Por Ricardo Marconi (*)

Joe Biden, el presidente norteamericano, por un lado, decidió desclasificar el expediente en el que el Pentágono y la CIA aportaban datos sobre el asesinato y descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi y, por otro, mantiene el histórico avance que logró Donald Trump con los lazos árabe-israelíes.

Para explicar las decisiones de Biden vale recordar que en 2020 países árabes firmaron acuerdos y reconocimiento oficial con Israel. Nos referimos a Emiratos Árabes, Marruecos, Bahrein y Sudán.

Sin embargo, hay que puntualizar que el titular del Ejecutivo yanqui pone en situación de alerta dicho avance, al bloquear la venta de armamento.

Es más, hace peligrar aún más la situación al volver al acuerdo nuclear con Irán. El 19 de enero pasado, 24 horas antes de tomar posesión de su cargo presidencial, el gobierno a cargo de Trump firmó permisos de venta de armas por valor de 23.000 millones de dólares a Emiratos Árabes.

Entre ese armamento se encuentran 50 cazas de 5ta. Generación F-35. Era una toma y daca comprometido con Emiratos que había, en 2020, aceptado para establecer relaciones diplomáticas con Israel, lo que formaba parte de los esfuerzos del gobierno del país del Norte para unificar la región contra Irán.

Resulta casi desconocido que, entre la cuantiosa venta de armas a los Emiratos Árabes, hay un envío de materiales para ensamblar bombas de precisión láser por un monto de 500 millones de dólares.

Arabia Saudita y los Emiratos Árabes forman parte de una coalición enfrentada a Irán por el control de Yemen, nación comprometida en una guerra civil extrema, tema que desarrollamos en columnas anteriores.

Nos referimos a una guerra civil impulsada por Irán que respalda y entrega armas a la facción hutí, perteneciente a la rama shiíta del Islam, que lidera Teherán. Los que más sufren en los bombardeos –de los dos lados-, son los civiles.

La CIA y sauditas armaron a rebeldes

Cabe recordar que el ex presidente Barak Obama autorizó en 2013 a la Agencia Central de Inteligencia a armar a rebeldes de Siria, y en razón de ello los sauditas aceptaron ser socios dispuestos a pagar, en parte, la operación encubierta.

En la misión, los sauditas aportaron dinero y armas, mientras que la CIA entrenó a los rebeldes en el uso de rifles de asalto AK-47 y miles antitanques.

La relación entre la CIA y los servicios de Arabia Sudita sobrevivieron en el tiempo, aún en momentos de crisis como en la época de Irán-Contras; el apoyo a mujahidines contra los soviéticos en Afganistán y los enfrentamientos entre terceras fuerzas en África.

La negra explicación de una negación

Las reservas de petróleo de Arabia Saudita y su papel espiritual en relación con musulmanes sunitas, así como los nexos de los servicios de inteligencia ayudan a explicar por qué EE. UU. se niega a criticar a Arabia Saudita por sus abusos en el ámbito de los derechos humanos, fundamentalmente contra las mujeres y su apoyo al Islam extremista, el wahabismo, que ha inspirado a grupos terroristas que los norteamericanos enfrentan. Esto ha sido conocido en su momento por el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes [1].

En la primavera del 2013 Obama aprobó armar a los rebeldes para ganar el control de la región que nos ocupa, ya que Qatar y lo sauditas habían canalizado armamento a Siria para un año.

Los esfuerzos de Arabia Saudita fueron canalizados por el príncipe Bandar bin Sultán, por ese entonces jefe de Inteligencia, que instruyó a la inteligencia saudita a comprar millones de cartuchos para AK-47 en Europa Oriental para los rebeldes sirios.

Arabia Saudita ponía dinero para tener un lugar en la mesa de discusión, con voz y voto respecto del tema sirio.

El periodista Mark Mazzetti del New York Times señaló que el asesor antiterrorista del ex presidente Obama, William Mc Cants, le puntualizó que la oscilante comunicación CIA-reino saudí “es una irritante constante en las relaciones, ya que los primeros no sabe si los segundos seguirán apoyando a grupos terroristas”. (Jackemate.com)

[1] Mike Roger. Presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes estadounidense.

 

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

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