Miles de habitantes del interior de Afganistán y de la ciudad de Kabul, desesperados intentan llegar al aeropuerto ‘Hamid Karzai’ para huir de las fuerzas irregulares talibanes. El aeropuerto de la capital afgana sigue siendo el foco principal de la crisis aún irresuelta, consecuencia directa de la decisión de retirar, abruptamente y sin previo aviso, sus tropas de territorio afgano, por parte del presidente de EE.UU. Joe Biden.

El plazo acordado vence el 31 de agosto, pero el gobierno estadounidense pretende estirar el plazo para sacar del territorio afgano, el mayor número de sus colaboradores directos e indirectos, así como de gente posible.

La cúpula de la milicia, por el contrario, envalentonada por su triunfo transitorio, se opone y le ha hecho saber a los diplomáticos de que representan a la fuerza de coalición que “puede haber consecuencias, más allá del plazo acordado”, ya que cada día que transcurre se producen pérdidas humanas por actos violentos o por acciones desesperadas, las que se generan como consecuencia de corridas por aplastamientos.

Enfrentamiento interno 

La crisis derivó en las últimas horas en un enfrentamiento entre la Unión Europea, los aliados de la OTAN y Biden y es por ello que hoy martes está previsto una reunión cumbre del G/7, de manera virtual.

En el cónclave, el primer ministro británico Boris Johnson y Biden discutirán la probabilidad cierta de una postergación de los plazos. Los talibanes enfrentan esa posibilidad con el argumento de que se desencadene una guerra civil.

El vocero de los talibanes Suhail Shaeen, a su vez, refuerza esa postura señalando que “el retraso en la terminación de la ocupación incrementaría la desconfianza y puede haber reacciones no previstas”.

Disparos intimidantes 

Paralelamente, se escuchan disparos intimidantes y los aviones son rodeados por afganos que trabajaron para Estados Unidos e Inglaterra y por norteamericanos y ciudadanos de otros países que presumen que serán asesinados si caen en manos de los talibanes.

En el interior del aeropuerto hay miles de personas esperando subirse a un avión y diplomáticos de países de Europa controlan una cola de más de tres kilómetros con personas que tienen la documentación para salir, pero no pueden ingresar al aeropuerto. La situación es crítica y ya ha degenerado en alrededor de 20 muertes.

Afganos abandonando el país desde el aeropuerto de Kabul en aviones militares de la OTAN

Hay, al momento de generarse esta columna, al menos 100.000 personas entre extranjeros y afganos, incluidos traductores y sus familias.

Paradójicamente, están ayudando en el control de las filas interminables de personas que quieren irse a EE.UU. y al Reino Unido, así como a otros países europeos.

Para colmo, el ISIS, ni lento y perezoso atacó el aeropuerto, siendo repelido por soldados estadounidenses, alemanes y afganos leales al gobierno, muriendo en combate un oficial de las fuerzas especiales y un talibán.

Coyuntura de difícil solución 

El presidente norteamericano se encuentra ante una coyuntura difícil de sortear: La cúpula militar estadounidense no lo dice públicamente, pero deja entrever que Biden debe renunciar por haber tomado decisiones extremas en muy breve lapso respecto de un Estado que no representa a 1.600 millones de musulmanes que habitan el orbe.

Por su parte, los talibanes, en una conferencia de prensa, ante la gravedad de la situación que deberán afrontar luego que se calmen las aguas, utilizaron y pusieron en acto luego un doble discurso.

Señalaron que interpretan de manera diferente los derechos de las mujeres, ya que ellas son el sostén del hogar y la educación y que “tienen derecho a trabajar y no estar sometida”, pero en las últimas horas muchas mujeres ya han sido agredidas físicamente, otras obligadas a regresar a sus casas y, lo que es más grave, algunas patrullas callejeras de talibanes comenzaron a introducirse en viviendas de ex funcionarios del gobierno anterior y han ejecutado sin miramiento alguno a los mismos.

Corrupción y problemas estructurales 

Afganistán, desde el momento mismo en que las fuerzas militares norteamericanas decidieron irse sin avisar, comenzó a profundizar, de manera acelerada sus problemas estructurales, ya que la corrupción volvió a ser dueña y señora del país, donde durante casi dos décadas, a pesar del aporte de millones de dólares que el Estado recibía, no dio ni un paso hacia adelante para mejorar mínimamente su situación.

En el Cementerio de los Imperios, como siempre se denominó a Afganistán, sus autoridades casi andan hicieron por mejorar el país y a los afganos, teniendo en cuenta que el país seguía percibiendo 1.500 millones de dólares anuales –como mínimo-, por la producción de opio.

Vale apuntar, finalmente, que entre los talibanes hay una minoría chiita; un 18 por ciento es árabe y un 3 por ciento es sunita. Todos creen en el Corán y sólo hay una diferencia de matices.

Funcionarios volatilizados 

Obviamente, los funcionarios se “volatilizaron” y la gente trata de estar el mayor tiempo encerrada para no ser atacada, herida o, en última instancia muerta en Kabul.

El portavoz del Pentágono John Kerry admitió que los comandantes estadounidenses dialogan varias veces por día con los talibanes   para acelerar el retiro de gente.  Nueve aviones de transporte pesado C-17 llegaron con 1.000 soldados, mientras que 7 C-17 despegaron con alrededor de 800 civiles, incluidos 165 estadounidenses, precisó el Pentágono.

El resultado que se busca es aumentar el ritmo de evacuación a un promedio de un vuelo por hora para que mañana miércoles lleguen a salir de Afganistán entre 5.000 y 9.000 evacuados diarios.  En el aeropuerto se encuentran 4.000 soldados en el aeropuerto.

El pasado terminó en sangriento presente 

Estados Unidos persiguió a sus enemigos en Afganistán e Irak, utilizando armas y robot para producir muerte, así como grupos de operaciones especiales, a la vez que ha pagado a mercenarios para establecer redes de espionaje clandestinas y hasta se dio el lujo de “bancar dictadores volubles” y servicios de inteligencia extranjeros no fiables para mantener su poder, utilizando como referencia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Incluso, donde no se podían mandar fuerzas militares, se envió a un funcionario del Pentágono –fumador empedernido, utilizado como uno de los personajes centrales de una serie que trataba sobre expedientes secretos-, que en la realidad actuó como miembro de la CIA en el escándalo Irán-Contras y que se desempeñó, extraoficialmente, en Pakistán.

Jhon Brenan, uno de los asesores más cercanos al ex presidente Barak Obama, creó enemigos al igual que los ha eliminado e, incluso, instigó resentimientos entre gobiernos aliados, con lo que contribuyó a generar inestabilidad.

En noviembre de 2001, mientras Boinas Verdes, espías de la CIA y Señores de la Guerra afganos estaban desalojando a los talibanes de Kabul y Kandahar. Donald Rumfeld voló a Fort Bragg, Carolina del Norte, una base en Fayetteville, donde había tropas de Operaciones Especiales de carácter militar.

Conjunto de Operaciones Especiales

El funcionario de primer nivel fue conducido a la sede del mando Conjunto de Operaciones Especiales, (JSOC), compuesto por miembros del Delta Force del Ejército y del Grupo Especial Naval de Desarrollo de la Guerra (SEAL), una rama del Mando de Operaciones Especiales estadounidense.

Efectivos de las tropas especiales norteamericanas operando en tierra de Afganistán

Ese día le explicaron al secretario de Defensa como el JSOC introducía comandos en países sin ser detectados y en una de las pruebas uno de los paracaidistas llegó a tierra, sorpresivamente, frente al funcionario con un paracaídas, se lo quitó, lo empaquetó y vestido debajo con un traje, corbata y portafolio, lo saludó haciéndole la venia y se marchó de la zona.

Luego, a Rumsfeld lo trasladaron a la “Casa de la Muerte”. Allí se le expuso un operativo de entrenamiento que se utiliza ante el caso en que debe concretarse un rescate de rehenes, donde los miembros del grupo eliminan a los secuestradores sin dañar a ningún detenido. El alto funcionario quedó impresionado.

Robert Andrews, el civil de más alto rango del Pentágono, a cargo de las operaciones especiales permaneció a partir de esa muestra de efectividad, durante varias semanas. Era un licenciado en química recibido en 1960, en la Universidad de Florida y se unió al ejército como parte de un compromiso con el ROTC [1].

En 1963 se incorporó a los Boinas Verdes y luego se sumergió en las operaciones especiales y en el área de Inteligencia, tras lo cual se marchó a Vietnam, donde formó parte de una unidad encubierta paramilitar que se ocupaba de llevar adelante sabotajes, asesinatos y propaganda negra, actuando bajo el nombre Mando de Asistencia Militar Vietnam-Grupo de Estudios y Observación (MACU-SOG), desde donde se concretaban las operaciones más intrincadas.

Tras volver de Vietnam escribió el libro: “The Village War” que trataba sobre las redes de inteligencia sembradas en las aldeas survietnamitas. El trabajo fue muy leído en la CIA.

Luego trabajó en la CIA para conducir un equipo de análisis de materiales clasificados sobre Vietnam. Andrews regresó al Pentágono con 64 años, en 2001 y se hallaba junto a Rumsfeld cuando Charles Holland, jefe del Mando de Operaciones Especiales de EE.UU., por ese entonces, SOCOM [2], les informó cómo iban a combatir a Al Qaeda mediante una campaña mundial, más allá de Afganistán.

Holland les mostró en un mapa la lista de países donde la CIA creía que se ocultaban los lugartenientes de Osama Bin Laden [3].

También les dijo el jefe aludido que “no se podían iniciar los ataques porque no había información procesable” y, para colmo, luego les aclaró que SOCOM no tenía preparación para combatir en ese tipo de guerra. Holland puntualizó que la guerra comenzaría “cuando se tenga autorización de la CIA”.

Rumsfeld tenía tanta bronca acumulada que quería “subirse por las paredes como el hombre araña”. 

Incluso, Rumsfeld se tuvo que comer el garrón de escuchar al comandante del mando central de Estados Unidos y general a cargo de la guerra en Afganistán cuando le dijo, palabras más, palabras menos: “Aunque el Departamento de Defensa era mucho mayor que la CIA, los militares eran como pajarillos en un nido, esperando que alguien les echara comida en la boca”.

Hemos podido saber que en Afganistán existió un plan desarrollado por dos empresarios para transmitir informes secretos regulares, provenientes de una red de fuentes sembradas por todo Afganistán, a través de la frontera con Pakistán.

El general David Mc Kiernan necesitaba información fiable sobre Pakistán y no sólo los de la CIA, -que eran escritos por espías pakistaníes contratados-, y para colmo a Kiernan no le otorgaban el presupuesto necesario para pagar los datos.

El general dependía del agente Michael Furlong, que tenía la misión de ir y venir desde la CIA a Pakistán y viceversa para lograr el dinero necesario que permitiera hacer la cartografía de la estructura tribal, ubicada en el sur de afgano y, mientras tanto, los talibanes se dedicaban a pleno a matar funcionarios gubernamentales afganos para luego establecer un gobierno paralelo” en Kandahar y Helmand.

La red Haqqani 

La red Haqqani había, -junto a los talibanes-, incrementado las agresiones contra posiciones avanzadas estadounidenses en Afganistán y, a finales de junio del 2008 habían muerto más soldados de EE.UU. que en cualquier otro mes desde que empezara la guerra [4].

Haqqani, líder de la red terrorista más poderosa afgana, fue muerto por tropas de EE.UU.

El almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto que debía defender dos guerras paralelas señaló: “En Afganistán hacemos lo que podemos y en Irak, hacemos lo que debemos”.

Otro general: Mc Neill, reemplazado por Mullen, ya se había quejado debido a que “los pakistaníes no hacen lo suficiente para cortar de raíz el flujo de combatientes que cruzan la frontera para entrar en Afganistán”.

Si volvemos a la actualidad –agosto de 2021-, se nota con claridad meridiana que los elementos que aportamos exponen una falla norteamericana -entre otras-, para evitar la nueva ocupación talibán.

El general Karl Eikenberry, predecesor de Mc Neill presentó en la Casa Blanca un dossier para demostrar la complicidad pakistaní para acoger activistas talibanes, e incluso indicó que Jalaluaddin Haqqani, dirigía abiertamente una madraza en Miranshah, a menos de 2 kilómetros de distancia de una base militar de Pakistán. Increíble pero real.

La CIA había pedido una redada con agentes pakistaníes en ese lugar, en 2006, pero no pasó nada.

La propuesta 

Y aquí volvemos a la propuesta de los empresarios, un ejecutivo de la CNN y un escritor canadiense –Eason Jordan y Robert Young Pelton, experto en libros para ayudar a viajeros a navegar por lugares peligrosos del mundo.

Los dos juntos habían trabajado en una web de noticias (A F Paxc Insider) y querían que el Pentágono financiara el proyecto.

Vale apuntar que el Congreso norteamericano había aprobado miles de millones para las guerras de Irak y Afganistán, pero hubo poca supervisión de la institución gubernamental sobre cómo se gastaba el dinero.

Como el ex presidente Obama mostró no estar conforme con la estrategia en Afganistán, Robert Gates voló a Kabul y despidió a Kierman y lo sustituyó por el general Mc Chrystal, quien se reunió con el oficial de Inteligencia Michael Flyn, el oficial de mayor rango en Afganistán.

Así se creó una “CIA en las sombras” para llevar a cabo operaciones especiales y su jefe (Furlong) sólo era conocido como “El viejo”. (Jackemate.com)

  

[1] Cuerpo de Entrenamiento para Oficiales de Reserva.

[2] Mando de Operaciones Especial con jurisdicción en Afganistán.

[3] Afganistán, Pakistán, Somalia, Yemen, Mauritania y América Latina.

[4] Mark Mazzetti.

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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