Lunes, Junio 01, 2020
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Introspecciones: 'El Dengue como negocio en América Latina'

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DENGUE - MARCONI

La fiebre del Dengue y Dengue Hemorrágico (DH) son enfermedades febriles agudas, transmisibles en los trópicos, en África y en Sudamérica, aunque también se da en Europa y Estados Unidos. La enfermedad es causada por cuatro virus: (DEN-1, DEN-2, DEN-3 ó DEN-4), los que están relacionados de manera estrecha con serotipos del género Flavivirus

 

Se trasmite a los humanos por el mosquito Aedes Aegypti, principal vector en el hemisferio occidental, aunque también se transmite por el Aedes Albopictus.

El trastorno físico es, además, conocido como fiebre rompe-huesos o quebrantahuesos y posee una extensión geográfica similar a la de la malaria, aunque se diferencia de esta porque el dengue azota zonas urbanas de países tropicales, tales como Argentina, Bolivia, Paraguay, Brasil, Venezuela, India, Singapur, Taiwán e Indonesia.

Los principales síntomas son dolores musculares y articulares, fatiga, dolor de cabeza, erupciones, náuseas, vómitos y fiebre alta.

Las prevenciones

No está demás exponer que Las prevenciones pasan por eliminar o disponer adecuadamente de envases y recipientes que acumulen agua, cambiar el agua al menos cada tres días y lavar con esponjas los bebederos de animales, desmalezar patios y destapar desagües pluviales, aplicarse repelente en la piel expuesta y rociar la ropa, cubrirse los brazos y piernas.

A ello debe agregarse la instalación de mosquiteros en aberturas y cochecitos de bebés.

El calentamiento global del planeta ha favorecido la dispersión del mosquito hacia áreas menos tropicales, provocando que el 40% de la población esté en riesgo, lo que ha elevado a 50 millones de casos anuales de la enfermedad, 500.000 hospitalizados y 20.000 defunciones.

El negocio del dengue

Si hacemos brevemente un poco de historia podemos señalar que en la epidemia del dengue de 2009 los fabricantes de insecticidas, repelentes y mosquiteros cuadruplicaron sus ventas, aplicando aumentos desmesurados como resultante de los contagios masivos.

Los servicios de fumigación en vía pública y domiciliario, los repelentes para uso epidérmico, las pastillas vaporizadoras y todo líquido insecticida que existía en el mercado registraron una demanda de entre el 100 y el 400% mayor de lo habitual.

La venta del analgésico y antifebril se cuadruplicó en Argentina durante 2009, y a pesar de las recomendaciones de no utilizar otros analgésicos como el ibuprofeno y la aspirina, también creció la cantidad de unidades vendidas en 97%.

Algunos laboratorios y otros integrantes de la cadena de distribución aumentaron el precio del paracetamol entre un 7 y un 10% sin que medie otra justificación que la mera especulación.

Otra marca conocida con que se comercializa dicha droga, del laboratorio Sidus también incrementó el precio en caja de 50 comprimidos sin sufrir sanciones. Incluso, -se señala insistentemente-, habría quioscos que vendían de a un comprimido con incremento superiores al 600 por ciento. Repelentes, espirales y líquidos insecticidas también sufrieron fuertes incrementos.

Ataques bacteriológicos

También vale mencionar presuntos antecedentes de ataques bacteriológicos. La primera acción conocida, a nivel de antecedentes, se remontaría a 1962, oportunidad en que se trató de introducir una enfermedad que afecta a tortugas de mar. Desde ese tiempo, se habrían documentado más de dos decenas de ataques en un lapso de 40 años.

A modo de ejemplo podemos mencionar la introducción, en 1971, de la fiebre porcina que derivó en la matanza de 500.000 cerdos y la introducción, en 1980, del dengue hemorrágico, que enfermó a 350.000 cubanos y produjo el fallecimiento de 158.

En 1996, desde un avión que sobrevoló Cuba, habría dispersado un insecto llamado “trips palmi”, que destruyó la cosecha de papa en varias provincias, asestando un duro golpe económico a los habitantes de la isla.

Cuba consideró tener pruebas para plantear una acusación ante las Naciones Unidas, siendo la primera desde el convenio de 1972 contra la guerra biológica. Estados Unidos no accedió a que la investigación se realizara en su territorio.

También, en 2001 EE.UU se negó a firmar un mecanismo de control con inspección de fábricas y exportaciones. La sospecha cubana de que el dengue había sido introducido por la CIA recibió mayor credibilidad tres años después tras escuchar el testimonio del jefe de uno de los grupos cubano-americano.

Se trata de Eduardo Arocena durante un juicio por varias acusaciones ente las que se contaba el asesinato de un diplomático cubano en Nueva York. Por esa época 'The New York 

DENGUE - 1

Times' hizo referencia a que Arocena había visitado Cuba en 1980, pero no dio a conocer que Arocena declaró que lo que él había introducido en Cuba, en esa misión, “produjo resultados que no eran los que esperábamos, porque nosotros pensamos que se iba a utilizar contra las fuerzas soviéticas y fue usado contra nuestra propia gente y con eso no estábamos de acuerdo”.

Asimismo, el ex presidente Carter habría consentido que se desataran atentados bacteriológicos para provocar una epidemia de dengue tipo 2, cuando la epidemia había sido erradicada de suelo cubano. Extraoficialmente pudo saberse que miles de niños fueron afectados y 101 resultaron muertos.

 

En Argentina

En nuestro país, con el dengue, obviamente se abre un gran abanico comercial que pasa inadvertido ante la catarata informativa del coronavirus.

Es más, seguramente el lector recordará que en el 2002, un grupo de elite del ejército norteamericano, se desempeñaba en el control del dengue en la provincia de Misiones bajo la cobertura del “Plan Vigía” de control de enfermedades infecciosas, que financió el Banco Mundial y que ejecutaba el Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación.

Los infantes de marina, a cargo del denominado “Componente II”, tenían previsto continuar en Formosa y seguir su carrera hacia Buenos Aires. Un año más tarde (2003) un despacho de “Misiones on line”, firmado por Pedro Oviedo, daba cuenta de un convenio entre el gobierno de Misiones y “un grupo de elite del ejército norteamericano conocido como marines, que tiene la delegación más importante de Sudamérica, instalada en la ciudad de Lima”.

En Perú

La página de la Embajada Norteamericana en Perú hizo referencia a que se trataba del Destacamento Naval de Investigación Médica de Estados Unidos“ que fue establecido en Lima, Perú, en 1983 mediante un convenio firmado entre la Marina de Perú y la Marina de Estados Unidos”, aparentemente para investigar “enfermedades infecciosas de interés común”.

El Destacamento Naval de Investigación Médica de los Estados Unidos tiene sede en Forest Glen, Maryland, Estados Unidos y constituye una agencia de apoyo a la Embajada de los Estados Unidos en Perú”.

Según la propia embajada norteamericana en Perú “el Destacamento Naval de Investigación Médica de los Estados Unidos tiene como objetivo la conducción de investigaciones sobre enfermedades infecciosas que afectan la salud humana en Centro y Sudamérica (principalmente en la región andina y la cuenca amazónica), particularmente aquellas de importancia para la actividad militar”.

Por si existieran dudas reitera más abajo que la meta número 1 es “determinar y establecer prioridades en cuanto al peligro de que enfermedades infecciosas afecten a fuerzas militares” tales como dengue, tuberculosis, mal de Chagas o fiebre amarilla.

En Misiones

Pensando bien sólo podemos agregar que el objetivo estratégico de la Marina norteamericana seguramente era ignorado por Telmo Albrecht, entonces, ministro de Salud de la provincia de Misiones, que consideró el convenio “favorable para la provincia”.

Los marines se comprometían a aportar todos los reactivos, tecnología y todo lo que el laboratorio de Iguazú necesite para ser un centro de referencia epidemiológico para el diagnóstico. La “ayuda” comprendía asimismo que Débora López, una bioquímica de Iguazú, viajara a Lima para trabajar durante dos meses en la base militar norteamericana.

A cambio, las autoridades misioneras se comprometían a proveer al Destacamento Naval, información “sobre todos los casos posibles de dengue, tanto los positivos como los sospechosos y a qué tipo de cepa corresponden (I-II-II o IV)”, así como “toda la información epidemiológica que tengan sobre casos de la enfermedad que se detecten en el territorio provincial en general y en la ciudad de Puerto Iguazú en particular”.

Ya hemos dado cuenta en nuestras columnas –ya que no es un secreto de Estado-, que la zona de Puerto Iguazú es una de las ciudades de la Triple Frontera que desvela a la inteligencia norteamericana.

Efectivos militares norteamericanos desembarcaron en Argentina, con fines sanitarios, a mediados de los 80, para instalarse en Azul, provincia de Buenos Aires, con un laboratorio del ya desaparecido Centro Panamericano de Zoonosis, donde se habrían efectuado pruebas con virus recombinados de rabia y viruela hasta que se habrían producido “fugas” con lo que se terminó con el secreto de la operación.

En 1986, el Centro Panamericano de Zoonosis de Azul, -trascendió- introdujo un virus en la Argentina de manera clandestina. El objetivo: llevar adelante los ensayos necesarios para la creación de una nueva vacuna contra la rabia, a partir de la técnica de ingeniería genética.

El virus, llamado "Recombinante" habría sido creado en los laboratorios de la compañía francesa TRANSGENE S.A. y luego paso a manos del Instituto Wistar de Filadelfia, Estados Unidos, encargado de efectuar las pruebas de campo.

Esta creación, resultado de la combinación de una parte del virus de la viruela, hoy completamente erradicado de la faz de la Tierra, con un gen del virus de la rabia, exigía pruebas muy rigurosas.

El investigador argentino Mauricio Seigelchifer denunció lo que ocurría en Azul y en Buenos Aires el Ministerio de Salud de la provincia nombró la primera Comisión Investigadora que seguiría el caso, y cuyo informe fue lapidario: "El experimento se está realizando en condiciones de seguridad inaceptables para todos los participantes y de riesgo de diseminación de un virus recombinante desconocido en la naturaleza", decía, y recomendaba medidas urgentes.

Dos años después el experimento moría en el olvido. Se habrían descongelado los sueros de las vacas en los que se debía buscar los anticuerpos contra la rabia. Al parecer, descuidadamente se mezclaron los rótulos de las muestras.

Además, casualmente, algunos de los argentinos que debían esclarecer el caso, pasaron a ocupar importantes cargos en los organismos involucrados en el experimento de Azul.

Como broche, en 1990 en gestión de Matilde Menéndez, toda la documentación sobre el caso desapareció misteriosamente de la caja fuerte del Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación y en 1993, más de 100 personas fueron afectadas por una "enfermedad virósica de origen desconocido", en la zona de Chillar, en Azul.

Informes médicos, trascendió, los enfermos manifestaron inflamación de los ganglios, enrojecimiento de la boca y manchas abdominales sin picazón ni ardor.

Frente a estos síntomas, y al temor de que se tratase de meningitis, el Ministerio de Salud provincial envió dos especialistas: tomaron muestras y confirmaron que no se trataba de esa enfermedad sino de algo desconocido y "altamente contagioso", tanto así que los dos profesionales se contagiaron sólo 12 horas después de haber evaluado los primeros pacientes.

Las autoridades enviaron muestras para analizar en Atlanta, Estados Unidos. No hubo más noticias al respecto.

Nueva cepa de dengue

A principios de 2008, especialistas de la Universidad del Zulia, en Venezuela, identificaron un nuevo serotipo más agresivo del dengue, clasificado como 5, que presentaba complicaciones hepáticas en los pacientes hasta causar la muerte. La mutación habría sido creada en laboratorios tecnológicos que manipulan virus y crean enfermedades.

Se conocían cuatro serotipos del dengue: dos tipos que producen el dengue clásico y dos el hemorrágico, para sorpresa los científicos venezolanos encontraron que existe un número 5, y se observó que la mitad del genoma es del dengue hemorrágico, pero la otra mitad está mutado con el virus de la hepatitis.

El cincuenta por ciento de su genoma era del dengue ya conocido y el otro cincuenta por ciento correspondía a un virus hepatotrófico, es decir que daña el hígado.

Esto no es de origen espontáneo. Está comprobado científicamente en los laboratorios de virología de la Universidad del Zulia, que fue mutado de manera tecnológica y que coincide muy probablemente con experiencias de guerra biológica.

Al parecer el virus 5 puede ser mortal precisamente al quinto día, si no se administra el tratamiento o si las personas están inmunosuprimidos; padecen de diabetes o están recibiendo esteroides.

La enfermedad provocada por este tipo de dengue produce lesiones severas al hígado, al páncreas, miocárdicas y alteraciones del sistema nervioso central.

Este nuevo serotipo del dengue es muy agresivo y provoca complicaciones hemorrágicas en las embarazadas que están a punto de dar a luz.

También es peligroso a las que tengan su proceso menstrual; si se contagian, deben acudir a los centros de salud para que se le practiquen las pruebas de coagulación y se tomen las medidas preventivas porque pueden tener un cuadro de shock hemorrágico.

A principios de Abril de 2009 se alertó sobre la presencia del serotipo 2 en Venezuela variante del virus 5, que también ataca principalmente al hígado.

Operación Mangosta

Informes desclasificados del gobierno norteamericano prueban que entre 1961 y 1962, la CIA organizó una siembra de virus con la Operación Mangosta en Cuba, mediante la que se pretendía incapacitar a los trabajadores azucareros durante la cosecha, utilizando medios químicos para enfermarlos.

A modo de dato complementario, debemos apuntar que entre el primero de junio y el 10 de octubre de 1981 se notificaron 344.203 casos de dengue, de ellos más de 30.000 eran casos hemorrágicos.

Pero no sólo se introdujo el virus, sino que se negó la posibilidad de adquirir en Estados Unidos el “abate”, producto químico para eliminar el agente transmisor, el mosquito Aedes Aegypti. Cuba tuvo que desplazar aviones a Europa y a Japón para adquirirlo.

Especialistas norteamericanos en guerra biológica habían sido los únicos en obtener una variedad de mosquito Aedes Aegypti, sensiblemente asociada a la transmisión del virus dos del dengue, que fue el que entró a Cuba y que no estaba circulando en ese momento en el mundo.

En el juicio celebrado en 1984, en Estados Unidos contra Arocena,
el Subsecretario del Departamento de Estado, John Bolton, sostenía que en La Habana se estaban produciendo armas biológicas. Este habría sido uno de los pretextos para el ataque.

En 1985 una erupción de fiebre dengue azotó Managua, Nicaragua, poco después del aumento de las misiones aéreas de reconocimiento por parte de Estados Unidos. Casi la mitad de la población de la importante ciudad fue presa de la enfermedad y varias muertes han sido atribuidas a la epidemia.

Brasil se ve afectado casi todos los años por los brotes de dengue. Solo en marzo de 2009 se registraron cerca de 3.212 casos en el estado de Espíritu Santo. Como una medida para disminuir la cantidad de casos, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil, registró un remedio homeopático contra el dengue, que sería comercializado sin necesidad de receta.

El medicamento, conocido como Proden y desarrollado por el médico de San José de Río Preto, Renan Marino, fue administrado en 2007 a los habitantes de esta localidad. Según el médico, el 80% de los pacientes que tomaron este remedio no contrajeron dengue.

En 2019

El dengue no tiene tratamiento antiviral específico, pero el diagnóstico temprano y el acceso a la asistencia médica adecuada disminuyen las tasas de mortalidad por debajo del 1%.

 En 2019, se registraron en la Región de América del Sur 2.399.225 casos de dengue de los cuales 2.120.115 correspondieron a Brasil, 16.193 a Bolivia, 11.237 a Paraguay y 3.209 a Argentina; 3.414 con criterio de dengue grave y 962 defunciones. (Jackemate.com)

 

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