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Por Cristian Desideri (*)

Argentina enfrenta una nueva etapa de transformación económica y productiva. Tecnología, inteligencia artificial, transición energética, seguridad alimentaria y nuevas cadenas globales de valor están modificando las condiciones de competitividad internacional.

El país cuenta con recursos naturales estratégicos, capacidad agroindustrial e industrial, energía, universidades, científicos, empresas y emprendedores. Sin embargo, esas fortalezas conviven con baja inversión relativa en investigación y desarrollo, insuficiente agregación de valor, fuertes asimetrías territoriales y una histórica restricción externa que condiciona los ciclos de crecimiento.

El desafío, entonces, no es solamente volver a crecer, sino definir qué producir, dónde producir y cómo transformar ese crecimiento en desarrollo.

Exportar más y exportar mejor

Argentina necesita exportar más. Las exportaciones son una condición necesaria para generar divisas, sostener la inversión y evitar que la falta de dólares vuelva a convertirse en un límite al crecimiento.

Los datos recientes muestran una mejora: entre enero y julio de 2026 las exportaciones alcanzaron USD 58.365 millones, con un crecimiento interanual del 22,9%. Pero la discusión estratégica debe ir más allá del volumen exportado. Necesitamos exportar mejor.

El desafío es avanzar desde la disponibilidad de recursos hacia productos con mayor transformación, tecnología, conocimiento y diferenciación. La secuencia debería ser:

recursos → producción → transformación → conocimiento → innovación → productos diferenciados → mercados internacionales.

Aquí la investigación y desarrollo adquiere un papel central. La Argentina necesita incrementar y sostener la inversión en I+D, pero también lograr que una mayor proporción de ese conocimiento se transforme en innovaciones empresariales, nuevos productos y exportaciones.

No alcanza con tener conocimiento: hay que convertirlo en valor económico y social.

Nuevas actividades para una nueva matriz productiva

La diversificación no significa abandonar las actividades tradicionales. Significa utilizarlas como plataforma para crear nuevas cadenas de valor.

La experiencia en alimentos congelados puede permitir avanzar hacia alimentos deshidratados y liofilizados, incorporando tecnología y extendiendo la vida útil de productos como palta, frutilla y arándanos.

El desarrollo de bioplásticos puede diversificar el complejo sucroalcoholero, aprovechar biomasa y reducir impactos ambientales.

El cannabis medicinal y el cáñamo industrial, dentro de un marco regulatorio adecuado, ofrecen oportunidades en biotecnología, industria farmacéutica, fibras y nuevos materiales.

Las nuevas foodtech, incluyendo proteínas y alimentos de origen vegetal elaborados a partir de legumbres, abren mercados vinculados con nuevas pautas de consumo, sustentabilidad y seguridad alimentaria.

Son ejemplos diferentes de una misma estrategia: pasar de producir materias primas a desarrollar productos con conocimiento incorporado.

Energía: de los recursos a la industrialización

La transición energética también puede convertirse en una oportunidad para una nueva industrialización.

La caña de azúcar es una importante fuente de biomasa, con posibilidades para producir combustibles líquidos y cogenerar electricidad. Para el NOA, una región históricamente menos favorecida en sus procesos de industrialización, esto representa una oportunidad para diversificar el complejo sucroalcoholero y avanzar hacia un sistema integrado de producción de alimentos y energía.

La posibilidad de ampliar el área cañera, incorporando unas 89.000 hectáreas a las aproximadamente 300.000 actuales, merece ser analizada con criterios de productividad, disponibilidad hídrica, infraestructura y sustentabilidad.

En la Patagonia, el shale gas y el petróleo tampoco deberían pensarse únicamente desde la extracción. El desafío es avanzar hacia petroquímica, fertilizantes, plásticos, insumos industriales y derivados energéticos, multiplicando el valor agregado en el territorio.

A ello se suman dos sectores con gran potencial: pesca y turismo. La pesca requiere mayor industrialización, incorporación tecnológica, cadenas de frío y procesamiento. El turismo, por su parte, puede generar empleo, divisas y desarrollo territorial si se articula con infraestructura, conectividad y proveedores locales.

La premisa es clara: La descarbonización no debería significar desindustrialización. Puede significar una nueva industrialización.

Federalismo productivo: una Argentina de regiones

Una estrategia federal no significa que todas las regiones produzcan lo mismo. Significa que cada territorio pueda desarrollar sus propias capacidades y conectarlas con una estrategia nacional.

El NOA debe avanzar desde la provisión de materias primas hacia la industrialización de sus recursos agroindustriales, energéticos y mineros.

La Patagonia puede articular energía, petroquímica, pesca y turismo.

La Mesopotamia posee oportunidades en agroindustria, forestación, energía, turismo y economía del conocimiento, pero necesita resolver restricciones históricas de infraestructura y logística. 

La Región Centro, con su fuerte entramado agroindustrial, industrial y de servicios, tiene el desafío de profundizar la incorporación tecnológica y avanzar hacia exportaciones de mayor complejidad.

La región Cuyana puede potenciar agroindustria, vitivinicultura, minería, energía y turismo, vinculando producción, innovación y mercados internacionales.

Y existe un desafío de otra naturaleza: el Conurbano del Gran Buenos Aires, donde conviven una enorme capacidad industrial y laboral con profundas desigualdades sociales. Recuperar su tejido productivo, mejorar infraestructura y logística, capacitar trabajadores y vincular empresas con universidades y centros tecnológicos constituye tanto una política económica como una política de integración social.

El federalismo productivo consiste, en definitiva, en distribuir territorialmente las oportunidades de producir, innovar y generar empleo.

Políticas públicas y políticas de Estado

Para transformar estas oportunidades en realidad se necesitan políticas públicas orientadas a infraestructura, logística, energía, financiamiento, capacitación, ciencia, tecnología y promoción de inversiones. Pero también hacen falta políticas de Estado que trasciendan los ciclos electorales.

Biocombustibles, legislación ambiental, reforma fiscal, ciencia y tecnología, infraestructura estratégica y promoción de exportaciones deberían formar parte de acuerdos de largo plazo.

La inversión productiva necesita previsibilidad. Y la innovación necesita un ecosistema donde empresas, universidades, el mundo del trabajo, sistema científico y Estado puedan trabajar conjuntamente.

También es necesario revisar aquellas cargas tributarias, regulaciones y trabas burocráticas que terminan desalentando la inversión y la capacidad emprendedora. El Estado debe regular cuando corresponde, pero también debe: facilitar, coordinar y promover el desarrollo.

Desarrollo humano: el objetivo final

El desarrollo no puede reducirse al crecimiento del PBI. El verdadero desarrollo es desarrollo humano. Una estrategia productiva tiene sentido si genera empleo de calidad, mejora ingresos, amplía oportunidades, incorpora conocimiento y reduce desigualdades territoriales.

Por eso, crecimiento económico, federalismo e integración social no deberían ser objetivos separados. Forman parte de una misma estrategia de desarrollo.

Del diagnóstico a la propuesta

Existe un grado importante de coincidencia sobre buena parte de los problemas estructurales de la Argentina. Las restricciones externas, la necesidad de aumentar las exportaciones, la baja inversión en investigación y desarrollo, las asimetrías territoriales, las deficiencias de infraestructura y la necesidad de mejorar la productividad forman parte de un diagnóstico que atraviesa, con diferentes matices, buena parte del debate económico. Por eso, el diagnóstico es necesario, pero no suficiente.

Este artículo pretende aportar algunas ideas de propuesta: diversificar actividades, agregar valor, incorporar conocimiento, aumentar las exportaciones, impulsar la innovación, aprovechar las oportunidades energéticas, fortalecer las economías regionales y construir un desarrollo verdaderamente federal.

No se trata de recetas cerradas ni de soluciones mágicas. Se trata de abrir una discusión abierta sobre qué Argentina productiva queremos construir y qué decisiones debemos comenzar a tomar hoy para hacerla posible.

Hacer que las cosas sucedan

Hay provincias a las que les suceden las cosas y hay provincias que hacen que las cosas sucedan. Argentina necesita recuperar esa capacidad creadora.

Tenemos recursos. Tenemos conocimiento. Tenemos empresas. Tenemos universidades. Tenemos trabajadores/as y emprendedores/as.

Las oportunidades existen.

Pero el progreso es posible, no está garantizado. Ningún progreso es definitivo. El desarrollo debe regenerarse permanentemente mediante inversión, innovación, productividad y capacidad de adaptación.

El desafío es, entonces, exportar más, agregar valor, invertir en conocimiento, desarrollar nuevas actividades y convertir las ventajas regionales en oportunidades concretas.

No se trata de elegir entre campo o industria, entre energía o ambiente, entre mercado interno o exportaciones, se trata de integrarlos.

Porque producir más es necesario. Pero producir mejor, agregar valor, innovar y distribuir territorialmente las oportunidades es lo que puede transformar el crecimiento en desarrollo.

Argentina necesita construir una economía productiva, federal, socialmente integrada, innovadora y sustentable. Una Argentina que no espere que el futuro suceda. Una Argentina que haga que el futuro suceda. (Jackemate.com)

 

(*) Profesor Universitario – Exministro de Producción de Santa Fe – Presidente del Enapro – Coordinador Foro de Reflexión Empresarial

 

 

 

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