Martes, Febrero 18, 2020
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Introspecciones: Los mercenarios hacen millones con la muerte de iraquíes, afganos, iraníes y yemeníes

 

En el último de los materiales periodísticos que elaboramos para 'Jackemate.com' hicimos mención, tangencialmente, al desarrollo operativo de la CIA en Irán, Irak, Afganistán y actualmente Yemen, basado en empresas privadas que cumplen tareas de inteligencia, apoyadas, a su vez, en mercenarios con antecedentes militares.

En este sentido, podemos señalar que uno de los más importantes asesores de la CIA –según el periodista Germán Leyens- dejó trascender que el presupuesto de inteligencia acumulado para 2009, de las 16 agencias en la “comunidad informativa” de EE.UU. alcanzó aproximadamente 55.000 millones de dólares, aunque otros informes confidenciales indican que al final del mismo año se habría llegado a los 66.000 millones.

Esto último implica que el presupuesto para espionaje en el país del norte se ha más que duplicado en menos de una década. Debemos acotar, en la misma línea de información que Robert Dreyfuss, en su blog en The Natión, apuntó que “gran parte de ese dinero terminará en manos de los contratistas privados del Ministerio de Defensa, quienes –nos dicen- ya poseen un mini-complejo de inteligencia industrial en EE.UU.

Una agencia de inteligencia incompetente puede no sólo generar situaciones de extrema debilidad, al permitir que agentes dobles  maten en sus bases a su personal, como ocurrió en Yemen, sino que, además, “puede representar una amenaza para la seguridad nacional como no tener ninguna”, según entiende el ex  asesor de la CIA Chalmers Johnson.

La mayoría de los estadounidenses tienen actualmente una difusa idea de lo que significa el término “complejo militar-industrial” cuando lo leen en un periódico o escuchan que un político lo menciona.

El presidente Dwight D. Eisenhower presentó la idea al público en su discurso de despedida del 17 de enero de 1961.

Decía el ex primer mandatario norteamericano que “Nuestra organización militar actual tiene poca relación con la conocida por alguno de mis predecesores en tiempos de paz,” dijo, “o por cierto, por los combatientes en la Segunda Guerra Mundial y Corea... Hemos sido forzados a crear una industria permanente de armamentos de vastas proporciones... No debemos dejar de comprender sus graves implicaciones... Debemos precavernos contra la adquisición de influencia injustificada, sea buscada o no, por el complejo militar-industrial.”

Está claro que desde las palabras de ex presidente a la actualidad ha habido demasiado poco estudio serio, o discusión de los orígenes del complejo militar-industrial, cómo ha cambiado con el pasar del tiempo, cómo el secreto gubernamental lo ha ocultado de la supervisión de los miembros del Congreso o de ciudadanos atentos, y cómo degrada nuestra estructura constitucional de división de poderes.

Hasta el presente la opinión pública tiene asumida elementalmente la colaboración entre los jefes de las fuerzas armadas y empresas de propiedad privada, con fines de lucro, tanto de producción como de servicios militares.

Roosevelt, en ese sentido patrocinó esas relaciones público-privadas en un marco de rearme de Estados Unidos, cubierto por la lucha contra las fuerzas crecientes del fascismo. Así se disfrazaban los beneficios económicos en tiempo de guerra.

La nueva relación simbiótica: Inteligencia privada–guerra en países enemigos de EE.UU. 

La incrementada relación simbiótica entre el gobierno yanqui y los responsables corporativos implicaba para algunos expertos militares confusión a la hora de la separación de poderes.

Los jefes de las fuerzas armadas saben perfectamente que el escrutinio sobre fuerzas económicas-militares casi no existe, aunque vale decir que bajo la superficie hay un movimiento menos conocido del gran capital para reemplazar instituciones democráticas por otras que representen sus intereses.

En este sentido, los especialistas recomiendan el nuevo libro de Thomas Frank “Los demoledores: como gobiernan los conservadores”. Allí se hace mención a las grandes sumas invertidas por el sector público en la defensa nacional.

No es el citado, el único libro que advierte contra la expansión del poder privado y de la abdicación selectiva de la responsabilidad gubernamental por el bienestar de la ciudadanía, ya que otros autores como Wolin, afirman que “... La privatización de los servicios y cometidos públicos manifiesta la permanente evolución del poder corporativo hacia una forma política, para convertirse en un socio integral, incluso dominante del Estado. Marca la transformación de la política estadounidense y de su cultura política, de un sistema en el que las prácticas y los valores políticos eran, si no definidores, por lo menos importantes elementos contribuidores, hacia otro en el que los elementos democráticos restantes del Estado y sus programas populistas están siendo sistemáticamente desmantelados... ”

Mercenario, el mundo es suyo

Chalmers Johnson y Tom Dispatch otro destacado asesor de inteligencia, no conocidos por el gran público sostienen, palabras más, palabras menos, que “el sector privado se encuentra ahora en pleno ascenso. Las fuerzas uniformadas aéreas, terrestres y navales del país –EE.UU.- así como sus agencias de inteligencia, incluyendo la CIA, la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa), e incluso redes clandestinas encargadas del peligroso trabajo de penetrar y espiar a organizaciones terroristas, dependen todas de hordas de “contratistas privados.”

En el contexto de las funciones de seguridad nacional del gobierno, un mejor término para estas sería “mercenario” que trabajan en privado para compañías en busca de beneficios”.

Tim Shorrock, periodista y principal autoridad sobre el tema de la subcontratación de inteligencia militar, resume esta situación de un modo devastador en su nuevo libro: “Spies for Hire: The Secret World of Intelligence Outsourcing” [Espías de alquiler: el mundo secreto de la subcontratación de la inteligencia].

Las siguientes citas resumen algunas de sus principales conclusiones: “...En 2006... el costo de las actividades de espionaje y vigilancia de EE.UU. subcontratadas a contratistas ascendió a 42.000 millones de dólares, o sea a cerca de un 70% de la suma estimada de 60.000 millones que el gobierno gasta cada año en actividades de inteligencia en el exterior y en el interior del país...

La cantidad de empleados subcontratados excede ahora el personal a tiempo completo [de la CIA] de 17.500...

Los contratistas componen más de la mitad de la fuerza de trabajo del Servicio Clandestino Nacional de la CIA (antiguamente el Directorado de Operaciones), que realiza operaciones clandestinas y recluta a espías en el extranjero..."

“Para satisfacer la insaciable demanda de la NSA de datos y tecnología de la información, la base industrial de contratistas que tratan de hacer negocios con la agencia aumentó de 144 compañías en 2001 a más de 5.400 en 2006...”

En la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO), la agencia a cargo de lanzar y mantener los satélites de foto reconocimiento y de escuchas de la nación, casi toda la fuerza laboral está compuesta de empleados contratados que trabajan para compañías [privadas]... Con un presupuesto anual estimado en 8.000 millones de dólares, el mayor en la IC [comunidad de la inteligencia], los contratistas controlan negocios por cerca de 7.000 millones de dólares en la NRO, dando a la industria de los satélites espías la distinción de ser la parte más privatizada de la comunidad de la inteligencia.

“Si hay una generalización que se pueda hacer sobre los programas IT [de tecnología de la información] subcontratados por la NSA, sería la siguiente: no han funcionado bastante bien, y algunos han sido fracasos espectaculares...”

En 2006, la NSA no pudo analizar gran parte de la información que estaba reuniendo. Como resultado, más de un 90% de la información que estaba recolectando era descartada sin haber sido traducida a un formato coherente y comprensible; sólo cerca de un 5% era traducida de su forma digital a texto y luego enviada a la división correcta para ser analizada.

Revelación

Varias deducciones pueden ser extraídas de la estremecedora revelación de Shorrock. Una es que si un servicio de espionaje extranjero quisiera penetrar los secretos militares y gubernamentales estadounidenses, su camino más fácil no sería conseguir acceso a alguna de las agencias oficiales de EE.UU., sino simplemente conseguir trabajo para sus agentes en cualquiera de las grandes compañías privadas orientadas hacia la inteligencia, de las cuales el gobierno ha llegado a depender de manera notable.

Estas incluyen a Science Applications International Corporation (SAIC), basada en San Diego, California, que típicamente paga a sus 42.000 empleados salarios más elevados que si trabajaran para puestos semejantes en el gobierno.

Booz Allen Hamilton, uno de los contratistas más antiguos en la inteligencia y las operaciones clandestinas que, hasta enero de 2007, fue el empleador de Mike McConnell, ex  director de inteligencia nacional y el primer contratista privado nombrado para dirigir a toda la comunidad de la inteligencia, y ‘CACI International’ que, bajo dos contratos de “servicios de tecnología de la información,” terminó suministrando en 2003 unas dos docenas de interrogadores al Ejército en Irak en la ya vergonzosa prisión Abu Ghraib.

Según el general Anthony Taguba, quien investigó el escándalo de tortura y abusos en Abu Ghraib, cuatro de los interrogadores de CACI fueron “directa o indirectamente responsables” de la tortura de prisioneros. (Shorrock, p. 281).

De modo bastante notable, SAIC ha virtualmente reemplazado a la Agencia Nacional de Seguridad como el principal recolector de inteligencia por señales para el gobierno. Es el mayor contratista de la NSA, y esta última es hoy el mayor cliente de la compañía.

Miles de espías: ¿Sobornadores sin control?

El ya citado Tom Dispacht tiene claro que “Hay literalmente miles de otras empresas con fines de lucro trabajando para suministrar al gobierno las llamadas necesidades de inteligencia, a veces incluso sobornando a miembros del Congreso para financiar proyectos que nadie quiere realmente en el Poder Ejecutivo.

Fue el caso del congresista Randy "Duke" Cunningham, republicano del Distrito 50 de California quien, en 2006, fue sentenciado a ocho años y medio en una prisión federal por solicitar sobornos de contratistas de la defensa.

Uno de los sobornadores, Brent Wilkes, amañó un contrato por 9,7 millones de dólares para su compañía, ADCS Inc. ("Automated Document Conversion Systems") para computarizar ¡los archivos centenarios de la excavación del Canal de Panamá!

El juego del halcón

El gobierno norteamericano ha tenido un prolongado y lamentable historial cuando se trata de proteger su espionaje de la infiltración extranjera, pero la situación actual parece particularmente peligrosa.

Recordemos el caso descrito en el libro en 1979 de Robert Lindsey “El juego del halcón” (aparecido como película en 1985 bajo el mismo nombre). Allí se cuenta la historia verdadera de dos jóvenes californianos del Sur, uno con una alta aprobación de seguridad que trabajaba para el contratista de la defensa TRW (apodado “RTX” en la película), y el otro, drogadicto y pequeño contrabandista.

El empleado de TRW es motivado para su comportamiento por su descubrimiento de un documento desviado de la CIA que describe planes para derrocar al primer ministro de Australia, y el otro por necesidad de dinero para pagar su adicción.

Deciden ajustar cuentas con el gobierno vendiendo secretos a la Unión Soviética y los denuncian sus propias chapucerías. Ambos son sentenciados a prisión por espionaje.

El mensaje del libro (y de la cinta) reside en la facilidad con la que traicionaron a su país – traición que duró hasta que fueron dejados al descubierto y aprehendidos.

Actualmente, gracias al pasmoso sobre-privatización de la recolección y análisis de la inteligencia en el exterior, se generalizan las oportunidades para semejantes violaciones de la seguridad.

Quienes realizan periodismo de investigación deben honestamente aplaudir a Shorrock por su extraordinaria investigación de un tema casi impenetrable, basándose solo en fuentes abiertamente disponibles.

Allí se expone con meridiana claridad las actividades mercenarias de empresas privadas que tienen atrapada a la inteligencia norteamericana, la que por otra parte es la mayor fuente de datos para los organismos oficiales que deben conducir los conflictos bélicos en el territorio norteamericano y en el exterior, donde generan la muerte de muchas personas que no cumplen ningún papel en el conflicto. 

El análisis del papel que cumplen Chalmers Jonson y Tom Dispatch da para mucho más y seguramente, junto al rol de las contratistas de tareas de inteligencia, será tratado en alguna otra de nuestras “Introspecciones”. (Jackemate.com)

Por Lic. Ricardo Marconi

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