Por Ricardo Marconi (*)

“Nosotros somos exactamente como los policías. Ustedes tienen una profesión y nosotros otra. La única diferencia radica en que ustedes están en el lado recto de la ley, y nosotros en el lado torcido”. John Herbert Dillinger.

Tras el intensísimo, aunque breve tiroteo, John Herbert Dillinger quedó tirado en el suelo, mirando sin ver el cielo con un ojo destruido por un impacto de bala, muerto con su cuerpo mitad en la acera y el resto del cuerpo, exánime, en la calzada que pretendía cruzar corriendo.

No pasaron más que segundos para que el cadáver terminara rodeado por un nutrido grupo de sus perseguidores federales y los infaltables curiosos que estaban fascinados por su leyenda.

Incluso, fanáticos tomaron sus pañuelos y los introdujeron en los agujeros de los balazos para obtener “el recuerdo de la sangre de un asesino”.

No habían pasado ni cinco minutos desde el momento en que John había salido, acompañado por dos mujeres, del Biograph Theatre, una lúgubre sala cinematográfica establecida en el sector norte de la ciudad de Chicago, donde se exhibía Manhattan Melodrama, con la actuación de Clark Gable, el actor preferido del asaltante de bancos más famoso de su tiempo.

Las versiones son infinitas, pero la más creíble, habla de que Dillinger comenzó a correr luego de advertir a un individuo petiso, vestido con un saco azul, pantalón blanco y sombrero de paja, -quien esperó que el pistolero pasara a su lado para encender un cigarrillo-, lo que lo hizo presentir que estaban por emboscarlo.

Esa calurosa noche del 22 de julio de 1934 el asaltante más buscado del Bureau Federal hizo transformar a la esquina donde perdió la vida, como un lugar de peregrinación de todos aquellos aficionados a las historias policiales, ya que allí había caído, definitivamente, nada menos que el “Enemigo Público número1” de la época.

El nacimiento de un ícono

El 22 de junio de 1903, en Indianápolis, Indiana, Estados Unidos, nacía quien sería considerado un ícono de la cultura popular en el país del Norte.

Su fama se idealizó por la manera fácil con la que lograba evadir a la policía durante la década del 30, obteniendo la atención de los medios de comunicación, que lo convirtieron en una leyenda.

Su progenitor fue John Wilson Dillinger (1864-1934) y su primera esposa Mary Ellen Lancaster (1860-1907). Se alistó en la armada estadounidense, en el acorazado USS UTAH, pero desertó por lo que fue dado de baja sin honra militar.

Regresó a Indiana, donde se casó el 12 de abril de 1924 con su novia Bery Ethel Hovious, de sólo 16 años en un intento por normalizar su alocada vida. Pero la realidad pudo más: sin trabajo, su matrimonio se desmoronó y llegó el divorcio el 20 de junio de 1929.

Una noche

Un delincuente ocasional, Ed Singleton, en una de las noches de 1924, lo convenció para colaborar en un asalto al tendero Frank Morgan y la policía no tuvo mayor problema para lograr su detención.

Singleton contrató un abogado y apeló su sentencia, y fue condenado a dos años de prisión. Dillinger, aún inexperto en lides delictivas, fue condenado y enviado a prisión por nueve años. En la cárcel se distinguió jugando al beisbol y si no hubiera sido un asaltante, podría –se decía- haber sido un destacado jugador profesional.

Dillinger cedió a favor del delito

En casi una década de prisión, el estilo criminal venció a Dillinger en la cárcel donde aprendió a asaltar bancos con consejos de otros especialistas en la materia.

Planificó desde de sus paredes diversos robos y terminó formando parte de la banda conformada por Harry Pierpopont, Russel Clark, Charles Makley, Walter Dietrich y John “Red” Hamilton.

Sus delitos más destacados fueron concretados cuando gozaba de su libertad condicional, como en el caso del banco Buffton, en Ohio.

Fue arrestado e internado en la cárcel de Ohio un 22 de setiembre y cuatro días más tarde, algunos amigos de Dillinger, que habían escapado de la cárcel de Indiana, se presentaron vistiendo uniformes ante el sheriff Jesie Sarber, de la prisión de Lima, haciéndose pasar por policías que lo querían llevar de regreso a la prisión de Indiana.

El Sheriff no les creyó y al pedir identificaciones, uno de los pistoleros lo baleó dejándolo sin vida en su oficina. Tomaron las llaves y sacaron a Dillinger de la cárcel, tras lo cual encerraron a la esposa del policía en otra celda.

Curiosamente, a pesar de no haberse violado ninguna ley federal actuó el FBI y, mientras la banda se dedicaba a robar bancos, la gente comenzó a idealizar a Dillinger por efectos de la Gran Depresión, ya que lo consideraba un ladrón justiciero y dueño de un personalísimo estilo de delincuente que no ejercía violencia inútil “y tenía sentido del humor”.

En uno de los asaltos a un banco se lamentó tener que reducir a un cliente que se presentó imprevistamente en el lugar: “No debió venir tan temprano al banco”, le señaló con fingido pesar.

En esa época, había una escala menor de asaltantes entre los que se destacaba Hermann “El Barón” un ex oficial nazi prusiano que emigró a EE.UU. y que había pertenecido a un grupo que hacía asaltos mediante grupos comando contra bancos, utilizando ametralladoras Thompson de almacén circular de balas que luego el cine hizo popular con “Los intocables”.

Hamilton, uno de los miembros de la gavilla de Dillinger, mató a un agente de Chicago y un mes más tarde, durante un tiroteo hizo lo propio con el oficial William Malley en el robo al Primer Banco Nacional del Este de Chicago, en Indiana, tras lo cual la banda se trasladó a Florida y, posteriormente a Tucson, Arizona, donde el 23 de enero de 1934 se incendió el hotel Historic Congress, donde Clark y Makley se escondían.

Los bomberos los reconocieron y la policía los detuvo junto a Dillinger y les secuestró armas y más de 25.000 dólares en efectivo, toda una fortuna que formaba parte del banco de Chicago.

El “fanático” de Bogart fue llevado a la cárcel de Crown Point, Indiana, a la espera de su juicio por el asesinato del policía O’ Malley, muerto en el tiroteo del robo al Banco Este de Chicago.

Las autoridades alardearon mucho acerca de que la prisión era a prueba de fugas, pero el 3 de marzo de 1934, Dillinger utilizó uno de sus trucos para escapar.

Talló un objeto con forma de pistola en un material aún sin especificar — posiblemente una barra de jabón o un pedazo de madera — y amedrentó a los guardias de la prisión para que le abrieran la celda y poder huir, después de encerrar a sus custodios. Este hecho le facilitó más el camino a la fama.

Escapó en el auto de la sheriff Lillian Holley, un nuevo y flamante Ford V8. La prensa se burló de esa acción y publicó titulares en donde se mofaban de la sheriff Holley, lo cual aumentó la popularidad del ladrón.

Sin embargo, el prófugo cometió el error de cruzar la línea estatal divisoria de Indiana-Illinois en el vehículo robado, violando así una ley federal e involucrando al FBI en su captura.

Pierpopont, Makley y Clark fueron devueltos a la cárcel de Ohio y sentenciados por el asesinato del sheriff de Ohio. Pierpopont y Makley fueron condenados a muerte y Clark a cadena perpetua.

Pero en un intento de fuga, Makley resultó muerto y Pierpopont sufrió una herida. Un mes después se recobró lo suficiente para ser ejecutado.

Por ese tiempo Dillinger era considerado por los estadounidenses como una especie de Robin Hood, ya que había declarado: “Yo sólo robo a los banqueros que roban a la gente”.

Es más, en 1934, los vecinos incluso llegaron a argumentar a favor de Dillinger, quien llegó a ser buscado tanto dentro como fuera del territorio de Estados Unidos.

Su imagen, con un bigotito finito sobre el labio, estaba en las primeras planas de los diarios en la que se exhibía su aire socarrón parecido –según él comentaba a sus cómplices-, a Humprhey Bogart.

La nueva banda

Dillinger no estaba dispuesto a rendirse: En Chicago se reunió con su novia Evelyn Frechette y luego se asoció con Homer Van Meter, Lester Joseph Gills-conocido como Baby Face Nelson-, Edie Green y Tomy Carrol, entre otros, formando una nueva banda con la que logró realizar grandes robos a los bancos.

La agencia federal obtuvo datos y siguió a la banda generándose un enfrentamiento en el que hirieron a Edie Green y al mismo Dillinger, pero este último logró escapar. Green no tuvo la misma suerte. Terminó muerto en un hospital.

Tras el enfrentamiento, Evelyn y Dillinger fueron a la ciudad de Mooresville, Indiana, donde permanecieron escondidos en la casa del padre de Evelyn hasta que el asaltante sanara. Luego Evelyn se fue a Chicago y allí el FBI la arrestó. Fue sentenciada a una multa de 1.000 dólares y a dos años de prisión.

Al poco tiempo, Dillinger se volvió a reunir con sus compañeros y se refugiaron en un pequeño lugar llamado Little Bohemia Lodge, donde no pudieron evitar que alguien diera aviso a la policía, generándose un enfrentamiento, oportunidad en la que Baby Face mató al agente Carter Baum. La banda logró escapar.

Cuando la policía fue a detener a la banda confundió a los ladrones con vecinos inocentes y el suceso se convirtió en un suceso épico, a tal punto que el dueño del lugar se tomó el trabajo de armar un “museo” en el que se refrescaban aspectos del tiroteo, con lo que recaudaba más que con los clientes del hotel de mala muerte que regenteaba.

John Dillinger abatido frente a la mirada de los policías

Para el verano de 1934, Dillinger volvió a Chicago bajo el nombre de Jimmy Lawrence. Consiguió un empleo y encontró una nueva novia, llamada Polly Hamilton, que no tenía conocimiento de su verdadera identidad. En una gran metrópolis como Chicago, Dillinger pudo llevar una vida anónima por un tiempo.

El hampón dedicó mucho tiempo a juntó dinero para irse a vivir a México y cuando había logrado su objetivo invitó al cine a Polly, quien llegó acompañada de su amiga Anna Sage, una inmigrante rumana cuyo verdadero apellido era Cumanpas, la que era amenazada permanentemente con deportarla por el FBI.

Anna no tuvo mejor idea que para evitar definitivamente la deportación por actividades ilegales, denunciar a Dillinger y para ello acordó con las autoridades vestirse de rojo para ser rápidamente identificada y no ser baleada por error.

Las órdenes de J. Edgar Hoover al mando del BOI -predecesor del FBI- fueron claras: esperar a que el hampón saliese del cine y, en ese momento, disparar a matar.

Fue acribillado a tiros por Melvin Purvis, agente federal. Lo hirió de muerte por la espalda y una de las balas le atravesó un ojo, por lo que murió en el acto.

Icono popular

Sin duda, la Gran Depresión, que causó múltiples quiebras bancarias, motivó la desconfianza en las entidades financieras insolventes y eso, entre otros factores, incidió en la generación de gánster y bandoleros.

El entorno social de rencor y desconfianza produjo la animadversión hacia los banqueros, por lo cual la gente trasladó su odio y molestia, reflejándolos en la satisfacción que sentían por los ladrones de bancos, como John Dillinger, máxime cuando las víctimas mortales de sus robos fueran muy pocas, y sólo se trataba de figuras de la autoridad, jamás gente que se encontraba en el lugar equivocado en un mal momento.

Con el paso de los años, ha sobrevivido el mito de Dillinger como rebelde vengador, reivindicado más por el encono social hacia la autoridad que por su contribución al pueblo, que fue nula al morir sólo con 31 años. (Jackemate.com)

 

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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