Por Ricardo Marconi (*)

Donald Rumsfeld, jefe de los “halcones” de la administración de George W. Bush, polémico generador de la Guerra de Afganistán y de la invasión a Irak, murió en Nueva México, al sudoeste de Estados Unidos, a los 88 años, como consecuencia de sufrir un mieloma múltiple, un tipo de cáncer que afecta la médula ósea.

Había nacido el 9 de julio de 1932. Se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad de Princeton y fue campeón de lucha libre desde 1963 a 1969. Estuvo en el congreso de los EE.UU., siendo embajador de su país en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el periodo 1973-74, antes de desempeñarse como jefe de gabinete de la Casa Blanca.

La única sorpresa del gabinete del expresidente del Estado Mayor Colin Powell fue la aparición de Rumsfeld en el Pentágono, donde aportó su experiencia como funcionario público y en la actividad privada, así como operador político, ya que había sido elegido en su momento como componente de la Cámara de Representantes en 1962, donde renunció en 1969 para integrar el Gobierno de Nixon.

También fue embajador ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), antes de regresar a Estados Unidos para desempeñarse en la transición a la presidencia de Gerald Ford, luego de la renuncia del ex presidente Richard Nixon.

Jefe de Gabinete de Gerald Ford

El fallecido Rumsfeld, en 1975 fue jefe de gabinete de Ford y en ese tiempo organizó el pase de George Bush, de embajador en China a director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Rumsfeld había dirigido el Pentágono desde 1975 a 1977, bajo la presidencia de Gerald Ford. Ya como secretario de Defensa, en el transcurso de su gestión, se centró en reformar el Ejército.

Precisamente Rumsfeld perdió la candidatura vicepresidencial en la Convención republicana de 1979 frente a Bush. Y por ello se enfrentó con el asesor de Seguridad Nacional de Reagan, Richard Allen, quien lo desestimó para el cargo y la excusa que ofreció cuando fue preguntado porque no eligió al funcionario al que recordamos por su fallecimiento, dijo para disculparse que no lo hizo debido a que no tenía su teléfono.

Rumsfeld fue nominado por parte del Partido Republicano para las elecciones presidenciales de 1988.

Hegemonista del poder

En 1997 los “hegemonistas del poder” –como se los conocía a Richard Cheney, Paul Wolfowitz y Richard Perle-, quienes provenían del gobierno de Reagan y Rumsfeld, que se remontaba a la era Ford, dieron a conocer el “Proyecto para un nuevo siglo (PNAC).

Por el mismo impulsaban el funcionamiento de su teoría; esto es aplicar el mito de la “Acción preventiva” con el incremento significativo de los gastos de defensa para enfrentar las amenazas antes de que las situaciones se agravaran.

Uno de los objetivos de los hegemónicos era el de aplastar a Saddam Hussein en Irak, argumentando la posibilidad de la existencia de armas de destrucción masiva y pedían su destitución, a la vez que manifestaron su disidencia sobre pedir a la Organización de las Naciones Unidas la unanimidad de criterio en el Consejo de Seguridad para el uso de la fuerza.

Rumsfeld formaba parte de la Junta para la Programación de la Defensa Nacional. La hipótesis de trabajo se expuso en la “Guía para la Planificación de la Defensa”, un periódico interno secreto del Pentágono que se publica cada dos años, donde se expone la estrategia militar estadounidense que sirve para orientación en tareas de planificación de gastos de defensa.

El ex militar fallecido en Taos, Nueva México, que fue piloto naval y en la cúspide de su poder político, tuvo que encargarse del conflicto bélico con Afganistán, luego de que se produjeran los atentados del 11 de setiembre de 2001 (11S).

Si bien Rumsfeld asumió decidido a destituir a Saddam Hussein, a comienzos del 2001, esa alternativa no estaba en discusión en el Gobierno norteamericano. En julio del 2001, en Kosovo, Bush decidió no reducir las fuerzas militares en Bosnia ni en Kosovo y mantuvo la convicción de que los militares debían ser “utilizados para librar guerras para proteger los intereses norteamericanos en el exterior y con los miembros de la OTAN”. Lo dijo en una base militar norteamericana.

En junio de 2001 Rumsfeld cerró el Instituto de Mantenimiento de la Paz del ‘Army War College’ en Carlisle, Pensilvania, y dos años más tarde el Pentágono lo resucitó, aunque con otro nombre: Instituto para el Mantenimiento de la Paz y Operaciones de Estabilidad. No sólo eso. También le puso el doble de personal con un presupuesto de 200 mil dólares.

Cheney y Rumsfeld pretendían reformar el ejército y e incluso Rumsfeld quería modificar la organización de las fuerzas armadas en su totalidad para enfrentar a China comprando barcos, buques y vehículos con mayor tecnología que tuvieran mecanismos de evasión de radares Stealth.

Incluso comenzó Rumsfeld a mencionar ante sus superiores la posibilidad de que le autorizaran más fondos para el Pentágono, ya que entendía que el espacio sideral sería el próximo campo de batalla. No se equivocó.

Cheney lo apoyó, pero Bush no hizo lo propio, ya que sus preocupaciones   tenían como matices a Rusia, China e India.

La Resolución

Luego del 11-S el presidente Bush obtuvo un sólido apoyo para invadir Afganistán y la diplomacia dejó de ser un tema de necesidad. La visión internacional del conflicto había cambiado vertiginosamente y la ONU aprobó una Resolución que pedía el fin del apoyo a los terroristas en todo el mundo.

Una fuerte coalición internacional respaldó el derrocamiento de los talibanes en Afganistán, luego de que sus jefes se negaron a entregar a Osama Bin Laden.

En el sector privado, Rumsfeld construyó una próspera carrera, desempeñándose como CEO de una serie de empresas farmacéuticas de alta tecnología y biotecnología.

Fue también enviado especial de Reagan en Oriente Medio en 1983, y miembro de diversas comisiones. Entre ellas, en 1988, de la dedicada a la evaluación de la amenaza de proyectiles balísticos, conocida como la Comisión Rumsfeld.

En el 2000 presidió la comisión destinada a evaluar la necesidad de aprovechar los recursos del espacio exterior de manera más agresiva. El 10 de setiembre de 2001, Rumsfeld formaba parte del equipo de Bush y para setiembre del mismo año, su estrella se opacó y perdió el apoyo militar, motivo por el cual debió moderar sus promesas militaristas.

Fue el secretario de Defensa en el Gobierno de George W. Bush (h)

El 4 de setiembre de 2001 Rumsfeld insistió en entrar en acción contra Irak y la CIA le comunicó que “no tenía fondos para aportar contra Al Qaeda, mientras el Departamento de Defensa discutía quien conduciría el Programa ‘Predator’ de drones, tema que no lograron allí acordar.

A finales del 2001 la unidad denominada Actividad de Apoyo de Inteligencia (ISA) se convirtió en la piedra angular de los esfuerzos de Rumsfeld de ampliar las operaciones de espionaje del Pentágono.

Rumsfeld, ‘El Zorro Gris’

Tenía el nombre clave de “Zorro Gris” y había comenzado a trabajar con Asad Munir y espías pakistaníes en el oeste de Pakistán, con base de operaciones en Fort Belvoir, Virginia, Estados Unidos.

“Zorro Gris” contaba con varios cientos de agentes que actuaban clandestinamente en destinos ubicados en el extranjero instalando aparatos de escucha en lugares de difícil acceso que podían comunicarse con estaciones que la Agencia de Seguridad Nacional había instalado en el mundo. El grupo tenía el apoyo del Ejército Secreto del Norte de Virginia.

Cuando Rumsfeld se enteró de ello y de las operaciones realizadas antes del 11-S, dijo que los hubiera encarcelado a todos. Pero luego cambió de opinión y terminó ordenando un incremento del presupuesto y dispuso una mayor coordinación de “Zorro Gris” con el Mando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC).

Rumsfeld quería que este último organismo respondiera directamente al secretario de Defensa y el presidente.

El 2 de octubre de 2002 el Congreso aprobó el uso de la fuerza contra Irak por abrumadora mayoría y en enero del 2003 Rumsfeld desestimó la oposición francesa y alemana a la guerra.

Para ser más preciso podemos agregar que el 20 de enero de 2003 Rumsfeld negó importancia a la crisis coreana y dijo que era un país “bastante estable”. Luego cambió su parecer y afirmó que “la crisis coreana estaba al borde del colapso”.

Un mes más tarde, cuando Corea expulsó a los inspectores, reactivó su programa de energía nuclear y amenazó con ir a la guerra. Los inspectores le bajaron el nivel al conflicto asegurando que Corea del Norte no poseía armas nucleares.

Tenet, el exdirector de la CIA, entre tanto, aseguraba que Corea del Norte tenía “misiles con cargas nucleares que podían llegar al oeste de Estados Unidos”.

La Fundación Carnegie para la Paz Internacional aseguró que Corea del Norte podría llegar a fabricar “hasta 235 armas con plutonio y 18 con uranio enriquecido, mientras que anualmente estaba en condiciones de fabricar 55 armas nucleares”.

Rumsfeld creía en ejércitos pequeños, con alta tecnología, pero evaluó mal la tarea que Irak demandaba, por lo que envió a una fuerza militar de dimensiones inadecuadas, esto es 150 mil soldados. Otros militares con más experiencia opinaron que se necesitaban cientos de miles para la guerra y la posguerra.

A eso se agregó la mala planificación en el terreno para evitar el saqueo tras la ocupación y, saqueadores, ocuparon las calles anarquizándolas.

Devastación

Hubo devastación de propiedades públicas y privadas y se produjo el robo de artefactos de hasta 7.000 años de antigüedad. El halcón Rumsfeld culpó a los medios de comunicación por transmitir los saqueos.

El funcionario que nos ocupa, en febrero de 2004, retiró tropas estadounidenses de Irak, que de 150.000 pasaron a ser 113 mil. Un año más tarde quedaban 8.500 británicos y otros 33 de 48 países aportaban 15.500 hombres que pertenecían a Australia, Italia, Polonia, Ucrania y Países Bajos.

En el 2003 Rumsfeld defendió la invasión a Irak y llegó a ser el secretario de Defensa más joven.

Participó de la operación de rescate de las víctimas del Pentágono y del derrocamiento del régimen talibán que le dio relevancia y reputación, aunque –como veremos luego- se vio afectado por el estancamiento del ejército estadounidense en Irak y por el escándalo de la cárcel de Abu Ghraib, en abril de 2004.  En otoño de ese año muchos países se habían retirado de Irak.

Su caída después del conflicto con Irak

Estados Unidos desvió 3.400.000 dólares a la seguridad de Irak, que en principio había destinado a la reconstrucción de ese país y Rumsfeld admitió la pérdida de más vidas humanas que las previstas.

Rumsfeld con Saddam Hussein cuando Irak, aliado de Occidente, combatía a la teocrática Irán

Dos años más tarde, el conflicto con Irak le costó el puesto, a los 74 años. El proyecto denominado “El futuro de Irak”, había sido elaborado un año antes del conflicto y su costo fue de 5 millones de dólares.

Luego de una temporada como jefe de gabinete en la Casa Blanca, a los 43 años, Rumsfeld se convirtió en el secretario de Defensa. Estuvo siempre a favor del incremento de los gastos de Defensa y se opuso al control de armamentos, siendo un entusiasta impulsor de la defensa nacional mediante antimisiles (NMD).

Rumsfeld, para instaurar el Sistema de Defensa Nacional de Misiles Antibalísticos exageró el problema defensivo y presentó el peor de los escenarios posibles, llegando a la conclusión que las amenazas hostiles de Irak, Irán y Corea del Norte era más amplia, madura y rápida para desarrollarse que lo supuesto en los cálculos previos.

Sin embargo, primó la limitación a nivel de disuasión contra cualquier intento de las partes de iniciar un ataque con armas nucleares. Tenía más fuerza la teoría de la “mutua destrucción segura” que sostenía estabilidad.

Vale apuntar que el actual presidente Joseph Biden –como lo adelantamos en otra columna-, opinó en la discusión de la aplicación del Sistema MAD (Defensa Nacional Antimisilística).

Rumsfeld fue el encargado de obtener apoyo para la acción militar de atacar a Al Qaeda y para ello realizó visitas a capitales de Oriente Medio y el centro asiático. Como contraprestación, se comprometía a aportar inteligencia militar y logística a Arabia Saudita, Egipto, Omán, Turquía y Uzbekistán.

Mientras tanto, el primer ministro del Reino Unido Tony Blair, hacía lo propio en Rusia, Pakistán y la India, logrando en conjunto el alineamiento deseado. Incluso Rusia se comprometió a aportar su inteligencia para precisar quiénes habían sido los culpables del ataque del 11S, a lo que debe agregarse que suministró un “pasillo aéreo” hacia Afganistán para que se pudieran hacer operaciones humanitarias en Afganistán o para realizar misiones de búsqueda de militares en situaciones críticas y lograr su rescate.

El aporte de Putín

El presidente ruso Putín aportó armamento para luchar contra los talibanes, ya que estaba de acuerdo con Rumsfeld en pensar el mundo post Saddam.

Hay que dejar claro que Rumsfeld menospreciaba las resoluciones de la ONU diciendo: “en el instante que Saddam y el pequeño grupo que gobierna con él intuyan que están fuera de peligro, sospecho que no tendrán más incentivos para cooperar y entonces cualquier esfuerzo o inspección a favor de un desarme por parte de la ONU fracasará”.

Rumsfeld, en una visita a la prisión de Guantánamo afirmó que los detenidos allí “no eran prisioneros de guerra” y defendió técnicas de interrogación como cambios de alimentación, privación del sueño, forzar a los detenidos a dormir desnudos y obligarlos a adoptar posiciones forzadas”.

“Los terroristas no obedecen las leyes de la guerra y andan por allí matando inocentes”, refirió.

A Rumsfeld se le atribuyen las órdenes para abusar de los prisioneros de Irak, en el marco de un clima de impunidad y cuando fue atacado políticamente en ese sentido, Cheney cayó también en la volteada.

Finalmente debemos aportar que a Rumsfeld se lo acusó de “fomentar una política de tolerancia cero” y en ese sentido nunca se echó atrás. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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