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Por Ricardo Marconi (*)

 Los medios de comunicación, en todo nivel informativo, cuando se refieren a procesos bélicos, se cubren minuto a minuto para no verse envueltos en implicancias internacionales, continentales y hasta, llegado el caso, locales. No ocurre lo propio cuando esas guerras son clandestinas.

En esos casos puntuales –como ya hemos dado cuenta en múltiples columnas-, se producen episodios específicos y esporádicos y sólo ocupan el interés público cuando las consecuencias se traducen en crisis que tienen resultados de muertes masivas o por ser abatido un dirigente con alto conocimiento internacional.

Y las “guerras” de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) están precisamente en este último nivel y, generalmente, forman parte de conflictos mayores, así como de envergadura como las que actualmente se están desarrollando en Ucrania y que antes se produjeron en Irak, Afganistán y Pakistán, como hemos relatado, detalladamente, en columnas anteriores de Jackemate.com.

El Programa RQ1 

Varias operaciones secretas se llevaron a cabo en el marco del Programa RQ1 (Predator), para espiar posiciones de tropas serbias y el presidente estadounidense -en la gestión Bill Clinton- y a través de una pantalla en la Casa Blanca, se veían los resultados en directo en la época de la Guerra de los Balcanes. 

Clinton tenía así, la posibilidad de seguir los procedimientos al instante y ello posibilitaba tomar decisiones de último momento si convenía no concretarla. Tal fue el caso en que el vicealmirante Denis Clarke quien cayó en desgracia luego de ser abortado un ataque del tipo que comentamos.

El organismo que llevaba adelante este tipo de acciones era el Centro Antiterrorista (CTC9 –ya conocido por quienes siguen estas columnas-, que decidió retirar analistas de Rusia y Asia y los puso al mando de Cofer Black, quien dirigía una “Estación de inteligencia” en Jartum, capital de Sudán, donde Bin Laden vivió exiliado.

En Irak y Afganistán 

Las luchas clandestinas en Irak y Afganistán habrían implicado pagos a sicarios para que participaran de redes secretas e incluso, en varias oportunidades, se escucharon comentarios sobre el pago a dictadores por no poder enviar tropas, ya que ello suponía “despertar la momia”, como lo argumentaban los jefes de la Agencia en Langley.

También hubo casos en que las guerras que nos ocupan resultaron en un experimento fallido, salido de un laboratorio en los que se manejan posibilidades mortales en medio de una serie de posiciones para obtener beneficios políticos.

Granada 

Un caso que puede comentarse como ejemplo valedero puede mencionarse en relación con el episodio ocurrido cuando se estaba organizando la invasión a Granada.

El objetivo, trascendió, era rescatar a un grupo de estudiantes de medicina, capturados como rehenes. El comandante de la misión rechazó incluir a la Actividad de Apoyo de Inteligencia (ISA) en el operativo debido a un conflicto interno.

La CIA, vale aclararlo, ni siquiera controlaba los programas de inteligencia más costosos y el 80% del presupuesto del Pentágono se gastaba en bases de escuchas, por lo que tuvo que intervenir el exsecretario de Defensa Donald Rumsfeld para detener peleas con la Casa Blanca, logrando minar los esfuerzos del Pentágono.

A tal nivel llegó el enfrentamiento interno que el titular de la inteligencia William Casey tuvo que reunirse con el Estado Mayor Conjunto en la Sala de Reuniones de la Casa Blanca, denominada “El Tanque” para que no se produjeran filtraciones de datos de las operaciones.

Así y todo, trascendió que el general Edward Meyer se quejó ante Casey y trató de “Hijo de puta” al almirante Stansfield Turner por “no hacer nada por los militares durante su mandato en la CIA”. Ese era el nivel del conflicto interno.

Eclipse Group 

Otro caso, digno de merecer un comentario, fue el ocurrido con el famoso agente Duane Clarridge, al que nos hemos referido anteriormente en una crónica específica.

Clarridge elaboró una página WEB que permitía recibir de los militares sus informes –que en paralelo iban a la conducción de la guerra de Afganistán, a Estados Unidos- y que el agente devolvía con datos a los jefes de la campaña afgana en el marco de su red privada.

Allí publicó informes sobre la inteligencia pakistaní (ISI), alegando que estaba entrenando a pistoleros para lanzar ataques en Afganistán, mientras los agentes de Pakistán mantenían en secreto a su líder talibán –el mulá Mohammed Omar-, bajo arresto domiciliario, para poder colocarlo como un gobernante títere en el sur afgano, luego de que los estadounidenses abandonaran el país.

Otros informes especulaban sobre si Omar había sufrido un ataque cardíaco y se lo había internado en un hospital. Es evidente que Clarridge estaba convencido que el presidente afgano de entonces, Hamid Karzai negociaba en secreto con Irán para traicionar a Estados Unidos y continuar con el poder en Kabul, aunque fuera un adicto a la heroína.

El plan –fallido al fin-, se complementaría con la colocación de un agente de la CIA en el Palacio Presidencial de Kabul para incriminar en delitos a Karzai y transformarlo en un aliado de los norteamericanos. Todo se vino abajo porque Obama se comprometió a no expulsar a Karzai. 

Cuando se hicieron públicas esas operaciones de Clarridge, éste envió los informes a escritores prominentes como Braed Thor, un prestigioso autor de novelas de espionaje e incluso, me dicen, le dio informes a Oliver North, su antiguo colega en tiempos de la Operación Irán-Contras, como ya hemos relatado.

Acciones secretas en Yemen  

Abdullah Al Asiri había sido autorizado a hacer lo indecible para evitar trámites de seguridad habituales para ingresar a palacio del ministro saudí y había enviado, este último un avión a buscarlo para traerlo a Jeddah, una ciudad de Arabia Saudí, ubicada sobre la costa del Mar Rojo.

La CIA tenía en el mundo cárceles clandestinas para sus prisioneros, especialmente del Medio Oriente

El príncipe Muhammad Bin Nayef lo recibiría.  Al Asiri se había puesto en contacto con Nayef, adjunto del ministro del Interior y miembro de la familia reinante saudí para anunciar la intención de rendirse al Servicio Secreto Saudita y dar información sobre el grupo al que se había unido dos años antes, esto es datos de la red terrorista de Bin Laden, que se había rebautizado como Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA).

Al Asiri era uno de los 85 activistas asociados a terroristas que los saudíes perseguían, al igual que a su hermano Ibrahim, detenido posteriormente por tratar de unirse a la insurgencia en Irak.

Ibrahim había recibido entrenamiento para construir bombas que evitaban medidas normales de seguridad. Y siendo consciente de que los saudíes podrían sospechar que la rendición prevista fuera una trampa, poco antes de que Al Asiri embarcara en el avión real para el vuelo a Jeddah, implantó una bomba de tetranitato de pentaeritretol –explosivo plástico-, en el recinto donde se hallaba Abdullah.

Su hermano viajó a la ciudad de Jeddah sin incidentes y llegó al palacio e incluso entró a la habitación donde el príncipe recibía a las visitas. Ibrahim metió la mano en un bolsillo para accionar el explosivo, pero lo hizo demasiado rápido y la explosión partió por la mitad a Al Asiri, dejando un cráter en el suelo y huellas de sangre por toda la habitación. Nayef solo sufrió heridas superficiales.

El grupo consideraba a Nayef su “bestia negra” por estar dispuesto a destruir al extremismo suní, tanto en Arabia Saudita como en Yemen.

En 2003, cuando en Yemen se lanzó una campaña de violencia de 20 meses en Arabia Saudí, haciendo volar  edificios del gobierno e instalaciones petroleras, poniendo bombas en complejos residenciales, utilizados por extranjeros, a lo que se agregó la impiedad de decapitar occidentales inocentes, Nayef ordenó, además, sangrientas medidas represivas que implicaban detener y torturar a miles de apresados  en el país, a la vez que infiltró .a mezquitas, ya que sospechaba la existencia de informantes.

Hayef, amigo de Bush 

La agresión de Nayef contra Al Qaeda, en 2009, lo convirtió en un amigo de George Bush, aunque este último consideraba al primero impredecible, pero también imprescindible.

Nayef recibía a dignatarios de distintos países y a enviados de Washington, entre ellos a Richard Holbrooke, enviado por Obama para que obtuviera el final de la guerra de Afganistán, de manera razonable.

El príncipe le señaló a Holbrooke una serie de inquietudes, ya que Yemen funcionaba como un Estado fallido, que tenía al frente a un presidente corrupto: Alí Abudullah Saleh, quien sólo se ocupaba de lo que ocurría en la ciudad de Saná, a la vez que se hallaba siempre dispuesto a mantener de su lado a las zonas tribales, al menos hasta que terminara el pase del control del Estado a su hijo.

Versiones 

La lluvia de versiones indicaba que apenas llegaba el dinero de ayuda desde el exterior, Saleh la sacaba del país con un destino evidente: Su cuenta personal, le dijo Nayef a Holbrooke, quien prometió ayuda de Obama.

El Grupo AQPA, a pesar de la torpeza del asesino tuvo que dar obligadamente un comunicado criticando las fallas de seguridad cometidas con Al Asiri y, a partir de allí, la organización terrorista arrancó con una red de espionaje en Yemen, con lo que se prometían más ataques señalando en un comunicado: “Os alcanzaremos pronto”.

Juramento        

Veinticuatro horas después del incidente, Obama juró como presidente de Estados Unidos mientras Nayef recibía un viejo amigo en Washington: John Brennan, antiguo jefe de alto rango de la CIA que había asesorado a Obama durante la campaña y que terminaba de ser designado asesor principal de Antiterrorismo, aunque el nombrado hubiera querido que el nombramiento fuera  como jefe de la CIA, organismo en el que había actuado durante varias décadas como analista  y había sido jefe de la Agencia en Riad, en la década del 90.

El jefe de gabinete del Ejército norteamericano Edward Meyer estimó que era necesario contar con una estructura permanente de agentes del Pentágono y, en una reunión del organismo se quejó, a los gritos, por el fallido intento de recuperar rehenes en Irán.

“Me maldeciré si nos vuelven a frenar en otra situación parecida a lo que nos ocurrió con el intento de recuperarlos. Así nació la idea de la creación del Grupo de Actividad de Apoyo de Inteligencia.

Hay que dejar claro que los generales norteamericanos no estaban de acuerdo con la utilización de sus hombres en el papel de espías, pero aquí debemos puntualizar que el general Meyer admitía una excepción: Ampliar el número de militares en el Pentágono y designó allí a 50 personas, aunque el número que él había previsto era de 250.

El ISA fue creado en 1981 con un presupuesto negro. Y se nombró como jefe del mismo a coronel Jerry King del ejército, quien tenía la posibilidad de ordenar operaciones clandestinas de espionaje, sin necesidad de tener que ser notificado por el Estado mayor Conjunto, teniendo la posibilidad de acceder a fondos ilimitados.

La operación “Martillo de Terciopelo”             

Entre sus operaciones extraoficiales, estaba la posibilidad de enviar dinero y suministros a un Boina Verde retirado que planeaba rescatar prisioneros de guerra norteamericanos detenidos en Laos.

James Bogritz había recolectado datos sobre docenas de prisioneros retenidos en un campo, obteniendo la imagen tomada años antes por un satélite, esto fue una denominada “B-52”, como el nombre de un bombardero norteamericano. A partir de allí la posición podía ser detectada desde el cielo.

En la Operación “Martillo de Terciopelo” se convocó a 25 soldados de Operaciones Especiales retirados, quienes fueron entrenados en un campamento de Florida y luego se envió a Tailandia para preparar el terreno para la misión en Laos.

Gritz recibió como apoyo decenas de miles de dólares en equipos y cámaras, radio comunicaciones y billetes de avión para trasladarse a Bangkok, así como un polígrafo para determinar si las fuentes locales mentían al proporcionar datos sobre el campo de prisioneros. La ISA proporcionó imágenes de satélite e informaciones específicas al equipo.

El Estado Mayor había estado, de manera paralela y sin saber que se estaba planificando la misma operación, por otros medios, contempló enviar un equipo de reconocimiento de mercenarios laosianos a través de la frontera de Tailandia para hallar pruebas.

Cuando la cúpula del Pentágono y la CIA se enteraron de la misión de Gritz, respaldada por la ISA, amenazaron con cerrar el grupo por extralimitarse.

Finalmente, la operación en Laos no se llevó a cabo y no se encontró ninguna prueba definitiva de la existencia de prisioneros. El secretario de Defensa Caspar Weimberger ordenó al inspector general del Pentágono que investigara todas las operaciones de la ISA, ya que se habían hecho otras encubiertas en Panamá para vigilar a Manuel Noriega. 

Fruta amarilla  

Así saltó en la comunidad de inteligencia la existencia de una red de empresas que formaba parte de un programa llamado “Fruta Amarilla”, que habría posibilitado acuerdos secretos en relación al escándalo Irán-Contras, que surgió a la luz después.

El informe del inspector general sobre la ISA fue demoledor, ya que retrató al grupo como “una unidad de granujas que, sin control, despilfarraba dineros públicos y entre esos gastos había compras de un Rolls Royce, un globo aerostático y hasta un Buggy.

El subsecretario de Defensa Frank Carlucci calificó el informe de “inquietante” y más adelante apuntó: “el accionar de estos individuos fue incomprensible, no coordinado y descontrolado”.

De esta manera, el grupo de King fue dejado de lado cuando se iniciaron las previsiones para la invasión de Granada. Dicho funcionario había llegado al Pentágono desde la CIA, siendo el segundo de Stanfield Turner.

Tras esos sucesos, las Tropas de Operaciones Especiales se convirtieron en un pelotón armado del director de la CIA y ese mecanismo se utilizó cuando se tomó la decisión de utilizar helicóptero   de unidades Seal despegaron de Jalalabad, Afganistán y cruzaron la frontera con Pakistán, para realizar el ataque que acabaría con Osama Bin Laden. Esa noche los Seal estaban bajo la autoridad de la CIA y su director era León Panetta.

Pero esa es una operación clandestina en la que intervino el grupo denominado Actividad de Apoyo de Inteligencia (JSOC) que, por su envergadura, merece otra columna. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

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