Lunes, Julio 16, 2018
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Venezuela se ha convertido en ese infierno tan temido

 

La crisis del sistema de salud y el hambre, en su faceta más cruel, están haciendo estragos en una Venezuela que se encuentra al borde del colapso institucional, económico y sanitario

Escasez de alimentos, de medicamentos, de elementos básicos en grados casi inimaginables y la mortalidad infantil, son sólo algunos de los aspectos más visibles de la contracara de un Estado  considerado, hace tiempo, como el más rico de América Latina, bendecido por el oro negro, como se lo conocía al petróleo en la década del 40.

Su moneda, el Bolívar era fuerte y la inflación rondaba el 1 % y su sistema de salud había puesto en marcha un programa  para hacer desaparecer de la faz de su territorio tropical -500.000 kilómetros-, la malaria.

Todo comenzó a derrumbarse el 18 de febrero de 1983 con una brutal devaluación del Bolívar y sobre el ocaso de la década del 80 el “Caracazo” derivó en 276 muertes –algunos organismos no oficiales hablan de 300 cadáveres-, y la infernal cifra de 3.000 desapariciones forzadas.

Como si el dolor sufrido por los venezolanos no fuera suficiente, a partir de 1998 comenzó a gobernar Hugo Chávez y tras su muerte, con la asunción de Nicolás Maduro las situaciones extremas son el pan de cada día.

Según la Encuesta sobre Condiciones de Vida, realizada por universidades de Venezuela, tres de cuatro habitantes  perdió alrededor de casi 9 kilos en 2016 y actualmente miles de venezolanos toman las calles del país para protestar por la falta de medicamentos y por salarios dignos.

Se ha llegado al punto en que la oposición, junto a la misma ciudadanía que apoyo a Maduro, exigió un canal humanitario para paliar la crisis en salud, ya que enfermedades infectocontagiosas como el sarampión, se están propagando aceleradamente, a punto tal de cruzar las fronteras.

Obviamente la Misión Barrio Adentro, creada en el 2003 por Chávez no logró cumplir el objetivo de llevar un servicio gratuito de salud a clases más desprotegidas, tarea que iba a estar a cargo de médicos cubanos que se instalaron en 6.000 pequeños centros de salud en todo el país.

Actualmente, el 80 por ciento de los centros está cerrado por falta de insumos y la Federación Médica de Venezuela calificó el “experimento” como un estruendoso fracaso, a pesar de haber sido relanzado más de 10 veces.

La Organización Mundial de la Salud  ha señalado que Venezuela es el país que en la región tiene el gasto más alto en salud per cápita, el que es de 220 dólares.

Para colmo, desde 2014 en el país hay escasez de suministros médicos, en tal medida que no se consiguen jeringas, guantes e hilo de coser heridas, bisturíes y sondas.

Lo propio ocurre con medicamentos para combatir la gastritis, antibióticos y gasas esterilizadas.

 Entidades venezolanas dedicadas al campo de la salud, junto a la OMS admiten que los 300 hospitales públicos venezolanos cuentan con sólo un 3% de insumos y  los datos obtenidos de la Encuesta Nacional de Hospitales, dada a conocer por la ONG Médicos por la Salud, más del 76% de los hospitales públicos sufren escasez de medicinas. Al 81 % le falta material quirúrgico y el 86% tiene los equipos de rayos X rotos. A ello debe sumarse que el 94% de los tomógrafos están averiados y el 44% de los quirófanos están cerrados.

Seguramente, al momento de generarse esta columna los porcentajes han aumentado, ya que la crisis médica se supera a sí misma diariamente.

La Federación Venezolana de Farmacias asegura que la falta de medicinas es de 80 %. Medicamentos de uso diario para tratar la diabetes o la hipertensión son casi imposibles de encontrar y su falta de los mismos subió a 95%. Antibióticos, fármacos antinfecciosos y antibacterianos son prácticamente inexistentes.

Para colmo, los medicamentos que sí se encuentran disponibles tienen precios que nadie puede pagar y sobrepasan el sueldo mínimo.

No son pocos los economistas que sostienen una vez que la producción y los precios del petróleo comenzaron a bajar, las posibilidades de importar insumos se vieron severamente afectadas.

Venezuela no está en condiciones económicas de importar medicamentos y la deuda con farmacéuticas alcanza a más de seis billones de dólares.

En 2013 se dio a conocer la última cifra oficial de importaciones y en ese entonces se informó que alcanzaba a 3,7 millones de  dólares. Para el 2015, extraoficialmente se conoció que había decrecido la importación y que las empresas sufrían el retraso en la asignación de dólares para reponer inventario y para pagar deudas a proveedores extranjeros, según la Cámara Farmacéutica, entidad que hizo referencia a la caída de la capacidad productiva de la industria, la que se redujo en un 23%, en 2016.

La situación social es cada día más volátil y la de salud, cada día, por la falta de medicamentos le quita años de vida  a la gente, la que se muere lentamente.

Julio Castro, médico interno, infectólogo, conocido en Venezuela por llevar estadísticas en el área de salud estima que Venezuela “está soportando un genocidio silente”. (Jackemate.com)

 

 

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