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Nuestra era contempló hazañas científicas tan increíbles, que literalmente sobrecogen la imaginación de la humanidad. Una de las más notables ha sido, sin duda, la apertura del espacio exterior a la exploración científica para buscar, metodológicamente, la existencia de seres inteligentes o para determinar, al menos, si hay otros planetas que puedan acoger a nuestra civilización ante la futura y segura necesidad de abandonar la Tierra ante la muerte del Sol en millones de años.

La radiación solar, vale aclararlo, proviene de la fusión del hidrógeno a helio y para producir toda la radiación vertida por el sol hace falta una cantidad ingente de fusión. Cada segundo tienen que fusionarse 654.600.000 toneladas de hidrógeno en 650 millones de toneladas de helio.

Las 4.600.000 toneladas restantes se convierten en energía de radiación que las pierde el sol para siempre. Sin embargo, la ínfima porción de esta energía que incide sobre la Tierra, basta para mantener la vida en nuestro planeta.

Sin entrar en consideraciones científicas -que no son el objetivo de exposición en este trabajo periodístico-, podemos agregar que el Sol ha estado radiando energía desde hace unos cuarenta mil millones de años y que continuará así otros sesenta mil. De ello se infiere que el Sol puede que no tenga más de seis mil millones de años.

Pero las cosas no nos tan simples. A medida que el Sol siga radiando irá adquiriendo una masa cada vez mayor y el núcleo de helio aumentará la temperatura en el centro. 

Por último, la temperatura subirá lo suficiente para transformar los átomos de helio en otros más complicados y comenzará a expandirse para convertirse en un gigante rojo.

 El calor se hará insoportable en La Tierra, los mares se evaporarán y el planeta dejará de albergar vida en la forma que la conocemos.

Los astrónomos estiman que el Sol entrará en esta nueva fase dentro de unos ocho mil millones de años y es por eso que los científicos están pensando en la mudanza de la humanidad a otro planeta.

Objetivo: mudanza espacial

Cuando se trata de viajes interestelares es lógico que comencemos por pensar en la posibilidad de que en el universo exista un enorme número de civilizaciones técnicas inmensurablemente más adelantadas que la nuestra, que intercambien comunicaciones a enormes distancias, de las cuales ni siquiera tomamos debida nota.

Hoy ya dejó de ser el tema una mera especulación poética, filosófica o científica para convertirse en un hecho concreto desde hace seis años, oportunidad en que la misión Cassini comenzó a volar en torno del planeta Saturno y sus alrededores.

Cassini ya comenzó ha darnos resultados con el descubrimiento de dos nuevos anillos  y con la data incontrastable de que el mayor porcentaje de esos anillos –en su totalidad- está formado por agua congelada, a lo que debe sumarse el hallazgo de nuevas lunas y toda una nueva clase de pequeños satélites de ese lejano planeta.

La nave encontró lagos líquidos en la luna Titán [1], hielo y una columna de partículas en la luna Enceladus, cumbres y ondas en los anillos y ciclones en los polos de Saturno.

Cassini por decisión de los científicos de la NASA Brent Buffington, David Seal y John C. Smith, -que supervisan, entre otros la misión-, lanzó una sonda espacial de origen europeo que aterrizó en Titán y ya ha enviado a nuestro planeta suficientes datos e imágenes como para producir alrededor de 1.400 documentos científicos.

Es más, Cassini, permitió hacer realidad  estudios tecnológicos que, derivados de  la nueva disciplina denominada  mecánica orbital, permitieron  trasladar la nave de un punto a otro del espacio sin quedarse sin combustible.

El plan de los científicos es que Cassini continúe operando hasta el 2017, aunque nuestras fuentes nos señalan que tiene sólo el 22 por ciento del propulsor de maniobras que tenía cuando comenzó su viaje al infinito.

Aquí es donde Buffington y su colaboradores debieron  aplicar al máximo sus conocimientos sobre física  y geometría para  obtener resultados positivos ante la aparición constante de una enorme variedad de blancos científicos, lo que hace que la misión se transforme en una de las más complejas emprendidas hasta el presente.

Operación Solsticio

La nave del proyecto Cassini arribó a Saturno en el 2004, con el objetivo de circunvalarlo por cuatro años, pero tuvo tanto éxito que en febrero pasado la NASA permitió que su tarea se extendiera por dos años más, hasta septiembre de 2010.

Una segunda autorización para prolongar las indagaciones tuvo nombre y apellido: Operación Solsticio, que durará hasta el verano del hemisferio norte de Saturno, esto es el 15 de septiembre de 2017.

En ese momento la nave recibirá la orden de zambullirse dentro de los anillos de Saturno para realizar 22 órbitas en las márgenes de la atmósfera del mismo, antes de desplomarse hacia el planeta.

Resolver cómo organizar la Operación Solsticio llevó dos años, tiempo en el que se programaron lugares para visitar y procesos que se querían ver para verificar datos o conocer otros aún no conocidos.

Una de las herramientas para ajustar la trayectoria en el espacio de un objeto manufacturado – la esencia de la mecánica orbital-es la ayuda de la gravedad. En la medida que una nave espacial se acerca a un planeta o luna, la gravedad la toma y la arroja a una dirección diferente.

En este caso puntual, la clave es Titán, con suficiente gravedad –junto a Saturno- para hacer cambios radicales en la trayectoria de la nave espacial cada vez que ésta pasa.

La cantidad de combustible que debe controlarse en la nave debe medirse en función de los cambios de velocidad de la nave y ello es conocido en la jerga aeroespacial como Delta –V.

Cuando comenzó su viaje, la nave del proyecto Cassini viajaba a 742 metros por segundo de Delta –V disponibles. Hoy por hoy es de 158 metros por segundo, que debe mantenerse por 7 años.

 Lo que hace factible la misión Solsticio es que los diseñadores pueden intercambiar tiempo por combustible. Quizás cueste menos Delta –V alcanzar un blanco si la nave tarda más tiempo en llegar a Saturno.

Vida diseminada en el espacio

La cadena de racionamiento científico que conduce a la posibilidad de vida inteligente diseminada en el espacio, en muchos de sus eslabones, no es verificable.

Sólo representa las mejores estimaciones subjetivas de probabilidad que pueden suministrar los científicos especializados en la materia. Carl Sagan, declaró que “puede haber hasta un millón de civilizaciones técnicas en la galaxia, en la era actual, o sea una por cada 100.000 estrellas.

Menos optimista fue Sebastián von Hoesner, del Observatorio Nacional de Radioastronomía de los Estados Unidos, quién imaginó que “sólo una de cada tres millones de estrellas puede poseer una civilización técnica, o sea 35.000 de ellas en toda la galaxia”.

Los científicos que buscan vida extraterrestre están interesados en encontrar sistemas planetarios de estrellas estables, de larga vida anterior por ser las candidatas más viables para el mantenimiento de la vida y, posiblemente de seres inteligentes 

Además de suministrar las temperaturas y las presiones favorables para las reacciones químicas y el agua líquida que la vida de hidrocarburos requiere, las estrellas proporcionan la energía libre para llevar a cabo procesos tales como la fotosíntesis de los carbohidratos en las plantas.

El tema de la vida extraterrestre apenas si ha sido rozado en este artículo. En futuros trabajos consideraremos otros aspectos como el ritmo de la evolución, la comunicación con inteligencias no terrestres y los límites del vuelo interestelar que junto a otras preguntas que aún no tienen respuestas vale abordar, como por ejemplo el enigma de las moléculas derechas.

Mientras tanto mantengamos nuestra inteligencia abierta a la especulación y a la probabilidad de encontrarnos con la posibilidad de ver algún “plato volador” o una experiencia “del tercer tipo”. (Jackemate.com)

 

Por Lic. Ricardo Marconi

[1] Titán, gigante que, según la mitología griega, estaba condenado a los infiernos por Zeus, el padre de los dioses, ya que había pretendido tomar el cielo por asalto.



 

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