Por Ricardo Marconi (*)

Aquél 17 de junio de 1952, en la ciudad de Pasadena, California, el calor era asfixiante y las calles estaban casi desiertas cuando se produjo una explosión química devastadora en la propiedad del ingeniero espacial John Whiteside Parsons, nacido el 2 de octubre de 1914, quien se destacó como cofundador del Laboratorio de Propulsión de la NASA.

Las ondas de estallido no dejaron casi nada en pie en varios metros a la redonda y al ingresar a la propiedad, los rescatistas y luego las autoridades policiales se encontraron con incontables papeles chamuscados, símbolos extraños inclasificables y elementos que fueron, tras el análisis pericial, considerados como utilizados habitualmente para hacer “ocultismo y magia negra”.

Parsons se interesó en la tarea del mago británico Aleister Crowley e incluso ingresó en su organización esotérica denominada “Ordo Templi Orientis, llegando a ser el que encabezara la Logia Ágape en California, en 1942 donde se realizaban oraciones al rey pagano Pan antes de que se concretara cada despegue de cada cohete espacial, invocando a su religión denominaba Thelema.

No sólo se contentó con sus rezos. También comenzó a realizar rituales mágicos para concebir lo que Crowley llamaba una Mujer Escarlata o Babalón, esto es “una niña de la Luna, que según la Thelema sería un ser humano de magia pura capaz de convertirse en una figura mesiánica para la “Nueva Era”, según sus propios dichos.

Magia sexual

Parsons realizó múltiples esfuerzos de magia sexual para concebir la “niña de la Luna” con su pareja Sara Northrup y con su segunda esposa y ex cuñada Marjorie Cameron, también ocultista y causa del divorcio de su primera mujer.

Parson coqueteó siempre con el peligro y trabajaba en todo lo referido al uso del combustible  sólido destinado a la propulsión de cohetes para la NASA, a la vez que era un especialista  en teoría cuántica.

Se había desempeñado en el Guggenheim Aeronautical Laboratory del Instituto Tecnológico de California, donde alcanzó predicamento como desarrollador de cohetes.

Lo que nadie sabía ni intuía era que formaba parte de una sociedad secreta ocultista que realizaba rituales de invocación satánica.

Al ser detectado, se limitó a admitir que “estaba conectado a la magia” y que “practicaba rituales de magia cuántica perturbadora”.

Parsons –según habrían establecido las indagaciones federales-, era muy amigo del escritor Roland Hubbard y que el mismo se escapó con la novia del científico, quien no sólo se llevó a la mujer, sino que, además, le sustrajo 2.000 dólares. Parsons lo denunció por robo.

Las investigaciones posteriores concluyeron con que Parsons, atormentado y posiblemente enajenado por la situación, intentó, a través de algún ritual, convocar a una tormenta y como resultante del uso de elementos combustibles hizo volar su vivienda con él en su interior.

La deflagración, pudo establecerse, se originó en el subsuelo de la casa, presumiblemente cuando experimentaba con un compuesto que él consideraba mágico. El cráter lunar Parsons lleva ese nombre en su memoria. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

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