Por Oscar Raúl Schiappapietra (*)

Si bien la Iglesia Católica ha sostenido desde siempre la función social de la propiedad de la tierra, algunos con mayor o menor énfasis, es bueno hacer un balance de la historia de la propiedad, ya que nadie como el actual Papa han puesto tan en crisis este principio.

El Papa Francisco en la reciente encíclica “Fratelli Tutti” cita a Juan Crisóstomo o Juan de Antioquía del siglo IV d.C. cuando dice «no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos»; o a Gregorio Magno (Siglo VI d.C.): «Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo».

Agrega Francisco que “el uso común de los bienes creados para todos es el primer principio de todo el ordenamiento ético-social, es un derecho natural, originario y prioritario,” y que “el derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados”.

Cuando al actual Papa se le preguntó si era comunista, respondió en una entrevista al periódico italiano La Repubblica el 11 de noviembre de 2016, que “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

No es ciertamente el pensamiento de la inmensa mayoría de los católicos el que pretende expresar el Papa, y seguro que se darían una gran sorpresa si siguieran con detenimiento las frases del pontífice.

Para sostener que la tierra no debe usarse para degradarla no es necesario consultar a una encíclica, pero si se considera que el uso y por ende los frutos de la tierra es común, la pregunta es ¿quién la cultiva, quien invierte capital y tiempo para mejorar la explotación?, porqué de la tierra sin labor sólo nace maleza, y quién la trabajaría para compartir luego el fruto de su trabajo, más aún si se considera que sólo “se estaría devolviendo a quien no trabajo lo que es suyo”, según dice Gregorio citado por Francisco.

Cuando los santos antes citados expusieron su pensamiento, el Imperio Romano de Occidente estaba por caer o había caído recientemente, y el único bien productor de otros bienes, era la tierra.

La Iglesia Católica fue quien impidió en los hechos el desmembramiento del Imperio Romano, recibiendo las primeras órdenes religiosas como los Benedictinos fundada en el siglo VI inmensas extensiones de tierra a la que ciertamente no le dieron el destino de función social que hoy señala la iglesia.

Hay que recordar que la Iglesia Católica también fue la mayor propietaria de tierras de Italia y España hasta el siglo XVIII, la cual ciertamente no la usaba conforme recuerdan las enseñanzas citadas, mientras que las recientes encíclicas que nos indican la función social de la propiedad, son dictadas justamente en los siglos en que la Iglesia dejó de ser propietaria de grandes extensiones de tierra.

Finalmente es bueno decir que hasta el siglo XVIII la mayoría de la riqueza producida en el mundo provenía de la tierra, momento a partir del cual la primera revolución industrial multiplica los bienes por la inversión de capital y trabajo, único elemento que aumenta la riqueza de un país y de su pueblo. El motor de la historia siempre fue el hombre, sus bienes y su trabajo. (Jackemate.com)

 

(*) Abogado – oscar_ors@hotmail.com

 

 

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