
Por Ricardo Marconi (*)
El presidente Donald Trump partió de Beijing sin dar señales concretas de que Estados Unidos y China hayan resuelto espinosos desafíos que sostienen su tensa relación, con el líder chino Xi Jinping. Los líderes abordaron diversos temas, desde Irán y Taiwán hasta las relaciones comerciales tras intensas reuniones. También se observaron expresiones de diplomacia blanda.
La reunión favoreció el papel político de Washington a nivel mundial, mientras que el titular del Gobierno chino ha reforzado su poder a nivel nacional, fundamentalmente en lo atinente al crecimiento tecnológico.
Hubo evidencias puntuales sobre un giro hacia la estabilización en un momento en que un mundo violento busca desesperadamente la calma geopolítica.
Sin duda, hubo un vuelo rasante de los enfrentamientos por la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán planeó sobre la cumbre considerada forzada por las circunstancias bélicas y en razón de ello surgieron interrogantes sobre qué tipo de apoyo, si lo hubiera, estaría dispuesto a brindar Xi entre bastidores para ayudar a poner fin al conflicto que se prolonga desde hace meses y que ha sumido a la economía global en la incertidumbre sin un final claro.
A pesar de lo puntualizado no se conocieron públicamente anuncios relevantes de parte de los líderes participantes del encuentro y de sus asesores, quienes mantuvieron reuniones paralelas, en las que los chinos dejaron claro que se hallaban en mejor posición para avanzar en acuerdos.
Y eso se notó cuando Xi le colocó una alfombra roja a su invitado y un centro de mesa en una cena que dejó más que satisfecho a Trump por la expresión de respeto, al punto tal que el presidente norteamericano señaló que “la reunión pasará a la historia como un momento muy importante”.
El tema Irán no se dejó de lado, ya que Trump sugirió que Xi Jinping podría ayudar a resolver el conflicto, teniendo en cuenta que China es un socio diplomático cercano de Irán y el principal comprador de su petróleo, y se ha posicionado como defensor de la paz durante toda la guerra.
A pesar de ello Beijing no dio señales claras de presionar a Irán, aunque vale decirlo, se comprometió a no proporcionar equipo militar a Irán.
Es más, un comunicado emitido por la Casa Blanca también indicó que ambos países acordaron que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto y que Irán nunca podrá poseer un arma nuclear.
Asimismo, señaló que Xi “dejó clara la oposición de China a la militarización del Estrecho y a cualquier intento de cobrar un peaje por su uso”, y sugirió que China compraría más petróleo a Estados Unidos.
Posible acuerdo energético
Es muy posible que se esté gestando un acuerdo energético entre Estados Unidos y China. Beijing compraría más suministros estadounidenses, aunque aún no está claro si las conversaciones entre Trump y Xi tendrán alguna repercusión en el conflicto.
China ya se había comprometido repetidamente a hacer todo lo posible para facilitar las negociaciones de paz. Beijing respalda el compromiso declarado de Irán de no desarrollar armas nucleares, aunque respalda el derecho del país a un programa nuclear pacífico.
China también reafirmó su postura sobre la guerra en un comunicado emitido por su Ministerio de Asuntos Exteriores, en el que se afirma que “nunca debió haber ocurrido”. Asimismo, dio a entender coherencia en su mensaje, y añadió que la posición de China era “muy clara”.
Xi Jinping aprovechó la oportunidad de tener a Trump en su propio territorio, ya que lanzó una advertencia explícita sobre Taiwán, un tema que el presidente chino calificó como el más importante en las relaciones con Estados Unidos. “De lo contrario, los dos países tendrán enfrentamientos e incluso conflictos, poniendo en grave peligro toda la relación”.
Sin duda, se trata de una decisión deliberada para dejar algo claro: Beijing desea una relación positiva, pero solo si Estados Unidos respeta lo que China considera su “línea roja” con Taiwán. Rubio, el funcionario estadounidense, afirmó que la posición de Estados Unidos sobre el tema “no ha cambiado”.
En declaraciones a NBC, el diplomático indicó que el tema se planteó y ambas partes expusieron sus posiciones, para luego “pasar a otros temas” y añadió que el tema de la venta de armas “no ocupó un lugar destacado” en las conversaciones.
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El Representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, anunció que, como resultado del viaje de Trump, la administración espera que China acepte comprar productos agrícolas estadounidenses por un valor de decenas de miles de millones de dólares anuales durante los próximos tres años.
En cuanto a productos agrícolas específicos, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, indicó en una entrevista con una agencia internacional de noticias que “no se realizarían más compras de soja, recalcando que estas ya estaban contempladas en el acuerdo de ventas firmado con China en octubre”.
Greer declaró a Bloomberg News que China también había renovado la licencia para la exportación de carne de res estadounidense. Durante el último año, expiraron los permisos de exportación de más de 400 plantas procesadoras de carne de res en Estados Unidos. Greer no especificó el número de licencias renovadas.
China comprará 200 aviones Boing y esa fue la razón por la que el director ejecutivo de la empresa formó parte de la delegación estadounidense en China. Sin embargo, al momento de realizarse esta columna, China aún no ha confirmado los acuerdos específicos mencionados por el equipo de Trump.
Recepción
Xi Jinping envió a su vicepresidente, Han Zheng, a recibir a Trump a su llegada a Beijing. Han es considerado el enviado de Xi para eventos diplomáticos y asistió a la investidura de Trump en 2025; su presencia esta semana evidencia la importancia que China otorgó a la visita de Trump.
Un gesto significativo de Xi a Trump se expresó en que el presidente chino brindó con una copa de champán durante un banquete de Estado, un gesto significativo para su anfitrión, dado que él no bebe alcohol.
Respecto a la exposición noticiosa del encuentro entre EE.UU. y China, los medios de comunicación argentinos no consideraron importante –a excepción de La Nación-, las declaraciones que el exespía de la CIA John Culver realizó a The Washington, respecto a que Pekín “produce armamento a una escala muy superior a la estadounidense” y argumentó que “una crisis en el Pacífico pondría en jaque al Japón, Corea del Sur y el comercio global”.
Culver, ya retirado, es considerado una de las máximas autoridades mundiales en el ejército chino y se desempeñó entre 2015 y 2018 como oficial nacional de inteligencia para Asia Oriental.
El especialista indicó que, salvo submarinos y guerra submarina, en la que Estados Unidos sigue teniendo ventaja, China podría tenerla en misiles, espacio y ciberdefensa y tareas de reconocimiento”.
Culver aseveró que China “nos supera en misiles aire-aire y tierra-aire, capacidades antisatélite y guerra electrónica”. También aseveró que “debería llamar la atención la producción de municiones avanzadas”.
Y afirmó: “China tiene un astillero que construye más que todos nuestros astilleros juntos y cada año despliegan suficientes barcos como para replicar toda la marina francesa”.
El exespía aseguró que una guerra naval o aérea entre EE.UU. y China “no le daría ventaja a ninguno de los dos bandos. Estados Unidos está enfocado en una invasión china a Taiwán. En ese sentido somos muy buenos hundiendo barcos”.
Ya nadie desconoce que China ha invertido mucho en defensa aérea y la franja costera china entre la isla de Hainan y Pekín, es la
mejor defendida y estaría en segundo lugar después de Moscú, en Rusia.
Sobre Irán y el uso de portaaviones
El exagente de inteligencia no se privó de hablar sobre el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Sobre dicha cuestión dijo sin tapujos: “Irán no tiene sistemas de ataque de largo alcance sofisticados, aunque acotó “logró impactar 228 objetivos estadounidenses en Medio Oriente”.
Sobre la relevancia del uso de portaaviones recalcó respecto a la necesaria importancia en combate que “es necesario que controlemos el espacio aéreo en un radio de 1600 kilómetros en la zona de guerra. Los chinos siguen a nuestro portaaviones las 24 horas de cada día”.
“Cuando creemos que habrá una guerra, necesitamos sacar nuestros activos navales de alto valor del Teatro de Operaciones y luego volver a entrar combatiendo”. (Jackemate.com)
(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política



