Por Ricardo Marconi (*)

Hungría y Checoslovaquia formaban parte de un destacado lugar en el espectro de las redes delictivas por sus vínculos económicos y comerciales, a la vez que por no exigir visados de ingreso a sus territorios a los ciudadanos de otros países de Europa del Este.

Esto hizo que se radicaran de manera transitoria, tanto en uno como en el otro país kazajos, georgianos, búlgaros, moldavos y letones, junto a rusos.

En Hungría ello generó un mercado clandestino de divisas que eran utilizadas para blanquear dinero negro y los rusos, ni lerdos ni perezosos, establecieron una avanzada mafiosa en la ciudad de Budapest con la intención de expandirse hacia el oeste.

Así se inició un enfrentamiento brutal, que derivó en el desplazamiento de la nueva mafia búlgara hacia Checoslovaquia, debido a que los rusos “empujaron” a los búlgaros por la fuerza de una “guerra económica”, basada en el contrabando de vehículos.

El nacimiento 

Así nació la Ruta de la Vergüenza o si el lector lo prefiere la Autopista E 55, que unía las ciudades de Desdre con Praga, pasando por el norte de Bohemia, cuyo nombre provenía de los Boyos, un pueblo celta que habitaba la zona en el Siglo V A.C. El corazón de la ruta pasa por Checoslovaquia y la mafia lo advirtió antes que nadie la posibilidad de desarrollarse sin control alguno.

De esta manera, en el tiempo, breve, por cierto, en un clima ciudadano caótico y sin esperanzas económicas, las mujeres –sin que se ejerciera sobre ellas presión alguna-, comenzaron de manera lenta pero progresiva en número, a vender su cuerpo por una comida, satisfaciendo las necesidades sexuales de los camioneros que cruzaban Sajonia y Bohemia.

Turismo sexual 

Se multiplicaron las bandas que ofrecían mujeres a la vera de la ruta a los alemanes y de ello se hicieron eco los medios de comunicación de Alemania como Der Spiegel.

La mayoría de las prostituidas provenían de Alemania Oriental que invadieron la ruta vergonzante por voluntad propia. Los proxenetas no tenían que presionarlas ya que primaban las cuestiones económicas como justificación a la prostitución.

Otro grupo de mujeres, por idénticas razones eran de Bohemia, que tiene una superficie de 52.768 km2 y actualmente cuenta con 6.250.000 habitantes.

Luego llegaron masivamente al borde de la ruta, las jóvenes de etnias tales como las gitanas y romaní, que “atendían” a alemanes que viajaban al sureste de Asia y al Caribe, quienes pagaban para hacer turismo sexual.

Moteles construidos y alquilados  

Las organizaciones búlgaras construyeron y alquilaron moteles al norte de Bohemia, donde las prostitutas cobraban mensualmente en dólares o marcos alemanes. Para ellas eran cifras fabulosas.

Un preso inteligente  

A todo esto, un reo detenido complicó la vida a los guardias búlgaros. Tsvetomir Belchen, en el seno de la prisión llegó a fundar un organismo dedicado a defender los derechos de los presos, apoyado desde el exterior por la mafia.

Belchen, organizó huelgas de prisioneros, protestas y hasta se dio el lujo de producir motines durante la década del 90.

Hasta se atrevió a presentarse como candidato a presidente y al perder la elección comenzó a decaer políticamente en la prisión, aunque tuvo el tiempo suficiente para lograr ser trasladado a la República Checa.

Las chicas de Belchen

El político fallido, con la colaboración de su madre, que le conseguía las chicas que caían en la prostitución, armó una banda con dos cómplices que agredían físicamente a “sus empleadas” cuando no recaudaban lo mínimo estipulado.

La dinámica de las industrias que se desarrollaron en la zona posibilitó la radicación de hombres que se hallaban alejados de sus hogares y que cobraban sueldos altos, lo que llamó la atención de redes de trata de mujeres.

La reacción policíaca  

Las autoridades policiales del Este de Europa la pasaron muy mal cuando el Estado las utilizaba para castigar y, en algunos casos, hasta para matar opositores al régimen de turno.

Pero, al llegar el “capitalismo mafioso” aprovechó para ofrecer sus servicios a quienes erigían imperios criminales que producían millones de dólares.

Esos policías cobraban coimas en dólares para posibilitar la circulación de turistas por Rumania y Yugoslavia durante los años posteriores a la caída del comunismo.

De esta manera, la Ruta de la Vergüenza se transformó en una máquina casi imposible de detener en lo concerniente al turismo sexual, al contrabando y al perfeccionamiento de actos delictivos. Las autoridades dejaron sus diferencias étnicas para colaborar con eficiencia ejecutiva a favor de la delincuencia. (Jackemate.com) 

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

 

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