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Por Ricardo Marconi (*)

El jefe de una patrulla británica, en plena guerra en el Atlántico Sur le dijo al brigadier Eugenio Javier Miari: “Estas islas Malvinas van a ser de ustedes cuando sean un país en serio”. La guerra se extendió a sangre y fuego durante 74 días y Miari –vale puntualizarlo-, sirvió como abogado y secretario de Justicia del Gobierno fugaz en Malvinas del general Mario Benjamín Menéndez.

Miari fue uno de los que acompañaron a Menéndez en los momentos decisivos de las negociaciones y capitulación ante los británicos el 14 de junio de 1982. Tuvo la oportunidad de recordar las tensas improvisaciones ocurridas durante la guerra y vivió en carne propia las alternativas bélicas que desencadenaron las pérdidas de vida de 650 oficiales, suboficiales y soldados que murieron como resultante de una guerra improvisada en la que se cometieron errores calificadas de insalvables luego de ser analizadas las acciones tomadas.

A tal punto ocurrió lo antedicho que Miari habría llegado a señalar que “Lo que exigía el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri para poner fin a la guerra era un mamarracho”. A tal punto ocurrió ello que se llevaron a las Malvinas cocinas a leña para los soldados, en un territorio donde no había leña, ni árboles por lo que se vieron obligados a apoderarse de cercos de madera de las casas de los pobladores, a los que se les provocaba daños innecesarios”.

Miari asesoró a Menéndez en dos reuniones que mantuvo Menéndez antes de la capitulación y le explicó al general las diferencias entre la misma y la rendición. Hay que recalcar que Galtieri le exigía, por esas horas a Menéndez, que firmara sólo “un compromiso de honor”.

El brigadier que nos ocupa se recibió en la Universidad de Buenos Aires y formaba parte del Cuerpo Jurídico de la Fuerza Aérea. En la segunda quincena de marzo de 1982, el secretario general aeronáutico Rodolfo Aquilino Guerra, le comunicó a Miari que iba a ser destinado a Malvinas y le ordenó que guardase en secreto la decisión, a la vez que le pidió que averiguara sobre leyes y ordenanzas que regían en las islas, a la vez que le pidió datos al Departamento Malvinas de la Cancillería argentina, ubicada sobre calle Esmeralda, con la excusa de la regulación del transporte en el archipiélago. Al concurrir Miari a cumplir la orden, se sorprendió cuando el militar que lo atendió le respondió: ¿Usted viene por la invasión?

Miari fue uno de los primeros en llegar a las Malvinas y uno de los últimos en irse como prisionero de guerra en el buque Saint Edmund que lo dejó en Puerto Madryn el 14 de julio de 1982, esto es 30 días después del cese de las hostilidades. Es que no podía dejar las islas si quedaba algún preso argentino.

Pudo saber Miari que la policía local se mantuvo en funciones mientras existía el enfrentamiento, y no es una locura pensar que esos policías daban datos minuciosos a los militares ingleses sobre el movimiento de tropas argentinas en la isla.

El militar argentino indicó que los soldados argentinos perdían en los enfrentamientos “hasta sus armas portátiles” mientras sus jefes terminaron anímicamente destrozados cuando desde la casa de gobierno isleño advirtieron que los ingleses, a las 10 de la mañana, por primera vez vieron el avance de las tropas inglesas por las calles céntricas de Puerto Argentino.

Una hora después los oficiales argentinos estaban reunidos en la residencia del general Oscar Luis Jofre, quien se desempañaba como comandante de Operaciones Militares, ante una citación del general Menéndez.

La capitulación

Vale indicar que la capitulación es un acuerdo de los comandantes de las fuerzas beligerantes ante la rendición de uno de ello. Menéndez pretendía saber ante tal situación de suma gravedad militar, si “por esa decisión había una exclusión de responsabilidades y las condiciones por las que sería juzgado por el Consejo de Guerra”, afirmó Miari, quien le mostró el código de Justicia Militar y un reglamento de leyes de la guerra.

El brigadier Eugenio Miari (a la izquierda) en una formación en Malvinas

El resto de los oficiales presentes lentamente se alejaron de Menéndez al advertir lo que se iba a generar en las horas siguientes y con esa decisión expresaron, de manera manifiesta, lo que significa “la soledad del poder”.

Menéndez, luego de la consulta a Miari se comunicó por radio con Galtieri, quien le dio instrucciones “para una capitulación lo más honrosa posible” y le dijo que ordenara a los soldados “salir de los pozos y contratacar a los ingleses”, a lo que Menéndez le contestó que “ello no es posible” y el presidente le exigió “actúe bajo su responsabilidad”, tras lo cual le ordenó que no firmara una rendición y que cualquier compromiso asumido en la capitulación fuera de honor”.

Miari le explicó a Menéndez que hacer lo que le pedía Galtieri “era un mamarracho, porque cuando usted acepte la capitulación hay responsabilidades frente al enemigo, frente a otros Estados, organismos internacionales como la Cruz Roja y hasta con la población civil. Por eso se especifica la fecha e incluso la hora. No se puede hacer en forma verbal”.

Luego se produjeron las dos reuniones. Una con el general Michael Rose, quien invitó “a cerrar cuanto antes las heridas” y con el ya conocido Jeremy Moore, produciéndose en este caso un encuentro más tenso.

“Moore llevó un texto mecanografiado y le exigió al general argentino que garantizara en ese instante que iba a cesar cualquier ataque a la flota británica”, rememoró Miari.

Esto último no dependía de las fuerzas argentinas en las islas, ya que las operaciones se decidían   en el Comando de la Fuerza Aérea Sur, que dirigía el brigadier Ernesto Crespo, desde Comodoro Rivadavia y fue entonces que Crespo acordó que el Comando desistiría de esas acciones.

El proyecto de ocupación de Malvinas fue un anhelo de la Armada. Fuentes navales le confirmaron que siete años antes del conflicto, el vicealmirante Armando Lambruschini le había llevado el plan a la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón, quien, al consultar sobre la posible respuesta de Gran Bretaña a una ofensiva argentina, le cerró la puerta a la operación, al responder: Yo no voy a embarcar al país en una guerra”, según Mariano de Vedia, de amplia experiencia en temas de política militar e internacional. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Político

 

 

 

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