Domingo, Junio 16, 2019
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El proyecto militar estadounidense para el orbe

El presidente de Estados Unidos Donald Trump consideró que se ha cumplido satisfactoriamente  la operación militar contra el ISIS y, por dicha motivación, ordenó una urgente retirada militar de Siria

La decisión no ha sido tomada como positiva por parte de sus asesores políticos, los del Ministerio de Defensa y menos por el Pentágono, que estiman  que la media colisiona  contra el objetivo  de su política en Medio Oriente, centralmente  con el propósito de detener la influencia iraní en la región, provocando ello un vacío  que sería ocupado por Teherán.

Entre los generales norteamericanos –según fuentes de los medios de comunicación del país del norte-, consideran la media “como un error estratégico que posibilitaría el resurgimiento de ISIS”.

El senador republicano  de Carolina del Sur, Lindsey Graham, del mismo estrato político de Trump, criticó la decisión en el Senado apuntando: “Esta es una mancha en el honor de Estados Unidos”, a la vez que hizo consideraciones sobre el nivel de seguridad en el propio territorio yanqui.

  La decisión de Trump, desde la visión republicana, ha sido considerada como una búsqueda de reforzamiento de su triunfo, logrado a partir de la aprobación de un proyecto de Ley de  justicia penal, equilibrada, a su vez, con el duelo que mantiene con el Congreso respecto de la financiación de su muro fronterizo.

Trump busca ser avalado en su decisión por familiares de soldados que se hallan en territorio de Siria, cuyo número estaría cercano a los 2.000, así como de los parientes de los soldados abatidos en el mismo territorio.

En lo que se considera una victoria, pero para Moscú, el Congreso estadounidense  levantó sanciones a dos empresas rusas, aunque –vale reflejarlo-, también anunció acusaciones  contra 15 espías del servicio de inteligencia GRU de Moscú y cuatro organismos por “interferencia electoral, así como por un intento de asesinato en Gran Bretaña”.

La retirada

Trump considera que la retirada de las fuerzas especiales de Estados Unidos de Siria coincide con su conocida posición de que los soldados de su país no deberían pelear en “guerras ajenas”, a pesar de que ello implicará, en este caso puntual –según sus asesores militares-, el nuevo crecimiento  de los irregulares musulmanes.

Donald Trump, sin duda, como comandante en jefe de las fuerzas militares, tiene el derecho de dar las órdenes que emitió, sus opositores lo saben  y entienden que la población urbana de Siria no objetará su medida ni lo dejará de apoyar.

Por otra parte, el titular del Ejecutivo sabe que liberales y conservadores  piensan que las guerras externas al territorio estadounidense  deberían concluir y los efectivos afectados a ellas deben regresar.

Contradicción

Brett Mc Gurk, enviado por el Ejecutivo norteamericano ante la coalición mundial  para enfrentar al terrorismo, contradijo a Trump afirmando: “Si hemos aprendido una cosa es que la derrota duradera de un grupo como el ISIS, significa que no puedes únicamente vencer su espacio físico y luego marcharte. Debes asegurarte que las fuerzas de seguridad  interna estén en su lugar para garantizar a que esos logros en seguridad sean permanentes”. El mismo criterio se utilizó en Afganistán, que sigue en guerra.

Para colmo, en las últimas horas,  Trump emitió un Decreto Ejecutivo que prohíbe viajar a ciudadanos de algunos países con población mayoritaria musulmán y ahora sus funcionarios deben explicar la contradicción con el repliegue dispuesto.

A ello se suma que altos funcionarios de la administración de la Casa Blanca no saben cuántos soldados ya salieron de Siria. ¿Qué decir entonces de los componentes “sorprendidos” de la Alianza militar que enviaron sus soldados a luchar y murieron  junto a los estadounidenses?

Conversación secreta y misiles

Sólo saben estos últimos que la orden de retirada se generó luego de una conversación entre Trump y el presidente turco, Recep Tayyp Erdogan, quien ahora obtiene una ventaja en sus esfuerzos para presionar a rebeldes Kurdos en  Siria y –paralelamente-, evitar que se refuerce el grupo militante kurdo PKK, considerado terrorista.

Estados Unidos aprobó, mientras tanto, la venta de misiles Patriot a Turquía por 3.500 millones de dólares. En la OTAN esto no fue bien visto.

Ello se compatibiliza con las revelaciones de Erdogan sobre el asesinato del columnista del Washington Post Jamal Khashoggi en el consulado saudita en Estambul. La CNN indicó que anaistas políticos de Washington están atentos para  ver si Erdogan, con los misiles en el bolsillo, minimiza el homicidio del columnista.

El pensamiento estratégico norteamericano

Desde hace 7 décadas que los estrategas yanquis se obsesionan con mantener la superioridad militar sobre el resto del mundo sin entender que esto no implica obtener la defensa de su pueblo.

Analistas militares, durante la década transcurrida entre la disolución de la URSS y los atentados del 11 de setiembre de 2001, buscaron diferentes maneras de intimidar, presionar y convencer a todo aquel que se resistía a la dominación estadounidense, ya sea por la vía militar o la económica.

Harlan K. Ullman desarrolló la idea de aterrorizar a los pueblos enemigos asestándole golpes brutales (Shock and awe), traducido como “shock y pavor”. Un ejemplo, algo así como la utilización de la bomba atómica  contra Japón, y si lo traemos más acá en el tiempo, el bombardeo a Bagdad con misiles crucero.

Asimismo, el filósofo Leo Strauss hizo escuela con sus seguidores, quienes impulsaban la posibilidad de ganar varias guerras a la vez (Full-spectrum dominance), esto es “dominio en todos los sentidos”.

Así comenzamos a presenciar las guerras contra Irak y Afganistán, dirigidas bajo un mando común, utilizando, según el almirante Arthur Cebrowski, el procesamiento y compartimiento de miles de datos de manera simultánea, con el uso de robots capaces de indicar, de manera instantánea, las mejores tácticas, según el objetivo. Ello dio algunos frutos…negativos.

El pensamiento neoimperialista

Esas obsesiones llevaron al presidente George W. Bush y la US Navy a organizar el más extenso sistema internacional de secuestro y tortura, que contó 80. 000 víctimas. Obama continuó con el mecanismo utilizando drones y comando, con un presupuesto de más de casi dos decenas de millones de dólares.

Las investigaciones que derivaron de denuncias internacionales obligaron al Pentágono a “levantar c asas de tortura” en países de Europa.

El asistente de Cebrowski, Thomas Barnett tomó a su cargo las academias militares anunciando su “nuevo mapa del mundo”,  Pentágono mediante, obviamente con la aplicación de una reforma estructural de las Fuerzas Armadas de EE.UU.

Visión bipolar

El Pentágono, por ese entonces,  tenía una visión bipolar del mundo: Por un lado los Estados estables –el G8 y sus aliados- y el resto del mundo por el otro, considerado sólo como una fuente de recursos. Eso sí, Barnett no consideraba crucial el acceso a dichos recursos.

Sí aleccionaba a destruir toda la estructura estatal en países sostenidos por sus recursos para que no se resistieran tratando con los Estados estables.

La teoría sostenía que los Estados estables sólo tendrían acceso a esos recursos recurriendo a los ejércitos estadounidenses.

El expresidente Carter, ya en 198, 0 consideró al acceso al petróleo del Golfo para garantizar el abastecimiento a su propia economía como una cuestión de seguridad nacional y para lograrlo el Pentágono creó el CentCom para controlar esa región.

Parece ilógico, pero hoy por hoy, Washington saca menos petróleo de Irak y de Libia que antes de las guerras contra esos países.

Para Barnett, no era necesario extremar tanto la teoría. Pensaba hacer retroceder a la “Era del Caos” no sólo a los pueblos que oponen resistencia, sino a todos los países que no han alcanzado cierto nivel de vida. Cuando llegasen a ese punto sólo había que mantenerlos en él.

Una de las grandes rupturas entre el pensamiento de Barnett y lo que pensaban sus predecesores residía  en que Barnett piensa que no hay que desatar guerras contra tal o más cual país por razones políticas, sino contra regiones enteras del mundo porque no están integradas al sistema económico global.

La guerra de civilizaciones

La estrategia de Barnett debía apoyarse en la teoría de la “guerra de civilizaciones”, pero a sabiendas que los países afectados se resistirían a ser condenados  a proporcionar recursos naturales.

Eso sí,  había que convencerlos –entre otros a Argentina-, a que nuestras civilizaciones son incompatibles. Así, la vida en Afganistán es cada día más horrible y peligrosa y el modelo de reconstrucción aplicado en Alemania falló.

Las tropas de la OTAN deterioraron a los afganos, cuya ocupación se justificó por su presunta responsabilidad  talibán en los atentados del 11 de setiembre d 200. Lo de Irak es más conocido, mientras que la justificación en Siria fue la dictadura de Assad y de la secta de los alauitas. (Jackemate.com)

 

 

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