Por Marta B. Fernández (*)

Según reza el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “congruencia” proviene del latín “congruens” y significa conexión de ideas o palabras. Con el prefijo “in” hace referencia a todo lo que no es coherente, sensato, lógico. Es decir, a lo que no presenta correspondencia entre sus partes (palabras, ideas, acciones). El conocido refrán: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” ejemplifica muy bien la falta de correspondencia.

Hasta aquí está todo muy claro. El problema empieza cuando la incongruencia desea salir del diccionario para pasear por las calles de la realidad y contaminar a las personas sin diferenciar edades, clases sociales o jerarquías.

Cito algunos ejemplos que van desde los más inocentes hasta los más preocupantes.

1-De adolescentes que dicen: a- “Voy a la escuela”, PERO esa institución al constatar que no llegó, averiguó y llamó a la casa inmediatamente para advertir a los padres que su hijo no estaba en la escuela, sino jugando al Pool en un bar. b-“Quiero ir a vivir solo para ser independiente”, PERO que los padres le paguen todos los gastos.

2-De papás que dicen: Hijo, hay que ser honesto y respetuoso, PERO ellos son prepotentes y se hicieron millonarios con negociados sucios.

3-De profesionales que dicen: Deje de fumar, se lo aconseja un médico, PERO él fuma.

Todo se agrava mucho más a medida que nos acercamos a las altas esferas.

4-De los funcionarios públicos que dicen:

a-Quédense en sus casas, PERO ellos pasean en yate sin respetar protocolos.

b-Ayuden a los pobres, PERO algunos coleccionan enormes cantidades de autos importados, aviones, múltiples propiedades y hoteles que obtuvieron en operaciones oscuras.

c-Exigen que la ciudadanía respete todos los protocolos para frenar la pandemia, PERO muchos de ellos hacen fiestas clandestinas, llevándose por delante todos los cuidados que imponen a los demás.

d-Cuidan y salvan muchas vidas, PERO algunos queman humedales sin importarles el efecto nocivo que eso provoca en la salud de la ciudadanía.

e-Prometen acabar con todos los problemas que aquejan al país, PERO no tienen idea de cómo hacerlo y a veces ni les interesa cumplir con lo prometido.

f-Critican los errores, culpas y malversaciones  de los demás, PERO olvidan que cometieron los mismos errores cuando estuvieron en el poder.

Los ejemplos huelgan. Lo triste de todo esto es que cuando la incongruencia se hace crónica se transforma en una patología, “pequeño” detalle que muchos ignoran.

El incongruente no es feliz porque vive mintiendo, por eso se contradice. No sabe quién es porque vive pensando en ser otro. Eso refleja conflictos internos no resueltos. No es fiel a sí mismo. No respeta la escala de valores.

En conclusión, es mucho más fácil ser humilde, perseverante, para obtener con esfuerzo las competencias necesarias para desempeñarse en la vida. La doble personalidad no le permite ser racional.

Si el incongruente reconociera que el problema no está en los demás, sino en él y rompiera la coraza detrás de la cual se esconde, aparecería su verdadero ser. Entonces descubriría que la felicidad está en las cosas sencillas, en LAS PEQUEÑAS COSAS y que con PEQUEÑAS COSAS se pueden lograr GRANDES COSAS. (Jackemate.com)

 

(*) Profesora en Letras – mabeth05@hotmail.com

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