Sábado, Agosto 24, 2019
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Introspecciones: Obama y Karzai unidos en una guerra casi infinita contra el Talibán

 

Hamid Karzai, el presidente reelecto de Afganistán no tuvo más remedio. Luego de tomar conocimiento de la decisión de Barak Obama de enviar 30.000 efectivos para la lucha contra los talibán en su país y en Pakistán, dijo estar dispuesto a dialogar con el jefe de la insurgencia.

El presidente afgano sabe que la guerra no se gana sólo enviando soldados a combatir en el frente y está convencido, además, que va a necesitar de las principales potencias para que lo ayuden a presionar diplomáticamente al enemigo.

Karzai, en su momento hizo esfuerzos para acordar pero todo su esfuerzo cayó a un insondable precipicio con la invasión del 2001.

Para colmo, el reelecto presidente no encuentra interlocutores válidos, ya que el mulá Omar desapareció de los lugares que solía frecuentar luego de la caída del régimen Talibán, como ocurre siempre con los generales perdidosos, dejando a sus espaldas miles de cuerpos de inertes seguidores en las montañas escarpadas utilizadas como “campos de batalla”.

Los espías norteamericanos dicen que está escondido en Pakistán, pero el gobierno de ese país lo niega.

El tercer opinante fue el comandante norteamericano de las fuerzas militares en Afganistán, Stanley Mc Cristal, quien ante 30 miembros del parlamento afgano confirmó lo que anunciamos oportunamente en esta columna: “Los efectivos internacionales –Inglaterra e Italia aumentarán efectivos que llegarán a suelo afgano antes de Navidad- no se irán hasta que las fuerzas afganas puedan tomar el control de la seguridad en todo el territorio”.

Obama quiere que eso ocurra antes de mediados del 2011, fecha tope para retirar a los norteamericanos definitivamente del conflicto, antes de que se convierta en otro Vietnam.

El gobierno de la India, con 160 millones de habitantes, con un millón de los mismos dedicado a la custodia de 100 cabezas nucleares mira con preocupación constante la frontera de 2.600 kilómetros existente entre Afganistán y Pakistán.     

El presidente norteamericano sabe, luego de tomar conocimiento de sus asesores, que el envío de más soldados al frente afgano, que se halla al límite de generar un conflicto interno de envergadura en el ejército paquistaní que no quiere matar musulmanes, según lo señaló en las últimas horas el académico de Pakistán Atriq Alí.

Mejoras a las lecciones que dejó la experiencia inglesa.

La misión de la Coalición en Afganistán ha enfocado la eliminación de fuerzas de la guerrilla por medio de un desgaste militar convencional en las zonas sur y este del país. Mientras tanto se está poniendo énfasis en la estabilización y la seguridad del campo más allá de Kabul.

El objetivo es terminar con falta de seguridad para incrementar la confianza de la población en el gobierno central, que actualmente está impidiendo esfuerzos de socorro y está deteniendo la reconstrucción nacional dejando a las agencias de asistencia vulnerables a las acciones guerrilleras.

Actualmente los guerrilleros se aprovechan de la situación y seleccionan objetivos entre trabajadores y proyectos de alivio social en un esfuerzo de impedir la estabilización de la región y su progreso. La falta de control por parte del gobierno de karzai ha resultado en un crecimiento de milicias locales y la influencia de caudillos.

Aunque los analistas no lo dicen en los medios de comunicación internacionales, es factible que junto al envío de soldados ya decidido, se materialice el envío de un portaviones de tierra para hacer bajar y decolar aviones de guerra con misiles aire –tierra. 

 La relación producción de opio–inseguridad

 Ya en otros artículos sobre el tema Afganistán detallamos datos sobre el incremento de la producción de opio en la zona y ahora agregamos información al respecto.

Los norteamericanos y el gobierno títere de Afganistán tuvieron finalmente que reconocer que los   británicos sabían que hablaban cuando admitieron que las operaciones militares no eran suficientes para estabilizar eficazmente a la región.

La simultaneidad del desarrollo social, económico y político tenía que acompañar el esfuerzo estabilizador del ejército. Para integrar los esfuerzos cívicos y militares dentro de una estrategia total, estas actividades deben tener un objetivo común y una unidad de mando.

 La Coalición y la comunidad internacional se  han centrado en fortalecer el gobierno central de Afganistán, viendo un control fuerte como un medio principal de lograr seguridad en todo el país, ya que la corrupción, ineficacia y división política—estimulados por rivalidades étnicas —plagan el avance del gobierno central hacia un moderno estado democrático.

La paz, orden y seguridad interna aún son difíciles de conseguir. Intereses y conexiones personales son comunes en todo el régimen del Presidente Hamid Karzai y disminuyen el apoyo popular para la administración.

La falta de seguridad afuera de Kabul ha resultado en una dependencia continua en los poderes locales para la seguridad y administración. Los esfuerzos de la Coalición no han reducido la influencia de caudillos regionales.

El teniente general John R. Vines, mientras fue el comandante de Fuerza de Tarea Conjunta Combinada 180 en declaraciones a la prensa dijo: “Las milicias son parte de la realidad existente, algunas son legítimas y otras son depredadores”.

La diversidad provincial, étnica y religiosa frustra el progreso, según la visión de la Coalición.  Los británicos reconocieron la necesidad de delegar la responsabilidad dentro de las provincias para lograr la seguridad, y a su vez, mantener primacía política.

Obama insiste en que únicamente un fuerte control central, -lo cual los británicos gozaron-, no puedo resolver los desafíos del control tribal extendido.

Una burocracia distinta en la forma de distritos administrativos separados, cada uno dirigido por un subcomandante cívico facilitaría la administración del territorio, ayudados por Equipos de Reconstrucción Provisional. 

Otros criterios 

Obama se enfrenta ideológicamente a aquellos que sostienen que en vez de desmantelar las milicias regionales, el gobierno afgano debe considerar desempeñar las funciones de las mismas e incorporarlas bajo el control del gobierno para propósitos legítimos.

Se podría sostener que esto no es más difícil que perseguir la meta actual de establecer un fuerte control central, algo que es ajeno a la gente de Afganistán.

Las fuerzas regionales podrían ser adiestradas, equipadas y organizadas en una estructura y bajo la misma las milicias apoyadas por un pequeño cuadro de personal del Ejército Nacional Afgano o entrenadores de la Coalición y reforzadas por una fuerza central más grande -el Ejército-, estas milicias podrían realizar el mismo papel que desempañaron las fuerzas irregulares de la Provincia de la Frontera noroeste.

Este sistema proveería seguridad regional bajo una estructura étnica autorizada y se contrarrestaría la exigencia de establecer un control central inmediato, a la vez que proveería un empleo remunerado para el personal desmovilizado que es otra fuente de inestabilidad regional.

Volver a organizar la policía tribal

La Coalición ha hecho poco progreso en desmantelar la red de Qaeda y el Talibán en las zonas sur y este de Afganistán. Han aumentado los ataques contra agencias de ayuda y la Coalición.

Es particularmente difícil capturar insurgentes en áreas remotas y estas actividades son impedidas por tradiciones tribales y una interpretación estricta de la fe islámica. La inteligencia local ha sido incrementada, pero aún no es suficiente.

Las fuerzas Al Qaeda y el Talibán siguen ejecutando una guerra de guerrillas en la frontera de las áreas de la Provincia en la Frontera. 

Para enfrentarlos se han estado seleccionados miembros de las tribus, llamados “agentes” o "Cazadores" –hombres de las tribus dedicados a reclutar militares, recolectar inteligencia y controlar el área tribal- eran un elemento central del control de la Provincia en la Frontera.

 Los agentes fueron remunerados —pero no equipados ni vestidos— por los norteamericanos –al igual que los británicos- para controlar sus correspondientes áreas tribales bajo la atenta mirada de agentes políticos e irregulares. Ellos también resultaron ser fuentes excelentes de inteligencia local.

El programa fue relativamente exitoso respecto a asuntos rutinarios y fue rentable, aunque los agentes no siempre podían solucionar grandes desacuerdos, disputas tribales o diferencias con el gobierno central.

El establecimiento de una red tribal de agentes en las áreas del sur y este de Afganistán tal vez sería beneficioso para contrarrestar la insurgencia.

El enfoque de la red debe ser la recolección de inteligencia de nivel confidencial y proveer un sistema de alarma contra ataques guerrilleros. La vigilancia rutinaria de asuntos tribales debe ocurrir simultáneamente o una vez que la amenaza ha disminuido.

Aceptar defectos iniciales y variaciones en los estándares será fundamental para lograr una iniciativa que funcionará a largo plazo.

Los agentes continuarían a enfrentar un gran número de conflictos de intereses, pero la experiencia anterior de los británicos muestra que los beneficios generales pesan considerablemente más que los defectos. (Jackemate.com)

Por Lic. Ricardo Marconi 

 

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