Hora local en Rosario:
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Unas cuatro mil trescientas personas pasaron entre el 5 y 19 del mes actual por la Estación Embarcaderos, en Vélez Sarsfield 164, frente a Puerto Norte, para disfrutar de cada uno de los rincones de esta antigua estación ferroviaria rosarina destinada a carga y descarga. Este emblemático sitio brindó una programación especial de vacaciones de invierno que se integró a sus propuestas ya consolidadas.

La Estación Embarcadero durante estas dos semanas de vacaciones escolares abrió sus puertas de lunes a miércoles, de 10 a 17, además de sus clásicos domingos, de 10 a 13, por lo que sumó, de esta manera, una opción más donde se buscó un plan que permitiera reunir a todas las edades para que nadie quedara afuera.

Según la información municipal “Rosario es una ciudad que se abre a vivirla a cada instante, tiene tantas miradas como personas hay y cada quien puede elegir dónde detenerse” y agrega que “Estación Embarcaderos habilita esa cadencia que invita a la pausa y a vivir el presente con cada sentido.

Por este motivo, se añade que “no es casual que la estación sea sede y laboratorio de políticas públicas de la ‘Ciudad de las Niñas y los Niños’, idea de Francesco Tonucci que la ciudad adoptó hace 30 años y que reconoce la mirada de las infancias y su participación activa en las políticas públicas. De ese asombro, curiosidad y espontaneidad están teñidas cada una de las propuestas de Embarcaderos”.

En se sentido, ‘Quedarse un rato más’ fue un poco el enunciado orgánico de estas vacaciones y el pedido que se escuchó frecuentemente cuando llegaba la hora de cierre del predio. Es que observar bichos bolita con una lupa es una tarea que conlleva tiempo, dedicación y una divertida seriedad.

Desde el momento en que se abría el portón que da a Carballo y mira al río Paraná, la estación se activaba y el equipo anfitrión tuvo a su cargo el recibimiento, mientras la frase de Tonucci resonaba una y otra vez: «La relación con nuestros niños debe volver a ser la de ‘te quiero tanto que te dejo salir, y cuando vuelvas me cuentas'».

En estas vacaciones se amasó pan, pero también ideas, las aromáticas del jardín ayudaron a despejarlas y algunas llegaron al té que se infusiona para generarle más calidez al sol tímido del invierno.

Una familia tomó el mini teatro del carrito de juegos propuesto en uno de los consejos y la obra comenzó. Los chicos se juntaron y dejaron que las cintas y los molinos quedaran libres al movimiento al igual que las semillas de los lapachos rosados que se escapan de sus vainas para llegar a otros lugares.

Miles de criaturas fantásticas salieron del anonimato en cada jornada en la sala de ‘Berni y los monstruos’. Allí esos personajes cobran vida a través de la técnica del grabado y el collage.

Entre cuentos, circo y sonidos

La programación del receso todavía sigue resonando en cada brote verde que señala un poquito de lo que trae la próxima estación. Por el Kioskito de Historias pasaron las voces de Florencia Izurieta, quien también presentó su libro ‘El misterio de Pluten’, ilustrado por Anni Cuadra, coronado con un taller artístico, y las entrañables lecturas al paso de Mónica Colomer, donde detenerse era regalarse un tesoro de palabras.

Los tambores hicieron vibrar el Espacio Sonoro de la mano de Martín Atinier y el ritmo se transformó en una nueva forma de expresión. En tanto el circo, con toda su magia expansiva, iluminó las tardes con las funciones de Blend Urbano y Anatomía del Monstruo, a cargo del Circo Lumière. Allí no faltaron canciones, destrezas y hasta un dinosaurio que sorprendió a todos los presentes.

Los territorios se activaron y el kit de exploración estuvo listo para visitar: el Andén de Carga y Descarga con sus morteros, tintes y materiales de la naturaleza; el espacio del Viento; la Casita de las Mariposas; los bloques gigantes para levantar mundos posibles, y la Galería de Humedales, donde los imanes construyen paisajes que hablan de nuestra tierra.

Así como hay pan recién horneado, aromáticas, naranjas y mandarinas, también hay múltiples formas de concluir algo. Las vacaciones de invierno terminaron, pero las puertas de la estación siguen abiertas de miércoles a viernes, de 10 a 17, y los domingos, de 10 a 13.

El tiempo es una construcción y desde Embarcaderos se invita a sentirlo a un ritmo propio, donde hay tiempo para aburrirse, inventar, ensuciarse, poner las manos en la masa y, sobre todo, parafraseando a Tonucci, para ver la ciudad con ojos de niñas y niños. (Jackemate.com)

 

 

 

 

 

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