Por Ricardo Marconi (*)

Robert Ressler, el agente especial, psicólogo y criminólogo del FBI, en su libro “El que lucha con nosotros” señala “Cada semana –con los asesinos seriales- te veías obligado a ir a ver otro episodio, porque al final del anterior había un momento de gran suspenso.

Obviamente no era un final satisfactorio porque aumentaba la tensión. La misma insatisfacción se produce en ese tipo de criminales”.

Ressler se encontró, al principio, con una fuerte resistencia a su propuesta de introducir la psicología en la cúpula del FBI, debido a que sus superiores consideraban que “los agentes no eran psicólogos ni sociólogos”.

Ressler los convenció de la necesidad de comprender las motivaciones psicológicas del criminal. Esto les permitía prevenir crímenes, tarea imprescindible en un país donde se daba miles de asesinatos anualmente y, en un 30 por ciento correspondían a asesinos seriales o en masa.

El investigador, asimismo, ante sus jefes profundizó el tema de la inspección ocular, el de la escena del crimen y la obtención de datos de los sospechosos, tales como edad, sexo, raza, profesión y los estudios del imputado, así como aquella información que le podría permitir intuir la zona donde el mismo residía.

A él se le debe la creación del proyecto de investigación de la personalidad criminal en el FBI y, en 1982, el Centro Nacional de Análisis Violentos en Virginia.

“El acto de matar deja al asesino en serie descontento y tensionado porque no es tan perfecto como su fantasía”, explicitó en una conferencia y subrayó: “Después de concretar un homicidio comienza a pensar cómo mejorarlo. Al continuar ese hilo de pensamiento, se mente se proyecta hacia adelante para ver de qué manera podría asesinar con mayor perfección la próxima vez. Hay un criterio de mejoramiento continuado”, destacó Ressler.

El especialista y sociólogo Max Hunter tiene el criterio de que “la mente de un criminal serial no se desarrolla de golpe. Por el contrario, es el producto de un proceso que comienza en la niñez y se desarrolla en un ciclo”.

Hay una constante que se denomina “triángulo homicida”. Se ha detectado que casi todos los asesinos en serie tienen estos elementos en su adolescencia: Abuso o torturas de animales o de chicos de menor edad; enuresis y provocación de incendios.

“Es muy factible que comiencen a actuar a una edad cercana a los 10 años, desmembrando la muñeca de su hermana. Si no pasa de ahí, zafa”, opinan los investigadores de este tipo de casos.

David Berkowitz, un asesino serial, nacido el 1º de junio de 1953, en Brooklyn, Nueva York, -al que ya nos hemos referido en otra columna, conocido como “El asesino del calibre 44” [1]-, ha sido utilizado por criminólogos como un ejemplo cuando señalan que en su infancia provocó más de cien incendios y el asesino serial Ed Gein, se caracterizó por confeccionar prendas de vestir con piel humana.

Al allanar su casa, la policía los investigadores hallaron un chaleco y un cinturón confecciono con piel de personas asesinadas por él.

Es más, se pudo establecer que su madre lo acosaba diciéndole que el sexo, antes del matrimonio, era “algo terrible”.

Doce años después, en el interrogatorio, Gein explicó que su madre se “seguía comunicando con él mientras dormía”.

Es habitual que los asesinos seriales escuchen voces que le dicen lo que tienen que hacer y desarrollan una personalidad múltiple, a la vez que se fascinan con sus crímenes luego de cometerlos y, por esa razón, conservan y coleccionan las publicaciones que surgen en los medios. Es muy común ver en las series y en documentales este último proceder.

En un porcentaje menor, incluso, se presentan como voluntarios en la búsqueda del asesino y rápidamente las autoridades los detectan con escepticismo. Al asesino, esa manera de conducirse le produce emoción y lo impulsa hasta el límite de sus posibilidades y piensa: “miren a estos estúpidos investigadores. No saben que yo lo hice” [2].

Personalidad múltiple

La cuestión de la personalidad múltiple resulta inquietante, debido a que es uno de los principales motivos por lo que es difícil capturar a un asesino serial.

Siguen un patrón determinado por su lógica particular en la que se consideran víctimas, pero en su “conducta pública” son seres normales.

“Muchos asesinos seriales no demuestran locura, sino que simplemente exponen otro registro de la realidad, diferente de la que tiene la sociedad en su conjunto y hasta poseen, en algunos casos, humor negro.

John Wayne Gracy, tras escuchar la sentencia apuntó: “Realmente nunca debió acusárseme de algo más que regentear un cementerio sin licencia”.

Ted Bundy, que durante 5 años cometió más de 30 crímenes en seis estados diferentes, tenía doble personalidad y en sus momentos de “normalidad”, fue el autor de folletos del Partido Republicano de Estados Unidos, del que era un militante activo.

Bundy elegía a víctimas entre adolescentes, las seducía y luego las golpeaba hasta desvanecerlas. Recién después tenía relaciones sexuales con ellas. Luego las mutilaba para volver para regresar al lugar del hecho para continuar con el acto de necrofilia.

John Douglas, el hombre que logró meterse en la mente de asesinos en serie

Murió Bundy en la silla eléctrica, luego de haber confesado algunos de sus crímenes y alegar que la pornografía lo “había pervertido”.

Los psicólogos acordaron que Bundy asesinaba en cada mujer “a la novia que lo había rechazado en su adolescencia La marca del pasado era la motivación, pero Bundy lo desconocía”.

El mejor alumno 

John Douglas fue el mejor alumno de Ressler. Douglas perfeccionó la metodología de búsqueda e inspiró la película “El silencio de los inocentes”.

Además, fue el creador y director, por dos décadas, de la Unidad de Apoyo Investigativo del FBI para el tipo de delincuentes que exponemos e inventó la rama del estudio psicológico que denominó Victimología, a la vez que mejoró ideas de estudiosos como Von Hentig y Ellenbeger. También publicó libros de la especialidad como “El motivo es el cuerpo”.

Lamentablemente terminó sufriendo disfunciones en su conducta y finalmente se especializó en la escritura de libros y en el dictado de conferencias.

El lado oscuro de todo mortal

Especialistas dicen que “es necesaria la diferenciación entre asesinos seriales y múltiples. Estos últimos matan por motivos emocionales y de una vez, mientras que los seriales llevan adelante una especie de juego macabro, siguiendo un determinado patrón.

Otros analistas del crimen sostienen que “encuentran la destrucción como condición inherente al mundo”, mientras que algunos investigadores afirman que el asesino serial “descubre el lado oscuro de todo mortal” y agregan: “los hombres malos hacen lo que los buenos sueñan” [3].

Una tercera opinión suscribe otra hipótesis: “Los asesinos seriales están en el extremo del lado oscuro humano y ponen en acto los impulsos que los normales mantienen contenidos”.

Cuando Ted Bundy se confesó culpable ante la corte, luego de entender que lo trataban como un asesino serial, no pudo evitar decir algo que provocó escalofríos en la audiencia: “Nosotros, los asesinos seriales somos sus hijos, sus maridos, somos los que están en todas partes…y claro, mañana muchos de ustedes van a despertar muertos”. (Jackemate.com)

 

[1] Utilizaba un Charter Arms Bulldog, calibre 44 con el que mató a 6 personas comprobadas e hirió a otras 7

 [2] John Missof.  Unit de Science FBI

 [3] Robert Simón

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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