Por Ricardo Marconi (*)

Al igual que en la guerra de Vietnam, son múltiples las fuentes que afirman “en off”, que “la Central Intelligence Agency estuvo involucrada en el tráfico mundial de drogas en Afganistán”.

No sólo News Max se hizo eco de la versión a través del periodista Dave Gibson –a la que hicimos referencia hace ya algunos años atrás, cuando nos decían fuentes irreprochables-, que “la droga era trasladada desde Vietnam en aviones militares de los norteamericanos”, sino que el economista ruso Mikhail Khazin apuntó en una entrevista  que “los estadounidenses están trabajando duro para mantener  el tráfico de estupefacientes  en Afganistán, a través de las garantías de seguridad que la CIA habría dado a los traficantes locales”.

Es más, -a modo de adelanto de una columna para Jakemate.com-, podemos apuntar que “Estados Unidos no se opuso al narcotráfico afgano para no socavar la estabilidad de un gobierno apoyado por los principales traficantes de drogas en el país, empezando por el hermano del ex presidente Karzai».

Actualmente lo señalan en el Huffington Post, apuntando que «lo sucedido en el pasado en Indochina y América Central indica que la CIA podría estar implicada en el tráfico de drogas afganas en mayor medida que la que ya sabemos. En ambos casos, los aviones de la CIA transportaban drogas al extranjero en nombre de sus aliados locales, y lo mismo podría ocurrir en Afganistán. Cuando la historia de la guerra se haya escrito, la sórdida participación de Washington en el tráfico de heroína afgana será uno de los capítulos más vergonzosos.»

El traslado de droga desde Vietnam, se habría concretado a través de Air América, una línea aérea estadounidense establecida en 1946, propiedad de la CIA y gestionada por su División de Operaciones Especiales, responsable de las actividades secretas de “La Compañía” desde 1950 a 1976. Sobre la participación de la Central y de Air América, Alfred Mc Coy, brindó minuciosos detalles en “The Politics of Heroin in Southeast Asia”.

No son pocos los que estiman que las fuerzas armadas norteamericanas terminaron por retirarse de Afganistán, debido a que la Coalición no logró progresar suficientemente en el desmantelamiento de la red de Al Qaeda y de los talibanes en las zonas sur y este de Afganistán, fundamentalmente en las zonas remotas tribales islámicas, donde los reclutadores de hombres de las tribus, dedicados a juntar datos y controlar el área tribal, no lograron cumplir debidamente su misión.

Esos agentes recibían su paga en efectivo, pero, obviamente, no recibían equipos, ya que los ingleses sabían que si se los entregaban los venderían. Ello habría, en un principio y por breve lapso, hasta que se los controló severamente.

Esa decisión permitió que el programa de espionaje conjunto entre ingleses y norteamericanos obtuviera, al menos, un relativo éxito, debido a que los controladores no siempre podían solucionar las disputas tribales, desacuerdos o diferencias con el gobierno central y ello deterioraba la recolección de inteligencia a nivel confidencial para proveer un sistema de alarma contra ataques guerrilleros.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) siempre participó del negocio del opio

El accionar de los PRT 

Las crónicas de la guerra de Afganistán casi no hicieron mención de los Equipos de Reconstrucción Provisional (PRT) que se utilizaron por dos décadas para combinar seguridad y acción civil para facilitar el desarrollo regional   a través de un mando central para conducir acciones políticas y militares en las fronteras con ayuda de los caudillos afganos que tienen en Afganistán la función de lograr un mínimo de seguridad regional. Si se los reemplazaba por la fuerza se estaba ante la posibilidad cierta de producir un vacío de poder, anarquía y desorden.

Lamentablemente la corrupción interna de Afganistán y la insurgencia, según Military Rewiew, tuvo más poder la “Compañía” y sus asociados militares.

La formación de equipos para reforzar la seguridad interior falló, tanto en el área de entrenamiento como en el manejo de equipos para militares y policías que ni siquiera podían esclarecer crímenes básicos o detener los abusos de los derechos humanos.

Y ello es tan así que las informaciones internacionales dan cuenta, casi diariamente, de asesinatos a manos de insurgentes, de habitantes colgados en plazas públicas por cometer delitos menores y mujeres castigadas ferozmente en la vía pública sólo por no taparse el rostro.

La satisfacción de necesidades básicas para la salud y la economía familiar, así como la educación elemental de las mujeres, tras la retirada de los militares occidentales se ha coinvertido en un hecho imposible de obtener, ya que no existe la infraestructura elemental, lograda en función de la experiencia y la continuidad coordinada.

Tampoco se dijo que mientras estuvieron los militares occidentales en Afganistán se intentó incorporar afganos capacitados en puestos claves para conducir la creada Academia Afgana de Servicio Civil que debían actuar en distintas provincias para ayudar a la percepción de una evolución natural conducida por el PRT.

También se buscó reclutar personal retirado, o aquéllos con experiencias o conocimientos únicos y ser pagados generosamente por su servicio con un alto nivel de adiestramiento para destinar en los PRT.

Como complemento y para asegurar el éxito operativo, un cuerpo docente experimentado debía atender la región siendo ello fundamental. La instrucción paralela también sucedería para los asesores occidentales dentro de la misma academia, permitiendo el adiestramiento conjunto donde sea posible.

Dicha metodología fortalecería el espíritu de cuerpo y prevendría una separación innecesaria. Se haría el énfasis particular en la enseñanza de idiomas y costumbres para los asesores occidentales. Además, se establecería un cuerpo de especialistas capacitados en el que se emplearía a voluntarios para ayudar en destinos civiles y para supervisar el establecimiento de una red de policía tribal.

La participación británica en India 

El aporte del gobierno inglés en Afganistán se concretó en base a lo que fue la participación británica en la India, que se remonta a la fundación de la Compañía de la India Oriental, el 31 de diciembre d e1600, cuando la reina Elizabeth 1ª concedió un fuero a la empresa, proveyendo derechos exclusivos para comerciar con Oriente.

En ese entonces, los oficiales políticos supervisaron tanto las zonas tribales como las colonizadas en la provincia de la frontera noroeste, supervisando la recaudación de impuestos y la distribución de fondos.

Los agentes políticos, que ayudaron a los oficiales políticos, eran hombres firmes y fiables de las tribus que habían demostrado su fidelidad completa para con los británicos a quienes se los consideraba colonialistas. Ellos entendieron las costumbres tribales íntimamente y su ayuda y conocimiento eran indispensables.

En el Servicio Civil, los indios de las altas castas obtuvieron oportunidades y sus posiciones superiores eran vistas como un empleo respetable en una cultura jerárquica, mientras un negocio rara vez era una alternativa realista para un indio nacido de una buena familia.

Dichos empleados y subcomisionados debieron soportar los ataques de guerrilleros, que causaron más de 1.000 víctimas mortales entre enero y agosto de 2004. Aun así, se logró el control total de la Provincia de la Frontera Noroeste, bajo la responsabilidad del civil comisario británico que delegó responsabilidades rutinarias a seis distritos administrativos.

Los subcomisionados, muchos de los cuales tenían una extensa experiencia militar en India, antes de llegar a ser administradores, encabezaron cada distrito. La reconstrucción regional continuó y la Coalición y la OTAN obtuvieron un comienzo prometedor para enfrentar el desafío complejo de establecer un gobierno legítimo y funcional.

Sin embargo, el futuro del país no fue un hecho consumado, a pesar de la intervención debido a la campaña guerrillera y al creciente narcotráfico.

Un gobierno descentralizado basado en realidades regionales pudo ser una solución para resolver muchos de estos problemas. Esta aproximación funcionó en el pasado, y muchas de las lecciones británicas de la Provincia de la Frontera Noroeste se pudieron incorporar eficazmente en una solución contemporánea. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

Déjanos tu Comentario
Comparte este Articulo ...
Share on Facebook
Facebook
Pin on Pinterest
Pinterest
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin