Por Marta B. Fernández (*)

Vivimos inmersos en conflictos, angustias e incertidumbres. Es cierto que el coronavirus nos dio un cachetazo que sacudió nuestras mentes, pero no tiene la culpa de todos los males.

Todos los días desayunamos junto a noticias que nos hablan de ‘entraderas’, de cómo golpearon a un jubilado indefenso, de la balacera a un inocente al que le volaron los sesos porque se confundieron, de ‘femicidios’ y más…y más…y más.

Como si esto fuera poco, tenemos que soportar otro drama: las resoluciones de algunos jueces, que transgreden compromisos consigo mismo, para obtener un beneficio ajeno al bien común.

Lo mismo ocurre con algunos abogados que se olvidan de la “HONESTIDAD” porque la “TENTACIÓN” les reditúa más. Todos los profesionales que incurren en estas violaciones de la ley actúan con las mismas metodologías:

  1. No respetan los valores éticos y morales.
  2. Incitan al delincuente a mentir, a negar todo. Cuando éstos tienen que declarar, los instruyen para que repitan siempre el mismo discurso: Yo NO fui, NO sé quién es, NO lo conozco, yo soy INOCENTE.
  3. Le inculcan la FALSEDAD disfrazada de “SECRETO DE SUMARIO”.
  4. Tergiversan la realidad con rodeos y falta de concisión.
  5. Derivan el eje de la investigación con la intención de salvar al culpable.
  6. HABLAN mucho y DICEN poco.
  7. Evaden riesgos especulando y aceptando sobornos. El escritor español del Siglo de Oro, Francisco de Quevedo, en su poema “PODEROSO CABALLERO DON DINERO” nos habla de la relación entre el poder y el dinero. Es tan poderoso que invade al ser humano y también al ámbito social, político, económico, cultural, etc…etc.
  8. Conducen a la anomia. No hay diferencias entre el honesto y el deshonesto. Todo es igual. Esto me retrotrae a 1934, época en la que el genio de Discépolo escribió ‘CAMBALACHE’. “Vivimos revolcaos en un merengue, y en el mismo lodo todos manoseaos. Hoy es lo mismo ser derecho que traidor. Todo es igual, nadie es mejor”.

Por suerte, todavía quedan algunos magistrados probos que caminan por la cornisa haciendo equilibrio, para seguir por el sendero recto y evitar caer en la corrupción o en la indiferencia. Ambas son malas consejeras.

Si caemos en la primera somos cómplices y si elegimos la segunda, somos cínicos o inútiles. Ojalá llegue el momento en el que todos intentemos lograr nuestros objetivos, caminando por la cornisa. Es más difícil, pero conduce a buen puerto. (Jackemate.com)

 

(*) Profesora en Letras – mabeth05@hotmail.com

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