Por Ricardo Marconi (*)

Meyer Lansky –cuyo verdadero nombre fue Majer Suchowlinsky-, nació en Grodno, actual Bielorrusia, el 4 de julio de 1902 y era conocido por los apodos “Johnny De Luca Eater, Mastermind of the Mob y The Ganglang Einance Chaima.

Sus últimos días los vivió en Miami Beach, Florida, Estados Unidos hasta que falleció el 15 de enero de 1983, siendo considerado un mafioso judío estadounidense.

A las autoridades policiales no le faltaban razones para considerarlo así, ya que junto a Charles “Lucky” Luciano, fue uno de los referentes del crimen organizado y creador de la mayor parte del sistema financiero destinado al lado de dinero de la mafia.

En 1911 su familia se mudó a EE.UU. para asentarse en el Lower East Side de Manhattan, Nueva York y concurriendo a la escuela conoció a Luciano, quien trató de dominarlo, pero al verse enfrentado por él, admiró su coraje y se convirtieron en amigos entrañables.

Lansky también se hizo muy amigo de Bugsy Siegel y juntos conformaron uno de los más violentos clanes en el lapso de la prohibición o Ley Seca.

Meyer era hermano de Jacob “Jake” Lansky, quien en 1959 tuvo a su cargo la administración del Nacional Hotel en La Habana, Cuba.

Apasionado por el juego

La pasión por el juego en Meyer se desarrolló en su preadolescencia, cuando visitaba los garitos clandestinos donde jugaba a los dados y a las cartas. Había sido un buen estudiante en la Public School 34 y aprendió inglés con un especial afán para salir mejor preparado de su niñez mísera.

El joven Lansky vivía en un barrio donde las familias dormían de a tres o cuatro en el mismo dormitorio y la suya solía descansar en cunas de hierro o en colchones tirados sobre el suelo, mientras en el 1º piso sus padres alquilaban una habitación a dos pensionistas.

La familia Lansky descansaba, como en los hospitales abarrotados, “a cama caliente”, esto es: cuando uno se levantaba para ir a trabajar, otro se acostaba en la cama liberada. Es más, en algunos casos particulares, tres personas ocupaban muy apretados, una cama.

Fue en 1971 que se hizo amigo del napolitano Luciano, hijo de Antonio Lucania y Rosalía, quienes habían arribado a Estados Unidos en 1906 para instalarse en el Lover East Side.

En plena juventud, los amigos de Lansky se baleaban con bandas de jóvenes italianos e irlandeses y Luciano era el líder de su banda italiana para invadir el territorio de la gavilla irlandesa. El objetivo era claro: ampliar el radio de sus delitos.

El tercero, en la gavilla de Lansky era Benny Siegel, cuyos padres habían hecho un largo viaje desde Kiev escapando de la persecución zarista contra los judíos. Habían venido con otra familia que tuvo como hija a una prominente líder de Israel: Golda Meir y fue precisamente a ella a la que Lansky le pidió asilo, 50 años más tarde.

Lansky le dijo a Siegel que podría ser el Nº 2 de la gavilla por su bravura y por su habilidad para el manejo de los revólveres, aun cuando tenía algo en contra: siempre estaba listo para disparar primero, aunque sin pensar.

Lansky, cuando le tocó vivir en Israel, utilizaba para comer el restaurante “Beu Yehoda”, hígado y pescado porque le recordaba su barrio neoyorquino Lower East Side.

 

Completaban el grupo de malvivientes el primo de Lansky, Irwing Sandler; Red Levine, Abner “Longie” Zwillman, el hermano menor de Lansky, Jake; Louis (Lepke) Buchalter, Judie Albert y Dutch Schultz, cuyo nombre real era Arthur Plagenheumer.

Meyer, cuando cursaba sus estudios, fue expulsado del colegio de Charlton y no continuó la secundaria porque tenía otra prioridad: comer todos los días y por eso trabajaba en un comercio procesador de pieles.

Con el tiempo, se dedicó a viajar por todo el país, comprando productos a chacareros y revendiéndolos a los negocios, pero el trabajo no funcionó.

Así fue que con Luciano se lanzaron a concretar operaciones criminales que cambiaron el sistema de contrabando y por ello comenzaron a ser perseguidos, tanto por la policía como por jueces.

Para quebrar la hostilidad policial y de los magistrados le pidieron ayuda a Frank Costello, cuyo verdadero nombre era Francesco Castiglia, nacido en Calabria en 1891.

Costello burlaba la ley pagando coimas en la aduana, a policías, magistrados y políticos.

La banda de Lansky, cuando ya tenía desarrollada la distribución del alcohol comenzó a tener problemas y para resolverlos comenzaron a utilizar, en gran escala, varios medios de transportes y, de paso, lo hicieron para ampliar su radio de acción.

Agilizaron la comercialización, utilizando tres novedades que se desarrollaron en los años 30, con las que aceleraron el número de delitos: el teléfono, los autos y hasta las lanchas. Además, firmaron un convenio con el apoyo de Costello, en el que participó Big Bill Dwyer, en el puerto de Nueva York, donde había instalada una red oculta de contrabando.

Incidente mortal

Años antes, en 1927 se generó un incidente entre dos pandillas rivales que costó la vida de 11 mafiosos a raíz de un cargamento de whisky, cargado desde Irlanda a Boston.

El asalto se produjo a una columna de camiones en la carretera ubicada a lo largo del sur de Nueva Inglaterra. La custodia resistió el ataque y, como se señaló, hubo muertos y heridos en la emboscada que se convirtió en la pesadilla de Lansky-Luciano.

Robaron el licor los componentes de la gavilla de Lansky y hasta podrían haber eliminado al cabecilla de la otra banda, pero este último murió en el enfrentamiento y no por ejecución. Allí había quedado demostrada en el enfrentamiento la valentía de Siegel.

La participación de los Kennedy

En ese embarque ilegal estaba involucrado Joseph Kennedy y su familia se guardó el rencor de la afrenta. Con el tiempo John y Robert Kennedy persiguieron a la mafia –se comentó-, por venganza personal.

La consecuencia del atraco, a Joseph Kennedy le costó una fortuna: Acosado por las viudas y parientes de los custodios de aquella carga, al desempeñarse como embajador estadounidense en Inglaterra, debió hacerse cargo de diversos pagos, lo que lo convirtió en Londres, en una persona antipopular por su pro germanismo.

Negocios internacionales

En 1936 Meyer había establecido redes de juego en Florida, Nueva Orleans y en Cuba y durante 1940 Siegel persuadió a los capos de la mafia invertir en el hotel Flamingo de Las Vegas, que por ese entonces no estaba abierto para negocios.

La cuestión del Flamingo se discutió entre los jefes de la mafia en una conferencia secreta que se realizó en Cuba, en 1947. Un grupo de jefes pidió asesinar a Siegel y Meyer pidió una segunda oportunidad para su compañero.

A pesar de esa petición, Siegel continuó derrochando el dinero de la mafia en el Flamingo y como resultante se convocó a una segunda reunión. En este caso, a pesar de que la recaudación era pobre, una vez más Lansky y Luciano convencieron a la familia de darle más tiempo a Siegel.

Así se llegó a un tercer encuentro definitorio. Siegel se había burlado de sus jefes y Lansky debió admitir el final de Siegel, quien el 20 de junio de 1947 en un tiroteo fue asesinado en Beverly Hill, California.

Los asociados de Lansky, sólo veinte minutos después del homicidio de Siegel, incluyendo a Gus Greembaun y Moe Sedway ingresaron al Flamingo para asumir el control de la propiedad.

Meyer Lansky, en entrevistas que le hicieron, señaló que “si Ben Siegel le hubiera hecho caso, podría estar vivo”. Esto marcó una transferencia de poder en Las Vegas desde las familias criminales de Nueva York a las de Chicago. Por ese entonces, Lansky se desempeñó como asesor del mafioso de Chicago Tony Accardo.

Enfrentando a los nazis

Así llegamos a la década del 30, años en que Meyer con su grupo enfrentó a miembros del Partido Nazi en Estados Unidos, destacándose en ese sentido lo sucedido en Yorkville, Manhattan, un barrio alemán donde él y otros catorce componentes concretaron un ataque a un sitio decorado con una esvástica y una foto de Adolf Hitler.

“Entramos en acción y los estrellamos contra los ventanales. Los nazis entraron en pánico y huyeron”, relató Meyer, el que acotó: “Los cazamos para golpearlos y les demostramos que los judíos no se sentaban para aceptar insultos” …

Operación Underworld

En el transcurso de la II Guerra Mundial, Lansky fue crucial en la Operación Underworld de la Oficina de Inteligencia Naval, en la cual el gobierno estadounidense reclutó criminales para buscar infiltrados nazis y saboteadores.

En una autobiografía, autorizada por Lucky Luciano, durante esa época, Lansky ayudó a concretar un trato con altos oficiales de la Armada norteamericana.

El trato implicaba liberar a Luciano desde la prisión y a cambio, la mafia aseguraba los barcos que se construían en los astilleros del puerto de Nueva York.

El lector de esta columna debe tener en cuenta que, por esos tiempos, los submarinos alemanes hundían diariamente a barcos aliados en la costa, sobre el Océano Atlántico, y había temor por los sabotajes que podrían llevar a cabo simpatizantes nazis.

Inversiones

Finalizada la II Guerra Mundial, bajo palabra y con la condición de regresar a Sicilia, fue liberado “Lucky” Luciano. Sin embargo, Luciano, de manera secreta, se trasladó a Cuba, desde donde reasumió el control operativo mafioso estadounidense, a la vez que administraba casinos cubanos con la colaboración del dictador de la isla Fulgencio Batista, a pesar de que este último era presionado para que lo deportara a Luciano a territorio norteamericano.

Lansky, a todo esto, con el auge del turismo, comenzó a invertir en la isla y en 1957, Meyer y Batista construyen el Riviera, el sueño hasta ese momento inconcluso de Lansky en la isla.

El mafioso judío y Batista mantuvieron una relación duradera durante tres décadas y los analistas de inteligencia opinaban que, a finales de los 40, “tenían una relación simbiótica”. Batista ofrecía a Lansky y a la mafia el control de los hipódromos y de los casinos. Batista podría abrir en La Habana a las grandes apuestas y su gobierno podría hacerse de dólares que producían las inversiones hoteleras sobre 1 millón de esa moneda.

Lansky, desde ya, estar en el centro de las operaciones de apuestas de Cuba. Y por eso llamó a sus socios a una conferencia cumbre del hampa en La Habana.

La conferencia

La conferencia se llevó a cabo el 22 de diciembre de 1946 en el Hotel Nacional. Fue la más importante luego de la generada, a gran escala, en la ciudad de Chicago, en 1932.

Concurrieron grandes figuras del bajo mundo como Joel Adonis y Albert Anastasia de Nueva York; Frank Costello, Joseph “Joe Bananas” Bonanno, Vito Genovese, Moe Dalitz, Thomas Luchese, Santo Trafficante Jr., de Tampa; Carlos “The litlle Man” Marcello, de Nueva Orleans y Stefano Maggadino, el sobrino de Joe Bonanno, de Búfallo.

Uno de los casinos de Meyer Lansky en Cuba, y ahora reclaman sus herederos

De Chicago, hicieron lo propio Anthony Accardo, los hermanos Fischetti, “Trigger-Happy” Charlie y, en nombre de la mafia judía Lansky y “Dandy” Phil Kastel, de Florida.

El primero en llegar al cónclave fue Luciano, con un pasaporte falso, mientras que Lansky disfrutaba por ver una Habana nueva, perfecta para aquellos que querían invertir dinero en gran escala. Veía el lugar como a “Las Vegas Latina”, en donde podría desarrollar el tráfico de narcóticos, la prostitución, negocios laborales ilegales y la extorsión.

Luciano llegaba con la idea clara de ser el Rey de la Mafia para conducir los destinos de la misma hasta que pudiera regresar a Norteamérica. El entretenimiento del cónclave corrió por cuenta de Frank Sinatra, quien voló a Cuba con los hermanos Fischetti.

Cuba cae postrada ante el delito

En 1952, las versiones fueron indetenibles y en la isla de Cuba era un secreto a voces que Lansky había ofrecido al presidente Carlos Prío Socarrás un cohecho de 250.000 dólares para permitir a Batista regresar al poder. Una vez que el mismo se hizo del control, el negocio de las apuestas, la prostitución y el narcotráfico floreció.

El dictador contactó a Lansky y le ofreció un salario de 25.000 dólares como ministro no oficial de apuestas. Por 1955 Batista había modificado leyes de apuestas, a la vez que garantizaba la licencia de apuestas a todo el que invirtiera 1 millón de dólares en un hotel o 200 dólares en un club nocturno nuevo.

Mientras en Las Vegas el origen del dinero era averiguado, en Cuba eso no sucedía y si el período de inversión era extenso, se otorgaba una década libre de impuestos.

El gobierno podría dar 25.000 dólares para licencias más un porcentaje de las Ganancias en cada casino. Las 10.000 máquinas tragamonedas de Cuba, incluso las que entregaban pequeñas cantidades de monedas, estaban en la provincia del hermano político de Batista: Roberto Fernández y Miranda, general del ejército y director de Deportes.

Fernández también lucraba con los parquímetros de La Habana, mientras las materias importadas para los hoteles aumentaron y los contratistas cubanos gastaban bastante más de lo que debían.

Rumores

Se rumoreaba y “chimenteaba” que detrás de los 250.000 dólares necesarios para conseguir una licencia, era necesario “endulzar” los bolsillos de determinadas personas para conseguirla.

Es más, como reguero de pólvora circulaba la versión insistente de que tendría que haber “pagos periódicos” con destino a políticos corruptos.  Imagine el lector las millonarias recaudaciones necesarias para pagar esos gastos “extras”.

Reforma del Montmartre Club

Lansky inició la reforma del Montmartre Club que aceleradamente se concretó para que comenzara a funcionar a pleno. También logró hacer funcionar el casino en el exclusivo Hotel Nacional, el cual dominaba el Castillo de los Tres Reyes del Morro, la antigua fortaleza que tenía a su frente la bahía de La Habana. Lansky planeaba tomar una parte de la misma y hacer una zona de jugadores de alto vuelo. El hotel se abrió en 1955 con un show de Fartha Kitt y el casino obtuvo un éxito inmediato.

Concluidos todos los hoteles y casino, Batista comenzó a cobrar y todas las noches el “hombre de la maleta” recibía el 10% de los intereses de Trafficante; el cabaret Sans Souci y los hoteles Sevilla –Baltmore, Commodoro, Deauville y Capri, propiedad parcial del actor norteamericano George Daft.

En el interior de los casinos de Lansky estaban el Habana Riviera, el Nacional, el Montmartre Club y otros que le otorgaban el 30%. La cantidad total que Lansky y asociados recibían por sus delitos nunca fueron certificados, pero para que el lector tenga una idea aproximada, las máquinas tragamonedas contribuían con más de 1 millón de dólares a las cuentas bancarias del régimen.

Revolución

No es el propósito de esta columna analizar la revolución cubana de 1959 y el ingreso al poder de Fidel Castro. Sí se debe decir que cambió el clima para las inversiones de la mafia en Cuba.

En los festejos del Año Nuevo de 1958, mientras Batista se preparaba para huir a la República Dominicana y, desde allí a España donde murió en el exilio en 1973, Lansky celebraba los 3 millones de dólares que había hecho en su palacio de 18 millones de dólares y 440 habitaciones. Muchos de los casinos fueron saqueados y destruidos esa noche, incluidos los de Lansky.

Y el 8 de enero de 1959, Castró entró en La Habana y asumió el poder, asentándose en el Hilton. Lansky había volado el día anterior a Bahamas y luego a otros destinos del Caribe. El nuevo presidente, Manuel Urrutia Llegó, cerró y nacionalizó los casinos y hoteles.

Corría inexorable el mes de octubre de 1960 y fue la oportunidad para que Castro dejara los hoteles de la isla y los casinos fuera de la Ley a las apuestas, lo que afectó las ganancias de Lansky que perdió estimativamente 7 millones de dólares. Con el quiebre de los casinos, de Miami, Lansky se vio obligado a depender sólo de sus entradas de Las Vegas.

Una vida sedentaria

En sus últimos años, Meyer decidió llevar una vida de bajo perfil en su vivienda de Miami, a la vez que escapaba del acoso del FBI. En la década del 70, solicitó refugio en Israel, amparándose en la Ley de Retorno, pero su petición fue denegada basándose en su conocido status de mafioso y por la presión estadounidense sobre Israel.

Murió de cáncer pulmonar el 15 de enero de 1983, a los 80 años, dejando una viuda y tres hijos. En esos días el FBI suponía que Lansky tenía más de 300 millones de la moneda estadounidense escondidos en cuentas bancarias pero el dinero jamás se encontró.

Su biógrafo Robert Lacey describió a un Lansky con problemas económicos y con dificultades para pagar los gastos médicos de su hijo discapacitado, quien eventualmente moriría en la pobreza.

Su nieto relató que, a su muerte, Lansky dejó sólo 37.000 dólares en efectivo, mientras que Forbes lo listó como uno de los 400 hombres más ricos de Estados Unidos, ya que calculó su fortuna en 100 millones de dólares.

El libro del capo mafioso

Sobre Meyer fue escrito un libro y lo hicieron realidad Dennis Eisenberg, Uri Dan y Eli Landau, autores que viajaron miles de kilómetros por América, Europa y Medio Oriente entrevistando a cientos de personas y asistiendo a reuniones clandestinas con informantes para tener acceso a archivos que, en algunos casos, eran considerados secretos.

Uri Dan ayudó a Meyer a encontrar las tumbas de sus abuelos en 1971, las que se hallaban en Jerusalén, cuando el protagonista principal de la historia se encontraba en Tel Aviv para transformarse en ciudadano israelí.

Lansky intentó cambiar las destartaladas piedras de las tumbas de sus familiares por planchas de mármol especialmente cortadas y despachadas desde Italia y comisionó a un rabino para que se encargara del asunto, pero el mismo le dijo que colocar los mármoles no correspondía desde el punto de vista religioso y Lansky cambió de parecer, aunque a cambio le pidió al rabino la limpieza del lugar y que coloque flores cada semana. “Yo le enviaré los cheques cada semana por sus molestias”, apuntó el mafioso y le entregó luego una propina de 100 dólares.

Me ocuparé personalmente”, respondió el rabino, quien se comprometió a enviarle fotos cada semana y le puntualizó: “De ahora en más no tendrá de que quejarse”.

Lansky intentó seguidamente ir a orar al Muro de los Lamentos, pero el rabino, una vez más le aconsejó no hacerlo. Le dijo que “si lo hacía y lo fotografiaran, haría un tremendo daño y desencadenaría un escándalo”.

“Todos los judíos, algún día, se enfrentarán ante su hacedor”, respondió Lansky, terminando ese día en un bar de Jerusalén, tomando un Café a la turca.

Dan lo tenía a Lansky considerado como “el más grande contrabandista de América durante los años 20 y cuando llegó a Israel en los títulos de los diarios estaba su nombre”.

“Capitaneó de niño una pandilla callejera despiadada y secundó a Luciano para masacrar a caudillos de la mafia”, destacó finalmente. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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