Domingo, Diciembre 15, 2019
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Introspecciones: Secretos del plan nuclear israelí

 

El poder nuclear israelí fue uno de los anhelos más caros de David Ben Gurión [1] desde la fundación del Estado en 1948, sobre los despojos territoriales de Palestina. Para él representaba la auténtica independencia en el mundo moderno.

 

Ello permitiría generar electricidad sin tener que importar carbón ni petróleo, a lo que habría que agregar un plus: no tener rivales en Medio Oriente, o lo que es lo mismo, la garantía de la supervivencia del Estado judío.

A los siete meses de haber logrado la independencia Ben Gurión convocó al especialista Maurice Surdín, a quien todos conocían con “el constructor del horno atómico francés”, un judío nacido en 1913, en Crimea –Rusia-, quien se radicó en Palestina y luego se mudó a Francia donde se dedicó al estudio de la física. Finalizada la 2º Guerra Mundial trabajó en la Comisión de Energía Atómica francesa, que por ese entonces desarrollaba la bomba atómica.

Un fanático de la necesidad de tener “la bomba israelí”, el general Moshe Dayan, consideraba que poseerla era tener la mejor arma de disuasión ante la probabilidad de un ataque árabe a gran escala. También opinaba que era una razón indiscutible para evitar la necesidad de tener un ejército permanente.

Para el general era la opción que se complementaba con una fuerza armada profesional, económica y pequeña en número, apta para combatir en guerras limitadas. Todos recuerdan a Dayan por el parche en su ojo izquierdo “recuerdo” de una herida que le infirieron en una misión que realizara en 1942 para la inteligencia inglesa en la Siria ocupada por fuerzas pronazis de la Francia de Vichy, que le hizo ganar el nombre de “el general pirata judío”.

Es poco conocido que en 1952 se creó la Comisión Israelí de Energía Atómica (CIEA), presidida por Ernst David Bergman, un químico alemán, nacido en 1903, que en 1930 fue enviado secretamente para fundar y formar el Cuerpo Científico del Ejército, donde dirigió el Departamento Científico del Ministerio de Defensa, siendo su principal objetivo ayudar a Israel a formar un poder nuclear que comenzó a ser realidad con la compra, en 1955, de un reactor nuclear, gracias a la decisión de Ben Gurión.

Dwightd Eisenhower, el presidente norteamericano, le proporcionó a Israel un reactor pequeño, de cinco megavatios, para la investigación que se instaló en Hahal Sorek, a 15 kilómetros al sur de Tel Aviv, obviamente sujeto en su desarrollo a la supervisión norteamericana.

Es necesario recalcar que el reactor que nos ocupa era demasiado pequeño para producir artefactos nucleares. [1]

Ese mismo año –1955- Shimon Peres viajó extraoficialmente a Francia donde comenzó a actuar como agente de inteligencia y comprador de armas, aunque oficialmente era un diplomático, lo que enervaba a la ministra de Relaciones Exteriores Golda Meir, quien acusaba a Pérez de transformar el Ministerio de Defensa en una chancillería independiente, aunque la verdadera razón era que no quería convertir a Israel en una potencia nuclear.

 Espionaje en la campiña francesa

 El sol bañaba suavemente ese 21 de septiembre de 1956 la campiña francesa, a 150 kilómetros de París. Hasta allí llegó Shimon Peres para mantener una reunión con Burges–Maunory, que por ese entonces planificaba un ataque a Egipto. El francés estaba interesado en que Israel participara del ataque y que hiciera el trabajo sucio de barrer al ejército egipcio del Suez.

Bajo la manga, para lograr la participación de Israel, el futuro primer ministro de Francia tenía previsto acceder a la petición del diplomático israelí: entregarle un reactor como un aporte por su ayuda militar.

Un año más tarde Francia cumplió la promesa y EE.UU. al enterarse interrumpió su ayuda militar a Francia y los rusos, como represalia, proporcionaron ayuda militar a Egipto.

El 3 de octubre de 1957 Bourges-Maunroury, el canciller francés Pineau, el enviado israelí del Ministerio de Defensa Ben Natán y Peres, firmaron en el mayor de los sigilos dos documentos ultra secretos: un pacto político de colaboración científica entre las dos naciones y un acuerdo técnico para entregar conocimientos relacionados con la instalación de un reactor nuclear.

Desde la embajada Peres envió la copia de los acuerdos a en Gurión por medio de un cable cifrado y el primer ministro respondió con una felicitación “por la importante hazaña”.[2]

Algunos científicos de Israel estaban temerosos de que el accionar de Peres implicara que los países desarrollados consideraran que Israel pretendía ingresar de lleno a la carrera armamentista nuclear y en una reunión confidencial de gabinete, los ministros mostraron escaso entusiasmo y renuencia: consideraban que el proyecto era no sólo riesgoso, sino también carísimo y más aún, peligroso desde el punto de vista diplomático.

Y como muestra explícita de su temor, a fines de 1957, siete de los ocho miembros del CIEA, decidieron renunciar en señal de protesta, a la vez que conformaron un Comité para la Desnuclearización del Conflicto del Medio Oriente, donde las discusiones clandestinas tuvieron alto voltaje. A pesar de ello Ben Gurión y Peres siguieron adelante con su proyecto y pusieron al frente del mismo al profesor Bergman, quien manejaba el secreto más importante de los secretos del estado judío.

A finales de 1964 la capacidad del reactor Dimona -un artefacto que generaba agua pesada, capaz de producir plutonio para fabricar una bomba por año tipo Hiroshima, de 20 kilotones - se desarrolló en su totalidad y comenzó a producir 8 kilos de plutonio anualmente.

Habría sido por ese entonces que se intensificó la colaboración francesa-israelí y se decidió llevar adelante una prueba con una bomba atómica, diseñada en forma conjunta, en el territorio desértico del Sahara, aunque también han circulado versiones de una prueba previa, en 1963, realizada subterráneamente en Neguev.

La empresa privada St. Gobain proveedora del reactor, vendió planos y tecnología para lograr el desarrollo, según nuestra fuente.

Tres años antes –1960- un avión espía U-2 norteamericano fotografió las instalaciones y los analistas de imágenes de la CIA identificaron el reactor de Dimona, razón por la cual Estados Unidos comenzó a husmear en ese paraje desértico en el que sólo se destacaba una fábrica textil, según la Mossad.

Una filtración puso el tema en el periodismo norteamericano y surgió la disputa entre agentes yanquis e israelíes para que el gobierno de Israel dijera la verdad.

A todo esto, el premier francés Charles De Gaulle, en mayo de 1960, comenzó a buscar una reconciliación con el mundo árabe y a través de su canciller informó al embajador israelí en Francia que este último país no suministraría más uranio a los científicos que operaban Dimona. La razón era más que evidente: De Gaulle no quería a Israel produciendo plutonio.

Ben Gurión, apenas enterado, viajó a París para hablar con el presidente francés y el 13 de junio de 1960, en una reunión realizada en el Palacio del Elíseo, De Gaulle le preguntó a su interlocutor israelí para qué necesitaba Israel un reactor nuclear.

La respuesta es más que conocida para cualquier periodista: fines pacíficos. La realidad se conoció públicamente al poco tiempo: Israel ingresaba en la era nuclear y los franceses, silenciosamente respondieron entregando los repuestos necesarios para terminar la construcción... y para tener a Israel de su lado.

 Hay que matar a De Gaulle

 Esa mañana del 16 de marzo de 1961, el sol parisino pegaba con más fuerza que nunca a aquellos que osaran transitar como disimulados paseantes por los Campos Elíseos.

El agregado  militar de la embajada israelí en Paris, sentado en uno de los bares, bajo la sombra de una sombrilla, sorbiendo lentamente un café francés caliente y humeante como le gustaba mientras leía el diario , recibió la visita del jesuita Claude Arodna, renunciante del servicio secreto francés, quien le comentó que se estaba conspirando para asesinar a De Gaulle.

Arodna  era uno de los componentes de una secta católica que hacía espionaje  a favor del Vaticano, a la que traicionó intercambiando datos con el agente israelí al que lo alertó sobre las gestiones que estaba llevando adelante la secta para contratar un sicario árabe que se debía encargar de matar a De Gaulle.

Arodna había tomado la decisión debido a que entendía que el asesinato era innecesario. La conspiración fue frustrada pero el ex sacerdote no pudo ocultar su anonimato.

Shimon Peres no quería que la información fuera conocida por la inteligencia francesa, debido a que no la consideró fiable, aunque De Gaulle terminó conociendo sobre la conspiración y exigió la revelación de la fuente. Israel le dio el nombre y los franceses arrestaron a Arodna, que no perdonó nunca lo que le habían hecho los israelíes, que perdieron una fuente.    

Informes de la CIA que trascendieron en el ámbito diplomático, indicaban que Israel obtuvo grandes cantidades de uranio enriquecido y una crónica de The New York Times- editada en 1996- recordó la pérdida, en 1965, de 382 libras de uranio altamente enriquecido de la Cooperación de Energía y Materiales Nucleares en Apollo, Pensylvania (EE.UU.).

Uranio enriquecido en las cañerías

 Los científicos saben que guardar pistas de combustible nuclear es una labor muy difícil, aunque la Comisión de Investigación concluyó que de las 382 libras “perdidas” al menos 206 libras no pueden ser acreditadas a pérdidas en las cañerías, ya que equivalen a la realización de 14 bombas.

De lo explicitado surge que si Israel consiguió obtener material para armas nucleares en 1965 – año de la desaparición-, esto podría explicar la razón por la cual no se construyó ninguna planta de producción de plutonio.

Peres, para ocultar el desarrollo nuclear, ni siquiera se lo comunicó a la comunidad de inteligencia israelí, ya que creía que el tema debía ser sólo conocido por una agencia de inteligencia nuclear a crearse.

Esa tarea estaba, hasta ese momento, a cargo del Mossad y el AMAN, una agencia creada por Peres, quien puso al frente de la misma a Binyamin Blumberg,  un oficial que había abandonado el Kibbutz en el norte de Israel para combatir en el ejército clandestino Haganá antes de la independencia y luego había ingresado en el Shin Bet como jefe de la seguridad del Ministerio de Defensa, donde figuraba en la planillas de sueldos, a sugerencia de Amos Manor, director del referido organismo de inteligencia interno.

Luego comenzó a tomar predicamento la Oficina de Misiones Especiales que posteriormente pasó a denominarse Lishka Le- Kishrei Mada, esto es la Oficina de Enlace Científico (OEC) que se trasladó al centro de Tel Aviv, con desconocimiento –por orden de Peres- hasta de Isser Harel, el jefe supremo de los servicios secretos  de Israel.

Blumberg, el jefe de la AMAN, inyectó sus agentes en las embajadas israelíes en EE.UU. y Europa como “agregados científicos” que tenían la misión de tomar contacto con científicos locales y adquirir publicaciones  sobre adelantos en el campo nuclear.

Sus logros los reportaban directamente a Tel Aviv, ya que gozaban de inmunidad diplomática y compraban fotocopias de documentos clandestinos a científicos israelíes que eran entregadas a un contacto que recogía la documentación por sus domicilios.

Un trabajo confidencial elaborado en noviembre de 1976 se informaba que el arsenal de Israel estaba conformado por 13 armas de alta capacidad de destrucción masiva y que se habían preparado para su posible uso al comenzar la guerra de 1973.

Era la alternativa que en ese momento el ministro de Defensa Moshe Dayán presentaba ante la imposibilidad, tanto de recursos humanos como económicos de seguir adquiriendo tanques y aviones. En definitiva: ante el caso de estar en una situación de derrota política, Israel usaría armamento nuclear.

Actualmente las cabezas nucleares israelíes podrían estar hechas a medida para mísiles Jericó, Lance y Hlarpon y las bombas nucleares las podrían arrojar aviones F-4E, Kfir-C2s, Fiss e incluso Skyhawks A-4, utilizados en la Guerra de las Malvinas.

Un año antes de efectuado el trabajo confidencial al que hicimos referencia, Israel intentó comprar mísiles Pershing en Estados Unidos, pero luego retiró el pedido al generar una polémica en fuentes militares norteamericanas,.

Los analistas que conocen el paño, tienen pocas dudas sobre la capacidad nuclear israelí, la que podría ser usada ante un peligro inminente generado por el permanente desarrollo nuclear iraní que al momento de redactar este artículo realiza anuncios sobre pruebas misilísticas  que le permiten llegar a territorio judío desde lanzaderas iraníes. (Jackemate.com)

Por Lic. Ricardo Marconi

 

[1] Político nacido en 1886 en Polonia, quien llegó a ser jefe del primer  Estado judío moderno desde 1948 a 1953 y desde 1955 a 1963, 32 siglos después que Moisés recibiera el mandamiento de Dios de escoger a 12 israelitas destacados para que se infiltraran en la tierra prometida. Ahora Israel posee más de 10.000 agentes desparramados en los cinco continentes.  Gurión falleció en 1973.

[2] Ver Taking Sides. Green. Pág. 149.

[3] Golán, M: Perez Tel Aviv. 1982

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