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Por Mabel Martínez (*)

Los seres humanos somos seres sociales que necesitamos interactuar con otros. Sin embargo, hay muchos que experimentamos grandes sufrimientos y tristezas por estar aislados. En ocasiones, a pesar de pertenecer a grupos sociales diversos. Todos podemos caer en sensaciones de soledad: no tener a nadie.

Es una constante la búsqueda de pertenencia y aceptación social, por esta razón, nuestros discursos y acciones a los que recurrimos tratan, inconscientemente, de ser empáticos para prevenir el abandono y evitar la soledad.

La soledad es un sentimiento producto de factores varios, entre ellos, falta de apoyo social, discriminación, de olvido de los afectos, abandono de la familia, la pobreza, el torbellino de las grandes urbes, el egoísmo, el individualismo de la modernidad y tantos otros que conducen a este mal que nos aqueja y nos margina.  La vida ciudadana reúne a millones de seres viviendo juntos en absoluta soledad.

Los avances tecnológicos han modificado la comunicación entre la gente. El auge de las redes sociales, de familias monoparentales, los trabajos a distancia. También las llamadas “relaciones líquidas,” propuesta por Zygmunt Bauman ‘que la deriva del ritmo frenético de las ciudades y la cada vez mayor individualización determinaría un estado líquido, cambiante y poco predecible.

Algo que no solo se aplicaría a la sociedad en general, sino que sería un modelo extrapolable a los vínculos afectivos que establecemos con los demás”. Ausencia de compromiso afectivo. Obviamente no es posible eludir la soledad en este contexto.

Al ser conscientes de la soledad es cuando más precisamos de los otros que no lo comprenden. Necesitamos de la palabra de alguien y no de  nuestra voz. Nacen los recuerdos que pueden hacernos sentir más angustiados. La manifestación del amor es el antídoto que exige la soledad.

En la actualidad a este sentimiento se lo observa no como una patología  sino una estructura psicológica propia de la modernidad. Muchos admiran y desean la soledad hasta que la sufren.

Existen algunas respuestas terapéuticas para vencerla y salvarnos. ¿Por qué escribimos? No pretendemos que las personas piensen que somos buenas escritoras.  Escribimos para terminar con nuestra soledad. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciada y Profesora en Letras – mabelmarga13@gmail.com

 

 

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