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Por Edgardo Glavinich (*)

Cada tanto aparece un dato que suena a chiste de mal gusto: la Argentina tiene una de las tasas de homicidio más bajas de América Latina. 4,49 por cada 100.000 habitantes según el último año comparable, que es 2023, contra una mediana regional de 17,75. De los treinta y tres Estados de la región, solo Bolivia y Cuba registran menos. Y la serie viene bajando: en 2016 era 5,98.

Quien vive en una ciudad donde la inseguridad es la conversación de todos los días lee eso y concluye, con razón, que el número no describe su vida. La reacción habitual es desconfiar de la estadística. Vale la pena una reacción distinta y más productiva: preguntarse qué mide exactamente ese número, y qué no. Porque la respuesta está publicada, y es bastante más interesante que la sospecha.

Las cifras salen de SIWA, el registro público de situación de América Latina y el Caribe que abrió la Fundación Sherman Kent. Reúne 69 indicadores sobre los treinta y tres Estados de la región, es de acceso libre y gratuito, no pide crear una cuenta y publica junto a cada número su fuente, su fecha y una calificación de fiabilidad. También publica sus límites, que es lo que interesa acá.

Primera razón: la cifra es nacional, y solo nacional

El registro lo dice con todas las letras entre sus vacíos declarados: «Sin desglose subnacional: la cifra es nacional». Ninguna de las fuentes que usa publica el dato abierto por provincia, municipio o barrio, y donde no lo hay el país queda en gris en el mapa «en vez de pintarse con una cifra que no le corresponde».

Esto no es una limitación menor: es la diferencia entre dos productos. Una tasa nacional sirve para comparar países entre sí, que es exactamente para lo que fue construida. No sirve para describir una ciudad, y un país grande y desigual puede contener realidades que el promedio nacional no deja ver. Quien necesite el dato de su ciudad tiene que buscarlo en la fuente provincial o municipal correspondiente, y el registro no pretende reemplazarla.

Casi seis de cada diez robos no llegan a ninguna estadística. Cuando la denuncia baja, las cifras mejoran sin que mejore nada.

Segunda razón: el homicidio no es todo el delito

El homicidio se usa como indicador universal de violencia por una razón práctica: es el delito que casi siempre queda registrado. Hay un cuerpo, hay un expediente. Eso lo vuelve comparable entre países, y por eso el registro cubre los treinta y tres Estados con esa serie.

Pero el delito que la gente vive todos los días —el robo, el arrebato, la entradera— está mucho peor medido. En el registro, la serie de víctimas de robo en los últimos doce meses existe apenas para 18 de los 33 Estados. 

La de robos que la víctima denunció a la policía, para 16 de 33. Y la de agresiones denunciadas, para 13 de 33. Son las series peor cubiertas de todo el eje de seguridad.

Tercera razón: la estadística cuenta lo que se denuncia

Y acá está, probablemente, el dato que más explica la distancia entre el número y la sensación. Según el registro, en la Argentina se denunciaron a la policía el 42,7 % de los robos sufridos.

Es decir: casi seis de cada diez no llegaron a ninguna estadística. La cifra es de 2016, y el propio registro la marca con la advertencia de revisar si sigue sirviendo, porque tiene diez años.

La Argentina no está mal ubicada en eso: la mediana regional es 37,55 % y hay países que están bastante peor —en México se denuncia el 11,8 % de los robos, según el dato de 2024— y otros mucho mejor, como Trinidad y Tobago con 83 %.

Pero el punto no es el ordenamiento. El punto es que toda estadística delictiva descansa sobre la decisión de miles de personas de ir o no ir a hacer la denuncia, y esa decisión depende de cuánto confían en que sirva para algo.

IndicadorArgentinaAñoMediana regionalCobertura
Homicidios (por 100.000 hab.)4,49202317,7533 de 33
Víctimas de robo en 12 meses6,2 %20164,5 %18 de 33
Robos denunciados a la policía42,7 %201637,55 %16 de 33
Agresiones denunciadas41,5 %201642 %13 de 33
Detenidos sin condena38,8 %202438,47 %32 de 33
Empleo informal51,58 %202456,01 %27 de 33

Por qué conviene un registro que declare sus huecos

Podría parecer que un registro que aclara todo esto se resta autoridad. Ocurre lo contrario. Un número presentado sin sus límites invita a dos errores opuestos y ambos costosos: creerle demasiado —y concluir que el problema no existe— o desconfiar del todo y volver a decidir por impresión.

El registro se puso además otras reglas que se pueden verificar. Si una fuente falla, muestra el error en lugar de un valor de ejemplo. Si el dato oficial de un país y el del organismo internacional no coinciden, publica los dos con su fuente en lugar de promediarlos, porque promediar es fabricar. Y ningún modelo de inteligencia artificial toca el dato crudo: el procesamiento es estadística clásica.

Hay una regla más que vale la pena contar. El registro proyecta las series a uno, dos y cuatro años, pero solo cuando la serie efectivamente describe una tendencia. En homicidios, de los treinta y tres Estados solo dieciséis pasan esa prueba; diecisiete no, y para esos no se publica proyección alguna. Es una decisión poco frecuente: lo fácil habría sido proyectar los treinta y tres.

Cómo se consulta

El acceso es libre y completo, sin crear cuenta ni pagar nada. Se elige un país, una zona o la región entera; se elige el nivel de lectura —Ciudadano muestra tres secciones, Periodista dieciséis y Analista cuarenta y seis—; se elige el tema, y el mapa se pinta con él. La planilla de datos y el informe en PDF se descargan igual de abiertos.

Todas las cifras de esta nota se leyeron el 7 de septiembre de 2026 y cualquiera puede comprobarlas. Eso, en materia de seguridad, no es un detalle: es la diferencia entre discutir con datos y discutir con impresiones. (Jackemate.com)

 

(*) Director Ejecutivo de la Fundación Sherman Kent · Oficina de Generación de Inteligencia

 

 

 

 

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