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Por Ricardo Marconi (*)

Carlos Gardel, sus guitarristas y Alfredo Le Pera -un poeta de fuste-, arribaron a Barranquilla el 5 de junio de 1935 e iniciaron una serie de presentaciones con marcado suceso en radios, teatros y hasta en n plaza de toros que los productores de espectáculo prepararon expresamente para un espectáculo que se recordó por mucho tiempo en la ciudad.

Gardel actuó seguidamente en Puerto Colombia, Cartagena, Medellín y Bogotá, donde realizó 18 actuaciones en 16 días y en la noche del 23 de junio participó en Bogotá en el programa La Voz de Víctor, cerrando el show con el tema “Tomo y obligo”.

Al día siguiente la comitiva, muy temprano, partió hacia el aeropuerto de Bogotá, desde donde abordó el avión que la llevaría a la ciudad de Cali, teniendo en el trayecto una escala previa en Medellín, donde estaba previsto descender más precisamente, en el aeródromo Enrique Olama Herrera, donde el grupo de músicos y sus colaboradores tenían previsto participar de una comida, para luego subir al avión trimotor de la empresa SACO, a las 14.45, con rumbo a Cali. Luego sobrevendría la tragedia.

Bogotá amaneció en la mañana del 24 de junio con un sol escondido a medias entre nubes que presagiaban mal tiempo. A las 8 Gardel fue despertado por el conserje del Hotel Granada y, a las 10 bajó de su habitación a desayunar, tras lo cual se reunió con quienes lo esperaban para sacarle fotos, con el director de orquesta Efraín Orozco y con el gerente de la agencia de noticias United Press.

Posteriormente se reunió con periodistas, empresarios y admiradoras hasta pasado el mediodía y hasta un niño colombiano le efectuó un regalo que el Zorzal guardó en su equipaje.

Luego se reunió con Le Pera, con quien analizó el recorrido de actuaciones previsto en Cali, Panamá y al final del recorrido La Habana, Cuba.  Hasta tuvieron tiempo de analizar la posibilidad de dos películas en Nueva York, luego ir a buscar a su madre a Toulouse y desde allí hasta previeron el regreso a Buenos Aires.

A las 13:15 salieron del hotel. Tuvieron que hacerlo por la puerta trasera, para esquivar a la multitud que bloqueaba la salida principal para despedir a su ídolo. El grupo partió hacia el aeropuerto para tomar el Ford trimotor F-31 de la empresa SACO y, a pesar de los oscuros nubarrones, el vuelo a Cali no se canceló.

Con Gardel viajaba Le Pera, Guillermo Barbieri, Ángel Riverol, José María Aguilar, José Plaja, Alfonso Azzaff, José Corpas Moreno, Celedonio Palacios y Henry Swartz.

Poco antes de subir a la nave Azzaff advirtió que el avión “iba cargado hasta la boca”, lo que derivó en el comentario de Le Pera: “No faltaría más que ahora nos hagamos mierda todos”.

El F-31 descendió en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín, donde sólo haría una parada técnica de unos quince minutos. Nuevamente una gran cantidad de personas se reunió para recibir a “Carlitos”, agitando pañuelos. Se destacaba una delegación de estudiantes que habían recibido permiso para concurrir al aeropuerto.

Escala

La comitiva había bajado del avión que venía de Bogotá para hacer una breve escala rumbo a Cali, donde lo esperaban esa noche cinco mil personas que habían pagado ansiosas sus entradas para verlo en el Teatro Isaacs.  Gardel sonrió sinceramente y se detuvo a saludar a la multitud.

Gardel y su grupo tomaron un refrigerio, comió unos sándwiches de pollo y tomó unas cervezas dulces. Él notó que al guitarrista Guillermo Barbieri, su querido “Barba”, volar no era lo que más le gustaba en la vida y le dijo: “Mira, hermano; me hago cargo de tu inquietud, que, ¿por qué no decirlo?, la siento yo también. Estoy cansado de andar y andar. Como vos y como los otros muchachos, deseo pararme de una vez. Te juro, Negro, este es el último viaje. Después de este nos quedaremos quietos en la tierra. ¿Dónde vamos a estar más seguros que en el suelo?”.

Carlos Gardel y su grupo en el avión donde hallaría la muerte

Gardel se animó finalmente y le confesó por lo bajo al “Indio” Aguilar, “Mirá, hermano, yo no sé si me estaré poniendo viejo, pero te juro que me parece que algo grave va a pasar”. Aguilar trató de calmarlo y le dijo: “No seas pesimista, Carlitos, ¿qué puede pasar?” Gardel trató de reponerse y le contestó: “Bueno, Indio, nos queda una hora y cuarto y después, no nos subimos más a uno de estos bichos”. Y se puso a cantar como un mantra “Mi Buenos Aires querido”.

Fue en ese momento en que se sumó al grupo el piloto de la segunda etapa y dueño de la compañía, Ernesto Samper Mendoza, a quien se lo notaba tan emocionado como inquieto. Cada tano miraba hacia la pista en dirección al avión de la SCADTA que despegaría minutos después que su vuelo. Gastó algunas bromas y los invitó a subir al avión.

Camino a la máquina, Gardel volvió a saludar efusivamente a su público. Se ubicó en el lado izquierdo del avión. Ocupó el segundo asiento de mimbre individual, detrás de Swartz y al lado de Le Pera, que se sentó a la derecha, pasillo mediante. El ruido era ensordecedor y le pidió un chicle al “Indio” y un poco de algodón para los oídos.

El asistente de abordo, Flyn, cerró con cierta dificultad las puertas y recorrió sin éxito los asientos, pidiendo a cada uno de los pasajeros que se ajustaran los cinturones. Todos se negaban y le decían que “eso era para los pibes”.

Terminada su infructuosa tarea se fue hasta el final del aparato y se ubicó en el último asiento del lado izquierdo, detrás de Aguilar.

Carlitos miró por la ventanilla y, como hacemos todos cuando está por despegar un avión, se entregó a su suerte. El carreteo fue extraño y ruidoso lo que hizo exclamar a Carlitos; “Che, viejo, esto parece un tranvía Lacroze”. Sintió que la nave giraba….

El accidente, se estima, ocurrió a las 15, más precisamente en el momento del despegue, en momentos en que el trimotor F-31, a cargo del piloto Ernesto Samper Mendoza, debía dirigirse al aeropuerto ubicado en la base militar de Guabito, ubicado a 416 km de Medellín.

La nave carreteó con sus tanques llenos con 450 litros de combustible, a lo que se sumaba el equipaje de Gardel y el grupo de gente que lo acompañaba en las presentaciones, a lo que se sumaban 12 rollos de películas que había terminado de filmar en Estados Unidos y a ello se agregaba un telón de fondo que debía ser transportado para la presentación en Cali.

El avión carreteó infructuosamente y su piloto intentó levantar vuelo, pero a las 15.05, según la torre de vuelos colisionó con otra aeronave de la empresa SCADTA, esto es un F-31 que pilotaban dos aviadores militares alemanes: Hans Ulrico Thomas, de 26 años y Williams Fuertes, de 29, quienes debían transportar a 5 pasajeros. Ese avión se hallaba en espera, a una distancia de 90 metros, aguardando que despegara el vuelo que transportaba a Gardel.

Teorías encontradas

Han transcurridos varias décadas sobre la motivación del accidente:

  • Una inusual ráfaga de viento que hizo colisionar un avión contra el otro.
  • El piloto del avión en que se hallaba Gardel subió alcoholizado a la nave.
  • Una pelea -a tiros-, dentro del avión entre Gardel y Le Pera, precisamente en el momento del despegue.

De la troupe de Gardel solo sobrevivieron milagrosamente su secretario José Plaja y el guitarrista José María Aguilar, como consecuencia del incendio de los dos aviones.

Sólo se puede agregar que, en el 2018, el ingeniero mecánico Guillermo Artaud realizó una investigación oficial, pero sus resultados no transcendieron.

Vale apuntar, finalmente que en el libro de investigación periodística El Rompecabezas de la Muerte en Rosario, el autor de la columna junto a Juan Mocciaro realizaron un relato pormenorizado de los antecedentes delictivos de Carlos Gardel. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

 

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