Por Ricardo Marconi (*)

A raíz del desarrollo impredecible de determinadas situaciones en el área rural de la ciudad de Roldán, al parecer, se produjo la aparición de  episodios, en principio aislados, y luego organizados de casos de prostitución.

La primera de las condiciones que coadyuvó en favor del desarrollo de dicha problemática tuvo que ver con la existencia de un incremento substancial de la población rural masculina, sin familia.

Los nuevos habitantes provenían del extranjero y ello generó una demanda impensada en casos de prostitución y la apertura de casas de tolerancia. Habitantes de Roldán comenzaron a iniciar negocios específicos con motivo de esas nuevas necesidades y comenzó a crecer el número de mujeres que decidían ser “regentas” de esos emprendimientos.

Para el municipio se incrementó la cobranza de multas –elevadas-, por las infracciones y no tardaron en aparecer los impuestos. Las multas oscilaban entre 15 y 250 pesos, según las constancias existentes en la localidad, detectadas por Alicia Florián y Silvana Folato, en un trabajo especializado sobre el tema.

Migración interna 

Las migraciones a zonas rurales de Santa Fe se notaron mucho en Roldán y trajo aparejadas modificaciones de hábitos y comportamientos sexuales, debido a la falta de mujeres y por el desfasaje de las edades masculinas, respecto de la de las mujeres.

Entre 1857 y 1924 la presencia masculina fue del 70 por ciento, con una edad promedio de 40 años y según el censo de población de 1895, ascendió a 172,5 por para los extranjeros y 97 por ciento para los nacidos en Rodán.

Para 1914 la población masculina había alcanzado un altísimo porcentaje y los nacidos localmente el 99,2 por ciento. En ese informe se indicaba, además, que la edad socialmente activa oscilaba entre los 15 y 64 años.

En un estudio de Gino Germani, publicado en Estructura Social de la Argentina, en Buenos Aires, el criollo, en número, seguía siendo inferior al extranjero.

La estructuración del negocio prostibulario se montó como respuesta, tanto en lo legal como clandestinamente y se intensificó la llegada de mujeres europeas para atender la oferta sexual en Roldán.

El regenteo de burdeles aumentó de manera escandalosa, a tal punto que llegó a haber más oferta de prostitución que “clientes” y se tuvo que aplicar una regla básica de la economía de mercado: La baja de los precios.

Obviamente Rosario, en la provincia de Santa Fe, focalizó la mayor oferta, en las zonas de puerto y en inmediaciones de la estación de trenes “Rosario Norte”, que los rosarinos conocen como el barrio “Pichincha”.

A tal punto se desarrolló la mafia en Pichincha para cubrir las necesidades prostibularias que se conformó una especie de “sindicato clandestino” que se auto titulaba como “defensor de los intereses de las prostitutas y regenteaba su accionar”.

Si las mujeres optaban por manejarse independientemente, la las coimeaban para que pudieran “trabajar” sin ser perseguidas en zonas ya determinadas como en calle Callao entre Salta y la estación de trenes, una zona minada por hoteles de mala muerte a los que eran llevados por las mujeres, con el acuerdo de los conserjes.

Los escándalos de la petisa 

La “petisa”, una morocha que no tenía más de 1,60 metros de altura, cada vez que era detectada, era corrida por la policía y cuando estaba a punto de ser detenida, se arrojaba bajo el “Cuartito azul”, como se conocía históricamente al vehículo donde se trasladaba a los detenidos.

Eso sí. La mujer, a punto de ser apresada, con una velocidad increíble, se desnudaba totalmente y se arrojaba debajo del vehículo policial, impidiendo su apresamiento.

Las afiliadas al sindicato, alertadas, concurrían al lugar donde se intentaba detener a su desnuda “secretaria general” y se la llevaban.

En la calle Callao al 100, en la esquina con calle Jujuy, donde ocurrieron varios de estos intentos de detención, vivía un policía con su familia y, al parecer, el mismo conducía los destinos de varias prostitutas, por lo que, cada vez que detectaba a la petisa en la cuadra, se comunicaba con sus colegas para que procedieran a actuar.

La ironía del destino hizo que en la misma cuadra estuviera el Ejército de Salvación, donde las prostitutas que eran perseguidas a las corridas, se introducían en el lugar y pedían protección, según las versiones que circulaban entre las madres de familia que no querían que sus hijos vieran diariamente ese espectáculo denigrante.

La casa de la viuda Paulina 

Pero debemos volver a Roldán, donde los primeros documentos sobre prostitución se registran públicamente acerca del tema que nos ocupa en 1899, debido a las denuncias surgidas ante el Juzgado de Paz, por la existencia de un prostíbulo clandestino, conocido como “La casa de la viuda Paulina”.

Y en 1990 se elevaron al ministro de Gobierno santafesino, motivando ello la decisión de habilitar un Registro Municipal de Matrículas de Prostitutas y ello da pie a que surjan de la nada cinco casas de tolerancia entre 1909 y 1937.

En el registro debía se anotados datos tales como: Nombre de la casa, ubicación, domicilio real, el nombre de la o del regente y la nómina de las mujeres que trabajaban en el lugar.

Sobre estas últimas debía informarse sus edades, nacionalidad y la profesión alternativa, la escolaridad alcanzada, su alfabetización, entradas y salidas de la casa y enfermedades sufridas, así como sus ausencias por partos o internaciones, entre otros datos.

La primera casa de tolerancia registrada fue la de Honoraria Sanders, ubicada en calle Carcarañá y regenteada por Rosa Ceballos.

Prostíbulos con más “trabajadoras” que en una PYME llegaron a conformarse en Roldán. El 25 de diciembre de 1910 cerró una donde se desempeñaban 50 mujeres de entre 18 y 29 años, donde sólo 3 eran analfabetas.

A quien esto escribe no le resulta curioso este último dato, ya que muchos más acá en el tiempo, en Rosario, mujeres que se dedicaban a la prostitución eran jóvenes que atendían clientes, por cuenta propia, en departamentos de la zona céntrica y muchas de ellas eran universitarias que con lo que obtenían económicamente se pagaban el cursado de sus carreras.

Otra de las propiedades en Roldán que se destacó como casa de tolerancia era en Roldán propiedad de Ángela Rodríguez, pero sólo duró abierta por unos pocos días en 1912, mientras que, en 1915, quedó registrada la de Sandes.

La más importante

La que alcanzó mayor importancia fue la casa de tolerancia de Elena Siat, una polaca, educada y asociada en el emprendimiento con Aloísa Tulisi, donde se desempeñaban mujeres de 16 a 32 años, sin profesión, aunque con educación.

Por ese entonces, las enfermedades más comunes que las mujeres sufrían eran infecto contagiosas, tales como la difteria, la escarlatina y la sífilis, así como otras venéreas, razón por la cual las registradas tenían controles médicos.

Las regentes “invitaban” a las mujeres que quedaban embrazadas a abandonar la casa de tolerancia y ello era considerado una práctica común entre las explotadas.

En Roldán había un área donde se asentaba la actividad prostibularia en las zonas autorizadas y las casas de tolerancia que no cumplían ese requisito eran clausuradas con el uso de la fuerza pública.

El control del Juzgado de Paz y de la policía era riguroso y estaba a cargo del comisario Patricio Shea que ordenaba las clausuras de locales clandestinos que habían crecido en 1925 con el incremento demográfico de Roldán y por igual motivo respecto de la población golondrina de peones solteros o sin familia, con lo que se incrementó la demanda.

En los años 30, la casa de Elena Siat era la de mayor actividad. Por ese entonces, con la ordenanza de 1933, generada en Rosario, que erradicaba la prostitución, Roldán se vio beneficiada con el aumento de radicaciones, al igual que en Baigorria y Funes, con mujeres que no superaban los 35 años, quienes ganaban más que como empleadas domésticas o costureras. Algunas crecieron más económicamente y se dedicaron a regentear nuevas casas de tolerancia.

Aunque, vale apuntarlo, muchas mujeres terminaron mudándose de Rosario a la casa de Elena Siat o a casas particulares como inquilinas que pagaban su alquiler utilizando “la cama de la habitación del fondo”. Muchos bares, restaurantes y lugares bailables habrían utilizado a la prostitución como negocio complementario.

La política puso su grano de arena   

En la campaña política de 1937, en la que se postuló Roberto Ortiz, se autorizó la apertura de casas de tolerancia y los contingentes de empleados golondrinas aumentaron la demanda.

Ello permitió que las madamas obtuvieran pingües ganancias con el cuerpo de sus empleadas y el Estado miraba de soslayo porque e incrementaba el erario público con impuestos en base a la emisión de permisos y el cobro de controles.

En Roldán el mayor apogeo del negocio prostibulario en Roldán se dio entre 1880 y 1938, con el abuso de mujeres de 16 a 28 años, la mayoría sin ninguna educación.

Tras el golpe asestado a la Zwing Migdal, el número de burdeles no disminuyó y, a partir de 1932, como se indicó, crecieron las migraciones de mujeres rosarinas hacia zonas donde había nuevas industrias, las que anualmente crecían en número, ocurriendo lo propio con los ya señalados negocios que en el fondo habilitaban su negocio con la asistencia de prostitutas.  (Jackemate.com)

 

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

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