Por Ricardo Marconi (*)
(Primera Parte)
El Departamento de Estado norteamericano venía siguiendo de cerca la problemática del narcotráfico en Venezuela y estimaba que el extitular del Gobierno de ese país, Nicolás Maduro, estaba perdiendo poder aceleradamente, debido a que los políticos y las fuerzas armadas comprobaban que cada día se estaba haciendo más difícil sostener sus negocios ilegales, a la vez que notaban que disminuían sistemáticamente sus ganancias millonarias.
Asimismo, antes de producirse los dos terremotos devastadores que incrementa hora a hora las cantidades de fallecidos y heridos, a nivel de trascendidos en altos niveles gubernamentales, se sostenía que continuaba el control del aparato de seguridad, conformado por militares, policías y personal del servicio penitenciario que no lograba desbaratar el accionar de desesperados que saquean todo lo vendible para obtener dinero para adquirir alimentos o agua potable, notándose grandes colas de familias que durante el día y la noche habitan en carpas en las plazas o en parques.
Por esas razones, entre otras, el presidente estadounidense Donald Trump aprobó el plan elaborado por el secretario de Estado Marco Rubio para enfrentar más a fondo la problemática del narcotráfico en América Latina.
El Estado, obviamente perdió recursos millonarios, provenientes de delitos y otras dictaduras como las de Miguel Díaz Canel y Daniel Ortega y se encuentra en el límite de su pérdida de fuerza, tanto política como represiva.
En diversas columnas de esta página, desde hace un apreciable tiempo, se venía sosteniendo el crecimiento del mercado ilegal del narcotráfico con datos insoslayables y, en ese sentido, autorizó a las fuerzas armadas y a la CIA para concretar operaciones militares en el mar y en “territorio extranjero”.
Como complemento, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro llegó a designar al Cartel de los Soles como organización terrorista internacional. El aniquilamiento territorial derivado de los terremotos implicó desestimar esas medidas que tuvieron que ver con que se había permitido que dicha mafia ilegal había previsto utilizar puertos y aeropuertos para mover toneladas de cocaína hacia Medio Oriente, Europa, África y América Central.
Es que -según informaciones aún no confirmadas oficialmente por Estados Unidos-, el Cártel de los Soles se habría vinculado con las FARC y el ELN en Colombia, el Cártel de Sinaloa en México y Hezboallah en el Líbano, implicando ello una decisión de altísima gravedad, más aún, teniendo en cuenta que se decía insistentemente que los altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana formaban parte de los beneficiarios del tráfico que nos ocupa. terrorista.
Despliegue de buques de guerra
En su momento, La preocupación estadounidense por la corrupción venezolana obligó a desplegar un submarino nuclear, su mayor portaviones, y buques de guerra contra el narcotráfico y Pete Hegseth -secretario de Defensa- solicitó a la Armada de Estados Unidos que esperara órdenes sobre un plan de contingencia contra los negocios ilícitos del Cartel de los Soles. Vale recordar que ese plan militar significó que más de 4.500 marineros y 2.200 infantes de marina partieran a bordo de los buques USS San Antonio, USS Fort Lauderdale y USS Iwo Jima.
Esa flota de los Estados Unidos, que salió de la Base Naval de Norfolk (Virginia), se ubicó frente a las costas de Venezuela, en aguas internacionales con el objetivo de asfixiar el tráfico de cocaína, fentanilo, petróleo, oro y uranio realizado mediante barcos sin bandera reconocida y minisubmarinos. 
La nave USS Iwo Jima, ya está frente a las costas de Venezuela, en aguas internacionales el objetivo de asfixiar los negocios ilegales que comete la dictadura venezolana por vía marítima.
La cocaína y el fentanilo se distribuyen en Estados Unidos, causando miles de muertes al año. Sobre esta última cuestión, en Jackemate.com se ha explicitado, sin rodeos, la presencia de los buques USS San Antonio, USS Fort Lauderdale y USS Iwo Jima, apoyados por aviones de reconocimiento y la inteligencia militar del Pentágono, fueras militares que tienen previsto establecer una red de prevención que paralizaría las operaciones ilegales.
Crimen organizado en Argentina
Dos Interrogantes se abren frente al objeto de esta indagación: El cruce del crimen organizado y el Estado en general. El primero de ellos refiere a qué es el “crimen organizado” para luego concluir a qué refiere “en Argentina y en nuestros días”.
La segunda cuestión es a qué nos referimos con Estado, o en qué nivel de abstracción puede resultar útil su disección. El tema puede ser evaluado desde las perspectivas teórica y pragmática, ya que no ofrecen como a mayoría de los conceptos de las ciencias sociales un significado unívoco.
El Estado, por otra parte, ha sido un concepto debatido en Occidente y, desde hace dos décadas es frecuentemente analizado en la antropología social, según el analista Alejandro Isla.
Sobre el crimen organizado, el autor de esta columna junto a Juan Mocciaro, mediante el trabajo de investigación realizada en El Rompecabezas de la Muerte en Rosario, representado por las mafias de los años 20 y el principio de los 30, expusimos una documentación suficientemente ampliada en la que dimos cuenta de las organizaciones que se dedicaban al secuestro, al tráfico de personas y a la trata de mujeres y a su relación con las mafias de Sicilia, Estados Unidos, la Mafia Judía y la Mafia Cubana, así como su relación con el FBI y la CIA estadounidense, siendo estas últimas tan evidente que el más alto jefe mafioso de Estados Unidos fue convocado para “colaborar” con el gobierno norteamericano para controlar a los nazis en los puertos del este estadounidense ante el intenso de invasión de Hitler.
A ello debe agregarse los vínculos de las bandas mafiosas con la policía, la justicia y la política a fines de década del 20 y durante la denominada Década Infame, oportunidades en la que, en nuestra Argentina, se emulaba a la Cosa Nostra.
En esta primera parte de nuestro análisis queremos acotar que el criminólogo Finckenauer –distingue “crimen organizado” de “mafias” indicando que “el primer concepto cubriría acciones criminales concertadas colectivamente, mientras que las mafias implican una cultura compartida, lazos de hermandad y membresía, rituales de incorporación y pasaje, códigos de convivencia y aplicación de sanciones independientes o contrapuestas a los de la sociedad”. (Jackemate.com)
(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política


