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Por Ricardo Marconi (*)

El presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin demostró, en más de dos décadas, su voluntad beligerante, conduciendo a la distancia sus invasiones territoriales, aplastando separatismos o alentando insurrecciones, según le convenga u otorgando respaldo militar a autócratas cercanos a Rusia. También ha estado aportando, con su indulgencia, al respaldo de poderosos en el nivel económico para que, si los necesita, lo respalden en la cúspide del poder.

En principio, hay que dejar claro, como el agua pura, que no es Ucrania su primera acción invasiva y criminal. Desde la década del 90 se dedicó a ocupar países, utilizando la explicación de que lo hacía para aplastar insurrecciones con su aporte de mercenarios asesinos que cometen crímenes atroces contra civiles indefensos, obviamente sin culpa alguna.

La formación de Putin como espía 

Vladimir se formó como agente de inteligencia en la Escuela 401 de la KGB en Okuta, Leningrado y luego se lo envió a la Segunda Dirección General de Contrainteligencia para transferirlo, posteriormente, al Primer Alto Directorio, donde se le encomendó la tarea de supervisar a los extranjeros y funcionarios consulares en Leningrado.

En setiembre de 1984, Putin fue enviado a Moscú para continuar su formación en el Instituto Bandera Roja “Yuri Andropov” y desde 1985 a 1990 sirvió en Dresde, Alemania Oriental, utilizando una entidad encubierta como traductor.

En la biografía oficial sobre Putin se hizo referencia a que durante la caída del Muro de Berlín (9/11/1989 guardó los archivos del Centro Cultural Soviético (Casa de la Amistad) y de la villa que poseía la KGB en Dresde, para evitar que agentes de la KGB y de la Stasi los obtuvieran para destruirlos o los revendieran al mejor postor occidental. Supuestamente quemó luego los archivos de la KGB, aunque no se sabe nada sobre los criterios que utilizó para destruir por el fuego los de la Stasi.

No pudo comprobarse que algunos archivos fueron abandonados en Alemania sin poder quemar cuando, imprevistamente, el horno que Putin utilizaba estalló. A pesar de ello, se sostiene que algunos archivos de la KGB llegaron a Moscú.

Putin se vio reducido a compilar recortes de prensa para la KGB, según publicó la ruso-estadounidense Masha Gessen en la biografía de su autoría sobre Putin en 2012.

La tarea de Putin también fue minimizada por el ex jefe de espionaje de la Stasi, Marcus Wolf, así como por el ex colega de Putin en la KGB, Vladimir Usoltsev.

Es más, la periodista Catherine Belton escribió en 2010, que esa “minimización” fue en realidad una “tapadera” para la participación de

Putin en la coordinación y apoyo de la KGB a los terroristas de la fracción del Ejército Rojo, cuyos miembros se escondían, frecuentemente, en Alemania Oriental, con el apoyo de la Stasi.

Una fuente anónima, exmiembro de la RAF, le presentó a Putin una lista de armas que luego se entregó a la RAF en Alemania Occidental.

Putin reclutador de agentes  

Klaus Zuchola, reclutado por Putin, admitió que este también hizo lo propio con el neonazi Rainer Sontang e intentó captar a un estudioso especializado en venenos.

También Putin pretendió reclutar alemanes para que trabajaran para él en el tema de las comunicaciones inalámbricas, estando involucrado en dicho tema en el sudeste asiático, debido a los viajes que hacían ingenieros alemanes a esa zona del planeta. Esos alemanes habían sido captados en Occidente.

Putin trabajó en el área de Inteligencia exterior como oficial de la KGB por el lapso de 16 años, llegando al rango de teniente coronel.

Mientras estaba dependiendo de la inteligencia rusa, a la decena de agencias de espionaje y de seguridad que heredó, le añadió cuerpos nuevos y letales como la Guardia Nacional, lo que podría ser el equivalente de la Guardia Pretoriana del presidente

Transitaba el año 1994 cuando decidió dejar de participar en el Servicio Secreto Ruso (FSB), organismo que había sucedido a la KGB.

Luego del colapso del gobierno comunista de 1989, renunció como espía debido a que se enteró que sospechaban de su lealtad a pesar que entendía que hacía muy bien su trabajo en Dresde.

Regresó a Leningrado en 1990 para trabajar como miembro de las reservas activas de la sección Internacionales de la Universidad Estatal de Leningrado, dependiendo del subdirector Yuri Molchaniov, a la vez que avanzaba en su tesis doctoral.

La KGB lo contactó y le pidió que reclutara gente, aprovechándose de su amistad con el profesor Anatoli Sobchack, quien sería alcalde de Leningrado.

La entrevista con Oliver Stone 

En una entrevista con Oliver Stone Putin admitió que luego de renunciar a la KGB trabajó como taxista.

En su gestión llevada adelante en una alcaidía terminó siendo investigado por el Consejo Legislativo, conducido por Marina Salye. El Consejo Concluyó que Putin había “subestimado precios y permitido la exportación de metalíferos por un valor de 93 millones de rublos, a cambio de ayuda alimentaria extranjera que nunca llegó”.  A pesar de haberse recomendado su expulsión del cargo, él logró permanecer como jefe del Comité de Relaciones Exteriores hasta 1996.

De niño, cuando era jefe de la KGB y hoy considerado el ‘Carnicero de Moscú’ por el mundo civilizado

Paralelamente, en mayo de 1995, se ocupó de organizar la rama de San Petesburgo del Partido Nuestro Hogar-Rusia, de tendencia liberal del poder, fundado por Vícktor Chemonyrdin. Durante dicho año también dirigió la campaña electoral legislativa de ese Partido y hasta 1997 fue su líder.

Se mudó a Moscú en 1996 para unirse a la administración de Boris Yeltsin para ocupar el cargo de director del Servicio Federal de Seguridad y secretario del Consejo de Seguridad

Se desempeñó como un elemento crucial en la intervención de Moscú en Chechenia, que, habiendo sido una parte constitutiva de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, resolvió independizarse. La intervención militar rusa concluyó con un fiasco para el gobierno de Moscú, que se vio obligado a retrotraer sus tropas a sus posiciones originales en 1996.

Putin el plagiador 

El 27 de junio de 1977 defendió su disertación de candidato de Ciencias en Economía, titulada “La planificación estratégica de los recursos regionales bajo la formación de relaciones de mercado”.

La tesis, en principio, fue considerada de buen nivel, pero al ser analizada en profundidad, pudo constatarse que había sido un plagio de 15 páginas de un libro. 

En Chechenia 

En su gestión como primer ministro del presidente ruso Boris Yeltsin, los militares rusos ingresaron nuevamente a territorio checheno para llevar a cabo lo que se denominó como “Operación contra terroristas chechenos”.

La justificación se la dieron los propios separatistas chechenos que concretaron ataques y atentados en Rusia y en agosto de 1999 asumió como primer ministro, para convertirse posteriormente en presidente interino del propio Yeltsin.

Fue Putin el que dirigió a Rusia durante la que puede ser considerada la segunda guerra de Chechenia, logrando restaurar el control federal.

A menos de cuatro meses de gestión ejerció el cargo de manera absoluta, siendo reelegido en el 2004.

Durante su primer mandato como presidente, la economía rusa creció un 7 % anualmente, impulsada por el incremento de hasta 5 veces del precio del petróleo y el gas.

En febrero de 2000, momento en que el ejército ruso recuperó Grozny, la capital chechena, aunque recién en el 2009 Moscú decretó el final de su misión, colocando un gobierno títere al servicio de Vladimir Putin.

Posteriormente, en agosto de 2008, Rusia y Georgia, se enfrentaron por el control territorial de Osetia del Sur y de Abjasia, dos repúblicas separatistas georgianas dependientes del gobierno ruso, que decidieron declarar su independencia, luego de la caída estrepitosa de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Desde el 2008 al 2012, Vladimir Putin se desempeñó como primer ministro bajo la presidencia de Dimitri Medvédev, ya que no podía ser reelegido presidente y en el último año. Ejerciendo el cargo de primer ministro aludido, supervisó la reforma militar y policial.

En 2012 regresó a la presidencia en una elección que fue calificada de fraudulenta.

Georgia lanza una ofensiva 

Rusia vio complicar su situación en la región cuando Moscú anunció que reforzaría sus lazos con los separatistas y el ejército georgiano lanzó una ofensiva para recuperar Osetia del Sur, recibiendo una respuesta militar inmediata, la que concluyó con la firma de un tratado de paz, aunque luego de sólo 10 días, la Federación Rusa reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia.

Y así arribamos en nuestro recorrido histórico de la gestión de Vladimir Putin a 2014. Luego de iniciarse un Movimiento Popular Pro-Unión europea de Maidan y la fuga de Rusia del expresidente Víktor Yanukovich, alcahuete del Kremlin.

La anexión de Crimea 

Putin, durante su tercer mandato presidencial terminó anexando la península ucraniana de Crimea, aún no reconocida y patrocinó una guerra en el este ucraniano con varias incursiones militares, ocasionando esa situación sanciones internacionales y una marcada crisis financiera en Rusia. Paralelamente, movimientos militares separatistas surgieron en el este ucraniano, tanto en Donetsk como en Lugansk, regiones fronterizas con Rusia.

Vladimir Putin junto a sus dos hijas, a las que mantiene alejada de la capital rusa por miedo a represalias

Allí se generó un largo conflicto entre el ejército regular ucraniano y los rebeldes, apoyados por Rusia, aunque nunca ello se admitió. La Federación sólo reconoció la existencia de “voluntarios” que ayudaban a “poblaciones masacradas” por tropas de Kiev.

El enfrentamiento reverdeció con la invasión a Ucrania en febrero pasado, ya que había bajado su intensidad en el bienio 2014/2015.

A todo esto, Putin fue reelegido en 2018 como presidente y en abril de 2020 promulgó enmiendas constitucionales. Entre ellas, una que le permitiría postularse para su reelección por dos veces más, permitiéndole ello extender su presidencia hasta el 2036.

Con los Acuerdos de Minsk, nombre de la capital de Bielorrusia, firmados por Ucrania, Rusia y los separatistas con la actuación, como medidores de los franceses y alemanes.

Tras la firma del acuerdo, el mismo fue violado y se reiniciaron los enfrentamientos.

Vladimir terminó, una vez más, reconociendo la independencia de ambas repúblicas autoproclamadas, siendo ello el paso anterior a la invasión de Ucrania. Es elemental pensar que la decisión fue tomada en vistas a la invasión a Ucrania que Putin, una y mil veces, negó a la OTAN y a la Unión Europea.

Hay que mencionar que Putin modernizó las Fuerzas Armadas y les duplicó la financiación, llegando su presupuesto anual al 30 % del anual.

Y agregó una ingeniería legal que hoy permite, internamente, reprimir protestas, lo que conlleva la explicación de las razones por las cuales no hay protestas internas en territorio ruso, implicando ello también la supervivencia de la dictadura, ya que el compromiso de las fuerzas de seguridad con el régimen es total.

“La tercera razón es el éxodo”, argumenta Johanna Cilano, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Según dicha analista, “cada vez que hay protestas en países autocráticos, hay una desarticulación de la oposición. A algunos se los encarcela como efecto aleccionador y a otros se los fuerza al exilio”, apuntó Cilano. 

Criminal de guerra

Hay que recordar que Putin presidió una concentración militar en la frontera con Ucrania, hasta que el 24 de febrero, tras negarlo enfáticamente en diversas oportunidades, ordenó la Operación Militar Especial en territorio ucraniano, la que continúa al momento de la presente columna, la que le ha generado a Rusia aislamiento internacional, así como la ampliación de sanciones y una crisis financiera, así como ser considerado un criminal de guerra. 

Evidentemente Rusia ha profundizado el autoritarismo, el que se suma a un altísimo nivel de corrupción endémica, el incremento de encarcelamientos de opositores que se manifiestan en sus calles por la guerra con Ucrania y la represión “legal” contra los medios de comunicación independientes rusos y los extranjeros, que obviamente, terminaron por decidir retirarse del país por temor a tener a sus periodistas tras las rejas por relatar las consecuencias indeseadas de la guerra.

Bajas puntuaciones 

Obviamente, es muy baja la puntuación rusa, en lo atinente al Índice de Percepción de la Corrupción; Transparencia Internacional y por Democracia de la Unidad de Inteligencia, según The Economist, a lo que se suma diluido Índice de Libertad en el Mundo, de Freedom House. 

Apenas iniciado el conflicto Rusia-Ucrania, se inició el éxodo ruso y a los 30 días de lucha armada, se retiraron alrededor de 300.000 personas. Se comenta que casi todos son opositores a Putin y huyen de la recesión feroz que le espera a Rusia para el 2022.

Rescatando al dictador 

En setiembre de 2015, vale recordar que Rusia comenzó a desplegar tropas en Siria para apoyar a Bahar A- Assad, respondiendo a la “convocatoria de Damasco”, según los rusos “para luchar contra el Estado Islámico (EI), así como contra el Frente Al –Nustra. Esa circunstancia fue aprovechada por los soviéticos para luchar contra los rebeldes que actuaban contra el régimen de A-Assad.

El premio que recibieron los rusos fue el de disponer de dos bases militares en Siria, donde actualmente hay 63.000 militares y, me dicen, un sector de inteligencia militar de apoyo, aunque esto último se negará.

El conflicto del Alto Karabaj 

Setiembre de 2020. Mes y año en el que estallaron sangrientos conflictos en el alto Karabaj. En este caso los rusos se opusieron a separatistas armenios y fuerzas de Azerbaiyán. El enfrentamiento databa de antes de la caída de la URSS.

Y en noviembre del mismo año, luego de seis semanas de mortíferos combates en el alto Karabaj, Moscú desplegó más de 2000 efectivos para «oficialmente» mantener la paz, luego de la firma de un acuerdo entre los países enfrentados.

Eso sí. Las tropas rusas nunca abandonaron el territorio que ocuparon porque Putin se negó, a pesar de que su lógica permitiría retirarlas para trasladarlas a otro frente conflictivo.

Pero al iniciarse el 2022 Kazajistán fue objeto de una explosión popular por el incremento del coto de la energía y el régimen pidió ayuda a Putin, invocando el mecanismo de asistencia militar mutuo de la Organización ODKB, esto es Kazajistán, Rusia, Belarús, Tayikistán, Kirguistán y Armenia.

Como el mecanismo sólo se activa por agresión externa y no por agitación social interna, el régimen kazajo, a instancias del gobierno ruso, argumentó “acciones organizadas por terroristas dirigidos por potencias extranjeras”, las que no fueron identificadas. Occidente miró para otro lado a sabiendas que los terroristas no existían.

El 7 de enero del presente año, Kassym-Johart Tokaiev dijo que el orden había sido “reestablecido” y una semana después los 2000 rusos enviados por Moscú volvieron a su sede natural.

Rusia y Belarús han sido siempre considerados por la Federación Rusa como países integrados para, si era necesario, hacer frente a una amenaza externa y el dictador de turno, Alexander Lukahenko se somete permanentemente a los pedidos de los jerarcas rusos que envía Putin.

Para muestra vale un botón 

El viejo dicho cae al dedillo para ejemplificar lo enunciado. Cuando abrió sus fronteras con Polonia, se les pidió permitir el ingreso de miles de migrantes traídos del norte africano y de Afganistán, para provocar una crisis migratoria europea y, a ello, se agrega la aceptación de firmar un acuerdo de cooperación y ayuda con Moscú.

El resultado fue la recepción por parte de Belarús, por miles, de soldados rusos y su material bélico, para que se utilicen en el conflicto Rusia-Ucrania.

El Grupo Wagner  

Es una agrupación de mercenarios rusos que actúan habitualmente en África y en Siria, así como en Libia y en Malí. -donde hay una Junta Miliar golpista-, a disposición de esos gobiernos para hacer trabajos sucios.

Ese grupo habría actuado en Ucrania, “donde Putin intenta reducir a escombros dicho territorio y convertir el país en una cárcel”, según lo expresado por la subsecretaria de Asuntos Políticos del Departamento de Estado, Victoria Nuland, quien agregó que “las sanciones económicas están convirtiendo a Rusia en una isla”, a lo que hay que agregar las apreciaciones del economista y escritor Andes Aslund, quien aseveró: “Putin destruyó el rublo y ahora los bonos rusos son basura”. Otros analistas saben que los rusos tienen dinero, “pero no lo pueden utilizar”.

Putin impuso una brutal mordaza a la libertad de prensa, castigando a 15 años de prisión a quienes propaguen noticias falsas y el resultado no se hizo esperar: Los medios extranjeros huyeron de Ucrania, esto es la BBC, CNN, The News y York Times, así como Bloomberg.

El 4 de abril pasado, el último medio independiente, cuyo director ganó un nobel –Dimitri Muratow-, dejó de cubrir la guerra, mientras el canal Duzha, suspendió sus emisiones, con lo que la ciudadanía rusa quedó presa de las noticias del Kremlin, incluida, naturalmente, la Operación Militar Especial, urdida por Putin, para “desnazificar” Ucrania.

Las matanzas de civiles comunes desmintieron esa definición “Putiana”. Telegram y You Tube siguen disponibles y el presidente tiene menos control internacional de los medios de comunicación.

No así de los satélites de organismos internacionales que diariamente dan cuenta de las matanzas rusas, exponiendo imágenes irrebatibles del sanguinario accionar soviético, desesperado por tener que escapar de territorios que había ocupado, dejando tras de sí, una estela de cadáveres de inocentes, al no poseer el armamento necesario para sostener sus posiciones, aun usando a los civiles como escudos humanos.

Putin ¿el Hitler de este tiempo? 

En el tren de agregar otras opiniones, el director del Seminario Greco-Católico de Lviv, denunció “la matanza indiscriminada de civiles” y advirtió que “su pueblo no aceptará un acuerdo que signifique ceder territorios”. “Putin está haciendo lo mismo que Hitler con los judíos”, concluyó.

Economía desconectada 

Putin con su accionar ha hecho que su país quede desconectado económicamente, luego de haber sido la undécima economía global.

Hoy por hoy, en el marco de la invasión rusa a Ucrania, los familiares de los rusos enviados a ocupar otro territorio han comenzado a organizar multitudinarias manifestaciones públicas y ello obligó a Putin a decidir represiones internas cada vez más difíciles de controlar. Es por ello que muchos componentes del círculo áulico del presidente ruso aseguran que “lo impresionó la muerte de Mamar Gadafi el 20 de octubre de 2011. Gadafi terminó muerto por una turba, en Libia, a 7.000 km de Rusia.

Dos meses más tarde la oposición rusa denunció un fraude sistemático de las elecciones legislativas de Hilary Clinton, quien ejercía como secretaria de Estado. Y ello degeneró en un agudo deterioro en las relaciones entre EE.UU. y Rusia, oportunidad en la que a Putin se lo acusaba de violar la premisa básica de colaborar en elecciones no libres ni transparentes.

Consideraciones sobre la democracia 

Quienes tienen acceso directo a Putin dicen por lo bajo que “considera a las democracias como instituciones políticas débiles, decadentes y lentas para efectivizar hechos.

“En el autoritarismo está el futuro” se lo ha escuchado decir, según el sociólogo Larry Diamond. Y si tenemos que hacer alguna otra consideración sobre el autoritarismo, podemos agregar que el 68% de los más de 80 millones de refugiados y desplazados contabilizados por ACNUR, en 2021, provienen de países con rasgos marcadamente autoritarios.

Putin ha sido quien canceló la alternancia y la libertad de expresión y de protesta en Rusia, a la vez que disolvió a la oposición con leyes a medida por la DUMA y anuló también el disenso con la prisión ejercida por el miedo que provocan sus servicios de inteligencia y de seguridad.

Como postre de su accionar decidió en soledad la invasión a ucrania, contrariando el criterio de sus generales, con lo que ha provocado la mayor guerra en Europa en los últimos 75 años, apoyado por una cúpula sumisa que impide la contra opinión, para que no se generen golpes de Estado.

Las fuerzas armadas son el pilar en el que se asienta el poder autocrático ruso y es el vehículo que sostiene la permanencia del dictador, siendo ellas las garantes del Statu quo, porque saben que, si el presidente cae, ellas también caen y sus componentes máximos, ahora millonarios, pueden terminar en un campo de trabajo.

Riesgo de un nuevo frente 

Rusia, el 26 de marzo pasado, a un mes y dos días de haber iniciado una invasión plagada de presuntos crímenes de guerra, acusó –haciendo uso de un cinismo impresionante-, a Azerbaiyán de haber violado el acuerdo de paz tras la guerra de Nagorno Karabaj, ocurrida en 2010. Es que las fuerzas armadas del Estado acusado, habían colocado un puesto de observación, según el Ministerio de Defensa ruso.

Es que unidades militares de Nagorno Karabaj habrían sido atacadas en 4 oportunidades con un dron Bayraktar TB2 en la localidad de Faruj, 20 kilómetros al norte de la capital Karabaj.

Dicho conflicto provocó 6.500 muertes en 6 semanas y concluyó con la derrota de Armenia, que debió ceder regiones y ello provocó y sigue haciéndolo, revueltas de protestas internas.

Putin pone las armas y los civiles su vida 

En su ofensiva, las fuerzas militares utilizaron una porción de su nueva generación de misiles, los que han sido calificados de hipersónicos., de alcance ilimitado e invisibles a los radares enemigos.

No son nada nuevo como son calificados por las “analistas internacionales “que surgen como hongos” cada vez que hay una guerra. La realidad es que esos misiles fueron presentados por el propio Putin en 2018 y tienen la ventaja de modificar su rumbo y altitud a altas velocidades, lo que hace casi imposible esquivar su impacto, ya que llega al objetivo a una velocidad máxima de Mach 27, esto es un equivalente a 27veces del sonido y eso no es todo: pueden impactar a objetivos que se encuentren a 6.000 kilómetros de distancia. Desde diciembre de 2019 se hallan en servicio y Ucrania se convirtió en un campo de pruebas propicio.

El 18 de marzo pasado un arma denominada Kinjaldaga hipersónica fue utilizada por los rusos por primera vez para destruir construcciones subterráneas. Me dicen que son misiles fáciles de utilizar y sortean sistemas de defensa antiaéreas en objetivos hasta 2000 kilómetros.

Otro misil balístico que tiene el ejército ruso es el Sarmat. Es de nivel intercontinental, de quinta generación y evade defensas antimisiles, aunque su peso es de 200 toneladas y, según afirman fuentes gubernamentales, “no tiene límites en su alcance, sirviendo para apuntar objetivos de polo a polo”.

A todo ese armamento detallado hay que agregar el Laser de Combate Peresvet, que traducido significa “Muy claro”. Sus especificaciones se mantienen aún en secreto, aunque fuentes indican que “desde diciembre de 2019 puede haber sido utilizado”, no habiendo pruebas concretas que lo justifiquen.

Una última arma, que se dice ha sido puesta en servicio, pero no en el conflicto que tratamos es el denominado “Poseidón”, un dron submarino, a propulsión nuclear que con sus disparos penetra a un kilómetro de profundidad, a una velocidad de 120 kilómetros, siendo invisible a los sistemas de detección. Trascendió que en la primavera del 2020 se hicieron las primeras pruebas desde el submarino Belgorod. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

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