Por Ricardo Marconi (*)

Como los 107 libros perdidos de la Historia de Roma, redactados por Livio, también sería posible de reconstruir la bonanza del Imperio Romano que quedó registrada por las pistas que ha dejado el hielo.

La posibilidad se daría tras ser estudiado un glaciar ubicado en el centro de Groenlandia. El registro en análisis no está escrito en latín, sino en plomo, ya que las emisiones del mismo fueron generadas por operaciones mineras en el norte de Europa y llegaron a la isla y descendieron con las nevadas.

La nieve se acumuló, se convirtió en hielo y conservó un registro que se remonta a miles de años transcurridos. Los núcleos de hielo de la isla ubicada en la zona nororiental de América del Norte se han utilizado desde ya hace mucho tiempo para monitorear el cambio climático global.

El proyecto fue iniciado oportunamente por A. Wilson, arqueólogo de la Universidad de Oxford y llevado a cabo por Joseph R. Mc. Connell, experto en análisis de núcleos de hielo del Instituto e Investigación del Desierto de Reno, Nevada.

El núcleo expuso en el registro 40 mil años de nevadas y Mac Connell estudió una sección de unos 425 metros de sus partes superiores, correspondientes a los años 1235 A.C y 1257 D.C.

Los resultados muestran una línea fluctuante que corresponde a eventos destacados de la historia romana. Las emisiones de plomo aumentaron en períodos de paz y prosperidad, como la Pax Romana, del 27 D.C y disminuyeron durante las guerras civiles, las que precedieron a la Pax y el ascenso al poder del emperador augusto.

También hubo caídas dramáticas que coincidieron con la Peste Antonina del 165 al 180 de la era actual, que se presume fue de viruela y la peste de Cipriano, del 250 al 270.

El plomo se utilizaba mucho en la economía romana para tuberías de agua y para revestir los cascos de los barcos. Su producción era también un indicador de una actividad económica central: el uso de la plata en las monedas utilizadas en el Imperio, esto es el denario.

La plata se da también en los minerales de plomo y el proceso de separar la plata del plomo. Así se generó una fuente importante de plomo que se volatilizó.

El denario

El denario en los inicios del aludido Imperio era 100 por ciento de plata, pero bajo el mando del emperador Nerón, a partir del año 64, la proporción se redujo al 80 por ciento.

Y la reducción coincidió con la caída de la producción de plata y tal caída en las emisiones de plomo, lo que está registrado en el núcleo de hielo de Groenlandia poco después del año 60.

Bajo el mando del emperador Trajano se volvieron a acuñar moneda de plata recién extraída del año 101 al 107, de nuestra era y ese evento histórico está reflejado en un breve incremento de la contaminación por plomo que termina en el 107.

Las emisiones de pomo reflejadas en el núcleo cayeron en un nivel absoluto durante la crisis imperial del año 235 al 284, cuando el Imperio estuvo a punto de colapsar por discordancias internas, las invasiones bárbaras y la peste de Cipriano. La economía ingresó así en un declive en el 476.

“No diría que la gráfica de la contaminación por plomo es un reflejo cercano al PBI, pero quizás sea un potente indicador general de la salud económica con el contamos”, apuntó Wilson.

Menos hielo en el Ártico

A todo esto, vale enunciar que las investigaciones científicas se ha establecido que hay, con el paso del tiempo, menos hielo. [1]

Y en los últimos 40 años, gracias a mediciones satelitales, los especialistas detectaron que la capa de hielo marino en el Ártico se está encogiendo.

El calentamiento global reduce la extensión de hielo en verano casi un 13 por ciento cada década y esto permite pronosticar que a mediados de siglo el Ártico no tendría hielo en los veranos, por lo que se analiza el grosor del hielo que ha disminuido marcadamente.

Los vientos y las corrientes también pueden llevarse hielo viejo y es por ello que mediante el satélite europeo Cryoast2, que pasa por los polos, utiliza un radar para medir la extensión y grosor.

El satélite funciona mejor en invierno que en verano porque con el clima caluroso tiene dificultades para distinguir el hielo del agua.

Otro satélite de la NASA, el ICES-SAT2, lanzado en setiembre de 2018, brindó datos del grosor del hielo más exactos.

Por esto en verano se mide el grosos desde aviones, operando desde la Estación Nord, un pequeño puesto danés de avanzada militar y científico en Groenlandia, a unos 925 kilómetros del Polo Norte.

Los investigadores midieron el grosor del hielo en el océano Ártico y en el estrecho de Flah, que separa Groenlandia del archipiélago noruego de Svalbard.

Se está utilizando un dispositivo electromagnético que echa mano de la diferencia en la conductividad eléctrica entre el hielo y el agua de mar, aunando datos precisos de elevación, medidos por escáner láser para determinar el grosor.

Desde 2011 el dispositivo, con forma de torpedo, llamado Em-Bira, ha sido usado desde un avión, suspendido de un cable a unos 20 metros sobre la superficie, mientras que el avión DC-3-reconstruido y modificado-vuela 100 metros más alto para tomar sus mediciones.

En el avión, va, junto al piloto, un ingeniero, un mecánico y un científico que va analizando el clima.

La estación NORD es operada por 6 soldados en misiones de 2 años. Están aislados de octubre a marzo, junto a 2 canes entrenados y, esporádicamente una patrulla en trineo les hace compañía y le entrega provisiones.

“Lo grave es que un estudio que se viene haciendo viene marcando una tendencia continua de descenso de la cantidad de hielo desde mediados de la década del 2000”, aseguraron especialistas en el tema. (Jackemate.com)

 

[1] Henry Fountain.

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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