Por Ricardo Marconi (*)

Las agencias internacionales de noticias señalan –casi seguramente de fuentes de inteligencia- a “el destructor” o “el profesor” a Amir Mohamed Said Abd al- Rahman al- Mawla como el nuevo líder del grupo Estado Islámico (EI) aunque, según las mismas fuentes, todavía no demostró su legitimidad.

El jihadista se presentaría también como “El Emir” Abu Ibrahim al –Hashimi al-Quarashi, pero no son pocos los que sostienen que posee otros alias y que ha sido elegido para reconstruir dicha organización a la que se la despojo de su califato a sangre y fuego, así como mediante mucho sufrimiento humano.

Los servicios secretos de Irak habrían sido los que, a finales de octubre de 2019 identificaron al “nuevo califa de los musulmanes”, desprovistos de su califato y repartieron entre sus pares de inteligencia la imagen de presunto Terrorista, según la agencia AFP.

Trayectoria

El nuevo líder nació en Turkmenistán, en 1976 y sucede a Abu Bakr al-Bahdadi, abatido en un ataque de los seal norteamericanos en 2019 y el 24 de marzo pasado el Departamento de Estado estadounidense lo reconoció a Mawla como el nuevo conductor del Estado Islámico y lo colocó en la lista de los terroristas más buscados en el orbe.

El Counter Extremism Proyect, que en la comunidad mundial de inteligencia es conocido como el CEP, calificó a Mawla como un exoficial del Ejército de Saddam Hussein, graduado en la Universidad de Ciencias Islámicas de Mosul y agregó que se incorporó a Al-Qaeda, tras la invasión de Irak y la captura de Hussein en 2003.

En 2004 fue puesto tras las rejas en la prisión de Bucca, una especie de generador de jihadistas en el Levante, donde habría conocido a Al- Baghdadi.

Dejado libre siguió junto a este último, logrando, -según CEP-, ascender a la cúspide de la insurgencia, donde se lo conocía como un individuo brutal hacia dentro del EI y hacia el enemigo.

En Tal Afar, a 70 kilómetros de Mosul, el protagonista principal de esta columna fomentó la proliferación de fábricas clandestinas de explosivos y las propuestas para llevar adelante atentados.

El líder muerto y el “nuevo” sultán de ISIS

A ello hay que agregar que cumplió un papel fundamental en la campaña jihadista para  eliminar la minoría yazidí mediante masacres y esclavitud sexual, según lo indicó Jean-Pierre Filiu, profesor de Sciences- Po París y especialista en yihadismo.

Actualmente hay por parte del EI un promedio de un ataque cada tres días, según un documento del Center for global Policy (CGP, lo que no se estaría notando debido a que el tema que ocupa principalmente las redacciones es el de la pandemia mundial.

A partir de la injerencia de Mawla, se estiman los ingresos mensuales del EI en 7 millones de dólares por cobro de impuestos e inversiones, lo que lo transforma en un dirigente “solvente, creativo y mortífero”, según analistas del temible grupo terrorista, quienes opinan que puede producirse, en breve lapso, un ataque importante para consolidar su posición ante sus detractores internos.

Quien esto escribe, estima muy difícil esa probabilidad, ya que producto de la pandemia global y el exhaustivo control global para frenar la enfermedad, se hace más difícil sortear fronteras y espacios aéreos a nivel internacional y, en alguna medida, también en lo territorial cercano, más teniendo en cuenta que la logística del EI y su obtención de armamento clandestino es mucho más difícil de lograr. Para colmo, el gobierno de EE.UU. duplicó la recompensa por su captura o eliminación comprobable, llegando a diez millones de dólares, según AFP.

La guerra perpetua

El tipo de acontecimientos como el mencionado, en el campo del terrorismo, hace que las potencias busquen enfrentar a grupos terroristas utilizando mecanismos de la denominada guerra asimétrica, en la que el débil tiene la ventaja táctica para escoger el objetivo, el arma y el momento de su utilización contra el enemigo.

Esa guerra asimétrica se concreta a través de técnicas nuevas de interrogación, el secuestro extraterritorial y la utilización bélica de la denominada “lluvia de drones”, como ya hemos señalado en otras columnas. Ese modelo de acción se transforma en permanente para anticiparse a planes del enemigo militarizando la política exterior contra el mundo musulmán.

Hasta ahora el mecanismo está dando resultados militares con reducción de bajas desde 2001, pero en contraposición aumentó su erosión en lo político en Afganistán y Arabia Saudita, aunque se utilizara la disuasión y el diálogo en situaciones conflictivas para preservar negocios.

La aparición de un nuevo presunto líder en Al-Qaeda comprueba que se mantendrá la persistencia de conflictos por otros medios que no sean el enfrentamiento directo y lo más lamentable es que el problema se torne inmanejable. (Jackemate.com)

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

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