Por Ricardo Marconi (*)

No son pocos los astrónomos que se están preguntando si la inclinación de la Tierra ayudó a crear las condiciones necesarias para originar la vida. Paralelamente, también son numerosos los científicos que, en razón de sus investigaciones, han descubierto miles de exoplanetas [1] orbitando otras estrellas en nuestra Galaxia.

Entre el primer grupo se hallan los que sospechan que la inclinación axial [2] de esos exoplanetas varían ampliamente-de manera similar a lo que sucede en nuestro Sistema Solar-, con Mercurio inclinándose 0.03 grados y Urano haciéndolo a 82.23 grados. Nos referimos a dos extremos que están, presumiblemente para nosotros los terráqueos, lejos de ser habitables.

Hay que dejar claro que si los planetas no tienen oblicuidad [3], no tendrían estaciones y los hemisferios nunca tendrían ascensión [4] o una declinación [5] respecto a su estrella. Es más, los polos estarían tan fríos que el dióxido de carbono sería extraído del cielo y el efecto que causaría sería que el planeta perdiera su gas invernadero.

Así nunca se formaría agua líquida, según lo señaló René Heller, astrónomo del Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar, en Alemania.

Hay que señalar también que, si el planeta girara sobre un costado, la vida podría ser complicada. Un polo, de esta manera, apuntaría, de manera directa, hacia la estrella anfitriona y el restante no.

Oblicuidad o inclinación axial de la Tierra

La resultante sería que un hemisferio estaría bañado por el Sol, día y noche durante un largo verano, mientras que el otro hemisferio tendría un invierno gélido y oscuro hasta que las estaciones se invirtieran.

La vida tendría que adaptarse a un mundo que alternativamente hirviera y se congelara. Heller estima que la inclinación axial es óptima entre los 10 y 40 grados.

Se distancia del criterio expuesto el astrónomo Rory Barnes, quien apunta que “el planeta puede tener cualquier oblicuidad y poseer condiciones de habitabilidad”.

Un tercer grupo de especialistas como David Ferreira, oceanógrafo de la Universidad de Reading, Inglaterra, sostiene que una Tierra, con la oblicuidad de Urano, pero con un océano global, podría ser habitable, “ya que el océano absorbería el calor en verano y lo liberaría en invierno, con lo que el planeta mantendría un clima templado.

Una cuarta alternativa

Es la ofrecida por aquellos que sostienen que las posibilidades de desarrollo de la vida dependen del tipo y fuerza que un planeta reciba de su estrella. Se avanza en investigaciones que sugieren que, si una estrella brinda luz suficiente, podría ser el inicio de la existencia tal cual como la conocemos, o parecida.

Dicen los que saben de astronomía que, aparentemente, los rayos de luz ultravioleta potencian reacciones químicas que son centrales a la hora de provocar la existencia de vida y los astrónomos como Paul Rimmer, aseguran que “hay una serie de planetas que reciben gran cantidad de luz ultravioleta”, a lo que se une la temperatura correcta para asegurar agua líquida en la superficie. Y dichos elementos nos acercan a la presunción de que podremos algún día precisar si estamos solos en el Universo, o no”.

El aspecto químico de la existencia

No hay que dejar de lado la búsqueda química de la vida en la Tierra, ya que John Sutherland –coautor de un trabajo con Rimmer-, afirma que “las primeras señales de vida podrían haber sido propiciadas por el cianuro que, una vez formado, interactúa con varias partes del ambiente, incluyendo la luz solar y crea los químicos necesarios para que la vida comience.

Esto lo hemos comprobado colocando químicos bajo fuertes luces ultravioletas, donde generaban los ingredientes más básicos de los químicos necesarios para generar vida”.

Sutherland indicó que en una de las investigaciones astronómicas midió el número de fotones emitidos por sus lámparas y terminó por comprender que comparar esa luz con la de diferentes estrellas era el paso a seguir.

Así se descubrió que las estrellas que tienen aproximadamente la misma temperatura que nuestro Sol, emiten la cantidad adecuada de luz para cimentar la vida y, vale subrayarlo, hay muchos planetas que ingresan en esa categoría, incluyendo exoplanetas detectados por el telescopio espacial Kepler.

“Los cimientos para obtener vida son necesarios, pero pueden no ser suficientes y si se mezclan los elementos por billones de años, puede ocurrir que no suceda nada”, cerró Rimmer.

Vivir en nuestra casa global

Nuestra casa global se traslada a 108.000 km. por hora en el espacio y su eje está cambiando hacia el oeste, mientras que el polo norte se dirige al este.

El eje de rotación, me dicen los expertos “transformará a Estados Unidos en un desierto y todo se calentará más hasta convertirse en un páramo con crisis migratoria”.

Europa será el hogar del Polo Norte. Por eso no es casualidad de que se investigue la masa de la Tierra que modifica su movimiento y el peso, así como su forma de giro.

Otros analistas del cambio de agua subterránea de la India señalan que se estaría modificando la masa de la Tierra y los polos. Estamos consumiendo vertiginosamente más agua, al igual que Estados Unidos y China y a eso debemos agregar el peso del concreto que modifica el peso de la Tierra.

Lo que sabemos del espacio es una minúscula porción de lo existente en realidad. Nos encontramos con más misterios que descubrimientos: Unas estructuras que desafían nuestra imaginación, en la cara oscura de la Luna, son un ejemplo de ello y el desarrollo de la cuestión ameritaría otra columna específica.

Un elemento enorme

Un telescopio de la NASA descubrió un elemento enorme que orbita una estrella lejana. Sería enorme y no se parece a nada visto hasta el presente. Trascendió que es más grande que cualquier planeta del Sistema Solar y parece una estructura artificial. Hasta el presente no se agregó información sobre la cuestión en investigación.

Desde el 14 de setiembre de 2015 la misión Kepler busca planetas similares a la Tierra. Cuando la misma “miró” la estrella de Tabi, a 1.500 años luz de distancia en la constelación de Signos, detectó que es única en su género: Su luz se comportaba de forma extraña en todos los espectros y su atenuación es irregular, esto es que alguna vez ocurre cada 5 días y en otras cada 100. Ello implica que su brillo se apaga de forma errática.

Si un planeta tuviera que ver con el hecho, tendría atenuaciones regulares por lo que es evidente –al decir de los científicos-, que “otra cosa está oscureciendo la estrella de Tabi”.

Lo que produce la atención es –al menos-, 20 veces más grande que el planeta más grande de nuestro Sistema Solar (Júpiter).

La fuerza de gravedad calentaría su núcleo, convirtiéndolo en una proto estrella. Los científicos opinan que “es imposible que sea un planeta”.

Algunos de estos últimos dicen que puede ser “una lluvia de cometas”, lo que no tendría precedentes.

Para empezar a escarbar sobre el tema, debemos empezar apuntando que cada cometa debería tener un tamaño enorme y no parece ser la causa del misterio.

Una teoría radical

Lo señalado ocurriría si existiera lo que se denomina “la esfera de Daison”, una mega estructura extraterrestre, en la que su brillo se apaga en forma errática. De esto se infiere que, si un planeta tuviera que ver con el hecho, tendría atenuaciones regulares. En definitiva: Otro elemento estaba oscureciendo la estrella de Tabi.

En teoría, una civilización extraterrestre avanzada sería capaz de obtener energía de una estrella, envolviéndola con paneles solares gigantes, esto es una mega estructura tan grande que taparía la luz de la estrella. Dicha teoría pertenece a Freiman Daison, astrónomo y físico, quien sostenía que, al acabar los recursos del planeta, la solución sería obtener directamente los recursos de una estrella haciendo rebotar la energía en paneles para que fuera la misma directamente al planeta, obteniendo energía de sobra. Algunos astrónomos sostienen que “la esfera aún no está terminada, sino que se está construyendo y por lo tanto se oscila respecto de la atenuación.

Me dicen que ya se habrían realizado pruebas, conducidas por un premio Nobel sobre la cuestión que nos ocupa y se habría llegado a la conclusión que la teoría podría convertirse en un hecho científico.

Sí cabe aclarar de inmediato que la civilización que estuviera creando un enjambre de Daison, estaría entre mil y 500 mil años delante de nosotros.

Lo que, si se puede asegurar en esta columna que la estrella aludida está siendo investigada por intermedio de telescopios internacionales para obtener pruebas irrebatibles, y si ello se comprobara, las implicancias para la humanidad serían inmensas. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

[1] Un exoplaneta es un planeta fuera del Sistema Solar que orbita alrededor de otra estrella. … La palabra exoplaneta deriva del griego, y se compone por el prefijo exo-, que significa ‘fuera’, y planétes que se refiere a ‘algo errante’.

[2]En astronomía, es la inclinación que presenta el eje de rotación de un cuerpo celeste, con respecto al plano de la eclíptica, midiéndose con respecto a la normal a dicho plano. En el caso de la Tierra, el ángulo de inclinación es de 23,5º. La inclinación axial u oblicuidad de la eclíptica es la responsable de las estaciones.

[3] La oblicuidad de la eclíptica (algunas veces llamada también simplemente oblicuidad) es el ángulo de inclinación que presenta el eje de rotación de la Tierra con respecto a una perpendicular al plano de la eclíptica. Es el responsable de las estaciones del año. No es constante sino que cambia por el movimiento de nutación.

[4] En astronomía, la ascensión recta es una de las coordenadas astronómicas que se utilizan para localizar los astros sobre la esfera celeste, equivalente a la longitud terrestre (coordenada geográfica).

[5] En astronomía, la declinación es el ángulo que forma un astro con el ecuador celeste. Es una de las dos coordenadas del sistema de coordenadas ecuatoriales.

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