Por Ricardo Marconi (*)

En nuestro país comenzó a rodar, de manera insistente, la versión que indica que en nuestro territorio se recibirían desplazados afganos por razones humanitarias. Lo haría a través de la Embajada Argentina en Pakistán, la que es conducida por Leopoldo Sahores, quien se encarga de los asuntos de Afganistán.

Vale apuntar que el señalado es un tema complejo, ya que debe tenerse en cuenta, entre otros, el manejo de la seguridad, ya que la mayoría de los afganos está indocumentada o no posee pasaporte.

Por otro lado, refuerza la versión, el hecho de que el Gobierno argentino apoyó una resolución del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas que exigió velar por los derechos humanos en Afganistán, sobre todo de menores y mujeres, los más vulnerables.

Hasta el momento, cabe resaltarlo, la directora de Migraciones, a nivel nacional, Florencia Carignano no hizo declaraciones oficiales al respecto y tampoco se refirió a la cuestión que nos ocupa, el canciller Felipe Solá.

Méjico sí recibió a un grupo de 124 personas, conformado por periodistas que trabajan en Afganistán y sus familiares, mientras que Ecuador aceptaría a 5.000 afganos, si se materializa la ayuda financiera que le suministraría Estados Unidos.

Recuperación  

A todo esto, la población afgana, que sufre una situación desesperante comenta insistentemente que Al Qaeda se estaría recuperando militarmente y, al parecer, se introduciría en territorio afgano a través de sus volubles fronteras, aprovechando que los irregulares están ocupados por terminar con la situación imperante en el aeropuerto de Kabul, ya que Estados Unidos confirmó que el martes terminaría de retirarse militarmente de Afganistán

El pasado desembocó en un gravísimo final 

La catastrófica situación que se vive en Afganistán no se produjo de la noche a la mañana. En realidad, la historia nace al conocimiento público durante la campaña electoral del 2.000, cuando la política exterior de Estados Unidos distaba de ser el fuerte del por entonces gobernador George Bush.

Fue en ese año que se comenzó a escuchar la palabra talibán como parte de un test verbal en la revista Glamour. Es más, cuando Bush la escuchó, me dicen, creyó que se hablaba de “una banda violenta y represiva”.

Pero, desde mediados de los 90, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ya estaba tratando de reunir soterradamente información sobre Osama Bin Laden y Al Qaeda y escuchó la misma palabra. 

Con el tiempo, el terrorista y su grupo se transformó en algo urgente y se utilizaron tres mecanismos tradicionales para obtener datos más precisos: Fuentes unilaterales, contactos y voluntarios que acercan precisiones.

Esto ocurría, obviamente antes del 11 de setiembre del 2001. Hasta ese momento, la CIA no había logrado penetrar en la dirigencia de Al Qaeda.

En 1998, se organizaron, en secreto, ataques preventivos contra Al Qaeda y puntualmente contra Bin Laden. Se comentó, en esos días, que Bill Clinton simulaba un conflicto bélico para desviar la atención de un escándalo personal con ribetes sexuales e incluso, posteriormente, se conoció la película “La cortina de humo”. Pero, la amenaza de Laden no era una película, era real.

Ataques concretos 

Las operaciones clandestinas contra Bin Laden, en Afganistán, no sólo tenían por objeto dañar las redes de apoyo a los terroristas, sino que se pretendía asesinarlo, luego de los actos terroristas a embajadas norteamericanas. Es más, el gobierno había firmado la autorización para eliminar a Laden.

El asesor de Seguridad Nacional norteamericano, Sandy Berger, reunió datos de una reunión que tuvo lugar con la presencia de jefes terroristas en un campo de entrenamiento afgano, precisamente el día en que se lanzaron misiles a las embajadas en África y ello influyó en la decisión de enfrentar a Al Qaeda hasta lograr su eliminación.

Desde 1976 EE.UU., tenía prohibido asesinar a políticos a través de acciones directas de la CIA, debido a un decreto ejecutivo -el 11905-, que firmó el entonces presidente Gerald Ford y ese decreto fue confirmado por los presidentes que le sucedieron, aunque –aclaramos-, existe una excepción: En casos en que se actuara en defensa propia o se estuviera actuando contra objetivos de comando y control contra el enemigo. Como se imagina el lector de esta columna, la cuestión Bin Laden cuadra perfectamente.

Mientras ello sucedía, el ex presidente Bill Clinton no perdió el tiempo y entrevistó a militares que se negaban a enviar tropas a Afganistán, e incluso interrogó a Hugh Shelton –jefe del Estado Mayor Conjunto desde 1997 a octubre de 2001- y ex comandante de Operaciones Especiales, acerca de la eficacia de enviar a esos hombres a Afganistán para completar lagunas en la información sobre el paradero de terroristas.

La amenaza más grave 

Leopoldo Sahores, embajador argentino en Pakistán

En febrero de 1999, los servicios de inteligencia norteamericanos creían que Laden planteaba la amenaza terrorista individual más grave para EE.UU., y ello implicaba eliminar el refugio que Afganistán le significaba. Ello no sucedió, ya que el apoyo no llegó y sí lo hizo el 11-S. Lo que se concretó, al menos, fue la idea de activar un proyecto que había sido frenado transitoriamente.

Se trata de la utilización del avión teledirigido Predator –sobre el que brindamos información exhaustiva y exclusiva en otra columna de Jackemate.com- que había sido usado para recabar información en las guerras balcánicas, relevando áreas en video mediante vuelos diurnos y nocturnos, a una altura segura.

El Predator terminó por ser utilizado en setiembre y octubre de 2000, pero desarmado ante la posibilidad de que se produjeran fallas, aunque finalmente, en el 2001, la nave fue clave en Afganistán para matar al jefe militar de Al Qaeda, Mohammed Atef, el 16 de noviembre de dicho año.

Y luego se utilizó para buscar a 50 fugitivos que se hallaban escondidos, junto a los conspiradores de la explosión del World Trade Center, de los ataques a las oficinas centrales de la CIA, en 1993 y los conspiradores de las explosiones en las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, para detenerlos y juzgarlos en Estados Unidos.

Eliminación de células 

No podemos dejar de mencionar que el Predator también fue usado para hacer añicos a células que se desplazaban por Afganistán y sacar de circulación a terroristas como el jefe del Hezbolá, Imad Mugniya, responsable para los estadounidenses de un ataque al cuartel de los infantes de Marina en El Líbano, en 1983. Arabia Saudita, no había querido entregarlo.

Hay versiones que indican que también el Predator se utilizó para capturar al cerebro de la operación en el Word Trade Center, que la CIA estimaba que era Ranzi Yousef, sobre el que se ofrecía una recompensa de dos millones de dólares. La foto de Yousef había sido distribuida por toda Asia y las malas lenguas decían que la habían puesto hasta en las cajas de fósforos.

La red financiera  

La CIA intentó desarticular la red financiera de Laden que se manejaba a través de cuatro opciones para transferir dinero: Contrabando de efectivo, el sistema del Banco Mundial, el sistema bancario islámico y las redes de transferencia informal.

Laden no sería ajeno a la obtención de millones de dólares mediante el opio, a través de negocios con los talibanes y la canalización de dinero a través de grupos financieros de Luxemburgo y Ámsterdam como pantalla, aunque Laden tenía empresas legítimas, incluida una empresa mayorista de fertilizantes –Wadi Al- Aquiq-, una empresa sudanesa dedicada a la construcción de caminos, llamada Al-Hiraj, bancos, firmas de capital de riesgo y empresas exportadoras e importadoras.

Se pensó en crear un Centro Nacional de Seguimiento de Bienes, para detectar movimientos económicos terroristas, pero luego se abortó el plan por falta de apoyo financiero.

También se buscó bloquear las transacciones financieras terroristas e incluso, en 1999, se promulgó un decreto mediante el cual se congelaron unos 225 millones de dólares en bienes del talibán.

Richard Newcomb –ex director de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (UFAC) hasta 2004, trabajó con el funcionario en antiterrorismo Dick Clarke para reconocer con más efectividad la red de apoyo al terrorismo y seguir la ruta del dinero en Afganistán y los Balcanes, incluso a los “donantes” que aportan a la formación de campos de entrenamiento.

Además, se analizó el mecanismo por el cual se hacen pagos a familiares de agentes talibanes que vivían en el exterior. Era buscar una aguja en un pajar, en función a que había nombres falsos y empresas legales, a lo que debe agregarse los bajos costos de las agresiones.

Obviamente, se mantiene el secreto de esas investigaciones, pero el FBI dejó trascender que se abortaron decenas de movimientos que dieron como resultante la disolución de células que tenían operaciones planeadas en 20 países. Para 1997 habían congelado 13 millones de dólares de 62 organizaciones y se lograron 23 condenas. 

En 1997 el FBI tenía renuencia a enviar informes escritos a la Casa Blanca, pero la CIA lo hacía, al igual que el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado., antes del 11-S. No había organismos de inteligencia que controlaran los movimientos económicos de Al Qaeda y menos de los talibanes y ni hablar de trabar embargos o cuentas bancarias por temor a afectar el sistema financiero.

Tres años después, los programas de antiterrorismo en EE.UU., alcanzaron a 11 mil millones de dólares para seguridad a nivel nacional. Ello permitió poner en el presupuesto programas de entrenamiento para prevenir operaciones terroristas con agentes químicos y biológicos. El plan estaba dirigido a dependencias que deben actuar en primer lugar.

También se puso en marcha una reserva de medicamentos y v acunas, junto a antibióticos, así como antídotos, en un número cercano a los 40 millones de dosis. En el 2001, se aplicaron 600 millones de dólares [1] al presupuesto y, a la vez, se generó el cargo de coordinador general de Seguridad, Protección de Infraestructura y Antiterrorismo (CSG), que examina información de amenazas para tomar medidas. (Jackemate.com) 

 

[1] Se ha hecho hincapié en nombres de funcionarios y valores económicos con la finalidad de que el lector vea la relevancia que le dieron los organismos internacionales al enfrentamiento contra el terrorismo.

 

(*) Licenciado en Periodismo – rimar9900@hotmail.com

 

 

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