Por Ricardo Marconi (*)

“Podemos pasar días, incluso semanas sin alimento, pero sólo unas cuantas horas sin gua. Permitamos que ése sea el parámetro que nos señale qué debemos salvar, qué necesitamos proteger”. (Jean Michelle Cousteau)

Actualmente, en países donde reina la pobreza y en otros –como el nuestro-, donde avanza a pasos agigantados, son cientos de millones de personas que no acceden al agua.

En algunos de esos territorios no tienen el poder necesario para generar una acción, a nivel internacional, para proveerse del recurso.  A pesar de ello, en un futuro a mediano o largo plazo, la falta del líquido elemento derivará, en primera instancia, en conflictos internos y luego, inexorablemente, en otros de nivel internacional.

En ese marco, Argentina se re posicionará en el concierto de naciones, ocurriendo lo propio con territorios como el de Brasil, Paraguay y Uruguay que poseen algo que va a valer más que el Petróleo y el gas: el agua.

Y aún cobrará más importancia cuando se explote, de manera inteligente y a pleno el Acuífero Guaraní.

No son pocos los que sostienen que el agua habrá de convertirse en el último tren ara el desarrollo regional. El 70% de la superficie del planeta es agua. De ella el 97% es salado. Sólo el 3% restante es dulce y, de de último valor, el 2% es hielo, estando disponible el 1% como recurso humano.

El crecimiento poblacional de la población del orbe, en los últimos 50 años ha sido superior al generado en los 4 millones de años transcurridos desde que aparecimos como especie humana y por esta circunstancia el nivel de las capas freáticas disminuye y los ríos se secan, a la vez que los sistemas se debilitan.

Es así que, de los 16.800 metros cúbicos de agua promedio por año/habitante que teníamos en 1950, para dentro de 5 años sólo quedarían 4.800 y la cantidad de agua dulce que se utiliza se ha sextuplicado.

El agua reemplazará al dólar o petróleo como patrón comercial en el mundo

Según la Organización Mundial de la Salud –bastante debilitada en su concepto por su accionar ante la pandemia que es de dominio público-, el consumo de agua potable óptimo deberá rondar entre los 100 y 200 litros diarios.

Para colmo, América del Sur tiene la cuarta parte de las reservas hídricas del mundo, pero allí habita sólo el 6% de la población.

Arabia Saudita, Armenia, AzerbaiyánBahréinCatarEmiratos Árabes UnidosGeorgiaIrakIránIsraelJordaniaKuwaitLíbanoOmánSiriaTurquía y Yemen, Chipre y Egipto siempre están dispuestos a pagar por toneladas de agua de río y en Argentina, más precisamente en alguna provincia del sur, se pensó en poner en marcha la exportación de agua potabilizada por miles de toneladas.

En su momento, el Observatorio del Agua de la Universidad Nacional de Rosario le habría solicitado al gobierno de Santa Fe que investigue la presunta carga de agua del río Paraná a buques cargueros, cuyos titulares la revenderían por montos varias veces millonarios.

Han trascendido informaciones que indican la llegada a puertos argentinos con productos importados y regresan con el mismo peso, pero en agua potable a granel. Obviamente todo queda en anécdotas.

En el año 2010, representantes del gobierno chileno habrían pedido a funcionarios argentinos el suministro de agua, a través de la Cordillera de los Andes, a emprendimientos mineros trasandinos.[1]

Misiones habría estudiado la posibilidad de envasar y vender al exterior el agua de lluvia.

Si los hielos antárticos y los de Groenlandia se fundieran, el nivel del mar se elevaría 65 metros y la posibilidad de desaparición de los hielos de los polos ya está dentro de las hipótesis adoptadas por los analistas específicos del tema que nos ocupa.

David Carlson, geólogo y director del programa Año Polar Internacional 2007 advirtió que “en 2057 se perderán los hielos del Polo Norte”, por lo que los especialistas opinan que estamos transitando una década crucial para la supervivencia de esos grandes depósitos de hielo.

Ya para el año en que transcurre actualmente nuestra vida, Peter Gleick, presidente de The Pacific Institute for Studies in Development Environment and Security, en su informe “Agua Sucia”, puntualizó que, si no se tomaban las medidas adecuadas, al menos 135 millones de personas morirían en el transcurso del 2020 por falta de acceso al agua potable y servicios sanitarios.

Otro informe de la OMS, realizado en el 2006 indicaba que se producirían trece millones de muertes anuales si no se cumplía con una gestión ambiental adecuada.[2]

La mayor vulnerabilidad es de los niños en un 33%.[3]. Todos los días mueren cerca de 4.000 chicos por falta de agua potable y carencias sanitarias.

El agua como fuente de conflictos

El Departamento de Geociencias de la Universidad del Estado de Oregon, Estados Unidos, desarrolló un trabajo sobre conflictos por el agua   en los últimos 50 años, tomando como fecha final el 2006. Y ya para ese entonces “se habían registrado 37 enfrentamientos de extrema violencia entre 1948 y 1999; 30 de los cuales fueron protagonizados por Israel y alguno de sus países limítrofes”.

El ya mencionado Peter Gleick adelantó que “estadísticas publicadas por las naciones Unidas establecen que para el 2025, al menos dos tercios de la población mundial sufrirán severos problemas por la escasez de agua”.

La última esperanza

El acuífero es una formación geológica subterránea conformada por grava, arena y piedra porosa capaz de almacenar agua que fluye a una velocidad de 350 metros por año y en el acuífero Guaraní se encuentran aguas de hasta 20.000 años.

En los acuíferos se almacena sólo el 0,6% de la totalidad del agua del planeta, equivalente al 95% del agua disponible para el ser humano, sin posibilidad de renovación por el lento fluir y por bajo nivel de recarga.

Para colmo los acuíferos son sobreexplotados y contaminados con compuestos orgánicos industriales como disolventes, pesticidas, pinturas, barnices y combustible.

El acuífero Guaraní es considerado la tercera reserva mundial más grande de agua dulce -1.175.000 Km3-, y alcanza según el geólogo Miguel Auge para abastecer a 6.000 millones de seres humanos que habiten el planeta durante 200 años”.

En Argentina su extensión es de 225.500 km3 y su temperatura es más caliente cuanto más profunda es su extracción.

En Argentina se utiliza en Termas, como en Uruguay donde también es usado el líquido elemento para riego y hasta para uso doméstico.

El sistema del acuífero aludido, sobre el que viven cerca de 24 millones de habitantes está en la mira del Pentágono, debido a que es considerado un botín para el tiempo en que se necesite del mismo como recurso ineludible para aplacar la sed. Pero ese será el tema que abordaremos en otra columna. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

  1. Patricio Eleisegui.
  2. La Última Cruzada. Alerta: Un mundo Sediento. Cap. Pág. 143. Andrés Repetto.
  3. “Protección de los niños de la exposición química peligrosa”. International Society of doctors for de Environment (ISDE).

 

 

 

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