Por Ricardo Marconi (*)

La versión más conocida y romántica sobre la muerte de Nikola Tesla señala que el 7 de enero de 1943, a la edad de 86 años, murió en soledad, en la habitación 3327 del Wyndham, New Yorker Hotel. Su cuerpo fue encontrado por una “doncella” que ingresó preocupada a la habitación, ignorando el cartel de “no molestar”, que el propio Tesla había colocado en su puerta dos días antes. Un médico forense, luego de examinar el cuerpo, dictaminó que la causa del fallecimiento había sido una trombosis coronaria.

No pasaron cuarenta y ocho horas y el FBI dispuso que la sección Custodia de Propiedades extranjeras se apropiara de las pertenencias del difunto, aunque el fallecido era ciudadano extranjero. 

Casi de inmediato John G. Trump, profesor e ingeniero eléctrico del M.I.T., quien se desempeñaba como ayudante técnico del National Defense Research Committee, fue convocado para analizar los artículos de Tesla que el FBI había puesto en custodia y luego de 72 horas el especialista rindió un informe en el que concluyó que “no había nada que pudiera constituir un riesgo de seguridad nacional en manos hostiles».       

Las conclusiones decían que: “los pensamientos y esfuerzos (de Tesla) durante al menos los últimos 15 años fueron principalmente de carácter especulativo, filosófico y algo promocionales, a menudo relacionados con la producción y transmisión inalámbrica de energía, pero no incluyó principios o métodos nuevos, sólidos y viables para realizar tales cometidos”.

En una caja fuerte pequeña, existente en una habitación del hotel donde vivía Tesla, trascendió que había una caja conmutadora de resistencias eléctricas de 45 años de antigüedad.

El 10 de enero de 1943, el alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia le rindió homenaje leyendo, en directo, un panegírico escrito por el esloveno Louis Adamic, en la emisora de radio WNYC, teniendo como fondo el “Ave María” en violín y luego la canción popular serbia “Tamo Daleko”, que se escuchó en segundo plano.

A las 48 horas alrededor de dos mil personas asistieron a un funeral de estado en la Catedral de San Juan el Divino. Y luego de concluida la ceremonia, el cuerpo de Tesla fue llevado al Cementerio Ferncliff en Ardsley, Nueva York, donde su cuerpo fue incinerado.

Al día siguiente, se realizó un segundo servicio que fue conducido por sacerdotes en la Capilla de Trinidad, luego denominada Catedral Serbia Ortodoxa de San Juan-ubicada en Nueva York.

Hasta aquí se exponen los datos oficiales sobre la muerte sorpresiva de Nikola Tesla y a partir de allí surgen innumerables versiones e informaciones sobre lo ocurrido en el momento de su muerte y sobre el destino de la documentación que respaldan sus trabajos, fundamentalmente los relacionados con el que se conoce con el nombre del “Rayo de la Muerte”. 

El presunto asesino 

Los corrillos sobre las motivaciones que desencadenaron el fallecimiento de Tesla nacen, presuntamente, en el despacho de Adolf Hitler, quien habría dado la orden a uno de sus generales de detectar al científico en Estados Unidos para apoderarse de los planos del Rayo de la Muerte y asesinarlo.

Y para cumplir con esa imperativa decisión, Hitler pidió convocar a Otto Johann Anton Skorzeny, un ingeniero civil y coronel austríaco de la Waffen-SS, nacido el 12 de junio de 1908 en Viena y que dejó este mundo en Madrid, el 7 de julio de 1975, aunque otros datos indican que la fecha no es real. Skorzeny estuvo al mando de la unidad Friedentahler y fue especialista en Operaciones Especiales durante la II Guerra Mundial y aún en la postguerra.

Se lo consideraba un experto en espionaje y sabotaje y, al igual que el mafioso Al Capone, fue apodado como “Caracortada”, debido a las grandes cicatrices que surcaban sus mejillas.

El rescate de Mussolini 

El coronel se hizo famoso al rescatar al dictador italiano Benito Mussolini, así como por llevar a cabo la Operación Greif (grifo), que le valió el título de “el hombre más peligroso de Europa”.

El 25 de julio de 1943, Hitler lo nombra a cargo de la operación de rescate de Benito Mussolini, quien acababa de ser arrestado, siendo desconocido su paradero. Skorzeny fue llamado a la Guarida del Lobo, cuartel general de Hitler en Prusia oriental.

Venía recomendado por el propio General de las SS Ernst Kaltenbrunner, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich y de la SD. Según el propio Skorzeny, en esa reunión Hitler preguntó qué opinaba de Italia, a lo que él contestó: “Soy austríaco, mein Führer, la pérdida del Tirol del sur a manos de Italia -episodio sucedido tras la Primera Guerra Mundial- es una espina que todo austríaco lleva clavada en el corazón”.

Entre sus tantas invenciones, está el llamado ‘Rayo de la Muerte’

Al parecer esto decidió a Hitler a optar por él -ya que había otros soldados de diferentes ramas del ejército en la reunión- para encabezar el rescate del Duce, al que Hitler llamaba su amigo personal y el último romano. Desde entonces estuvo buscando a Mussolini, siendo atacado por cazas británicos, que derribaron su Heinkel He 111, sufriendo algunas heridas de mediana gravedad.

El gobierno de Badoglio supo de la operación y trató de evitar que lo localizaran emitiendo noticias falsas acerca de su paradero. Finalmente se descubrió que estaba en el Gran Sasso, en el Hotel Campo Imperatore, en el pico más alto de los Apeninos; el hotel estaba ubicado en una difícil topografía del Gran Sasso y los carabinieri que lo custodiaban tenían órdenes de ejecutarlo ante el primer intento de rescate o fuga.

Si bien dada la topografía del terreno la operación, llamada Unternehmen Eiche (Misión Roble), era complicada, el grupo de Skorzeny, compuesto por comandos paracaidistas alemanes, logró llevar a cabo la misión con éxito, aterrizando en planeadores el 12 de septiembre de 1943 sin que se disparara un solo tiro, pues los carabinieri se rindieron en el acto.

Mussolini fue embarcado en una avioneta Storch, donde también se acomodó el mismo Skorzeny como su guardaespaldas, a pesar de las protestas del piloto. Durante el despegue, la avioneta apenas pudo remontar el vuelo dado que se había excedido su capacidad de carga.

Por esta operación Skorzeny fue felicitado por el mismo Hitler, quien le dio la Cruz de Caballero y además lo ascendió a Sturmbannführer de las Waffen SS.

Complot contra Hitler 

El 20 de julio de 1944 hubo un complot contra Hitler y Skorzeny se hallaba en Berlín cuando altos oficiales del ejército alemán trataron de matar a Hitler y tomar el control de los principales centros de decisión de Alemania antes que oficiales leales retomaran el mando.

Hitler sobrevivió milagrosamente y se recuperó de las lesiones. Skorzeny puso fin a la rebelión y estuvo 36 horas a cargo de la Wehrmacht, antes de ser relevado.

Llegó al cuartel de los conspiradores, el edificio de Bendlerblock, en Berlín, sólo 30 minutos después de que el Oberst (coronel) Claus von Stauffenberg y los principales cabecillas del complot fueran ejecutados por orden del Generaloberst (coronel general) Friedrich Fromm.

ODESSA 

Se estima que fue uno de los fundamentales organizadores de ODESSA, en España y fue el alma mater de la Universidad Técnica de Viena y ferviente nazi y tuvo a su cargo a la SS Panzer Brigade 150, a la vez que participó de las operaciones Barbarroja, Unternehmen Eiche, Panzerfaust y en la batalla de las Ardenas. La historia oficial señala que falleció de un cáncer de pulmón y formó parte destacada del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Skorzeny formó parte de una familia austríaca de clase media y su apellido es de origen polaco. Sus antepasados provienen de Skorzecin, en la región de la Gran Polonia.

Era por cierto un asesino culto. Hablaba francés e inglés y fue un destacado esgrimista mientras estudiaba en Viena. Sus cicatrices en las mejillas provienen de un duelo académico, oportunidad en que participó del décimo de una serie de combates personales.

Otto Skorzeny, la leyenda nazi que fichó el Mossad de Israel

El nazi que salvó a un presidente 

Skorzeny, en 1931, se unió a la organización nazi austríaca y se convirtió en miembro de la SA, aunque, vale decirlo, también jugó un papel destacado el 12 de marzo de 1938, cuando salvó a presidente de Austria, Wilhelm Miklas de ser muerto por disparos efectuados por un nacionalsocialista.

Precisamente, al Partido Nacionalsocialista ingresó con el número de ficha 1.083.671 y al estallar la II Guerra Mundial se ofreció como piloto a la Luftwaffe, ya que tenía experiencia con avionetas, pero se lo asignó en operaciones de tierra porque medía 1.92 metros.

Luego, sus superiores lo propusieron para servir en la reserva de las Waffen-SS e ingresa a la1º División SS Leibstandarte SS Adolf Hitler y posteriormente fue enviado a la 2º División SS Das Reich, participando en las campañas en Francia, Holanda y los Balcanes.

En la campaña rusa 

En la campaña desarrollada en Rusia durante 1941, le otorgaron la Cruz de Hierro, se enferma y es enviado a Viena en diciembre. Al regresar a Alemania fue ascendido a Hauptsturmfüher (capitán) de la reserva y destinado a los servicios de inteligencia, más precisamente en la Oficina Central de Seguridad del Reich en Berlín, siendo designado jefe de comandos y se le encargó la tarea de entrenar tropas de operaciones especiales para guerras de guerrillas, sabotajes y secuestros. Su unidad se denominaba Friedenthal. 

En el final de la guerra 

El 30 de enero de 1945 Skorzeny fue enviado por Himmler al frente del río Óder para detener a los rusos. Con una fuerza de 5000 hombres, de los 20.000 prometidos por Himmler, Skorzeny salió hacia Schwedt a luchar en una guerra perdida.

Después de reclutar hombres entre antiguos pilotos, heridos, ingenieros, ancianos y adolescentes, aumentó sus fuerzas a casi 15. 000, la mayoría sin experiencia de combate.

Nueva misión 

El 7 de marzo Skorzeny recibió la orden de ir a Berlín, donde se le   encomendó otra misión. Allí se le comunicó que el primer puente sobre el río Rin había sido tomado por los aliados cerca de Remagen.

Hitler estaba furioso y se le ordenó que organizara un comando de hombres rana para volar el Puente Ludendorff. La operación fue un fracaso y los hombres que no fueron apresados murieron congelados en las heladas aguas del Rin. El plan ruso de retroceder y dejar a su paso tierra yerma congelada estaba dando sus frutos.

Cuando su ciudad natal estaba a punto de caer en manos de los soviéticos, Skorzeny partió hacia Viena para conocer el destino de su familia. El 11 de abril Skorzeny abandonó Viena y, obedeciendo órdenes de Berlín, se dirigió al llamado «Reducto Alpino», en el lago Toplitz, entre Austria y Alemania, donde debería organizar la defensa del último baluarte nacionalsocialista. Sin duda, Hitler lo tenía como uno de sus mejores hombres en la guerra.

Desilusionado, Skorzeny descubrió que el Reducto Alpino nunca había sido construido, por lo que el 8 de mayo de 1945 Otto Skorzeny se entregó al ejército estadounidense.

La Post Guerra

Después de la guerra, Skorzeny fue acusado en los juicios de Dachau por crímenes de guerra debido a una operación en la que sus hombres se hicieron pasar por soldados estadounidenses durante la Batalla de las Ardenas, pero fue absuelto después de que un oficial paralelo de las Fuerzas Especiales Británicas testificara a su favor, ya que los Aliados utilizaron métodos similares.

Mientras estaba bajo custodia logró escapar, aparentemente con la ayuda de ex hombres de las SS disfrazados con uniformes de la policía militar estadounidense. Más tarde afirmó que esto fue posible en cooperación con los servicios de inteligencia de Estados Unidos. 

Después de su fuga, se instaló en España bajo los auspicios del régimen de Franco y volvió a su profesión de civil de antes de la guerra como ingeniero civil. Creó una empresa próspera y, al mismo tiempo, participó en el comercio de armas.

Skorzeny en Argentina 

Durante un tiempo estuvo en Argentina y fue miembro del régimen de Juan Domingo Perón y su esposa Eva Perón, con quienes tuvo estrechos vínculos.

En la práctica, brindó asesoramiento sobre investigaciones e inteligencia, además de capacitar y entrenar a la policía local. En 1966 cofundó una organización española con inclinaciones neonazis llamada CEDADE.

Más tarde saltó a la fama como asesor militar en Egipto del régimen de Muhammad Naguib y el coronel Nasser.

Allí participó, junto con otros ex oficiales nazis, en el entrenamiento de un ejército de voluntarios árabes en la guerra de guerrillas cuando su objetivo planeado eran las fuerzas británicas en el área del Canal de Suez.

También entrenó a refugiados palestinos para combatir como fedayines en infiltración a Israel con fines de sabotaje desde la Franja de Gaza, en los años 1953-1954. Uno de los palestinos con el que tenía una amistad de larga data era el joven Yasser Arafat.  

Skorzeny en familia 

Se casó con Margareta Gretl Schreiber, de quien se divorció en 1937 con la que no tuvo hijos. Y dos años más tarde hizo lo propio con Emmi Linhart, con quien tuvo una hija: Waltraut. 

En 1953 volvió a divorciarse tras tener relación con Ilse Luhje, con quien se casó en 1954 en Madrid y vivieron juntos hasta la muerte de Skorzeny. 

Skorzeny compartió su vida junto a tres hermanos con quienes sufrió –al igual que todos los austríacos-, las consecuencias del Tratado de Versalles, logrando sobrevivir gracias a la Cruz Roja.

La orden de matar a Tesla 

Y así llegamos al meollo de la historia que relatamos: Las versiones que corrieron como reguero de pólvora indican que Adolf Hitler, en 1943, le dio personalmente a Skorzeny la orden de detectar, en Estados Unidos, a Nikola Tesla, a quien le debía robar los planos de un arma que se denominaba El Rayo de la Muerte. Los planos, que se encuentran en Serbia, constarían de 10 páginas.

Por lo que en la inteligencia norteamericana se supo luego, junto a otro espía, Skorzeni habría localizado a Tesla y le habría –con su cómplice-, robado documentos que tenía en la caja fuerte de la habitación del hotel donde vivía, luego de lo cual lo asesinaron.

El rayo mortal 

Allí, teóricamente, se hallaba guardado el Rayo de la Muerte o Rayo de Tesla, que permitiría disparar un haz de partículas microscópicas hacia seres vivos u objetos para destruirlos. Supuestamente fue inventado entre la década del 20 y la del 30, de manera independiente por Tesla, Edwin R. Scott y Harry Grindell Matthews.

Un trabajo minucioso 

Dos investigadores estadounidenses -uno de ellos fue Jack Murphy-obtuvieron imágenes de Otto cuando tenía 30 años y posteriormente se hicieron de otra foto, cuando el nazi ya había cumplido 90.

Murphy entregó las imágenes logradas a un amigo, perito criminólogo, para que hiciera un exhaustivo estudio que permitiera determinar si las fotos correspondían a la misma persona.

Es así que luego de un tiempo prudencial, -se habla de 90 días-, Murphy regresó al laboratorio del perito y este le dijo que había hecho comparaciones sobre características definidas de los rostros.

La resultante del peritaje 

El perito al realizar las comparaciones:

  • Buscó cicatrices y pistas sutiles en los rostros para compararlas.
  • Buscó arrugas concordantes con las edades de las imágenes.
  • Analizó concordancias de rasgos comparables por la diferencia de edades.
  • Estableció concordancias en la forma del cráneo y detectó similitudes.
  • Buscó linajes, lunares y se tuvo en cuenta el cambio de posición de los mismos, teniendo en cuenta las distintas edades en las imágenes.
  • Analizó similitudes en la nariz, ya que, con la edad, la punta de la nariz se ve más abultada y como caída por el peso muscular.
  • También buscó determinar similitudes en las orejas, que son las que menos cambian con el lapso del tiempo. Notó el perito que, en las dos imágenes, la oreja izquierda estaba inclinada hacia el exterior del rostro.

 Entrevista        

Paralelamente, Murphy entrevistó un ingeniero electrónico, quien hizo una pericia sobre imágenes de documentos elaborados por Tesla, hechas para concretar el arma de rayos.

Así, pudo determinar Murphy la falta de páginas y en base a lo obtenido se crearon condensadores de energía para experimentos a realizar.

Tesla debió irse del laboratorio donde, en las noches, hacía ensayos por las constantes quejas de los vecinos.

Los ingenieros, en función de los bosquejos y fórmulas en su poder elaboraron elementos que serían utilizados como aislantes de elementos críticos que podrían producir resultados mortales en las pruebas:

  • Estaba claro que una falla podría producir muertes. En los aislantes se utilizaron policarbonatos para concretar pruebas.
  • Otro perito, John Scoth confirmó que los planos eran originales, aunque admitió que estaban incompletos por falta de especificaciones.
  • Cuando Tesla fue presuntamente asesinado o resultó muerto por circunstancias no esclarecidas, se secuestraron 80 baúles, cuya documentación había sido analizada por el FBI:
  • La documentación, en 1954, que se cree parcial-, fue enviada por el FBI a Serbia, donde fue colocada en un museo, luego de evaluarla por un sujeto de apellido Zasvo.

Los investigadores lograron detectar e identificar a quien recibió los baúles y los analizó para luego depositarlos en el Instituto Nikola Tesla. Asimismo, los investigadores norteamericanos, con ayuda técnica especializada, comenzaron a construir el Rayo de la Muerte, el que presumían tenía que tener un peso de 4 toneladas.

Zasvo, quien tuvo la oportunidad de ser el receptor de la documentación remitida por el FBI, asistido por su hija como intérprete, fue entrevistado por los investigadores y admitió que “faltaban hojas, pero no pudo discernir sobre qué tema describían”. El interpretó la documentación dentro de sus posibilidades.

A los efectos de comprobar datos, vale señalar que se hizo una base de concreto para usarla para instalar el Rayo de la Muerte. Lo obtenido técnicamente, fue organizado sistemáticamente. Evidentemente, el FBI tal vez sacó páginas de la documentación para que no cayeran en manos de organismos de inteligencia que lo utilizaran como arma. Y es allí donde nacen preguntas tales como: ¿Dónde fueron a parar los documentos faltantes? ¿Se utilizaron en algo? Todavía es una incógnita.

La búsqueda de baúles 

Jason Stapleton, el investigador que trabajó junto a Murphy, estuvo buscando los baúles con documentación sobre los trabajos de Tesla en Serbia, el estado de Colorado y Nueva York, a la vez que tuvo como misión analizar paso a paso las dependencias del Hotel donde murió por razones naturales o asesinado Tesla.

De los 80 baúles desaparecidos, 60 terminaron apareciendo, a la vez que logró precisar que en el piso 31 del hotel se habría instalado un laboratorio para hacer experimentaciones básicas.

También en ese edificio Stapleton constató que Tesla habría utilizado un conmutador para comunicaciones que podría ser considerado, en ese tiempo, el mayor del mundo, a lo que se sumaba, en el sótano de la edificación, un generador de energía. Todavía es una incógnita conocer quien financió el proyecto.

En el piso 41 del hotel donde murió Tesla, Stapleton detectó que el cableado se había realizado en 1939 y comprobó que al científico la SOS y el FBI le monitoreaban las comunicaciones.

J.P Morgan habría participado del proyecto de Tesla por razones puramente económicas, pero se retiró ante las dificultades que aparecieron.  John G. Tron, un presunto espía, habría manipulado información y se le habrían secuestrados transmisores pequeños. La investigación del hotel se decidió en función de que Tesla había sido expulsado de otros dos hoteles por tener armas en su poder.

Vale puntualizar que Tesla tenía un interés especial por las palomas y como sabía que estaba siendo vigilado, el 6 de febrero de 1935 el New York Time dio a conocer que para esquivar controles había entrenado palomas para enviar y recibir mensajes secretos delante de la cara de los espías del gobierno.

Willians Mc Leud, considerado un autodidacta en palomas, señaló que Tesla trabajó con palomas mensajeras y para hacer pruebas, comenzó a enviar palomas con mensajes para entrenarlas entre su casa y una plaza cercana y luego amplió su radio de acción con un potencial de hasta 900 kilómetros para enviar mensajes. Tesla habría llegado a mandar mensajes a distancias de 9 y 11 kilómetros en sus entrenamientos con palomas.

No es casualidad entonces que haya sido mencionado como uno de los científicos que habría colaborado con el Proyecto Manhattan y con información para avanzar en la tecnología de misiles guiados. La convocatoria estuvo a cargo de Marc Saifer, jefe del proyecto secreto.

El supervisor de la NASA Hannibal Hash y asistente en la Secretaría de la Marina de los Estados Unidos, dedicado a trabajar en el área de Defensa, y presunto colaborador de la base Ray Paterson, quien acumulaba y poseía, al parecer, documentación secreta sobre objetos voladores no identificados, dejó trascender que Tesla habría tenido contactos reservaos con el grupo de especialistas denominado Majestic 12, que investigaba la aparición de ovnis.

De esto surge que Tesla, posiblemente, haya sido un colaborador, en secreto, de agencias de inteligencia norteamericanas.

Obviamente, la información no pudo, hasta ahora, ser confirmada por fuentes gubernamentales. Y ya que hacemos referencia a Majestic 12, cabe indicar que Robert Wood, en 1984, hizo referencia a la relación de Tesla -con conocimiento o del presidente Harry Truman-, para que colaborara en investigaciones sobre naves estrelladas pertenecientes, quizás, a otras civilizaciones.

Su aporte tenía que ver con la creación de transmisores que permitieran emitir señales a las estrellas. Incluso, mucho se escribió sobre que Tesla recibió, en 1947, comunicaciones o mensajes del espacio exterior. Finalmente, hay que indicar que no se ha detectado aún el lugar donde se encuentran 122 baúles llenos de documentos. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

 

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