Por Ricardo Marconi (*)

Madrugada del 20 de junio de 2013, en las vísperas de la “Noche del Destino”, del año 1434, del mes sagrado del Ramadán. Se llevó a cabo una de las mayores operaciones militares de la historia: El ataque simultáneo de las prisiones de Taji y Abu Ghraib, este último el penal más infame de la historia penal de Irak.

Su planificación detallada fue ejecutada quirúrgicamente, en una noche cerrada en la que los centinelas de la prisión no advirtieron que los vehículos descendían por el camino en dirección a los portones de entrada. Los conductores de los camiones, al comenzar a recibir señales para detenerse, aceleraron y uno de los guardias comenzó a disparar.

A pesar de ello, el conductor líder atravesó alambrados de púas, rejas y el mismísimo portón tras arrollar al soldado y fue entonces que se escuchó un cimbronazo a consecuencia de la explosión que sacudió la prisión en su totalidad, iluminándose el cielo en su plenitud por el efecto de una bola de fuego que escupía hierros retorcidos de distinto tamaño, mientras paralelamente “volaban” pedazos de cuerpos que sembraron el patio del lugar.

Y ello fue sólo el inicio del ataque, ya que a la deflagración siguió una lluvia de morteros y granadas que arrojaban los componentes de un comando del Ejército Islámico que irrumpió en el lugar, abriéndose paso mediante disparos de ametralladora pesadas mientras abría fuego a mansalva con calibres que perforaban hormigones y despedazaban estructuras resistentes.

El ataque al temible campo de prisioneros

En paralelo, otro grupo de atacantes se internaba en los pasillos de la cárcel y comenzaba a liberar prisioneros abriendo rejas y entregando armas a los que se hallaban detenidos. Otros presos tomaban las que habían abandonado los guardias heridos, agonizantes y muertos.

Sitio en el mapa donde se levantaba el campo de prisioneros iraquíes

Un grupo menor del comando del EI se cruzó a otro pabellón con la misión de liberar a militantes de Al Qaeda en Irak, capturados por las tropas estadounidenses durante la ocupación posterior a la caída de Sadam Hussein.

De paso hacían lo propio con otros detenidos por delitos menores, ya que casi no existía resistencia por parte de los defensores que habían sido arrinconados.

El ataque inició luego la tercera fase del ataque: Un convoy de micros atravesó los restos del portón sembrados por la explosión y a ellos se subieron los presos liberados entre los restos humeantes del lugar y los disparos cruzados que se escuchaban intermitentemente.

La defensa envió oportunamente un SOS a las bases cercanas, pero no sirvió de nada. Estaban los destinatarios ocupados en resistir el ataque armado de otros escuadrones del EI que habían sido envidos para distraer con ataques y destruyendo comunicaciones del penal que se habían concretado antes que se iniciara el ataque central aludido de tono infernal. En Taji, el ataque no tuvo el mismo alcance, pero también fueron liberados presos a las puertas de Bagdad.

En los años siguientes, los muros de la prisión contuvieron hasta 26.000 hombres y mujeres y si sumamos a los de otras cárceles como las de Camp Bucap, Cropper y Taji, la cifra ascendería a los 100.000. Entre julio de 2012 y julio de 2013, el EI planificó y ejecutó siete fugas masivas, quedando Abu Ghraib quedó vacía.

La expansión mortal del plan del EI 

Durante los años siguientes a la generación del Califato, entre junio de 2014 y Setiembre de 2016, el Ejército Islámico atacó 143 veces en 29 países y asesinó 2.043 personas, sin contabilizar lo ocurrido en los atentaos cometidos en Siria e Irak, dado que los agresores se manejaban en función de plazos y prioridades.

El corto plazo era para consolidar posiciones sobre tierras del núcleo duro del Califato y para anexar tierras en Siria e Irak.

En el mediano plazo, la misión fundamental pasaba por tomar el control total de ambos países y avanzar sobre los vecinos, entre ellos Arabia Saudita y Jordania, mientras que en el largo plazo el objetivo era la conquista del mundo.

En el Califato Revivido, de autor anónimo, el EI esquematizó objetivos a cumplir en una campaña por etapas [1].

En el 2020 el EI planeaba fijar sus fronteras en el Sinaí egipcio y las costas del Mediterráneo, la Península Arábiga y el Golfo Pérsico. Debían caer Jordania, el Líbano e Israel entre 2015 y 2019.

Los terroristas querían gobernar Jerusalén y al año siguiente la proyección dominadora alcanzaría Medio Oriente, el Magreb Africano y gran parte de Europa.

Desde Marruecos, pretendían liberar Al-Andalus –La España musulmana-, y desde las costas de Túnez pretendían, con misiles, alcanzar Roma.

La filosofía del Ejército Islámico se resumía para su líder con la frase: “Para nosotros no existen fronteras, sólo hay frentes de batalla”.

Occidentales en la Yihad 

En el punto más alto de la inclusión de occidentales en la Yihad, se sumaron numerosos occidentales jóvenes europeos y norteamericanos, los que –se remarcó en su oportunidad-, eran atraídos por la gloria del martirio y la necesidad de pertenencia.

A ello debe sumarse, en el caso de los adolescentes, jóvenes de la segunda o tercera generación de familias inmigrantes, sin perspectivas de mejoras, quienes optan por acceder en cambio a la aventura que ofrecía la Yihad.

Los jóvenes accedieron a los grupos yihadistas donde, entendían, había una estructura de pertenencia y un “proyecto para salvar el mundo”, en el marco de una narrativa mística del martirio.

Pandilleros y delincuentes 

El Royal United Services Institute hizo saber que “entre los yihadistas hay un número significativo de pandilleros y delincuentes, los que radicalizaron en las cárceles.

Asimismo, se ha señalado desde el International Center for the Study of Radicalization que “de los más de 2.000 yihadistas europeos que huyeron a Siria, 500 eran jóvenes”. (Jackemate.com)

 

[1]  ISIS en Guerra. Mariano Beldyk

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com 

 

 

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