Por Ricardo Marconi (*)

Mientras el orbe está ocupado y preocupado por el Covid-19 y la aparición de una nueva cepa más contagiosa que la existente, de manera silenciosa el Estado Islámico está ocupado en recobrar fuerzas.

Luego de ser expulsado de territorio sirio, el ISIS comenzó a efectuar ataques muy limitados en Irak y Siria, mientras, al parecer, reestructura sus actividades financieras, según habrían detectado, en forma conjunta, las redes de inteligencia de Estado Unidos e Irak.

Recordemos que el Califato llegó a tener un tamaño territorial similar al del Reino Unido, en el que eran controlaos 12 millones de personas, de las cuales 18.000 se convirtieron en combatientes en Irak y Siria.

En agosto de 2019 el Estado Islámico habría tenido en su poder un botín de guerra cercano a los 400 millones de dólares y, además, inversiones en negocios, así como el logrado mediante extorsiones que les permitían a los conductores de ese Estado financiar operaciones a favor de agricultores del norte de Irak, quienes se negaron a pagarles por la destrucción de sus cosechas.

Semillero de asesinos 

Insistentes versiones apuntan que la inteligencia norteamericana posee suficientes datos para asegurar que el campamento Al Holl, administrado por aliados kurdos sirios, se habría convertido en un semillero de terroristas.

La fuerza kurda, en su momento, logró detener el embate de 10 mil irregulares del ISIS, cuyos jefes se vieron forzados a reclutar nuevos combatientes, ya que muchos de los componentes de las fuerzas originales abandonaron la lucha.

Vale dejar claro que las Naciones Unidas tienen en su poder los mismos datos que estamos proporcionando a los seguidores de esta columna.

Es más, idéntica información habría recibido el Centro Conjunto de Análisis de Terrorismo, del gobierno inglés y, prueba de ello, es que los ataques no cesaron en provincias del norte de Irak -139 agresiones armadas en los primeros seis meses de 2019-, algunos de los cuáles fueron ataques suicidas.

El ISIS ha estado utilizando un mecanismo bélico elemental para continuar con la insurgencia: la dispersión de efectivos utilizando células o suicidas.

Sin embargo, se nota la reducción de actos agresivos por una razón elemental: están fracturados y sólo le queda al Estado Islámico un mecanismo usado por los vietnamitas, esto es los mecanismos de la guerrilla o los denominados “lobos solitarios”.

En función de lo expuesto, queda claro que la guerra –en este caso contra el EI-, es una interacción intrínsecamente inestable por tres motivaciones: las emociones intensas, la política y la suerte.

En Afganistán 

En territorio afgano, donde pretende infiltrarse el EI, la situación política e institucional no es nada sencilla. Allí reina una cultura jerárquica y los negocios rara vez son una alternativa.

La zona de la frontera noroeste fue y sigue siendo conflictiva y estuvo bajo la responsabilidad civil de un comisario británico que delegó responsabilidades rutinarias a seis distritos administrativos conducidos por subcomisionados, los que en su mayoría tenían experiencia militar, lograda en India antes de llegar a ser administradores de distritos.

Con el tiempo las organizaciones internacionales  coordinaron esfuerzos con las autoridades locales hasta el tiempo en que se formó una coalición de la Organización del Atlántico , Lo que al principio pareció un prometedor esfuerzo  para establecer un gobierno, al final del camino el objetivo no se consumó y renació la guerrilla con la consolidación de los caudillos en territorios tribales, a lo que se sumó un creciente narcotráfico que se convirtió en una amenaza creciente  y significativa para la administración que iniciaba su gestión.

La bandera de guerra religiosa de ISIS

La realidad regional, descentralizada no llegó a ser una solución a los nacientes problemas políticos y los 8.400 efectivos norteamericanos que se instalaron en Afganistán para enfrentar a los talibanes fueron calificados por el general John Nicholson como “insuficientes” para entrenar al ejército afgano, cuyo nivel de preparación era pésimo. Para colmo, al 1º de febrero de 2019 la cifra fue reducida a 7.500 soldados, aproximadamente.

Ahora resta ver qué piensa hacer el reciente elegido presidente Biden, ya que los afganos no quieren ser abandonados a su suerte.

Pero regresemos al principio de esta columna.

No sólo en Irak y Siria pretende el Estado Islámico reconstruirse. También intenta hacerlo en las montañas de Afganistán, más precisamente en el nordeste, donde se habría detectado el reclutamiento y formación de agresores que tienen, al parecer un objetivo claro: los civiles.

La novedad 

En función de ello, se ha producido una novedad digna de analizar. Estados Unidos habría decidido unirse a los talibanes, los que tienen serias diferencias con el EI, cuyos efectivos atacaron Kabul como mecanismo de entrenamiento para luego hacer lo propio en Europa.

Para lograr su objetivo, el EI –según analistas estadounidenses-, pretende conformar una nueva base de operaciones en Afganistán, donde se estaría “notando una inversión de recursos desproporcionada”.

Aquí vale recordar que el EI surgió en territorio afgano en 2014, constituyendo la filial en Khorasan –nombre medieval con que se designaba a zonas de Afganistán, de Irán y Asia Central-, donde habitaban solo decenas de talibanes que habían sido expulsados de sus bases, a los que se anexaron afganos descontentos por la debilidad de sus jefes. Esos mismos combatientes fueron atraídos por el EI para que se dedicaran a sumar a la minoría chiita.

Terminaron siendo enfrentados por la Fuerza Aérea norteamericana y debieron replegarse (2015) para unirse al Movimiento Islámico de Uzbekistán. Hoy, son miles y se ubican en Asia Central, Chechenia, India y Bangladesh, a los que se agregaron componentes de la etnia Nigur de China.

Las agencias de seguridad aseguran que el EI se volviendo a instalar en la provincia de Nangarmar, en la frontera escarpada que limita Pakistán y en la provincia de Kunar, donde el ya abatido Osama Bin Laden se ocultó un año tras la caída del régimen talibán.

Toma y daca 

El objetivo era, en ese entonces, rodear Jalalabad y ahora la CIA pretende ver a los talibanes como probables aliados. El toma y daca consiste en que EE.UU. retire sus fuerzas de ocupación, a cambio de la promesa talibán de impedir que Afganistán se convierta en una plataforma del EI para generar ataques globales.

Los talibanes no tendrían mayores problemas para cumplir con su parte, ya que conocen las montañas y el terreno de Afganistán como a palma de su mano. Sólo los detienen el criterio que tiene algunos adeptos: Va haber talibanes radicales que se unirán al EI para dedicarse a su especialidad: la conformación de reinados de terror. 

Al 19 de setiembre de 2019 Washington no sabía qué hacer con los talibanes. A esa fecha las negociaciones estaban prácticamente muertas a pesar que el gobierno estadounidense señalaba, en Qatar, a través de Donald Trump, que se estaba en “el umbral de un acuerdo”.

A todo esto, los talibanes habían reconocido un atentado en Kabul, con 12 víctimas fatales.

Biometría 

Seguramente, para combatir al EI, la inteligencia norteamericana aportará elementos técnicos que en su momento utilizó para identificar a terroristas talibanes en las cárceles de Afganistán, una especie de infierno dentro de otro caldero como era en esos años el territorio afgano.

Nos referimos a la biometría, que permite avanzar en el conocimiento de las personas –léase enemigos-, por la forma de caminar o por sus rasgos fisonómicos.

También el sistema permite hacer un análisis demográfico de la población afgana en términos de género y hasta por su rango etario. En definitiva, se utilizó y se volvería a hacerlo un plan de trabajo basado en la inteligencia artificial para identificar individuos en base a ciertos parámetros y hasta por sus huellas dactilares.

Ramón Hollineda, del Departamento de Lenguaje y Sistemas Informáticos de la Universidad de Jaume, especialista en el tema que nos ocupa aseguró que dicho mecanismo identificatorio “es difícil de falsear”.

“Todos tenemos una forma especial de caminar y el sistema reconoce la silueta del fondo (Background) por lo que el elemento técnico convierte en una secuencia de siluetas la forma de caminar que, puestas una sobre otras, da como resultante una imagen resumen identificable”, subrayó el especialista.

Hollineda fue más allá cuando aseveró: “la representación final almacena toda la apariencia física y el movimiento de la persona que camina, obteniendo una marca única para cada una de ellas”.

“La vestimenta, el uso del calzado nuevo y hasta la ropa ancha contribuyen a la modificación de la forma de caminar, la que varía con la forma de vestir, con peso o sin el mismo y luego de un análisis, el sistema reconoce el caminar”, acotó Hollineda.

Otros científicos, nos dicen, por estas horas, en laboratorios norteamericanos están avanzando en el desarrollo de las habilidades, en una máquina, para entender y responder al lenguaje natural.

Ello permitiría analizar documentos, encontrar informaciones, responder preguntas e incluso generar lenguaje propio.

Para aquellos que estime que estamos exagerando, basta mencionar que ya está vigente el Sistema de Inteligencia Artificial (IA) que ha hecho desarrollos importantes para entender idiomas e imitar la lógica y la toma de decisiones humanas, a pesar de lo cual el progreso logrado ha sido calificado de “moderado”, fundamentalmente en el campo del lenguaje.

Es más, una multinacional construyó el Sistema Bert que permite adivinar la palabra faltante de una frase e incluso responde preguntas por su cuenta, a la vez que sus creadores ya impulsan proyectos de investigación y de conversión junto a herramientas diseñadas para identificar noticias falsas.

Está previsto, además, que las fuerzas americanas apoyen a los talibanes portando rifles de alta precisión para patrullajes urbanos y para operativos de separación de terroristas de ataques a civiles. El rifle es el M-27, tiene un peso de 4 kilos con el cargador incluido con el que se tiene un alcance de 3 kilómetros desde la boca del cañón al lugar de impacto. Es una variante del arma con la que fue abatido Bin Laden. Es semiautomática y lanza 90 balas en tiempo mínimo.

También se prevé utilizar el rifle Sof M-249, de 10 kilos de peso, que trabaja con y sin apoyo. Reduce el retroceso y tiene un sensible incremento en lo referido a la precisión. Es factible que se use en enfrentamientos muy cercanos.

Las fuerzas militares de América del Norte, si el acuerdo con los talibanes se concreta, tiene previsto blanquear el uso de la Uzi israelí de 9.m.m., de sólo 2 kilos de peso para esconder bajo la ropa y que tiene la posibilidad de disparar 50 balas por minuto, con tiro rápido. Los israelíes están usándola para protección por su precisión y por los resultados devastadores ante ataques de secuestradores.

El lector de esta columna ya habrá notado que, con un porcentaje no tan amplio de los presupuestos militares, se podrían resolver, en gran medida, los grandes problemas de la humanidad.

Esta última cuestión enunciada da para un análisis más meticuloso y del mismo nos ocuparemos en un futuro cercano. (Jackemate.com)

 

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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