Sábado, Diciembre 16, 2017
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La extraña muerte de Alejandro Magno, "El Grande"

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No son pocos los historiadores que sostienen que la muerte de Alejandro Magno tuvo un enorme impacto en la historia de la humanidad

Quizás por esta circunstancia la expiración del que fuera el rey de Macedonia se consideró, en su tiempo, como la de una divinidad y debido a ello no fue admitida por sus contemporáneos.

Varias fueron, en teoría, las causales factibles del fallecimiento: la depresión profunda, causada por la muerte –ocho meses antes-, de su amante y compañero Hephaestión, a las que se sumaron, como probables, una fiebre fatal, que lo tuvo en estado agónico 12 días; a la se agregan el envenenamiento, la malaria o la Fiebre del Nilo.

El oficial de policía  de Scotland Yard, John Grieve, obsesionado por precisar la razón del fatal desenlace mortal de quien fuera discípulo de Aristóteles  y uno de los mayores conquistadores del mundo antiguo inició el camino de una meticulosa indagación del que forjó un imperio en sólo una década, logrando extenderlo desde Egipto hasta las montañas de Afganistán, dónde venció a los caudillos cuándo aún no había cumplido 30 años.

Y no contento con haber cumplido la hazaña siguió la marcha al frente de su ejército comandando el ataque  contra más de un rajá de la India.

Los oficiales a su mando lo veneraban por su valentía en combate y por ello lo consideraban un paradigma del valor de un nacido en la ciudad de Pella –territorio griego en el 356 A.C-, hijo de Filipo, rey de Macedonia y de Olimpia, una princesa de Epiro (actual Albania).

A pedido de Filipo, la educación de Alejandro Magno estuvo a cargo, desde los 13 a los 16 años,  de  Aristóteles, el filósofo que lo introdujo  en varias disciplinas y moldeó su personalidad, a la vez que le transmitió su desdén por los bárbaros.

Es muy probable que Alejandro recibiera, además, del propio Aristóteles, ideas sobre la necesidad de lograr la expansión territorial, así como de guerrear contra Persia, transformándose las mismas en su insaciable ansia de conquista.

 La muerte de su padre

 Al cumplir sus 20 años debió sufrir una situación traumática, esto es presenciar la muerte de su padre Filipo y como resultante de esa desgraciada circunstancia, la asunción del trono macedonio. Hay que tener en cuenta que un año antes Filipo se había casado por segunda vez y tanto Olimpia como Alejandro fueron desterrados.

Quizás por esa razón, al recuperar el poder, el macedonio decidió que una de sus primeras medidas como rey fue ordenar la muerte de la familia real y de miembros de la nobleza que habían visto con buenos ojos el destierro de su madre y, obviamente, el de él.

 Un ejército falto de poderío pero exitoso

 Arqueólogos y especialistas en campañas militares acuerdan que Magno tomó el mando de un ejército que no se caracterizaba por su fuerte poderío bélico, pero que, no obstante, en el campo de batalla lograba éxitos.

El general que luchaba cuerpo a cuerpo junto a sus hombres, lo que generó entre sus oficiales y tropa mucho predicamento, fue de campaña al Danubio , Grecia e invadió el Asia menor, Egipto y Babilonia, fundando a su paso ciudades en su honor para alimentar su ego.

De allí el nombre de Alejandría, llegando en el 323 A.C. a la cima del poder, por lo que sus seguidores no dudaron en inmortalizarlo como Alejandro Magno “El Grande”.

En la propia Babilonia –casi sin disfrutar sus hazañas-, planeó el ataque a Arabia y las teorías de historiadores y de estudiosos  de la guerra en sus múltiples aspectos, no se privaron de escribir sobre las intrigas que armaron sus enemigos internos, envidiosos del poder alcanzado por Alejandro, entre los que, se presume, había incluso espías.

 Antes de la invasión

 Más de una decena de días antes del inicio de la invasión a Arabia, Alejandro Magno “El Grande” participó, como era su costumbre inveterada, de un banquete, en el que bebió hasta el hartazgo y luego fue invitado por su oficialidad a otra reunión similar, en la que amaneció.

Esa noche Alejandro llenó una copa enorme y se la bebió de un trago, pero enseguida notó un dolor agudo en la región costal como si lo hubiera traspasado una lanza y debió ser tratado por los médicos que le constataron fiebre alta. Luego, en el amanecer,  se dio un baño y se fue a dormir.

Esa misma noche comenzó a agravarse para morir a los 12 días, cubierto por un mar de rumores entre los que privilegiaba el comentario  de una muerte por envenenamiento.

 La indagación

 John Grieve, el policía inglés interesado en llegar a las últimas consecuencias de sus investigaciones sobre la muerte del que fuera rey macedonio, aportó datos a un laboratorio de Nueva Zelanda y, paralelamente, entrevistó  a prestigiosos forenses que utilizaron  técnicas modernas para reconstruir virtualmente las características del cuerpo de Alejandro sobre el que se imitaron los síntomas de las posibles enfermedades que podría haber sufrido en sus últimos días de su existencia.

Grieve no se detuvo en las razones de la muerte del babilonio, sino que, además, se interesó por ver que sucedía en la Babilonia de hace 2.300 años e, incluso trazó un perfil psicológico, logrando concluir que Magno había heredado de su padre Filipo una mente excepcional para la estrategia militar, mientras que desde lo cognitivo asumió de Aristóteles su exquisito intelecto, sumando desde lo personal su pasión por la caza y, como habrá notado el lector, su necesidad de beber en abundancia bebidas alcoholizadas.

 Un patrón de conducta

El policía de Scotland Yard, un especialista en el análisis de mentes criminales descubrió en Alejandro un patrón de conducta brutal e impredecible, remarcado por sus exageraciones etílicas, causal de sus arranques  violentos. Bebía mucho junto a su amante Hephaestión.

En uno de esos ataques descontrolados ordenó que sus hombres incendiaran Persépolis, tras infringir una derrota militar a los persas.

Por otra parte, en otro de sus “berrinches”, asesinó a un amigo que le había salvado la vida. Sin duda el desenfreno era uno de los estadios de su relación con los congéneres.

La aparición de un nuevo protagonista  

El desarrollo de esta columna periodística admite el ingreso, ha pedido de Grieve,  de un nuevo protagonista: El doctor Irwing Finkel.

El especialista investigó con destacable minuciosidad, cientos de placas de arcilla generadas por babilonios y tras arduo trabajo determinó que en una de ellas se señalaba que Alejandro Magno había muerto el 11 de junio del 323 A.C.

La placa era, según Finkel, “una especie de certificado de defunción  escrito en  Babilonia”.

A todo esto, Grieve tuvo acceso a los datos que proporcionaban los Diarios Reales generados por quienes  conformaban el entorno de Alejandro. En los mismos se revela que hubo un lapso de 12 días en los que el rey de Macedonia padeció una intensa fiebre.

También se indica en los Diarios  que el cuerpo del enfermo tenía muchas heridas, entre las que se contaba una profunda en el cráneo, producida por una espada persa.

A ello debe agregarse que en la  India el afiebrado rey estuvo al borde de la muerte tras recibir un flechazo en el cuerpo que le interesó superficialmente el pulmón.

En otro reporte de los escritos aludidos se hace referencia al combate de Issus, donde Magno sufrió el desgarro de un muslo y flechas le interesaron una tibia y le cortaron un tobillo.

Plutarco, haciendo historia en la época de Adriano, cuatrocientos años después de los hechos detallados, cuenta que “algunos magos caldeos advirtieron a Alejandro, a través de su almirante Nearco, de poner sus pies en Babilonia”.

Incluso le dijeron que Apolodoro, comandante de la guarnición de Babilonia,  había ofrecido sacrificios a los dioses a fin de conocer el destino de Alejandro.

Magno entendió que el pedido de Apolodoro tenía el objetivo de hacer relacionar el mismo con la oportunidad de producir un magnicidio y al conocer las precauciones que debía tomas, decidió no ingresar a Babilonia

Un aviso para frustrar un magnicidio

Robert Annot, un experto en medicina antigua concluyó que la muerte de Magno fue la resultante de un complot, aunque Grieve no compartió su tesis.

Tal vez la palabra clave aportada por este último investigador sea: Eléboro, una sustancia venenosa que en la época que nos ocupa se utilizaba con fines terapéuticos, y que produce los síntomas que sufrió la víctima de esta columna.

Alejandro Magno ingirió –al parecer-, Eléboro porque se sentía débil y como lo esperaba una campaña militar no podía estar deprimido por el fallecimiento de su “compañero”.

La teoría de Grieve se resume en que “Alejandro Magno tomó el doble de la dosis que le aconsejaron y eso lo llevó a la muerte”. (Jackemate.com)

 

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