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Por Ricardo Marconi (*)

Analistas de inteligencia de Estados Unidos y jefes de Estación estadounidenses de Inteligencia que siguen de cerca el desarrollo militar chino tienen opinión formada sobre el manejo de las fuerzas armadas que se conducen desde Pekín.

Uno de los más conocidos expertos en análisis, en el área que nos ocupa, es John Culver, quien desde 1985 analizó, desde la CIA como oficial del área para Asia Oriental, como se estructuraba el ejército chino y su poder de fuego en el lapso 2025-2018.

Desde que se retiró de las funciones aludidas, es investigador sénior no residente en una entidad privada y ha venido siguiendo minuciosamente el conflicto entre Estados Unidos e Irán, tema de varias columnas en Jackemate.com.

Actualmente dicho experto sostiene que Estados Unidos sigue teniendo ventaja en el área de submarinos y guerra submarina, pero en otros sectores armamentísticos, “China es superior al estadounidense y pondría en jaque al Japón y Corea del Sur si surge un problema concreto sobre Taiwán”.

Culver estima que en lo que concierne a misiles y ciberdefensa, China “es superior, fundamentalmente en misiles aire-aire y tierra-aire, así como capacidades antisatélite y hasta en guerra electrónica.”.

Es más, en una entrevista que el especialista dio a The Washington Post no tuvo empacho en afirmar que “los chinos siguen a todos los portaaviones norteamericanos las 24 horas del día”.

Debemos apuntar que China posee un astillero que construye más que todos los astilleros norteamericanos juntos y cada año despliegan suficientes embarcaciones como para superar a toda la marina francesa.

Ello implica una situación muy difícil para los estadounidenses si se genera un conflicto bélico. EE.UU. se vería obligado a bombardear China Continental para someter a los chinos con un golpe devastador tomando todas las islas frente a la costa de su enemigo.

“Con el inicio de esa guerra, Taiwán dejaría de existir como productor de semiconductores”, aseguró el analista que nos ocupa, y “Asia quedaría paralizada”, aseguró Culver y explicó su posición argumentando que “la capacidad de los barcos mercantes  y los aviones para transitar por el Pacífico Occidental quedaría en riesgo y sería como multiplicar lo que sucede con el estrecho de Ormuz, ya que la problemática se extendería al mar de China Meridional, el estrecho de Malaca y todo el noreste asiático, incluidos los puertos de Japón y Corea del Sur.

No se puede dejar de aludir a que China invierte mucho en defensa aérea, ya que el espacio aéreo está mejor defendido que el de Moscú y Estados Unidos sigue la misma doctrina defensiva. Ello se demuestra con el casi inexistente sistema de ataque aéreo de Irán.

Estados Unidos, entendemos, hace mucho hincapié en el poder de sus portaaviones. Lo que no dice es que para que el pode de los mismos sea relevante, debe al menos       de forma paralela controlar un radio de 1.600 kilómetros de la zona de guerra para que el enemigo no logre acceder al portaaviones mediante un ataque directo.

En ese sentido Culver opina que “cuando Estados Unidos entra en guerra, debe retirar los portaaviones del teatro de operaciones para luego entrar nuevamente al mismo combatiendo, y ese mecanismo supone la inversión de miles de millones de dólares, ya que mientras tanto hay que endurecer las fuerzas ya desplegadas para que resista un primer ataque.”

El escenario China-Taiwán

Los chinos han sido obligados a pensar dos veces antes de invadir Taiwán, sector donde hay también un estrecho que tiene 160 kilómetros de ancho, contra el de Ormuz, que tiene 34.

No olvidemos que se produciría un fuerte impacto económico ante la tendencia humana de evitar riesgos y China debe argumentar para dentro de su poder político la necesidad imperiosa de producir un ataque, ya que las empresas navieras evitan entrar a una zona de guerra a partir de que Taiwán declare un bloqueo.

Estados Unidos debe trabajar para evitar ese escenario. Y Xi Jimping también, ya que hace sólo dos años descabezó los altos mandos, retirando el 53% de sus generales de tres y cuatro estrellas.

Por otra parte, el presidente chino tiene conciencia de que debe tener reservas de armas sofisticadas suficientes y Culver refirió que el primer mandatario chino “quedó impresionado con lo ocurrido con lo hecho por los norteamericanos en Venezuela con el hackeo del sistema de cámaras de Caracas. Vale recalcar que Israel también se sorprendió al ver que la señal estaba en manos de los estadounidenses.

China como aliado de Rusia

Los analistas de la política a nivel internacional consideran que las máximas autoridades de China y Rusia comparten criterios parecidos geopolíticos y por esa razón Beijing le provee a Putin tecnología militar   y le compra millones de barriles de petróleo para ayudarlo en su contienda con Ucrania.

Es más, al parecer los chinos por orden de Xi Jimping ha incrementado técnicas de desinformación que a diario utiliza el Kremlin a nivel mundial.

De esta situación se ha hecho eco ‘The Economist’, que se ha referido en uno de sus artículos internacionales a la intensificación de esfuerzos de China para lograr mayor influencia en la opinión pública global mediante la manipulación digital que han resultado exitosas como la campaña de ocultamiento que replican medios y distorsionan debates en América Latina, entre otras regiones del orbe.

Ya hemos referido en esta columna que Rusia estaría enfrentando daños por su decisión de invadir Ucrania los estudiosos del tema ya han comenzado a hablar de que “es Estado ruso se está canibalizando a sí mismo, ya que la campaña rusa clona medios y manipula noticias”.

Reconocimiento chino

Por otra parte, el último plan quinquenal del régimen chino, conducido por Xi, estaría reconociendo como prioridad el aumento de la influencia internacional del país, presentando esto como una necesidad para contrarrestar los “sesgos occidentales” y proteger los intereses nacionales.

Xi Jimping, el líder supremo de China, pasa revista a tropas

En ese intento se pretende desplegar un sistema digital que intenta hacer notar que Beijing tiene suficiente influencia para construir un mensaje que puede desplegar, en redes sociales, una solución en la guerra de Medio Oriente, “teniendo en cuenta su supuesta ascendencia sobre la teocracia iraní.

Instalada desde redes sociales y a partir de la opinión de supuestos influencers internacionales, esta versión de una China pro-paz que ya había estado presente durante los primeros meses de la invasión a Ucrania.

Ello es una contradicción, ya que la presunta proyección pacífica que pretende mostrar el régimen chino choca con otra realidad: el permanente acoso militar -aéreo y marítimo- que China hace de la isla que tiene a tan solo 130 kilómetros de sus costas: Taiwán, tema sobre el que esta columna ya se ha referido en varias oportunidades.

Operación Glass Onion

Vale hacer referencia a un minucioso informe de Graphika -una compañía de inteligencia de medios y redes basada en Nueva York- que analizó la operación “Glass Onion”.

Allí se suministra un mapa detallado de la maquinaria que nos ocupa. De acuerdo a una investigación hecha por Margot Fulde-Hardy y Lili Turner, China ha desarrollado una red de sitios web y subdominios que simulan la apariencia y el rigor editorial de medios internacionales reconocidos y portales estatales chinos, pero también de medios independientes y generalistas.

Los datos publicados mediante dicha indagación -que mencionan desde la promoción de logros tecnológicos hasta campañas negativas contra opositores, se amplifican en redes sociales mediante cuentas automatizadas y actores humanos.

El análisis de Graphika señala que la operación se apoya en la tercerización de servicios digitales: empresas privadas de relaciones públicas y marketing radicadas en China son contratadas por entidades asociadas al Partido Comunista Chino para diseñar, mantener y nutrir estos ecosistemas digitales falsos.

La sofisticación técnica -como se la califica-, es uno de los sellos de esta campaña: los dominios y subdominios comparten plantillas y proveedores, usan técnicas para dificultar el rastreo y coordinan la publicación con cuentas sociales que pertenecen a redes como Spamouflage, una sofisticada operación de desinformación y propaganda vinculada al Estado -también conocida como Dragonbridge o Storm 1376-, asociada con el régimen chino, según se señala en un informe publicado en Argentina.

Lavado informativo

El denominado “lavado informativo”, mencionado en su momento por el medio Infobae, hace referencia a los contenidos que circulan por distintos canales y capas antes de alcanzar al consumidor final, diluyendo su origen y otorgándoles una apariencia legítima.

En su gran mayoría, las campañas están dirigidas contra críticos del régimen, como miembros del movimiento Falun Dafa -una disciplina espiritual milenaria prohibida en China-, y la difusión de mensajes que presentan a dicho territorio como víctima de conspiraciones internacionales mediante contenidos reciclados pero adaptados para audiencias occidentales.

Las operaciones rusas tipo Doppelganger, analizadas por el think tank alemán Center fur Monitoring, Analyse und Strategie -CeMAS, por sus siglas en alemán-, ofrecen un precedente claro de la sofisticación que ahora adopta China.

Doppelganger replica sitios de medios latinoamericanos y europeos, altera textos originales y difunde noticias fabricadas para intervenir en procesos electorales y polarizar sociedades enteras. La finalidad es debilitar la confianza en los medios tradicionales y consolidar una narrativa funcional a los intereses geopolíticos de Moscú.

PC Chino y su lógica análoga

China, de acuerdo con los hallazgos de Graphika, sigue una lógica análoga: explotar las brechas regulatorias, la fragmentación del ecosistema digital y la dificultad creciente de rastrear la autoría de los contenidos.

Este esquema permite al Partido Comunista Chino operar con mayor flexibilidad y negar vínculos directos en caso de ser descubierto. Al mismo tiempo, facilita la expansión y diversificación temática de la campaña, que puede variar desde la promoción del turismo hasta la intervención en controversias tecnológicas, medioambientales o de derechos humanos.

La amplificación de los contenidos se realiza a través de cuentas coordinadas en redes sociales, muchas de ellas asociadas a la operación Spamouflage. La investigación describe cómo estas cuentas replican y difunden los mensajes publicados en los sitios falsos, generando la impresión de viralidad y pluralidad informativa. Este proceso refuerza la legitimidad aparente de las narrativas prochinas y dificulta la tarea de los verificadores y las plataformas tecnológicas.

El impacto de estas campañas trasciende fronteras. Como advierte The Economist, la expansión de la influencia internacional no es en sí misma ilegítima, pero el uso de métodos encubiertos y la suplantación de fuentes legítimas plantean una amenaza concreta para el debate democrático y la transparencia informativa.

El informe de Graphika coincide: la proliferación de reportes sin pruebas sólidas, que atribuyen a China la autoría de movimientos sociales o políticos legítimos, puede erosionar la confianza en las instituciones y debilitar la capacidad de respuesta ante amenazas reales.

El riesgo es doble: por un lado, se facilita el trabajo de los operadores extranjeros; por otro, se desacredita a actores locales genuinos que expresan demandas legítimas.

El caso Doppelganger muestra que América Latina es un terreno fértil para la manipulación informativa de Estados extranjeros para generar impactos falsos de información en un marco de rivalidad política.

Graphika asegura que el desafío es estructural. La manipulación digital, la simulación de medios y la explotación de las debilidades regulatorias y tecnológicas son ahora elementos centrales de la competencia internacional por la influencia. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

 

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