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Por Ricardo Marconi (*)

El presidente norteamericano Donald Trump, por estas horas, está siendo objeto de críticas exacerbadas por sus enemigos políticos en razón de haber cedido y decidido extender el alto el fuego en torno al conflicto bélico con Irán.

Trump debe soportar burlas por ceder nuevamente, luego de advertir que “no habría más Sr. Buen tipo”, si la República Islámica no capitulaba.

La decisión del titular del Ejecutivo ha generado múltiples dudas sobre su liderazgo, ya que Irán se negó a presentarse en las conversaciones en Islamabad para dar por finalizadas las acciones armadas –según el propio Trump a petición de Pakistán-, y la posibilidad de presentar una propuesta, ya que –dijo- “el liderazgo iraní estaba fracturado”.

Los altos mandos militares de Estados Unidos estiman que en Irán “no hay consenso sobre el alcance de las negociaciones que tienen que ver con las reservas de uranio del país. Otras fuentes asegurarían que el nuevo líder supremo Mojtaba Khamenei se encuentra escondido y por esa situación personal no puede dar instrucciones claras, lo que es difícil de creer en las áreas de seguridad de Estados Unidos.

Otros sectores de la inteligencia estadounidense se inclinan a sostener que Jamenei no compartiría los criterios de la diplomacia iraní para negociar y ello enturbia las conversaciones entre las partes.

Hay que acotar que se habrían producido diferencias entre los pocos líderes iraníes vivos, ya que los ataques israelíes vienen eliminando a altos funcionarios políticos capaces de cerrar acuerdos.

Para colmo, el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el tránsito de petróleo, permanece cerrado debido a las amenazas iraníes radicalizadas que se han colocado en una posición más extremista que la que tenían antes de iniciarse el conflicto armado.

Según la inteligencia de Estados Unidos, Irán aún posee uranio altamente enriquecido, lo que le permitiría reactivar un programa nuclear, incluso si el material se encuentra enterrado bajo sus centrales nucleares.

Pakistán estaría buscando encontrar la manera de que Trump haga lo posible para que Irán salve las apariencias y admita participar de las conversaciones. Por otra parte, los diplomáticos paquistaníes, al parecer, buscan que los norteamericanos negocien el levantamiento del bloqueo a cambio de que Irán acceda abrir el estrecho.

Ello posibilitaría que se aborden, diplomáticamente, cuestiones tales como el programa nuclear iraní y su permanente amenaza de lanzar misiles, así como la disminución de las exigencias en torno a las sanciones previstas.

Elogio de Haass

Richard Haass, presidente emérito del Consejo de Relaciones Exteriores, ponderó al Gobierno por tomarse un respiro. “Darles tiempo y dejarles la pelota en su tejado, permitiéndoles proponer algo en lugar de imponerles la postura estadounidense, creo que es mucho mejor”, declaró a una agencia internacional de noticias.

“Así evitamos tener que presentar algo que parezca poco realista o, desde su punto de vista, un insulto a la dignidad u orgullo iraní” agregó el funcionario.

Donald Trump y Motjaba Khamenei, dos piezas de un ajedrez mortal

No hay garantía de que Irán responda favorablemente, incluso si tiene un gran incentivo para aliviar la grave crisis económica que elogió Haass, ya que obstaculiza la reconstrucción militar de Irán.

Un bloqueo de EE.UU. con efecto tardío

El bloqueo estadounidense podría tardar en surtir efecto por completo, superando la paciencia política de Trump o la capacidad de la economía global para soportar el cierre del estrecho, opinan analistas respecto del conflicto que nos ocupa, ya que agregan que los líderes de Teherán, sin control, podrían estar dispuestos a someter a su pueblo a un sufrimiento prácticamente ilimitado.

Otros especialistas que analizan el conflicto desde afuera, argumentan que es posible que Irán nunca acepte ceder definitivamente su influencia en el estrecho de Ormuz. Esto se debe a que esta guerra ha dejado claro que cualquier ataque futuro contra la República Islámica conllevará el cierre de la vía marítima y una devastación económica mundial.

Otros evaluadores externos de la guerra en ciernes sostienen que puede que haya algo de cierto de que los bombardeos estadounidenses e israelíes fueron un triunfo operacional que debilitó la amenaza regional y nuclear de Irán y, quizás incluso, su maquinaria de represión interna asesina.

Actores internacionales hacen mención a una estrategia “confusa” de Trump y a declaraciones erráticas, pero, en ese sentido, no hacen referencia a una posible derrota estratégica por culpa de los asesores militares y de inteligencia.

La decisión de aplastar a Hezboallah

No puede dejar de mencionarse que mientras ocurre lo antes aludido, el gobierno israelí continúa con su objetivo de aplastar a Hezboallah para vengar el ataque del 7 de octubre de 2025, oportunidad en que los terroristas atacaron veinte kibutz, en el sur del país.

Vale hacer referencia al historiador Toh Sgev, quien afirmó que “la guerra continuará por años y será tema de las próximas generaciones”.  Los bombardeos israelíes se hallan entre los más intensos de la historia moderna y ello ha generado el desplazamiento del 80 % de los habitantes civiles de los países en conflicto directo.

Para colmo Yemen participa de la contienda a través de los rebeldes hutíes que son respaldados por Irán, una cuestión que merece un próximo análisis particular. (Jackemate.com)

 

 

(*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política

 

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