Por Oscar Raúl Schiapapietra (*)

“Definir los fines, es el mejor camino para elegir los medios”, con esta frase se cierra el libro “La riqueza y la pobreza de las naciones” de David Landes, y agrego, que para definir los fines debemos saber dónde estamos, como llegamos hasta aquí, y así poder elegir los medios acordes para él fin que nos propongamos, dando por descontado que el nuestro como todo país, pretende el progreso y el bienestar de su población.

Las respuestas nunca son una sola, y tampoco son fáciles, pero es imprescindible identificar las causas profundas de nuestros males, única forma por la cual podremos intentar corregir el rumbo de decadencia que transitamos desde hace largas décadas.

Se ha afirmado reiteradamente que hubo una Argentina hasta 1930 que se encontraba entre los primeros diez primeros lugares de ingreso por habitante del mundo (PBI per cápita), que nos parecíamos por los ingresos a Canadá y Australia, que como nosotros son países de “frontera”, es decir países recientemente poblados y dedicados a la producción rural, y que esto terminó con el golpe de Uriburu.

Que la bondad fue haber aplicado el liberalismo comercial, que no había Banco Central que regulara la moneda, y que haber abandonado estas políticas nos llevaron a la decadencia.

Ahora una pregunta: ¿Nuestros problemas comenzaron en 1930 con el primer golpe militar, o en 1946 con la asunción de Perón, o con los reiterados golpes militares, o con la guerrilla, o con la decadente democracia que transitamos desde 1983, o empezaron con los K, o con Macri? Respuestas hay para todos los gustos.

La respuesta nunca es simple, en verdad si bien es compleja, un error común es suponer que las virtudes del presente también deben ser las del mañana y que un determinado factor si alguna vez fue positivo, siempre deberá serlo.

La historia no funciona así. Veamos un ejemplo reciente, en el año 2000 Nokia controlaba el 30% del mercado mundial de teléfonos celulares y diez años después había desaparecido de ese mercado barrido por Android.

Volviendo al PBI per cápita en dólares que hemos perdido:

Argentina – Australia – Canadá

        1913 (2.370)        (4.553)       (3.515)

        2019 (9.912,3)     (55.060,3)  (46.194,7)

Digamos que estos números sólo transmiten un resultado, no una explicación del porqué.

Muchas preguntas y pocas respuestas

Si fuera fácil encontrarlas ya seríamos la “Argentina condenada al éxito” de las que nos hablaba Duhalde, pero en verdad todo comienza por el principio. Veamos.

Lo que sigue es un “pensamiento en voz alta” para ir aclarando mis ideas, y si entiendo que debo ir hacia atrás para comprender el principio de nuestros males, él para atrás es “bien para atrás”, que aunque se parezca a un repaso de la historia y no una búsqueda de las soluciones a los males actuales, entiendo que es la única forma de comprender cómo llegamos a este presente.

La edificación de un país es como la de una casa, todos sabemos que en la fundación se ponen los cimientos y que las tejas sólo sirven de adorno o a lo suma para protegernos de la lluvia, y si los cimientos son débiles o inapropiados para levantar un edificio, seguramente que en algún momento colapsará.

Instituciones fuertes

Argentina antes de su independencia y después de ella, siempre adoleció de instituciones fuertes, y esa falta de institucionalidad nos llevó primero a sesenta años de guerras civiles.

Una vez consolidado el Estado – Nación a partir de Pavón con la ciudad de Buenos Aires conduciendo al país, se instauró un sistema de gobierno con voto calificado que excluía a gran parte de la población.

No obstante, lo cual el progreso económico y la población con extranjeros se fue dando a pasos agigantados por las amplias extensiones de tierras existentes y las que desde entonces se conquistó desalojando a los indios, y al mismo tiempo se inició un amplio proceso de alfabetización de la población.

Detengámonos un momento y preguntémonos porqué en América latina no hay ningún país de los llamados del Primer Mundo, y la respuesta la vamos a encontrar en la falta de instituciones fuertes.

Las instituciones no sólo son las que derivan de los tres poderes del estado, son también las religiosas, las educativas, las de la población civil, las empresariales, y por ahí vamos a empezar. (Jackemate.com)

 

(*) Abogado – oscar_ors@hotmail.com

 

 

 

 

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