Lunes, Febrero 17, 2020
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Introspecciones: La realidad en la superficie

 

Aquellos asiduos lectores que vienen siguiendo nuestra columna meticulosamente no podrán negar que nuestros adelantos en torno a la política bélica y –desde su punto de vista antinuclear- se hicieron realidad. Como veníamos preconizando, el presidente de los Estados Unidos decidió lanzar en Afganistán una ofensiva militar en la zona de Marjah, el territorio de mayor producción de opio, ubicado en la provincia de Hermand, donde como consecuencia de los enfrentamientos murieron tres marines y dos efectivos de la Organización del Atlántico Norte.

Los ataques enunciados se llevaron adelante con nuevos criterios, elaborados en el campo de batalla por el general Mc Cristal, comandante general de las fuerzas en el campo de batalla, el que comenzó a aplicar un nuevo sistema de conformación de batallones en el frente de combate: cada 10 soldados occidentales, se agrega un soldado afgano.

En el combate, de esta manera, se agregaron al combate directo 1.500 afganos. La apoyatura no sólo de aérea, sino que se decidió el incremento de decenas de blindados.

Otro de los parámetros utilizados es el de buscar minimizar pérdidas civiles en el momento del combate y luego de las tareas de “limpieza” del territorio se otorga el control total del mismo a las autoridades civiles.

Este nuevo enfoque estratégico contra la guerrilla obliga al estado afgano a asumir responsabilidades totales en los territorios ganados a la guerrilla talibán.

Cárcel negra

Los diplomáticos que siguen de cerca el conflicto armado  -a sabiendas que  es muy difícil no producir bajas civiles-, han dejado conocer en sus embajadas que las fuerzas armadas norteamericanas mantendrían tras las rejas a talibanes arrestados en los campos de batalla en una denominada “cárcel negra”, donde los reos, durante semanas son interrogados sin que puedan actuar componentes del Comité Internacional de la Cruz Roja – CIRC-, quienes sabrían que esa prisión está localizada en la base aérea de Bagram.

Allí habría celdas individuales, de concreto, desprovistas de luz las 24 horas y en los que sólo hay un foco de luz artificial en funcionamiento para que los presos coman, cumplan con sus necesidades básicas y soporten interrogatorios dos veces al día.

Obviamente, los presos no saben ni la hora en que viven. El lugar es administrado por la CIA y Obama, dicen los comentaristas de política internacional norteamericanos, ya ordenó que los detenidos no puedan permanecer más de dos semanas en el lugar en carácter de detenidos, con lo que dio por terminado el mecanismo que utilizaba el Pentágono de solicitar prórroga tras prórroga.

La prisión negra de Bagram es considerada clasificada y está separada del centro de detención general, en los que –nos dicen-habría alrededor de 700 reos en jaulas de 20 hombres.

La CIA en Yemen

La Central de Inteligencia norteamericana, en el mayor de los sigilos, envió en el 2008 a varios de sus agentes de campo, especializados en contraterrorismo, a Yemen, según lo hizo saber un ex alto funcionario de la agencia, quien –a modo de versión- dejó saber que tenían la misión de entrenar a las fuerzas de seguridad yemenitas en tácticas de contraterrorismo.

En esa gestión el Pentágono, según la misma fuente, tenía planeado gastar 60 millones de dólares en un lapso de 18 meses y estaba planificado que tomaran el entrenamiento efectivos del Ministerio del Interior y de la Guardia Costera yemenita.

La base de Al Qaeda en Yemen

La decisión aludida se tomó luego que la CIA determinó que los militantes de Al Qaeda estaban haciendo todo lo posible para construir una base en Yemen, para lo cual estuvieron reclutando suicidas para llevar adelante misiones como la de hacer volar un avión de Norhwest Airlines, con destino a Detroit, objetivo que resultó fallido a manos de un nigeriano, sobre el que en su momento esta columna informó ampliamente.

El senador Joseph I. Liberman, independiente de Connecticut y presidente de la Comisión de Seguridad Interna y Asuntos Gubernamentales, declaró recientemente a Fox News que “hay que enviar más agentes de inteligencia y boinas verdes a Yemen”.

El presidente de Yemen Saleh aceptó un incremento de la asistencia abierta y encubierta, en respuesta a la presión que viene soportando de parte del gobierno de Arabia Saudita, desde donde combatientes de Al Qaeda huyeron a Yemen, donde sus zonas remotas se han convertido en tierra de nadie, debido al  movimiento generado por un grupo secesionista que se viene fortaleciendo en el sur de Yemen, Estado que se está quedando sin petróleo y por ende de sustento  económico que convierte en casi inviable la lucha militar contra Al Qaeda por falta de presupuesto.

El temor a que el movimiento de resistencia crezca y se exporte a Arabia Saudita y a Kuwait, hace que estos países, por vía indirecta, colaboren con Yemen para que el terrorismo no se mude a sus territorios.

Algunos secretos 

A pesar de que la información internacional de las agencias no lo consigne, podemos apuntar algunas versiones que nos han llegado:

·        El núcleo de Al Qaeda en Yemen es aún pequeño, quizás de 200 militantes, aproximadamente.

·        Sin embargo, formarían parte de una estructura regional mayor que se conformó en Arabia Saudita para generar ataques en la península arábiga.

·        Figuras políticas de Yemen exigen la independencia de sur Yemen, que fuera autónoma hasta 1990.

·        Los hechos claves del ascenso de Al Qaeda en la región fueron llevados adelante por líderes liberados de la Bahía de Guantánamo y por os que escaparon de cárceles de Yemen.

·        A Qaeda ha aprovechado al máximo la preocupación del gobierno de Yemen por las rebeliones, apoyándolas a través de estructuras y tradiciones tribales de los territorios pobres.

·        Magnus Ranstorp, experto en terrorismo del Colegio Nacional de Defensa de Suecia señaló recientemente que un gran número de los yemeníes que se cree han combatido en insurgencias iraquíes, regresaron a Yemen para combatir.

·        También habría tenido gran importancia la afluencia de por los menos 200 mil refugiaos somalíes a Yemen y es importante decirlo: Al Qaeda ha tenido mucha actividad en Somalia.

De Irán no nos olvidamos

En  este análisis  no queremos dejar de lado a Irán, sobre el que los militantes terroristas y los conflictos derivados del desarrollo de armas atómicas han contribuido a transformar el Oriente Medio en un caldo de cultivo para e posible desarrollo de un conflicto nuclear.

Todo indica que dentro de la actual hoja de ruta de EEUU se encuentra nuevamente Irán. Mientras las amenazas norteamericanas a la República Islámica se reiteran, los analistas y el periodismo que cubre la información internacional no ve como descabellada que por la vía encubierta y “desde dentro” se desarrolle en la CIA, la estrategia apropiada para forzar el cambio de régimen.

Irán: territorio bisagra

Poseedor de una rica y vastísima historia forjada a través de varios miles de años, Persia -Irán a partir de 1935- ha reunido entre sus características mayormente distintivas la de ser territorio bisagra desde el punto de vista geopolítico pues, constituye el paso natural entre África, Asia y Europa. Famosa también por la huella de milenarios personajes históricos como Alejandro, Gengis Khan, Darío, Zaratustra y sus finos tejidos, ha visto suceder dentro de su territorio continuas guerras y por ello, diversas influencias.

Islamizado desde el siglo VII, en el XIX recibió a uno de los más importantes pensadores del Islam -Jamaleddin el-Afghani-, y desde mediados de éste, su suelo comenzó a ser repetido punto encuentro de tres potencias que disputaban la hegemonía del lugar: Rusia, Gran Bretaña y Portugal.
Neutral durante la Primera Guerra Mundial (hecho que igualmente no la marginó de las hostilidades), una vez acaecida la Revolución Rusa, este país abandonó Persia y dejó así un considerable vacío de poder que no dudó en tomar un joven y ambicioso oficial de la Brigada Cosaca llamado Reza Mirza Khan.

Nacido en 1878 en el seno de una modesta familia, poseedor de un firme carácter y resuelto en sus decisiones, este "campesino enérgico" adorador del estilo inglés -país que le dio su visto bueno- se adueñó primero de su brigada, luego de Teherán y más tarde del país todo.

Obtenidos los plenos poderes (1925), Reza no bregó por un cambio cierto respecto a la dinastía Qajar que lo había precedido ya que su país continuó siendo apreciado desde el exterior como pobre, gobernado por un Sha inepto, productor de finos tapados y donde los diputados "esperan que se les soborne".

Fiel admirador del Eje años más tarde, fue deportado por los Aliados y en su lugar coronado como Sha su dócil hijo el más tarde célebre Mohammed Reza Pahlevi.

Los recursos minerales y Guerra Fría

Entre otros elementos significativos las dos guerras mundiales habían demostrado a las grandes potencias cuán importante era contar con un fácil acceso a los recursos minerales y materias primas.

Como se observó en un informe del senador republicano Knowland, ello podía significar la "diferencia entre la victoria y la derrota", o como también subrayó Lord Curzon había sido obvio que los "aliados marcharon hacia la victoria navegando en una ola de petróleo".

Las principales potencias, pronto terminaron por considerar al aspecto relacionado con los minerales como un punto estratégico de la política exterior.

En éstas coordenadas, los estrategas de la política exterior norteamericana tendieron a observar con sumo desagrado, sobre todo en los años treinta, los procesos de nacionalización o control estatal de parte de aquellas naciones del Tercer Mundo que aspiraban a independizarse económicamente de los grandes centros financieros.

Con las últimas deflagraciones de la Segunda Guerra, Estados Unidos se convenció que era un país que a consecuencia de la conflagración, "nada tenía". Sobre la base de esta sensación se trazó lo que sería su futura inclinación política en cuanto a minerales: poner en práctica un régimen "interdependiente y multilateral que proporcionara el libre acceso a los recursos naturales de todo el mundo".

Así las cosas y ya honda la preocupación respecto del tema del petróleo norteamericano, sobre el cual las proyecciones de futuro eran sombrías, en 1946 se dio forma al Consejo Nacional del Petróleo, agencia que mediando entre el gobierno y los consorcios petroleros pasó a gestionar el libre acceso a dicho mineral.

Al tiempo, un editorial del New York Tribune sintetizaba los primeros resultados de la agencia así como los pasos del gobierno en pro de ello: "no hay país en el mundo que tenga un cuerpo de doctrina técnica relativa al petróleo, en todos sus aspectos, como el que tienen los Estados Unidos. No existe país que esté tan totalmente engranado a la energía que produce el petróleo,

Sin embargo, gracias a una mezcolanza de argumentos sin base, reticencia oficial y torcida hipocresía que ensombrece el asunto, pocos pueblos podrían encontrarse tan pobremente informados de las implicaciones globales de la producción y distribución petroleras, como el pueblo norteamericano".

Cuatro décadas más tarde de que el norteamericano Edwin Drake extrajera en su país, al cabo de una perforación similar a la realizada para obtener salitre, el primer barril de petróleo; el británico William Knox obtuvo del Sha persa la primera concesión de exploración del suelo de ese país por el término de 60 años -1901-.

 Pese a lo beneficioso del contrato (el territorio abarcaba la exploración de las 4/5 partes del total y Knox debía pagar el 16% de las regalías que obtuviese) los resultados no se visualizaron hasta que en 1908 se hallaron los enormes y ricos pozos de Masgid Soliman.

Observada su magnitud se fundó en Londres la Anglo Iranian Oil Company (AOIC) empresa que asumió la explotación de los descubrimientos de Knox así como los realizados por los demás compatriotas en otros lugares del mundo.

Gran Bretaña mientras tanto, y en observancia de la riqueza potencial que se escondía detrás de estos grandes emprendimientos, presurosa adquirió el 51% del paquete accionario de la AIOC.

Ya en la década del treinta, mediando además los significativos avances de las corrientes nacionalistas en la región, el Sha Reza se sintió presionado a promover, sobre mediados de 1932, una revisión de la concesión de 1901.

Tensadas las posiciones (tanto de la empresa como del Sha) a mediados de 1933 se alcanzó un acuerdo por el cual si bien la concesión era nuevamente por 60 años, se reducía a la mitad el espacio de exploración de la empresa, se le quitaba la potestad para la construcción de oleoductos y se aumentaban las regalías a pagar al Estado por parte de la empresa de 16 a 20%.

Sin embargo, y pese a la primera favorable impresión con que fue recibida la revisión antes mencionada, la expansión del consorcio británico en el Irán prosiguió su camino.

De esta forma, cabe acotar que en suma a la privilegiada posición que seguía ocupando, la AIOC constituía una especie de Estado dentro del Estado iranio: poseía gobierno, burocracia, jurisdicción, territorio, línea aérea y naves propias.

Al punto tal que dicha compañía "solía pagar una parte de las regalías destinadas al gobierno directamente a los jefes de la tribu Bajtiar, que dominaba la región donde se hallaban los yacimientos petrolíferos".

Con declaraciones sistemáticamente fraudulentas sobre sus ganancias, entre 1905 y 1932 la AIOC había conseguido pagar al Estado iraní sólo 11 millones de libras de sus 171 millones de utilidades netas.

Situación precaria

Paralelamente a ello, la situación del erario persa se hacía cada vez más precaria: en ninguna época los ingresos derivados del petróleo habían producido más del 12% del total de los ingresos. Además, entre 1911 y 1920, la empresa no había aportado regalías al país; entre 1921 y 1930 ellas fueron por 60 millones de libras, mientras que entre 1931 y 1941 éstas sólo habían trepado hasta los 125 millones para solventar los gastos militares derivados de la ocupación del país durante el conflicto bélico.

Con una inversión de 100 millones al inicio, el consorcio hacía 30 años que los había recuperado sumando sus beneficios unas 25 veces lo invertido. Así las cosas, cabe subrayar un último dato: en el período 1945-1950 la compañía registró ganancias cercanas a los 250 millones de libras mientras que Irán recibió sólo 90 millones de la misma moneda por concepto de derechos: "el gobierno británico recibió más dinero de la Anglo-Iranian en concepto de impuestos que lo que Irán recibió en concepto de derechos".

Chanchullos y corrupción

Tal estado de cosas, producto de una tradición política persa vinculada ciertamente al soborno y donde los "chanchullos y la corrupción eran un modo de vida" (según apuntaba un encargado de negocios británico); hería la sensibilidad de una corriente nacionalista que surgida durante los treinta, en los cincuenta parecía afianzarse con solidez a lo largo de todo el mundo musulmán.

Profundamente vinculados a los intereses y compromisos imperialistas -en un marco de fuertes realineamientos geopolíticos- no fue casualidad que en Irán y Turquía surgieran movimientos revolucionarios de corte nacional, reivindicativos de lo autóctono como subrayó el historiador Hobdbswm.

Un "viejo en pijama"

El principal líder de la vertiente nacionalista iraní que en ese contexto de fines de los cuarenta y principios de los cincuenta se apoderó de la escena política del país fue Muhmmad Hedayat, más conocido como Mossadegh gracias a un título que la dinastía de los Qajar le había concedido a su padre años antes.

Nacido aproximadamente hacia 1882 en Teherán -no existían por ese entonces registros confiables en Persia-, pertenecía a una familia aristocrática. Influenciado por su padre, quien llegó a ministro de Finanzas bajo el reinado de Naser al-Din, el joven Mossadegh se adentró tempranamente a la política.

Electo diputado del primer Majlis (Parlamento) en 1906, emigró tres años más tarde hacia Francia y Suiza donde en 1913 culminó sus estudios de grado y postgrado en derecho. Legislador nuevamente en 1915, al poco tiempo pasó a ocupar la labor de secretario del ministro de finanzas desde donde se destacó por su lucha frontal contra la corrupción imperante.

Designado en 1923 ministro de Exterior debió dimitir al no contar con el apoyo del Majlis, institución que no lo respaldaba en lo que era ya una constante prédica contraria a la influencia de las potencias externas en su país.

Arrestado más tarde por la policía secreta del Sha Reza Khan fue obligado a exiliarse y abandonar la acción política. Liberado en 1943 luego del derrocamiento del citado Sha, Mossadegh fue nuevamente persuadido para retornar a la arena política. Otra vez legislador un año más tarde fue el autor del proyecto por el cual se le quitaba al Sha la potestad para la firma de nuevas concesiones sin previa autorización legislativa.

Opuesto tanto a británicos como soviéticos, constituyó en 1949 el partido Frente Nacional. Un año más tarde era, sin dudas, "el héroe del momento" como apuntaba el periodista egipcio Mohamed Heikal.

Movilizador de masas

Poseedor de un estilo único y muy particular, Mossadegh (pese a sus aristocráticos orígenes) supo acuñar el republicanismo y movilizar a las masas sobre la base de una prédica nacionalista hecha a la medida de lo que el público quería escuchar.

Acumulaba, es cierto, grandes contradicciones. Modesto y excéntrico al mismo tiempo, solía recibir a las personalidades políticas o empresariales (nacionales o extranjeras) vestido con sus clásicos pijamas y mientras descansaba en la cama, lugar donde pasaba la mayor parte de su tiempo a causa, según decía, del vértigo que lo afectaba.

Celosamente vigilado por el temor al asesinato -moneda corriente de su país en ese entonces- pasó también a la historia por sus oratorias populares.

Un estilo llorón y teatralero

El citado Heikal, que le conoció y entrevistó, describió de esta manera su estilo: "empezaba hablando a los diputados sobre los sufrimientos del pueblo iraní, y su propia elocuencia le emocionaba tanto, que rompía a llorar. Las lágrimas se convertían en un ataque de tos y acababan una postración total.

Los diputados corrían a ofrecerle vasos de agua, agua de colonia y sales aromáticas. Al cabo de un rato lograban que volviera a ponerse de pie, tras lo cual Mossadegh continuaba su discurso, sólo para ser nuevamente dominado por la emoción cinco minutos después".

Mossadegh demostraba "ser un genio al mezclar la teatralidad con la política", pues más allá de los continuos desmayos, llantos y gemidos había detrás una sabia construcción simbólica de su imagen.

Así, y tras uno de sus clásicos desmayos en el Majlis en medio de un sentido y vibrante discurso, un parlamentario "médico, se levantó aprisa y pensando que el anciano podría estar en las últimas, tomó la muñeca de Mossadegh para comprobar su pulso. Y mientas los hacía, Mossadegh abrió un ojo y le hizo un pícaro guiño".

Nombrado por la prestigiosa Time "Hombre del año" en 1951, aquel "viejo en pijama", totalmente calvo, de nariz larga, brillantes ojos y débil apariencia emprendía así una de las nacionalizaciones más discutidas de la historia.

La estrategia norteamericana

Basado en esta imagen, su prédica tenía un enemigo particular: la AIOC, "fuente de todas las desventuras de esta torturada nación" según repetía. Desencadenante de una intensa presión popular en su favor, acabó por ser nombrado a regañadientes, primer ministro. Desde allí, obligó al Sha a proclamar la nacionalización del petróleo el 1 de mayo de 1950.

Sin embargo, más allá de lo propagandístico en pro de su imagen, este episodio poseía varios significados: había que hacer frente a la principal empresa del país –70.000 obreros- y administrar, en medio de las presiones externas e internas, la refinería de Abadán  que era la más grande del mundo y la condición de ser el tercer país en cuanto a reservas comprobadas de petróleo.

Tras reiteradas amenazas de intervención militar para proteger la compañía, fue finalmente persuadida de que debía abandonar la zona.

Con los norteamericanos convencidos de que una intervención británica podía significar "una invitación abierta para los soviéticos", decidieron, en primera instancia, mediar en el diferendo.

Más allá del significado que el acto en sí mismo poseía en el marco de la Guerra Fría, el interés norteamericano por el país se había ya traslucido en varias ocasiones.

El Secretario de Guerra James Byrnes había afirmado en 1945 que el mantenimiento de misiones militares norteamericanas en el Irán era un elemento de "interés nacional", puesto que la estabilización de ese país constituía una pieza fundamental para el "desarrollo de los intereses comerciales, petrolíferos y aéreos norteamericanos en Oriente Medio".

 Poco tiempo más tarde, la revista Time advirtió, comentando el célebre discurso de Harry Truman enunciando la doctrina de contención, que si bien las palabras presidenciales habían mencionado los casos de Turquía y Grecia, "las murmuraciones detrás de esas conversaciones se encuentran en el océano de petróleo que existe más al sur".

En concordancia con ello, tras la nacionalización decretada, los norteamericanos se ofrecieron para mediar en el diferendo entre las partes. Sometido al arbitraje internacional, Mossadegh viajó a Nueva York para defender la nacionalización en el seno de la ONU.

 Fue allí donde los norteamericanos evaluaron distintas fórmulas conciliatorias. Y fue también allí donde se percataron de que, contrariamente a lo que expresara el británico Anthony Eden, con Mossadegh se podía negociar.

Un ideólogo convencido

 Persuadidos de que el nacionalismo y la aparente férrea posición de Mossy (así le llamaban) respondían más que a un convencimiento ideológico a condicionantes internas muy fuertes, intentaron acercar cifras.

Entonces Mossadegh hizo llegar su respuesta: 50 millones de dólares de préstamo directo a cambio de flexibilizar la nacionalización.

Los norteamericanos, sabiendo que lo que Mossy no podía tolerar era participación británica directa -pues de ser así corría serio peligro su vida-, convencieron  a éstos a aceptar el convenio que preveía la participación norteamericana y, detrás de una fachada, también la británica.

Era fines de 1952 y todo parecía indicar que el acuerdo estaba cerrado cuando Mossy cambió de postura esperando obtener una mejor recompensa de la administración republicana ganadora de las elecciones con D. Eisenhower a su frente.

El error

Sin embargo, Mossy había cometido un serio error pues el republicano llegaba a la Casa Blanca en estrecha relación con grupos poseedores de fuertes intereses petroleros. Oliver Nathan subrayó la obviedad: "la elección (…) había sido financiada por la industria petrolera norteamericana; y entre los amigos íntimos del presidente se contaban numerosos petroleros, inversores bancarios y otros titanes del mundo empresario"

 Presiones y vinculaciones advertidas en su mismo momento y desde dentro del Partido por el senador Tobey cuando en un artículo en el Providence Journal (1/3/53) declaró saber de "las presiones a qué estamos sujetos nosotros los republicanos, por parte de los intereses petroleros y del gas".

En consonancia con ello, Eisenhower conformó un millonario gabinete de prominentes figuras del mundo del petróleo que, al decir del mismo presidente saliente, Truman, conformaban una verdadera "camarilla petrolera".

Si a éstos elementos agregamos el creciente rol del petróleo de Oriente Medio (mientras durante la Segunda Guerra esta zona aportaba 100 millones de barriles anuales, en 1952 lo hacía con 762) puede echarse luz respecto de por qué una vez arribado Eisenhower a la Casa Blanca, Foster Dulles -Secretario de Estado- prohibió que los funcionarios del Departamento de Estado siguieran adelante buscando una negociación con Mossadegh.

De allí en adelante, la construcción simbólica se abrió paso descontextualizando los hechos porfiadamente. Dulles entonces subrayó que veía con "honda preocupación" lo que entendía como "crecientes actividades" del Partido Comunista Tudeh, detrás del cual estaba el comunismo internacional rodeando a Mossadegh.

Reunido el Consejo de Seguridad de EEUU para discutir la situación iraní, Dulles realizó el siguiente comentario: tras dar como seguro que se avecinaba un golpe de estado soviético en el país, declaró que con tal usurpación "no solamente el mundo libre se verá privado de los enormes activos que representan la producción y las reservas petrolíferas iraníes (…) sino que, además, los rusos obtendrán estos activos y por lo tanto se verán libres de la preocupación de sus recursos petrolíferos. Y aún peor, si Irán sucumbe (…) no habrá ninguna duda de que en breve plazo las otras zonas de Oriente Medio, con un sesenta por ciento de las reservas petrolíferas mundiales, quedarán bajo control comunista".

Alarmado, el presidente norteamericano preguntó si acaso había alguna salida, fue respondido afirmativamente: El Plan Ajax. Fue entonces cuando se barajó el naipe que faltaba, el de la CIA, instrumento ágil, discreto y económico para deshacerse de gobernantes molestos o poco proclives a aceptar los lineamientos de EEUU. Del Plan hablaremos en nuestra próxima columna. (Jackemate.com)

Por Lic. Ricardo Marconi

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