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Por Ricardo Marconi (*)

En nuestra columna hicimos mención a la creciente resistencia ucraniana frente a las fuerzas armadas rusas, en el marco de una sangrienta e inhumana invasión. Llega ahora el momento de hacer referencia a una consecuencia de la ocupación territorial, la defensa ante la misma y el escape soviético de las ciudades y pueblos tomados. Entonces, estamos hablando de la colocación de cientos de minas antitanques TM-62 y de las antipersonales de la era soviética que dejan en el camino miles de vidas de hombres, mujeres, niños y soldados, así como amputados, discapacitados y destruidos morales.

Esas minas, una vez concluido el proceso militar de la invasión –sea cual fuere el resultado-, alterarán las resultantes económicas, la reconstrucción social y la recomposición de ciudades y pueblos.

Hay que destacar que Ucrania es uno de los países con más minas enterradas de Europa y de la zona de lucha protagonizada por rusos, ucranianos y separatistas desde 2014, ya que finalizada la guerra van a tener que ser despejados kilómetros cuadrados equivalentes al tamaño de Italia.

Es un problema que continuará por años, según la ONG The Halo Trass, dedicada la limpieza de terrenos minados y que financia Estados Unidos.

No está establecida la cantidad de muertos en Ucrania por las minas terrestres y la aludida empresa ya contabilizó desde el 24 de febrero pasado –día del inicio del conflicto-, 52 civiles muertos y 65 heridos, cifras probablemente desactualizadas al momento de redactarse esta columna.

Hay una aplicación que se denomina “El desminado de Ucrania” para que se le envíen imágenes, videos y geolocalización de objetos explosivos que encuentren.

En Ucrania hay carteles de avisos en caminos y rutas que advierten sobre la existencia de lugares minados por rusos que se retiraron vencidos. Hasta terrenos con sembradíos de amapolas ocultan las minas antipersonales colocadas por soldados invasores que escaparon luego como ratas del lugar con la esperanza de dejar una estela de muerte tras su paso con un solo objetivo: matar civiles inocentes.

Centros de “filtración”  

Esa denominación eligió los rusos para designar a lo que pueden ser considerados “campos de concentración” y sobre ellos la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa (OSCE), emitió un informe a nivel internacional.

Rusia deportó a miles de personas desde zonas ocupadas de Ucrania y el presidente ucraniano Zelenski opinó que “la cifra está cercana al millón de personas, muchas de las cuales desaparecen”.

Hay un informe de la OSCE, de 119 páginas, fechado en Varsovia, que indica que los rusos realizan a los deportados intensos y brutales interrogatorios, así como tratos humillantes. Habría, según el mismo detalle 20 campos donde se les toman a los retenidos sus huellas digitales y les hacen copias de sus documentos de identidad.

A los que se los detecta como componentes de fuerzas militares o de las milicias, leales a Kiev, se los separa y luego, misteriosamente “desaparecen” o son deportados a territorios de Ucrania controlados por los rusos separatistas en Donetsk y allí se procede a su encarcelamiento, mientras que otro grupo es enviado a territorio ruso, donde son contabilizados como refugiados.

El canciller estadounidense Antony Blinken calculó entre 900 mil y más de   millón ucranianos deportados a regiones ocupadas por rusos, entre los que se contabilizaron 260.000 niños, separados de sus familias.

Crímenes de guerra 

La OSDE –creada en 1975, en la época de la Guerra Fría para generar el diálogo entre la Europa capitalista y el comunismo, se encuentra en 57 estados, a partir del Acta de Helsinki-, indica que “los rusos se niegan a cooperar con datos y habría gran cantidad de crímenes de guerra y delitos contra la humanidad”.

Entre sus componentes hay estados de Asia Central, junto a Estados Unidos y Canadá.

Los soviéticos se habrían llevado a miles de niños, extraídos de orfanatos ucranianos para darlos en adopción en Rusia, utilizando el mismo sistema que puso en funcionamiento la Junta Militar en Argentina y los nazis en la II Guerra Mundial.

Moscú, se dice, está almacenando datos biométricos de civiles, y la inteligencia estadounidense habría dejado trascender que se obliga a los civiles ucranianos a firmar acuerdos de permanencia en territorio ruso.

Ello implica “la violación a la Cuarta Convención de Guerra sobre la protección de Civiles, convirtiéndose esa circunstancia en un crimen de guerra”, según Blinken, quien agregó que “ello también ocurrió en Chechenia”.

Millones de desplazados 

Más de 8 millones de personas han sido desplazadas, luego de ser obligadas a abandonar sus viviendas y sobre esa cuestión la Organización de Naciones Unidas emitió un informe y ello implicó un 24 % de incremento, aunque las cifras crecen permanentemente, según el director de la OIM, Antonio Vitorino.

Por otra parte, más de 2,7 millones de personas optaron por regresar a sus hogares y el 93% de las mismas se vieron obligadas a asentarse en zonas no ocupadas. Un 63% son mujeres y casi el 50% dejaron definitivamente el país, ya que habitaban zonas donde podrían ser víctimas de la ofensiva militar rusa o estaban asentadas en lugares poco seguros del oeste de Ucrania.

Alrededor de 2,9 millones están en esa situación y a ello hay que agregar que antes de la guerra ya había 1,5 millones de desplazados debido a los 8 años de guerra civil entre ucrania y separatistas ruso parlantes alzados en armas en dos provincias de este ucraniano.

Corte abrupto del gas 

El 16 de julio pasado Rusia decidió un corte abrupto del gas ruso a Berlín como un ejemplo extorsionador del Kremlin por los avatares de la guerra y la consecuencia inmediata se traduzco en falta de alimentos y la renuncia del premier de Italia Maco Draghi, luego de que ocurriera lo propio con el derrumbe político de Boris Johnson.

Es que Alemania había reducido del 55 al 35% sus compras de gas a Rusia por la disparada del precio del petróleo.

Mientras el hemisferio sur del planeta se deglute diariamente la mitad que le resta del invierno y el norte comienza a percibirlo, ucrania está soportando la llegada de misiles lanzados desde territorio bielorruso, aliado a  los soviéticos, según la administración ucraniana que sostiene desde hace más de 3 meses combates agotadores y sangrientos, según la inteligencia del Ministerio de Defensa de Estados Unidos y debido a ello Ucrania se ve en la necesidad de evaluar  diariamente los daños en su territorio. 

Ataques con misiles

La Federación Rusa, con estos ataques se ha propuesto involucrar a Bielorrusia en la invasión, utilizando aviones Tu- 22M3, que lanzan misiles crucero KH-22 partiendo desde el distrito de Petrikov, en el sur bielorruso, tras lo cual regresan al aeropuerto de Petrikov, en el sur bielorruso, tras lo cual regresan al aeródromo de Shaikovka, en Rusia, implicando ello un altísimo costo operativo.

A todo esto, el gobierno bielorruso cierra la boca, mientras comparte con los rusos la destrucción de la infraestructura crítica ucraniana de gas, matando a 20 polacos en uno de los ataques.

Los rusos, utilizando armas de precisión habrían destruido vehículos de combate brindados ucranianos y 80 polacos resultaron muertos, a lo que se suma destrozos de sistemas de lanzamiento de misiles.

Los rusos desmintieron el episodio, aunque no negaron los costosos avances de sus fuerzas militares y su creciente pérdida de vidas de soldados en los frentes de batalla.

Retiro ucraniano 

Los militares ucranianos admitieron que debieron retirarse de Severdonetsk, ya que no pudieron seguir resistiendo y, además, dijeron que aumentó la presión rusa en Lisiehak.

Los cortes de energía por largos períodos y la posibilidad de hambrunas son las pesadillas de la guerra inventada por Vladimir Putin, al fallar en su pretensión de ocupar Ucrania mediante una guerra relámpago que sólo ha servido, luego de cinco meses, para que perdiera su clientela europea de gas, única arma rusa perdurable en el tiempo, mientras los precios del trigo escalaron y no dejan de hacerlo junto al de otros alimentos básicos.

Es por ello -según se dice- que 250 millones de personas están al borde de la hambruna y de la pobreza, sinónimo de un volcán social a punto de explotar, de acuerdo con especialistas de política internacional, quienes ven cómo se acerca a la realidad lo ocurrido en Sri Lanka, un país dominado por la corrupción y la anarquía.

Locura política 

Los mismos analistas presumen que Putin se acerca a un estado de “locura política” en su imperiosa necesidad de liquidar el predominio global de Washington, a sabiendas que las armas que la OTAN envía a Ucrania han complicado más allá de lo que previno, su invasión.

A ello se suman las sanciones económicas de Occidente que está obligando a los conductores de la economía rusa a utilizar ingentes recursos para soportar los costos de la invasión a Ucrania.

Submarinos nucleares rusos ya operan en cercanías de Ucrania con su poderoso arsenal

Putin viene sosteniendo que la colaboración China a Rusia licuará el predominio estadounidense como superpotencia, tras la disolución de la URSS y ello le permitiría restablecer el predominio ruso en su área de influencia para terminar con la de Ucrania.

Y es por ello que no se ha detenido, al punto tal que ha amenazado con utilizar su potencial atómico mientras aplica en el este ucraniano una “Operación rusificadora”, tanto militar como administrativa y comunicacional, mediante la cual se pretende imponer el ruso como lengua oficial, ayudado por el reparto de pasaportes.

Inflación y el “Belgorod” 

Mientras tanto, Rusia ya soporta una inflación del 17 % y 80 millones de dólares de los rusos fueron desviados a los costos de la guerra.

Y como si esto fuera poco, ya comenzó a funcionar el servicio del “Belgorod”, el más grande submarino nuclear ruso, de 184 metros de longitud, que será utilizado como la “madre” de otros medios navales inteligentes y teledirigidos para desequilibrar el campo nuclear, ya que podrá lanzar desde las profundidades de los océanos -2.000 metros-, misiles intercontinentales,

Esto son los “Poseidón” hipersónicos, de 24 metros de longitud, capaces de descargar hasta 10 misiles nucleares hacia el mismo número de objetivos, ubicados hasta 10 .000 kilómetros de distancia, como ya adelantamos en columnas anteriores.

El submarino podrá destruir oleoductos y gasoductos bajo el agua, así como espiar y manipular cables de fibras ópticas por donde pasan conexiones web y telefónicas del mundo. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

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