Por Ricardo Marconi (*)

Calígula, Nerón y Cómodo fueron algunos de los emperadores romanos que peor fama han logrado. Sus siniestros reinados se perpetuaron por siglos. Pero, más allá de esos césares despóticos, el Imperio tuvo otros en momentos decisivos de su historia.

Heliogábalo fue uno de estos soberanos. Se decía que elegía para los puestos de provincias a aquellos amantes que tuvieran el pene más grande y sus posturas sexuales, abominables en el Imperio Romano, finalmente le costaron la vida. Según los rumores de esa época, al emperador le gustaba enfadar a sus amantes para que le pegaran.

Su gobierno apenas duró cuatro años, asumió con 14 años, desde el 218 al 222, pero pese a su breve gestión y la ordenanza del Senado al ‘damnatio memoriae’ –olvido por decreto-, la memoria del emperador Heliogábalo siguió vigente en el tiempo.

En la Historia Augusta, donde se insertaron las biografías de los emperadores de Roma –años 117 hasta el 284-, el emperador que nos ocupa está catalogado como el peor en su gestión.

El biógrafo Elio Lampridio lo describió como “una bestia de lujurias antinaturales” y basó sus apreciaciones en su mala fama por destacarse en sus actos homosexuales, los que eran considerados inaceptables en el Imperio.

Estaba tan mal considerado que sus propios soldados se arrepintieron de haber conspirado contra Macrino para nombrarlo emperador tras haberlo visto conducirse tan penosamente en sus vacaciones invernales en Nicomedia. Esos mismos efectivos militares “lo veían, diariamente, recibir placer por todas las cavidades de su cuerpo”, según señala uno de los autores de la obra Historia Augusta.

Abusaba de su poder para ordenar a sus mensajeros que le consiguieran “individuos con buenos cojones” para disfrutar de sus cualidades. Los recibía en sus aposentos, travestido para realizar actos sexuales extravagantes. Dejaba caer sus vestidos hasta los pies, se ponía de rodillas, con la mano en su pecho y la restante en su órgano sexual, echando hacia atrás sus nalgas y presentándoselas a su amante.

El político militar Dion Casio relataba a los comandantes militares que al emperador le gustaba “ponerse pelucas y prostituirse” y por ello los historiadores lo consideran el primer transexual de la historia.

Incluso, historiadores hace referencia a que llegó a practicar los ritos de Salambo, un acto sirio que constaba de realizar orgías en las que estaba incluido el acto de castración. De esas orgías hay una obra pictórica de Lawrence Tadema (1888) que el autor tituló “Las rosas de Heliogábalo”.

Amantes

Entre sus amantes se destacaron Heriocles, un esclavo auriga que había adquirido prestigio en las carreras de cuadrigas y Aurelio Zótico, un atleta griego de Esmirna.

Precisamente, encaprichado con Zótico –famoso por su virilidad-, ordenó que se lo llevaran a Roma con una numerosa escolta de guardias pretorianos, provocando un escándalo porque le otorgó semejante reconocimiento a un amante.

El destino de esta nueva pareja no fue el mejor. En su tiempo se hablaba de que fue envenenado por el celoso Heriocles, mientras que otras fuentes apuntaban que fue exiliado por no satisfacer el apetito sexual del César.

El emperador, que entre sus defectos tenía el ser celoso, decidió casarse con ambos, aunque el Senado terminó por no autorizarlo, ya que Heliogábalo pretendía ser la esposa de los dos elegidos.

Era odiado por los senadores y su pueblo, no sólo por sus vicios sexuales. Vendió todo tipo de títulos, comandancias militares y cargos al mejor postor y pretendió eliminar los cultos que se celebraban en roma, destruyendo hasta los santuarios religiosos, ya que quería se adorado él como un Dios.

Mujeres senadoras

Para el siglo III, era el emperador más odiado de Roma, aunque curiosamente defendió a las mujeres, a tal punto que el primer día que el Senado celebró su rutinaria asamblea dispuso que asistiera su madre, lo que fue considerado un episodio inusitado.

Heliogábalo, el emperador romano travesti que ejercía la prostitución

Cuando llegó a la sesión, ocupó un lugar junto al escaño de los cónsules y estuvo presente en la redacción del decreto del Senado, con lo que Heliogábalo se convirtió en el único emperador bajo cuyo gobierno fue admitida una mujer, ocupando el rango de los hombres.

De esta manera quedó institucionalizado un Senado para las mujeres, el que fue emplazado en la colina del Quirinal –lugar donde se celebraban las reuniones de matronas- y, finalmente, en la mitad de una ferviente oposición, el emperador, con sólo 18 años, fue asesinado y reemplazado por su primo, Alejandro Severo, el 11 de marzo de 222, como resultante de un complot tramado por su abuela.

Néstor Marqués escribe puntualmente sobre el episodio: “Fue decapitado y su cuerpo arrastrado por las calles de Roma. Su despojos humano fue arrojado al Tíber por los pretorianos. Junto a él estaba su madre, Julia Semias, quien corrió la misma suerte por mirar hacia otro lado mientras sus hijo quebrantaba límites sexuales para su época.”.

Una petición descarada

Las relaciones heterosexuales del emperador también fueron un desafío a las costumbres. Se destacan los dos matrimonios que celebró con Julia Aquilia Severa, sacerdotisa vestal e hija de un influyente político.

Se debe tener en consideración que en la antigua Roma, estas religiosas consagraban su vida a la diosa del hogar: Vesta, y debían permanecer vírgenes durante treinta años. El emperador aseguraba a quien quisiera escucharlo que con ella tendría una descendencia que se parecería a los dioses.

La promiscuidad de Heliogábalo se completaba con las continuadas visitas a los prostíbulos, demostrando una capacidad transgresora infrecuente, ya que no se dedicaba sólo a disfrutar los servicios de las prostitutas, sino que, además, en muchas oportunidades se vestía como ellas.

El gusto de Heliogábalo por aparentar ser una mujer llegó hasta tal punto que, según se afirma, consultó con algunos de los médicos más prestigiosos, la posibilidad de someterse a algún tipo de intervención para cambiar su sexo.

La petición es inaudita para la Antigüedad, lo que para algunos le convierte en la primera persona de la historia en demostrar su intención de transexualidad.

Incluso, daba consejos a estas mujeres sobre cómo ser más hábiles en las artes amatorias con unos discursos en los que mezclaba la arenga militar con los términos sexuales más explícitos. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

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