanos que buscaban con desesperación una ubicación social. Se trataba de los denominados Plaza de la Reunión, Quid de la Gane y Chateau de Vinncenes.

Allí se ubicaron familias de inmigrantes de Senegal, Marruecos, Argelia, Gabón y Malí. Muchos de ellos vivieron en Francia y sólo pedían una vivienda y una vida digna. Para ellos y sus hijos.

El presidente Jacques Chirac programó la remodelación de París y decidió demoler 100 viviendas humildes para reemplazarlas por casas para habitantes de clase media, pero surgieron problemas entre la derecha y la izquierda francesa, aunque, en definitiva, los dos sectores políticos se limitaban a concretar una asistencia transitoria callejera para endilgar, a la oposición, la inacción para resolver la cuestión de manera definitiva a la facción política contraria.

Laus realizó en total 7 talleres fotográficos en las escuelas, a los que denominó “Los chicos creadores” para generar en ellos conocimientos y para que tuvieran una nueva fuente laboral. Ello se hizo factible gracias al apoyo del Centre Photographique d` Ile de France y los ministerios de Educación Nacional y de Cultura de Francia, en el período 1987/1993.

Matanzas en África 

Hay que dejar claro que Laus, en razón de su amplia experiencia, tuvo la triste tarea de conocer de terceros detalles de matanzas que ocurrieron en territorio africano, más precisamente en Sudán y en Dafour, que derivaron en 800 mil muertes.

El objetivo secreto no era otro que el de liberar territorios que les interesaban, según trascendidos. A los gobiernos de China y Rusia, en razón de la existencia de petróleo.

Las matanzas tenían, además, un fin complementario: sembrar terror para reducir el exterminio planificado, logrando que la gente huyera y no regresara nunca más.

“A las mujeres la clavaban en las paredes, las violaban y las desollaban vivas delante de sus maridos e hijos”, apuntó Laus.

“Y eso no era todo. A los bebés, aún con vida, los arrojaban a los pozos de agua para contaminarlos”, concluyó Laus.

En las investigaciones sobre el señalado tipo de episodios actuaron abogados de la Corte Penal Internacional, y como fiscal se desempeñó Moreno Ocampo, con lo que se logró luego de minuciosas investigaciones, condenar a funcionarios de la República de Chad, ubicada en África Central, cuya capital es Yamena y con 16.430.000 habitantes que hablan francés y árabe, teniendo un gobierno presidencialista.

Cabe apuntar, finalmente, que Laus, en el lapso 2007-2008 estuvo en la Escuela Nacional de Administración L`Ena, de Estrasburgo, capital del Parlamento Europeo. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

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