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Por Cristian Desideri (*)

La reciente reactivación del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea vuelve a instalar en el debate público una discusión de fondo sobre la estrategia de inserción internacional de la Argentina. Más allá de su dimensión comercial, el tratado debe analizarse en el marco de las profundas asimetrías estructurales que caracterizan la relación entre ambas regiones y de las limitaciones que enfrentan las economías periféricas en los procesos de apertura económica.

Desde una perspectiva productivista, el acuerdo presenta una doble dimensión. Por un lado, puede generar oportunidades en determinados sectores exportadores del Mercosur, especialmente en la agroindustria, donde la Argentina posee ventajas comparativas naturales.

El acceso preferencial al mercado europeo para productos agrícolas, alimentos procesados y algunas economías regionales podría ampliar mercados y generar divisas, un aspecto relevante para una economía que históricamente enfrenta restricciones externas recurrentes.

Sin embargo, el análisis no puede limitarse al comercio de bienes primarios. La estructura productiva europea posee un nivel de desarrollo tecnológico, financiero e industrial significativamente superior al de las economías sudamericanas.

En este contexto, la liberalización comercial prevista por el acuerdo podría profundizar un patrón de especialización internacional basado en materias primas y productos de bajo contenido tecnológico, SIN VALOR AGREGADO, consolidando una división internacional del trabajo en la que América del Sur como en el pasado, exporta recursos naturales mientras importa bienes industriales y tecnología.

Este tipo de dinámica ha sido ampliamente debatido en la tradición estructuralista latinoamericana, vinculada a instituciones como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, que históricamente advirtió sobre los riesgos de una inserción internacional basada exclusivamente en ventajas comparativas estáticas.

Desde esta perspectiva, la apertura comercial sin políticas de desarrollo productivo federal puede derivar en procesos de desindustrialización relativa, pérdida de capacidades tecnológicas y mayor vulnerabilidad externa.

En el caso argentino, estas tensiones adquieren particular relevancia. Sectores industriales como el automotriz, la metalmecánica o la producción de maquinaria agrícola podrían enfrentar una competencia directa con empresas europeas altamente e capitalizadas.

En ausencia de instrumentos de política industrial, financiamiento productivo e innovación tecnológica, parte del entramado de pequeñas y medianas empresas podría verse desplazado por importaciones más competitivas.

La firma del Acuerdo Mercosur-Unión Europea se hizo en Asunción

A ello se suma otro elemento central: las asimetrías regulatorias y ambientales. En los últimos años, la Unión Europea ha incorporado crecientes exigencias vinculadas a estándares ambientales, trazabilidad y sostenibilidad productiva. Si bien estas políticas responden a agendas legítimas de transición ecológica, también pueden transformarse en barreras no arancelarias que condicionen el acceso efectivo de productos del Mercosur al mercado europeo.

En este contexto, el acuerdo Mercosur–Unión Europea plantea un dilema estratégico. Puede convertirse en una herramienta para ampliar mercados y fortalecer exportaciones, pero también corre el riesgo de consolidar un patrón de inserción internacional basado en la primarización económica. La clave, por lo tanto, no reside únicamente en el tratado en sí mismo, sino en la estrategia de desarrollo cohesionado que cada país adopte para acompañarlo.

Para la Argentina, el desafío consiste en articular la apertura externa con políticas activas de desarrollo productivo federal, infraestructura logística, innovación tecnológica y fortalecimiento de cadenas de valor industriales. Solo de esta manera será posible transformar el acuerdo en una plataforma de crecimiento y no en un factor adicional de desequilibrio estructural.

En definitiva, el debate sobre el acuerdo Mercosur–Unión Europea trasciende la discusión arancelaria. Se trata, en última instancia, de definir qué modelo de desarrollo y qué tipo de inserción internacional se busca construir para la economía argentina en las próximas décadas. (Jackemate.com)

 

(*) Ingeniero – Docente Universitario – Exministro de la Producción de Santa Fe

 

 

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