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Es de caballeros reconocer errores y pedir disculpas públicas. Pero cuando detrás de esos errores groseros hay cientos de miles de personas que debieron triplicar sus esfuerzos para llegar a fin de mes. No poder darle a sus hijos todo lo soñado antes de su llegada, el perdonar se torna difícil y es casi imposible que suceda, más allá de todo esfuerzo que se pretenda hacer. Y eso sucede con  el ex titular del Fondo Financiero Internacional (FMI) Michel Camdessus, que presidió la entidad entre 1987 y el 2000, quien reconoció este jueves que el organismo cometió “muchos errores” durante la década del 90 en su relación con la Argentina.

“Hicimos seguramente muchas tonterías y errores”, admitió Camdessus en la Capital Federal, pero de inmediato aclaró: “Recuerdo que aquel problema de la deuda se resolvió. Costó mucho tiempo ayudar a los dirigentes a abrir los ojos sobre cuál era la situación”, afirmó el dirigente galo al participar de un encuentro organizado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (Acde).

“En los 90 el ‘lidership’, la iniciativa no era del FMI, sino del gobierno”, recordó y consideró que la actual participación como miembro de la Argentina dentro del Grupo de los 20 (G-20) es un signo de que el país “recuperó” su standard internacional y que fue visto como un “país ejemplar”.

En su extensa disertación, en la que habló en castellano, hizo alusiones a las encíclicas papales, a la importancia de la ética en las relaciones económicas, a la distinción de la dignidad del hombre como centro de las políticas públicas.

A pesar de que el organismo multilateral fue uno de sus principales exponentes, Camdessus criticó el neoliberalismo de los años 90 y deslizó que a su criterio el G-20 no es legítimo porque no incluye a los 192 países del orbe.

También consideró que el sistema monetario y financiero del futuro se tendrá que modificar para que se reconozca el peso de las naciones emergentes y ejemplificó que deberá pasar del dominio del dólar hacia un sistema multipolar de multimonedas.

Bregó por la construcción de un mundo “más feliz” en el que se den pasos adelante hacia la globalización “en defensa de la persona”. “A todos nos toca y a los argentinos también porque son miembros del G20”, recordó.

Dijo que la “deuda” actual es con “los más desafortunados” y, en ese sentido, citó a encíclicas de Juan Pablo II que hablan de procurar la “virtud de la dignidad humana”.

Y sostuvo: “No puede haber progreso real sostenible si no se cumple con esta deuda. Ese debe ser nuestro compromiso”.

Consideró que la crisis económica mundial que se inició en el año 2007 fue “la primera crisis de la globalización” que nos dejó como consecuencia “un mundo estropeado, en un nuevo equilibrio geopolítico, con carencias mortíferas por enfrentar”.

“En este mundo la distribución del poder está siendo modificada de manera positiva”, consideró al señalar el peso que están teniendo las naciones emergentes.

Recordó que mientras que en los próximos años el mundo avanzado crecerá entre 2,5 y 2,7 por ciento, los países emergentes y las naciones en desarrollo lo harán en un 7 por ciento.

“El 80 por ciento del crecimiento del mundo resultará del desarrollo de los países emergentes”, señaló Camdessus al anticipar las décadas venideras.

Ahí fue cuando sostuvo que el sistema monetario y financiero del futuro se tendrá que modificar para reconocer a las naciones emergentes y “pasar del dominio del dólar a sistemas multipolares y multimonedas”.

Reconoció que ahora, los países emergentes, con su pertenencia al G20 “comparten la responsabilidad del progreso global”.

Al referirse a las carencias que generó durante la década del 90 el neoliberalismo, hizo foco en “errores técnicos” y a “faltas morales” a la ética.

Y se preguntó cómo los dirigentes de aquellas épocas se adormecieron en ese desliz y se contestó que eso se basó en la “seducción del dinero, en la ceguera de todos”.

Dijo que ese modelo neoliberal se desmoronó en el año 2008, porque era un modelo de autosuficiencia. Bregó porque la solución de las crisis se concentre en las personas y no en el logro de ganancias inmediatas e instó a la creación de generaciones de dirigentes con responsabilidades sociales.

Resaltó, finalmente, el papel del Estado en su responsabilidad de buscar una nueva gobernanza mundial y consideró que la agenda del G20 es lograr la reforma del sistema monetario internacional y procurar resolver las carencias globales. (Jackemate.com)

 

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