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Por Ricardo Marconi (*)

Las fuerzas armadas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han demostrado hasta el momento en que se genera esta columna, que no creen suficientemente en el poder disuasorio de las armas convencionales para enfrentar el accionar bélico iraní.

La explicación de la respuesta a Estados Unidos está relacionada con la falta de unidad política, militar y económica, a lo que se le agregan los esfuerzos por evitar la respuesta iraní y la militarización tecnológica y cuantitativa que implicaría el incremento de número de efectivos terrestres que analiza el presidente de Estados Unidos.

Donald Trump, sobre este último punto viene manteniendo reuniones diarias con altos mandos militares en la Casa Blanca, en las que se ve en la necesidad de ir analizando sobre la marcha y tras recibir informes de la CIA, opciones que pueden llegar a incluir el envío de tropas terrestres, implicando ello continuar la guerra iniciado el 28 de febrero pasado, así como la necesidad de obtener cientos de miles de millones de dólares en fondos adicionales.

Es difícil tomar esa decisión cuando la realidad indica que los objetivos fijados al inicio del conflicto no se concretaron y el número de pérdidas humanas se incrementa hora tras horas y, para colmo, Irán ha provocado una conmoción económica haciendo saber su decisión de cerrar el estrecho de Ormuz por varios meses.

Ante la necesidad de concluir con el conflicto que nos ocupa, evidentemente hay divergencias en las posiciones adoptadas entre el Gobierno estadounidense y el de Israel, a lo que debe agregarse que Trump enfrenta un calendario político mucho más corto que el de Benjamín Netayahu, razón por la cual este último espera que el norteamericano decida concluir con el proceso bélico y esto está claro: Trump declaró a CNN que creía que Israel “estaría listo para poner fin a la guerra cuando él lo estuviera. Queremos cosas más o menos similares. Ambos queremos la victoria Y eso es lo que hemos conseguido”.

“Jamás lo había oído tan enfadado”, escribió el senador Lindsey Graham, uno de los principales defensores de la guerra en Irán.

“Desde el principio, nos han asegurado que no llegaríamos a una situación en la que tuviéramos un número significativo de soldados sobre el terreno”, declaró Jeff Van Drew, representante de Nueva Jersey y republicano que suele hablar con Trump, añadiendo que el despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno sería su límite.

“El Presidente, en un dudoso cambio de actitud, nos ha asegurado que no sucederá. Y, obviamente, le creo. Pero no queremos guerras interminables”, aseveró el citado representante norteamericano.

La cúpula militar de Estados Unidos, junto a republicanos del Congreso, estima que se puede presentar la guerra como un éxito, luego de que se considere destruida la Armada, la capacidad misilística y la base industrial de Irán.

“Receta para el desastre”

Se sostiene el criterio que incrementar el conflicto y desplegar fuerzas terrestres es una “receta para el desastre”, según una fuente que no quiso que se lo identificara. Trump recibió acuse de recibo de dicho criterio expuesto.

Otra de las declaraciones fuertes ha sido la del secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien declaró que Estados Unidos había atacado varios miles de objetivos en Irán. Imagine el lector el número de vidas perdidas en esos ataques.

¿Medio Oriente se encamina hacia una salida de guerra termonuclear?

Obviamente las fuerzas militares de EE.UU. e Irán han obtenido significativos resultados positivos en lo concerniente a la destrucción de arsenales de misiles y drones de última generación que producen estragos en países donde no se tiene un mecanismo de contención espacial de alerta.

Es cierto, asimismo, que Irán contabilizó, diariamente, el hundimiento de buques de guerra, pero continúa poseyendo combustible nuclear enriquecido enterrado a gran profundidad.

“La ventaja fundamental de Irán reside en que ese conocimiento no puede ser destruido con bombas”, afirmó un diplomático europeo. Y otro diplomático aseveró: “Existe una base de conocimiento que no puede ser aniquilada con bombarderos B-2”.

A pesar de lo indicado precedentemente, se produjo el despliegue terrestre de fuerzas militares norteamericanas con 3.500 infantes de marina estadounidenses que se dirigen hacia Oriente Medio, esto es la 11ª Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina y el Grupo Anfibio Boxer han visto su despliegue reprogramado y acelerado, según hicieron conocer agencias periodísticas internacionales.

En reuniones de Inteligencia se habría analizado la captura de la isla iraní de Kharg —una vía económica vital para Irán que gestiona aproximadamente el 90 % de las exportaciones de crudo del país. Nos dicen que Trump no quiere que se destruya la infraestructura petrolera de la isla. Se conformaría con la desaparición de la estructura militar de la isla de Kharg, que llevaría a la bancarrota total al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y podría poner fin a la guerra rápidamente.

Sin embargo, muchos dentro del Gobierno se muestran recelosos ante tal medida, sobre todo porque requeriría un número considerable de efectivos terrestres.

Recuperar el uranio enterrado es más peligroso

Recuperar el uranio enterrado sería extremadamente peligroso. Durante su visita a Washington esta semana, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, dijo que los “barriles y cilindros” de material podrían, en teoría, ser trasladados. Sin embargo, advirtió que “si hubiera un impacto directo” durante las operaciones militares, existiría riesgo de contaminación.

El representante republicano de Wisconsin, Derrick Van Orden, exmiembro de los Navy SEAL, declaró: Lo ha desaconsejo específicamente: “No quiero verlo” y el congresista Tim Burchett, del Estado de Tennesse agregó: “Creo que necesitamos encontrar una estrategia de salida lo antes posible”. No quiero enviar estadounidenses a Irán bajo ninguna circunstancia”.

El representante republicano Mike Flood, quien a principios de este mes estuvo presente en la Base de la Fuerza Aérea de Dover, en Delaware, durante el solemne traslado de los cuerpos de seis soldados caídos en Kuwait, entre ellos un sargento de su estado, declaró que no quiere que las familias pasen por eso y expresó su esperanza de que la guerra esté a punto de terminar. “Todos queremos que esto termine”, afirmó Flood.

Regresemos a la contienda  desde el punto de vista del desarrollo del conflicto en el campo de lo nuclear para indicar que se están multiplicando  acciones diplomáticas  que implican un avance  hacia el desencadenamiento del conflicto con armas no convencionales, las que debieran estar  encuadradas  en un marco de paridad estratégica, que sólo  se bebe considerar restaurada  si se invierten recursos  económicos importantes, lo que no es posible  en el marco de la actual crisis mundial que se soporta y que complica a la prevención de una guerra nuclear  limitada al terreno del uso de misiles de las potencias más importantes.

Sostenemos la necesidad de un factor disuasivo confiable, ya que asestar un golpe destructivo total implicaría una situación irrecuperable para el planeta, equivalente a un suicidio colectivo.

Si el agresor falla en sus cálculos y el país atacante pereciera junto con el resto de la humanidad, no habría motivos para pensar en algún tipo de salvación por lo que es imprescindible examinar con minuciosidad diferentes escenarios de una guerra convencional y de una nuclear para entrever sus contingencias definitivas. (Jackemate.com)

 

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

 

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